La noche del 9 de junio de 2021, en un aula del colegio La Inmaculada, en la calle González Suárez, en el norte residencial de Quito, los vecinos de la zona, expertos y representantes de otros sectores discutían la complicada situación del Hotel Quito, un ícono urbano de la arquitectura moderna quiteña ubicado en la intersección de los dos barrios clásicos de la capital,  la antigua Floresta y la moderna González Suárez. 

La reunión del 9 de junio fue atropellada. Primero fue convocada a las 4 de la tarde, pero a último momento fue pospuesta dos horas. Finalmente, se instaló pasadas las 6:30 de la tarde con varios anuncios. El primero: algunos de los asistentes, incluyendo a algunos abogados que contribuyen a la causa de preservarlo y evitar que sea alterado o, peor aún, demolido, no podrían ir por la confusión en el horario de convocatoria. El siguiente fue un signo de los tiempos: una de las representantes del barrio La Floresta —y una de las principales voceras del caso— no pudo ir porque su esposo dio positivo para covid-19. Las ausencias provocaron cambios en la agenda, pero los asistentes trataron de concentrarse en cómo sacar de su laberinto al hotel. 

No parece haber una ruta clara. El hotel está ahí, con sus arcos alargados y grandes ventanales, macizo y mudo, objeto de la disputa entre quienes piden que sea mantenido intacto, por su valor, y quienes alegan que para salvar no queda más que modificarlo y convertirlo en algo distinto como torres residenciales y distintos usos, más allá del alojamiento. 

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Parecen, hasta ahora, posiciones irreconciliables agravadas por los vericuetos burocráticos de la protección patrimonial, el silencio de la nueva dueña del hotel —la compañía china China Road and Bridge Corporation (CRBC)—,  y la crisis institucional en la que está sumido el Municipio de Quito (que a esta hora tiene y no tiene alcalde). Y aunque ha habido avances recientes en la protección patrimonial del hotel, la incertidumbre se mantiene. 

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El Hotel Quito fue diseñado por el arquitecto estadounidense Charles Foster McKirahan. Se construyó entre 1958 y 1960. María Samaniego, presidenta del Colegio de Arquitectos de Pichincha, dice que el hotel tiene “buenos valores arquitectónicos” porque no le da la espalda a la ciudad de Quito ni a sus valles aledaños. “Se abre hacia los dos frentes”, dice Samaniego. Además, dice la arquitecta, que el hotel no se implanta como un edificio vertical agresivo, sino que la estructura horizontal “dialoga muy bien con el paisaje y con la topografía de la zona”. Además, dice que ha sido una referencia para la planificación de los otros edificios de la calle González Suárez.

El hotel tiene, además, una historia que excede lo urbanístico. Fue parte de los preparativos de Quito para ser la sede de la XI Conferencia Interamericana de Cancilleres, que se iba a hacer a mediados de 1960, pero poco antes de realizarse fue cancelada. 

Hotel Quito en 1960

El Hotel Quito en 1960. Fotografía de Luis Pacheco cortesía de la exposición Hotel Quito Joya de Los Andes.

La XI Conferencia Interamericana de Cancilleres probablemente es el evento que nunca pasó que más influencia ha tenido en el desarrollo de la ciudad. Shayarina Monard, experta en historia y arquitectura, dice que hasta ese momento Quito había sido sede de eventos, pero de nada tan grande ni tan complejo. Hasta entonces, la capital ecuatoriana tenía un limitado servicio de alcantarillado, de agua potable y otros problemas relacionados a los servicios sanitarios. Aunque no pasó, Monard dice que la Conferencia fue un detonante de procesos de organización, construcción e industrialización en todos los campos. Mientras el país se preparaba para ser la sede, el evento se convirtió en un dinamizador del 39% de las actividades económicas a nivel nacional. El hotel que dejó de herencia la conferencia que nunca fue sigue generando impactos en la ciudad seis décadas después. El más reciente, el de su conservación. 

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La lucha por el destino del hotel Quito se remonta a 2016, cuando pasó de manos de Quito Lindo S.A, una empresa propiedad del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), a las de CRBC. Quito Lindo fue subastada y CRBC ganó. Así obtuvo el Hotel Quito y otras propiedades de la compañía. 

Esa compra había sido el corolario de una existencia de buenas y malas épocas. El hotel fue uno de los principales centros de alojamiento de la ciudad por décadas. Monard dice que hasta los 80 fue un fuerte impulsor del desarrollo local. Después, su destino dependió de las empresas que lo administraron. 

