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La lucha para proteger a las orquídeas de la minería

La reserva Drácula, en donde hay más de 400 especies diferentes de orquídeas, está rodeada de concesiones mineras que ponen en riesgo uno de los mayores esfuerzos de conservación de orquídeas en Ecuador.
  • conservación de orquídeas en Ecuador

    En el noroccidente del país está la reserva Drácula, donde hay más de 400 especies diferentes de orquídeas. Fotografía de Luis Baquero.


Este reportaje es parte de la alianza entre GK y Mongabay Latam


En 2013 el gobierno declaró a Ecuador como el país de las orquídeas: en sus 283 mil kilómetros cuadrados tiene más de 4 mil especies. En diferentes partes del territorio existen proyectos por conservarlas y protegerlas de la deforestación causada por la minería y uno de estos esfuerzos está al noroccidente, en la provincia del Carchi, en la frontera con Colombia. Se llama reserva Drácula —bautizada así por una de las especies con más presencia allí—, existe desde 2016, solo en 1500 hectáreas hay más de 400 especies diferentes de orquídeas y por lo menos 40 han sido descubiertas en los últimos cuatro años. 

“La reserva Drácula, que pertenece a la fundación ecuatoriana Ecominga,  tiene, quizás, el sitio con más especies de orquídeas por área en todo el mundo”, dice Luis Baquero, biólogo e investigador de la Universidad de las Américas, que ha estudiado estas plantas por más de dos décadas. Baquero explica que en el mundo hay más de 25 mil especies de orquídeas y en Ecuador se han identificado un poco más de 4200, es decir, un territorio relativamente pequeño alberga más del 16 % de especies de orquídeas de todo el mundo.

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Luis Baquero es investigador y académico especialista en orquídeas. Fotografía de Gabriel Iturralde.

El principal estudioso de orquídeas en Ecuador fue el botánico norteamericano Calaway Dodson que trabajó con ellas durante más de 50 años y presentó el libro Native Ecuadorian Orchids. Cuando Dodson llegó al país, en 1958,  habían solo 1000 orquídeas descritas, y cuando se fue, ese número se había cuadruplicado. En 2004, poco antes de irse, Dodson estimó que la población de Lita —una zona ubicada entre la frontera de tres provincias del norte: Imbabura, Esmeraldas y Carchi— tenía la mayor cantidad de orquídeas en el mundo. En un radio de 10 kilómetros, el botánico registró 306 especies. Esta cifra era mucho mayor que la que había registrado para esa época un país como Argentina (204 especies). Pero hoy, la reserva Drácula supera a la zona de Lita; en Drácula existen por lo menos 454 especies registradas. En cuatro años se han reconocido 324 especies, 106 aún están sin identificar y se han descubierto 24 especies nuevas.

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Además, se quiere hacer un proyecto piloto para cultivar vainilla —una especie de orquídea— para involucrar a las comunidades locales en la conservación, a la vez que obtienen ganancias por las ventas locales e internacionales de la vainilla. Javier Robayo, coordinador de la Reserva Drácula, dice que es una actividad de bajo impacto, que incrementa el valor de los bosques y es fuente de recursos para la protección de las especies amenazadas de la reserva.

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El origen de Drácula

La zona para la reserva se eligió por la altísima diversidad de orquídeas. Drácula es un género de orquídeas que, en latín, significa pequeño dragón, y que fueron nombradas así por su parecido con los dragones voladores —un género de lagartos— . Esta reserva privada no forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador (SNAP) y se divide en tres zonas: Drácula alta, Drácula media y Drácula baja, donde cada una está separada de la otra por 10 km. Se han ido adquiriendo terrenos con donaciones de distintos contribuyentes y aunque existen ciertas áreas que no pertenecen a la Fundación Ecominga, el objetivo es comprarlas todas y constituir una sola zona que permita también la creación de corredores biológicos.  “Esto va a permitir que los animales se muevan con mayor libertad”, dice Javier Robayo. 

Los fondos para la compra de estas tierras vienen de distintos donantes, explica Robayo. Sus principales recursos provienen del Jardín Botánico de la Universidad de Basilea, en Suiza; de la organización Rainforest Trust —cuya misión es la conservación de zonas en peligro— y de Orchids Conservation Alliance, una organización estadounidense cuyo objetivo es proteger el hábitat de las orquídeas. A través de estas organizaciones también llegan donantes particulares. 

Algunas especies de orquídeas  han sido nombradas en honor a quienes han hecho posible la búsqueda e investigación en la reserva. “Cuando Humboldt vino a Ecuador puso nombres a muchísimas de las especies que él descubrió en honor a las personas que financiaron sus expediciones y sus viajes”, cuenta Robayo, y explica que ellos han aplicado ese mismo mecanismo. 

Reserva Drácula

Algunas especies de orquídeas han sido nombradas en honor a quienes han hecho posible la búsqueda e investigación en la reserva. Fotografía de Marco F. Monteros.

Luis Baquero recuerda que dos de las nuevas orquídeas han sido nombradas en honor a donantes. Scaphosepalum luannae recibe su nombre por Luanne Lemmer y Scaphosepalum zieglerae hace mención a los ciudadanos suizos Susann Ziegler Annen y Max Annen-Ziegler. 

Las orquídeas no solo se protegen por su belleza sino que, dice Baquero, mantienen el equilibrio del ecosistema pues su pérdida genera tierras áridas, brote de enfermedades y pérdida de agua. 

El país de las orquídeas

En diciembre de 2012, el Ecuador fue declarado oficialmente como el país de las orquídeas, a través del decreto ejecutivo 172 firmado por el entonces presidente Rafael Correa. La idea era reconocer la gran diversidad en el país y promover su protección. 

