Cuenca no siempre se llamó Cuenca. La ciudad —considerada como una de las más bellas de Ecuador y del mundo— era Guapondelig durante el asentamiento del pueblo kañari: palabra que significaba Llanura grande como el cielo. Fue así hasta que la conquista Inca llegó y, entonces, la llamaron Tomebamba, que se traduce a Lugar como el cielo. El 12 de abril de 1577, los españoles llegaron a Tomebamba e impusieron su imperio colonial bautizándola como Cuenca.

Última Actualización: 31 octubre, 2022
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Pero el 3 de noviembre de 1820, la ciudad concretó su deseo independentista para expulsar a los españoles de sus territorios. 

Desde entonces, cada 3 de noviembre se conmemora a escala nacional la Independencia de Cuenca. En el 2022, la celebración incluirá un feriado en Ecuador, que comenzará el jueves 3 de noviembre y se extenderá hasta el domingo 6 de noviembre de 2022.

Un poco de historia sobre la Independencia de Cuenca

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Dice la historia que la Independencia de Cuenca comenzó 25 años antes de que se concretara: en 1795. Durante ese año, cartas y escritos se enviaban y recibían entre varios habitantes de Cuenca. En esos documentos se expresaba el deseo de la liberación de la corona española y de tener camino abierto para acceder al poder político y social de la ciudad. Uno de los personajes que mantenía esta idea fue el teniente militar Tomás Ordóñez quien, junto a José Sevilla y Juan María Ormaza, dirigió la Independencia de Cuenca. 

Antes de 1820, hubo un intento de liberación que involucró a Paulino Ordóñez y Margarita Torres, padres del militar Ordóñez. Ocurrió en 1809 cuando Joaquín Tobar, Fernando Guerrero de Salazar y Piedra y Francisco García Calderón, padre de Abdón Calderón Garaicoa comenzaron a planear una sublevación en reuniones constantes en la casa Ordóñez. Sin embargo, fueron descubiertos, detenidos y torturados en Guayaquil. 

A pesar de ese intento frustrado, diez años después llegaría la emancipación. 

El 3 de noviembre de ese año, el alcalde primero de Cuenca, José María Vásquez de Noboa, dispuso la publicación de Reales Órdenes —una real orden era una resolución con fuerza de ley suscrita por los soberanos españoles— resguardada por una escolta militar. 

La lucha por la Independencia de Cuenca

Fueron nueve los próceres de la Independencia, entre ellos, el teniente Ordóñez y Zenón de San Martín. Ese 3 de noviembre esperaron en una de las esquinas de la alcaldía hasta que se desarrollara la lectura de las Reales Órdenes. Luego, saltaron sobre la escolta militar y la neutralizaron. Su objetivo era tomarse el arsenal militar. Recibieron golpes y ataques como respuesta al desarme de la escolta. Fue ahí cuando el teniente Ordóñez fue herido en una pierna por una bayoneta. 

Aún así, y ya con las armas en su poder, los próceres se las llevaron hacia la plaza de San Sebastián y allí proclamaron la Independencia de Cuenca. Pero no fue tan fácil. 

Antonio García, quien fungía como comandante militar de los españoles, observó la toma de los próceres y ordenó a casi 110 soldados que salieran de su cuartel real para iniciar la disputa contra los militares liderados por Ordóñez, y contra el pueblo cuencano que se unió al deseo de la liberación española. Los próceres, en cambio, fueron al barrio El Vecino, para resguardarse y asentar su cuartel general. Este era un sitio estratégico: al encontrarse en el norte de Cuenca, permitía el paso  a pueblos cercanos como Chuquipata, que estaba liderado por el histórico párroco Javier Loyola. Esto les dio contacto directo con refuerzos y armas. 

Un día después, el 4 de noviembre, el fuego cruzado continuó en aquella plaza. Pero la Independencia era inminente: los próceres eran más y estaban mejor armados. Los españoles, entonces, decidieron rendirse. 

La independencia definitiva, sin embargo, llegó, según el cronista de la ciudad, Juan Cordero Íñiguez, el 21 de febrero de 1822. En su libro 1822: Año heroico, relata que Antonio José de Sucre preparó a su ejército y ordenó su movilización hacia Cuenca, donde fue laureado. Tres días después, ocurriría la Batalla de Pichincha que, según la historia, fue el clímax del proceso independentista en Ecuador.

La Cuenca del siglo XXI

Cuenca es, actualmente, una de las ciudades más atractivas del país por su riqueza cultural y la arquitectura colonial, rezago de los españoles. Con una población de más de seiscientas mil trescientas personas —de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos—, en Cuenca existen puntos turísticos como la catedral Nueva de Cuenca, el río Tomebamba, el mirador de Turi y el parque Arqueológico Pumapungo, entre otros.

También está presente el puente Vivas Nos Queremos —antes puente Mario Aguilera— en el que se recuerda la memoria de las mujeres víctimas de femicidio en esa ciudad, donde el machismo está aún latente. 

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Su centro histórico, además, está cobijado por edificaciones patrimoniales y vestigios arqueológicos a lo largo de sus calles. Por eso, Cuenca tiene dos declaratorias patrimoniales: como Patrimonio Cultural del Ecuador, suscrita en 1982, y como Patrimonio Cultural de la Humanidad, declarada por la UNESCO, en 1999.

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