En tiempos recientes, el hotel pasó por algunos momentos de mala y otros de buena administración. Monard dice que las que fueron malas hicieron transformaciones que poco aportaron a la arquitectura general del edificio. Además de cambios en los colores de la fachada, una de las más grandes modificaciones que se le hizo al diseño original fue agregar el casino en 2004 (donde, hasta antes de la pandemia funcionaba una discoteca). Según un análisis del Colegio de Arquitectos de Pichincha y del Docomomo, la construcción del casino oculta el muro original y es considerada “invasiva”. Fue como marcar el inicio del fin del brillo del hotel: los últimos años el hotel fue cayendo en una rápida picada (agravada por la pandemia) hasta llegar a un pobrísimo 7% de ocupación de sus 215 habitaciones.

Mapa del Hotel Quito

Plano del Hotel señalando las construcciones, terrazas y jardines. Imagen cortesía de la exposición Hotel Quito Joya de Los Andes.

En octubre de 2020, CRBC presentó un proyecto de construcción. Sin embargo, no lo hizo formalmente. Solo lo entregó a las mesas de trabajo convocadas por la Secretaría de Territorio del Municipio de Quito en la que participan expertos y asesores de los concejales para discutir proyectos como la conservación del hotel. 

La propuesta era elevar tres torres de 32 pisos. Álvaro Orbea, asesor de la concejala Luz Elena Coloma, que se ha vuelto una activa participante en la preservación patrimonial del hotel, dice que el proyecto fue presentado oficialmente por la empresa china, pero que también estaría involucrada la inmobiliaria Uribe & Schwarzkopf. Sin embargo, los representantes de la empresa ecuatoriana no aceptaron una entrevista conmigo porque dijeron que no son “los dueños del tema” y me redirigieron a los representantes de CRBC. En la reunión de presentación del proyecto en octubre de 2020, la mesa de trabajo concluyó que había dos problemas: el primero era el espacio de construcción en un bien patrimonial y el segundo, el número de pisos

La posibilidad de construir en el hotel es otro de los problemas que se está tratando de solucionar. Samaniego dice que se podría construir en la parte del parqueadero que está en otros predios que no constan en el principal, que es el considerado patrimonio. Sin embargo, el número de pisos permitidos en esta parte todavía está por definirse. La distribución territorial del barrio de la Floresta permite 6, el de la ciudad dice que 16 y hay otras resoluciones institucionales que podrían permitir que se aumente la altura en ciertos casos. Samaniego dice que el número de pisos para el predio del Hotel Quito se definirá en el Plan de Uso y Gestión de Suelo (PUGS) que el Municipio debe presentar hasta septiembre de 2021.

Otro de los problemas que tenía el proyecto de CRBC tiene que ver con más desorden y cambios de normas sobre la protección de bienes patrimoniales. Orbea dice que en Quito, cuando algo se declara patrimonio —como el Hotel en 1984— “se aplica la protección para todo el lote”, no solo el edificio que está en ese predio. Sin embargo, esa protección recién quedó en firme en 2020 con la resolución 114 porque la Ley Orgánica de Cultura, vigente desde 2016, estableció que las declaraciones patrimoniales debían pasar de los Gobiernos Autónomos Descentralizados al Instituto Nacional de Patrimonio (INPC). 

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Eso dejó en el limbo a las resoluciones tomadas por el Municipio de Quito que protegían a miles de bienes patrimoniales como el Hotel Quito. Se les dio una protección transitoria por dos años mientras se completaban los procesos de inventario. Finalmente, Orbea dice que el 30 de diciembre de 2020 el INPC aprobó la resolución 114 que validó todos los inventarios que el Municipio había hecho y le dio protección absoluta al predio del Hotel Quito. 

Hotel Quito en el año 1960

El Hotel Quito en el año en el que fue construido. Fotografía de Luis Pacheco cortesía de la exposición Hotel Quito Joya de Los Andes.

Esa nueva resolución significaba que el edificio del hotel y el predio que lo contiene no podían ser modificados. Álvaro Orbea dice que CRBC presentó un recurso administrativo al INPC para dar de baja la resolución 114 y poder hacer su proyecto inmobiliario. Sin embargo, el trámite no fue aceptado. Orbea dice que no se podía poner en riesgo los más de 7 mil predios patrimoniales que estaban incluidos en la resolución además del Hotel Quito. 

La compañía CRBC se negó a darme una entrevista para este reportaje. Sin embargo, respondieron por escrito diciendo que tienen “interés en el desarrollo de un proyecto que respete y conserve un activo valioso para la ciudad como lo es el Hotel Quito”. Añaden que su proyecto da “valor al sector y a la ciudad y evite que los inmuebles cercanos sigan perdiendo plusvalía. Nos interesa cambiar la imagen de un inmueble en abandono a la de un inmueble con vitalidad”, dice la comunicación. 