Luis Baquero explica que cuando se encuentra una nueva flor que se presume que puede ser una nueva especie, se debe tomar una muestra, registrar en un herbario y publicar en una revista científica. Al encontrar la flor, se toman fotos y medidas de cada una de sus partes. Luego se disecciona la flor y se pone en un frasco con alcohol y glicerina para conservarla. 

Otra forma de guardar el registro es secar la planta, guardándola en un papel y dentro de un libro; luego esa planta se pone en una cartulina y se incluyen los datos: nombre, lugar donde se encontró, quién la colectó y en qué fecha. Luego se trasladan a un herbario. 

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Si se cree que la especie es nueva, los investigadores deben ceñirse a un proceso estricto y minucioso de descripción que luego llevan a una revista científica para que otros expertos en el tema validen la información y pueda publicarse. Este proceso —desde que se encuentra una especie hasta que se publica la información—  puede tardar en promedio un año y medio. 

La amenaza de la minería

Una de las amenazas para la conservación de orquídeas en Ecuador, en la reserva Drácula es la minería. Cerca —e incluso dentro de la reserva—están por lo menos diez concesiones mineras. Siete de ellas —Blanca, Nieves, Cascabel, Chical 1, 2 y 3 y Río Mira— son de la empresa australiana Solgold, a través de distintas subsidiarias. Espejo 2, 3 y 4 y Magdalena pertenecen a la  Empresa Nacional Minera (Enami). Juntas suman más de 35 mil hectáreas.

Las concesiones de Espejo, Chical, Río Mira y Magdalena están al interior de la reserva Drácula, según explica Javier Robayo. “Las concesiones se entregan sin consentimiento de los propietarios, sean comunidades, bosques protectores o dueños con título. El Estado entrega áreas enormes donde se hacen los estudios de prospección inicial, avanzada y luego explotación”, dice. 

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La Fundación Ecominga quiere construir corredores biológicos en Drácula. Esta es una imagen de la zona baja de la reserva. Fotografía de Marco F. Monteros.

Mongabay Latam contactó a Solgold y a Enami para conocer cómo evitan que sus actividades afecten a la reserva Drácula y si consideran acciones para que las orquídeas no se vean afectadas. Solgold respondió via mail que  “ha trabajado alineada a sus políticas de cuidado

ambiental (de Ecominga y Drácula) para llevar a cabo sus actividades iniciales de exploración, garantizando así que de ninguna manera se vean afectados los ecosistemas actuales”. En la respuesta que Enami envió por correo electrónico no contestaron lo solicitado.

Hay además otros proyectos cercanos como Cascabel, —también de Solgold y que se ejecuta a través de la subsidiaria en Ecuador, Exploraciones Novomining (ENSA)— que está en fase de exploración avanzada, es decir,  ya se conoce el tamaño y la forma del yacimiento mineral que, según una publicación de la BBC, sería la mina subterránea más grande de plata; tercera de oro y sexta de cobre, en todo el mundo. La construcción de la mina se prevé para 2021, según un reporte del medio de comunicación ecuatoriano  Plan V que cuenta que, hasta noviembre de 2019, se habían invertido 140 millones de dólares. 

Muy cerca de la reserva y de El Baboso, una comunidad indígena de la nacionalidad Awá, también hay otros proyectos que suman una superficie de casi diez mil hectáreas según el catastro minero.

Todas estas concesiones rodean a la Reserva Drácula y su presencia podría poner en peligro la conservación. Los efectos de su presencia se notan enseguida, dice Luis Baquero: “Puedo asegurarte que hay especies que aún no han sido nombradas y ya se están extinguiendo. A otras las alcanzamos a identificar pero se están extinguiendo por la tala, el cultivo de naranjilla y la minería”.

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Javier Robayo cuenta que han tenido problemas porque algunos representantes de las mineras han utilizado el nombre de la reserva Drácula para decirles a los pobladores que la reserva está a favor de la minería en la zona.  “Eso ha hecho que la gente nos considere incluso un riesgo para el territorio awá, porque pensaban que estábamos trabajando para ellos, para la minera”, dice. 

Roberto Taicus es dirigente de El Baboso, una comunidad indígena Awá, que está en cuatro provincias del país y limita al occidente con la reserva Drácula. La comunidad se opone a la minería en su territorio y en las zonas aledañas. “Nos habían malinformado porque nos habían dicho que ellos [la reserva Drácula] compraba terrenos y luego los vendía a las mineras”, dice Taicus.

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Y aunque la minería es quizás la mayor amenaza para la conservación de orquídeas, no es la única. También hay otras como la cacería y el robo de especies. 

“El robo de especies viene tanto de  empresas bien grandes como de coleccionistas individuales que van al bosque a robarse sacos y sacos de plantas”, cuenta Javier Robayo. “Y también he encontrado a la gente con carabinas persiguiendo a los monos para matarlos”, dice. 

La carrera para conservar las orquídeas se ha vuelto más difícil para la Fundación Ecominga que debe competir con el avance de la minería en el norte del Ecuador. El reto para ellos es comprar los terrenos que están entre los predios que ya han adquirido, de esta manera podrán disminuir amenazas externas  y garantizar una buena conectividad dentro de la reserva.

*Melissa Carranza colaboró en la realización de este reportaje.

María Sol Borja
Periodista. Ha publicado en New York Times y Washington Post. Fue parte del equipo finalista en los premios Gabo 2019 por Frontera Cautiva. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Es editora asociada y editora política en GK.