La demanda del petróleo mundial ha caído los niveles más bajos de los últimos 22 años. En la crisis sanitaria por el covid-19 gran parte del mundo paralizó sus actividades y, con ellas, el consumo de petróleo y sus derivados. Como el petróleo no se está vendiendo, los comerciantes están quedando sin opciones para almacenar el crudo. Esto podría generar una nueva caída en los precios internacionales del alguna vez considerado un ‘oro negro’. 

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Pronto no habrá contenedor alguno en el mundo en que almacenar crudo. La semana del 20 de abril, Kpler data, una empresa de inteligencia de datos para mercados, estimaba que el 85% de la capacidad de almacenamiento global estaba ya copada. Erick Sánchez, especialista en mercados de hidrocarburos, dice que para finales de mayo probablemente no haya dónde acopiar el West Texas Intermediate (WTI), petróleo que Ecuador toma como referencia para cotizar su propio crudo. La situación es tan desesperada que los comerciantes han contratado embarcaciones normalmente utilizadas para enviar crudo dentro de Estados Unidos para almacenarlo.

Mientras tanto, el precio del petróleo sigue —y probablemente seguirá— cayendo. La madrugada del 28 de abril, el precio del barril de WTI bajó a 10.64 dólares. Durante el día los precios se fueron recuperando poco a poco y a las 6 de la tarde llegó a 13.22 dólares por cada barril. A las 10 de la mañana del día siguiente, cotizaba por encima de los 16 dólares por barril. 

El costo de los fletes de las embarcaciones de almacenamiento, por otro lado, se ha disparado a máximos históricos. En condiciones normales, explica Sánchez, los tanqueros cobrarían entre 25 y 30 mil dólares diarios por el almacenamiento. En tiempos de coronavirus y poca demanda petrolera, el precio se ha triplicado hasta llegar a los 100 mil dólares al día.

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El petróleo se puede vender hasta nueve meses antes de que tenga que ser entregado. Se hace a través de un contrato futuro, en el que productor y comprador acuerdan la fecha en que debe ser físicamente despachado y transferido. Cuando ese día llega, es problema del comprador ver dónde almacena el petróleo que le entrega el productor. 

Se podría pensar que esos compradores necesitan el petróleo para refinar combustible, pero en realidad utilizan esos contratos y las expectativas que esos derechos futuros generan para especular en el muy volátil mercado petrolero. Si el mundo necesita más petróleo, el valor de esos derechos subirá. Pero si el mundo no lo quiere —como en la pandemia que vivimos—, su precio caerá. Eso fue lo que sucedió hace unos días. Los contratos futuro del WTI que debe entregarse en mayo vencieron el 21 de abril. Como el mundo no está usando combustibles, la demanda de crudo real se desplomó, haciendo que haya demasiado petróleo almacenado, causando que los precios de los contratos futuro se desplomaran baja cero. 

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Era un problema que se veía venir. Desde 2014 la producción mundial ya tenía un excedente sobre su demanda, pero no era evidente. El covid-19 ha vuelto el problema mucho más notorio. El 9 de abril, Rusia y la Organización de Países Exportadores de Petróleo acordaron disminuir la producción de crudo en un 20% a nivel mundial para contrarrestar la sobreoferta Pero según la empresa de análisis de mercado Alpine Macro en abril de 2020 se produjeron en promedio 10 millones de barriles diarios más de los que se demandaban. El intento de solución no sirvió. Si las cosas siguen así, “tardaremos no menos de 10 meses en consumir todo el petróleo que está en almacenamiento en todo el mundo en este momento”, dice Sánchez. La existencia de la República petrolera del Ecuador —y sus nunca cumplidas promesas de prosperidad — podría estar viviendo sus últimos tiempos. 

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El problema no es solo el almacenamiento del crudo, también de sus derivados. Las personas no están consumiendo gasolina o diesel al mismo ritmo que lo hacían antes y estos productos también necesitan espacio. Según Sánchez, una solución — al menos momentánea— es guardarlos bajo tierra en pozos abandonados (que ya no están en uso o que agotaron su producción). 

Reducir la producción y buscar alternativas de almacenamiento es necesario, pero no resuelve el problema de raíz: la falta de demanda. Algunos países están relajando las restricciones de aislamiento, pero la reactivación total de las actividades consumidoras de hidrocarburos —como los viajes — está todavía lejos. 

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Mientras tanto, los precios del crudo seguirán cambiando y cayendo. Hasta que se solucionen los problemas causados por la pandemia, ningún país y ningún crudo, explica Sánchez, será inmune a las consecuencias de la reducida demanda. Aunque el impacto en el valor del barril Brent —el crudo que África, Europa y Medio Oriente usan como referencia— ha sido menos severo, el espacio para almacenarlo también se agotará pronto y su precio lo reflejará. El vencimiento de los contratos de WTI para junio y julio ya están siendo pospuesto para el último trimestre del año. Hasta el United States Oil Fund, el mayor fondo de inversión que monitorea los precios del WTI, decidió vender sus contratos de junio y comprar los de meses posteriores, demostrando la profunda disrupción en la que está el mercado petrolero mundial.