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Las víctimas del paro nacional

Durante el paro nacional varias personas sufrieron agresiones, algunas irreversibles. Aquí recogemos algunas de sus historias.
  • Testimonios de las víctimas del paro nacional

    Algunas personas afectadas en el paro nacional dieron su testimonio en la Asamblea Nacional. Ilustración de Paula de la Cruz para GK

Varias personas —manifestantes, periodistas, ciudadanos, policías— han ido a la Asamblea Nacional para relatar  lo que vivieron durante los once días de paralización y manifestaciones de octubre de 2019. Lo han hecho ante la comisión ocasional que investiga las protestas más graves que ha vivido el Ecuador en los últimos años. La comisión tendrá que presentar un informe, hasta el 23 de noviembre, que ayude a esclarecer lo ocurrido. Estos son los testimonios de las víctimas del paro nacional.

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Luis Mosquera, padre de Edison Mosquera Amagua

¿Qué pasó? 

El 7 de octubre de 2019, Edison Mosquera, de 29 años de edad, recibió impacto de un proyectil en la cabeza. Falleció siete días después en el Hospital Carlos Andrade Marín. 

Testimonio

“El joven ha estado, por testimonios que sabemos, en Cumandá para subir a Santo Domingo, en la cual fueron reprimidos por parte de la policía, hay evidencia que el joven fue reprimido por parte de la policía y también queremos que se haga justicia, porque es verdad, que el joven ha estado en la manifestación pero no es para que le maten. Yo como padre pido justicia, porque en realidad es un ser humano que no le podía hacer de esa forma, en tal caso le cogían preso, pero no de esa forma que le mataron”

Policía David Chicaiza 

¿Qué pasó?

El policía David Chicaiza estaba trabajando en el centro histórico, en la calle Olmedo, desde la mañana del 3 de octubre de 2019. Perdió su ojo tras recibir un piedrazo mientras custodiaba un ingreso a la Plaza Grande detrás de unas vallas, en la calle Olmedo.

Testimonio

“Mi deber era impedir que los manifestantes ingresen a la Plaza Grande, al centro histórico a causar desmanes”. Por lo que se colocaron vallas, yo me encontraba en la calle Olmedo. Siendo las nueve horas empezaron a llegar manifestantes, un grupo de aproximadamente de 20 personas, con insultos nos decían que les dejemos ingresar al centro histórico, que somos unos asesinos, que nos unamos al pueblo, que el gobierno va a caer. Se intentó dialogar con los manifestantes, no logrando el objetivo con el pasar del día, el pasar de las horas, seguían llegando más manifestantes. Siendo las tres horas aproximadamente, era un grupo de 80 a 100 manifestantes. No entendían las palabras, ya no entendían que no queríamos hacerles nada, que no podíamos dejarles ingresar al centro histórico, nos empezaron a lanzar objetos contundentes, como piedras, palos, bombas molotov. 

“Fue tanta la agresión, el nivel de resistencia, se hizo el uso progresivo de la fuerza, se usó el agente químico para intentar dispersar a los manifestantes. No logrando el objetivo. Eran muchos manifestantes, fue tanta la agresión,que nos lanzaron objetos, en ese momento recibí el impacto de una piedra en el ojo izquierdo,inmediatamente fui atendido por el cuerpo de bomberos”

“Recibí el diagnóstico que había perdido mi ojo izquierdo, actualmente me encuentro con descanso médico, recurrir a consultas periódicas al hospital hasta colocarme una prótesis permanente” 

El policía David Chicaiza recibió el diagnóstico de la pérdida del ojo izquierdo por el impacto de un objeto. Chicaiza dijo que tendrá que usar una prótesis permanente. 

Freddy Paredes

¿Qué pasó?

El periodista de Teleamazonas, Freddy Paredes, fue golpeado con una piedra en la cabeza. Esto ocurrió el 10 de octubre de 2019, al salir del ágora de la Casa de la Cultura, en donde cubría la concentración indígena. Además recibió insultos y amenazas. 