La compañía dice que la pandemia y el crecimiento de nuevas alternativas de alojamiento como AirBnB han hecho “insostenible el negocio hotelero a gran escala en el Hotel Quito”. Por eso, sostiene que el plan es hacer un proyecto inmobiliario de uso mixto “que permita financiar la rehabilitación” y que permita ofertar actividades y servicios que generen los ingresos necesarios para mantener los 12 mil metros cuadrados del hotel. 

A los residentes de la zona les preocupa que cualquier proyecto inmobiliario que se haga cerca del Hotel Quito afecte directamente al estilo de vida que tienen en sus barrios. José María Lasso, presidente del Comité Pro Mejoras de la González Suárez, dice que la construcción de torres de decenas de pisos podría incrementar el tráfico, la congestión en las aceras y generar otros problemas en la limitada infraestructura que circunda el hotel. “Podría provocar una afectación grave”, dice Lasso. Añade que no todos piensan así: algunos de los pobladores más jóvenes del sector están de acuerdo con transformar el Hotel Quito porque “no entienden su importancia” ni lo que eso significaría para la ciudad, sostiene. 

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El modernismo es el estilo arquitectónico más importante del siglo XX. Según el Real Instituto de Arquitectos Británicos, está asociado con un “uso estrictamente racional de los materiales” y con la innovación estructural.  

La conservación de los edificios modernos, como el Hotel Quito, es documentada por el Comité Internacional de Documentación y Conservación de Edificios, Sitios y Barrios del Movimiento Moderno (Docomomo, por sus siglas en inglés). María Samaniego, quien también preside el comité en Ecuador, dice que hay criterios para hacer esas valoraciones y saber cuáles edificios merecen la pena ser patrimonio. Entre esos criterios están su mérito social, tecnológico, artístico, entre otros. 

Uno de los más importantes es el Valor Excepcional Universal que responde a la pregunta ¿qué pasaría si ese edificio no estuviera ahí?. Samaniego dice que la respuesta a si el Hotel Quito cumple con ese y los otros criterios del Docomomo es sí. Asegura que la ciudad perdería mucho si no estuviera ahí.

Hotel Quito en la Gonzáles Suárez

Las instalaciones tienen 12 mil metros cuadrados del hotel. Fotografía del Banco Central cortesía de la exposición Hotel Quito Joya de Los Andes.

Además de los componentes económicos, culturales y arquitectónicos, el Hotel Quito tiene un fuerte impacto social. El arquitecto Andrés Núñez dice que actúa como una bisagra entre los barrios de la Gonzalez Suárez y la Floresta, pero que también une a los de Guápulo y La Paz. Por eso, dice Núñez, la discusión sobre este bien patrimonial debe ir más allá de la edificación y sus jardines. Los expertos coinciden en que su relación con el paisaje, el entorno y el barrio es indiscutible. 

En 1961 el Hotel recibió el Premio al Ornato de parte del Municipio de Quito, pero Andrés Núñez dice que la información de todo ese año no constaba en los registros municipales. El acta de entrega del premio fue encontrada recién en febrero de 2021 como parte de las investigaciones para la muestra Hotel Quito Joya de Los Andes, que fue curada por Núñez para resaltar el impacto del edificio en la ciudad. La desaparición de los documentos “es otra muestra de que estamos en pañales en cuanto a gestión, seguimiento y respeto al patrimonio”, dice Núñez. Sin embargo, espera que una de las consecuencias de cómo sacar al hotel del laberinto en que está metido sea que mejore la gestión del patrimonio.

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La lucha por su protección continúa fuera de las reuniones barriales: está también en las instituciones públicas encargadas de elaborar los documentos que protegen a los bienes patrimoniales. El arquitecto Andrés Núñez, quien también estuvo en la reunión del 9 de junio, dice que mientras no existan esos instrumentos de forma correcta, “la protección del hotel va a ser un poco más vaga de lo que debería”. Dando lugar a demoliciones como las de principios del mes pasado en en la quinta y sexta planta del hotel.

Para cerrar el círculo de protección del hotel es necesario que se apruebe la ficha patrimonial y que sea ingresada en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Ecuatoriano (Sipse). Este documento incluye información sobre los bienes que están dentro de un predio patrimonial y el grado de protección que les corresponde. 

Desde febrero de 2021 el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) está haciendo un nuevo documento para enmendar errores que se cometieron en la que se expidió en 2014. Andrés Núñez dice que esa versión excluía parte de los jardines y unas casas que hay en la parte posterior del hotel que colinda con la residencia del embajador de Estados Unidos. El arquitecto dice que “es imprescindible” que estos elementos consten en el documento porque son parte de los elementos originales del hotel. 

Aunque no es lo único que establece al hotel como un bien patrimonial, la ficha contribuye a que se establezcan límites y detalles del predio protegido. El arquitecto Núñez dice que “podríamos decir que el edificio corre peligro porque está como en un limbo”. En la documentación enviada por CRBC a GK, la empresa dice que “cualquier intervención en el predio del Hotel Quito, así como la conservación de este valioso activo, respetará lo que establezca la ficha patrimonial, una vez que haya sido actualizada”.

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Cuatro días antes de su reunión en el Colegio La Inmaculada la noche del 9 de junio, los vecinos habían hecho un plantón para reclamar porque se estaban haciendo demoliciones no autorizadas dentro del hotel. La obra fue suspendida por la Agencia de Control Metropolitano (AMC), pero esa noche, mientras hablaban de la importancia del edificio y las acciones que están planificando para conservarlo, los golpes demoledores en ciertas paredes del hotel, parecían retumbar en el área comunal donde los vecinos hablaban. 

Las preocupaciones del Colegio de Arquitectos de Pichincha, otros expertos y de los barrios se incrementaron con esos trabajos. Según la AMC, constató que se estaban haciendo derrocamientos de mampostería, mantenimiento de tuberías, trabajos de albañilería, modificaciones en cubiertas y desalojo de escombros, en la quinta y sexta planta del hotel. Sin embargo, ninguna de esas intervenciones estaban justificadas en la Licencia de Intervenciones Constructivas Menores que había obtenido CRBC.

Después de que los trabajos fueron suspendidos por la AMC, Zhang Xin, representante legal de CRBC, envió un escrito al supervisor metropolitano de la agencia diciendo que habían “actuado conforme a lo que, en nuestro entendimiento, estaba autorizado por la licencia”. Zhang Xin dijo que si la autoridad determinaba que la licencia obtenida no “tenía el alcance suficiente” para cubrir las obras que estaban en ejecución se comprometía a “adecuar la conducta, devolviendo a su estado original los espacios y habitaciones, en el menor plazo posible”. El proceso administrativo para analizar que se levante la medida de suspensión de los trabajos todavía no ha concluido. 

Pero los derrocamientos fueron una alerta preocupante. La arquitecta Samaniego dice que incidentes como los del mes pasado quieren decir que no se están respetando los criterios de valoración y de protección del hotel. “Parece que todos estamos conscientes y de acuerdo con ellos, menos los propietarios del hotel, por eso comenzamos a ver esta agresión al edificio”, dice

Los vecinos discuten la suspensión de la construcción, las medidas que podrían tomar para proteger al hotel y las que ya han tomado, pero que todavía no han dado resultados. Sin embargo, la conversación parece siempre retornar al mismo punto: la importancia del hotel para los barrios que lo rodean y para la ciudad. 

Eso parece ser lo único que permite hilvanar la reunión. Pero está claro que el hotel es demasiado importante para los presentes: antes de intervenir en la reunión, uno de ellos se disculpó por llegar tarde. “Vine directamente después del funeral de mi suegro”, dijo, y sin dar más explicaciones, habló sobre el valor que el edificio tiene para Quito. 

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En las últimas semanas ha habido ligeros avances para garantizar la protección del Hotel Quito, aunque la incertidumbre se mantiene. Andrés Núñez dice que se reunió con María Elena Machuca, ministra de Cultura. “Fue una gentileza, por interés de la Ministra”, dice Núñez. Machuca le preguntó qué podía hacerse para solucionar el enredo en que está atrapado el hotel. 

Una de las cosas que él le pidió es que se reactiven las reuniones del Consejo Técnico Consultivo de Inventario de la Arquitectura Moderna —conformado por el Ministerio de Cultura, el INPC, el Colegio de Arquitectos de Ecuador, Docomomo, representantes de la Academia y de la Asociación de Municipalidades del Ecuador. Ese consejo se encarga de elaborar las herramientas para la valoración de la arquitectura moderna en el país.

A finales del mes pasado, el consejo se reunió. María Samaniego asistió y dice que se les presentó el avance de la ficha y se hicieron comentarios y sugerencias en una mesa de trabajo. Sin embargo, sigue pendiente el ingreso en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Ecuatoriano (Sipse). 

Otra de las cosas que Núñez le pidió a la Ministra de Cultura es que reconozca de oficio la resolución 114 que protege al hotel y a otros miles de bienes patrimoniales y declare su protección inmediata. “El momento en el que la Ministra reconozca esa resolución estos bienes quedan protegidos y ya no hay vuelta atrás”, dice Núñez. Sin embargo, eso debe hacerse de forma paralela a la finalización de la ficha y su posterior ingreso en el Sipse. Cuando se completen esos dos procesos, finalmente, será posible que el Hotel Quito quede totalmente protegido como el bien patrimonial que es. De lo contrario, en el laberintesco limbo en que permanece, lo más probable es que sucumba al paso del tiempo y la ciudad pierda, de todas formas, la Joya Arquitectónica que corona a los Andes.