Testimonio

“El caso de mi agresión es públicamente conocido, yo quiero decirles que la consecuencia de ello ha sido la rotura de mi cabeza en la parte occipital izquierda,tengo alrededor de ocho puntos en la cabeza, producto de un golpe contundente con una piedra, a corta distancia y con gran fuerza por la espalda, y producto de este golpe que recibí perdí momentáneamente el conocimiento, me desplomé al piso, y eso produjo una lesión adicional que es la rotura de los ligamentos que unen la clavícula con el hombro, en ese caso derecho, eso requiero ser atendido quirúrgicamente con una operación a la cual me sometí el día 21 de octubre, estoy convaleciente de ella.

Y estoy apunto de iniciar el proceso de rehabilitación que va a durar aproximadamente tres meses. Esas son las consecuencias médicas que tengo yo de esta cobarde agresión de la que fui objeto y quiero dejar sentado que en esta ocasión como ciudadano y como periodista no vengo a quejarme de la represión del estado, que es lo que generalmente ocurre, vengo a quejarme de la agresión cobarde, salvaje, con tintes de delincuencia de la que fui objeto por grupos seguramente enquistados en esta manifestación, en este movimiento social que fungieron de agitadores, solamente es necesario que una persona diga prensa corrupta y repita lo que el presidente del periodo anterior lo hizo durante diez años para que coreen lo mismo el resto de personas que tienen sus ánimos caldeados en protesta contra el gobierno.

Quiero decir que lo que a mí me ha pasado en la cobertura periodística de esta paralización, del sector indígena, de sector sociales, barriales y demás es la consecuencia de diez años del gobierno anterior, de ataques directos a la prensa a los medios de comunicación a los periodistas, es la consecuencia de la rotura de periódicos en las cámaras durante las sabatinas, es la consecuencias de denostaciones en contra de los medios de comunicación y contra de los periodistas durante diez años, cada sábado que caló en los ciudadanos.

Durante los 11 días de paralización y movilización esa palabra de prensa corrupta se volvió a repetir con mucha fuerza y se convirtió en el motor que generó violencia en contra de personas que no teníamos arte ni parte en aquello, sino que estábamos dedicados a realizar nuestro trabajo, a hacer la cobertura periodística de lo que estaba ocurriendo, y a informar a los ciudadanos, eso es lo que hacemos los periodistas y eso es lo que yo estaba haciendo, aquel, lamentable para mí, lamentable para la democracia, 10 de octubre cuando sufrí aquella agresión cobarde. No es esto algo fortuito, yo quiero alertar públicamente, aquí en este importante foro democrático que es la asamblea nacional, en esta comisión especial que se ha conformado de que estamos frente a un problema latente que no se ha eliminado y es la existencia de grupos violentos que se han enquistado en la protesta social, y que de alguna manera han sido protegidos, se han mimetizado, han sido encubiertos por el movimiento indígena, tengo que decirlo lamentablemente, el presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador me garantizó seguridad para que yo abandone el recinto donde estaban concentrados los indígenas, que es el ágora de la casa de la cultura, y la agresión de la que fui objeto no puedo asegurar si fueron indígenas o no, eso es imposible para mí, pero yo sí puedo asegurar que eso ocurrió a vista y paciencia de cientos y decenas de ciudadanos de todo origen y condición, filiación, agremiación que miraron impávidos lo que pasaba y que muchos impedían la agresión pero muchos más alentaban esa agresión que no terminó lamentablemente con esta cobarde acción por la espalda y que ahora yo tengo que informarlo también que es motivo de una acusación particular en materia penal mía personal y también del medio de comunicación al cual yo trabajo, Teleamazonas, en contra de esta persona identificada, no necesariamente detenida, debería estar detenida según mi criterio, porque fue sumamente claro, objetivo de la acción posterior de este ciudadano de parte de personas que lo detuvieron en ese instante, luego de la agresión de la que fui objeto.

Y lo estoy acusando por tentativa de asesinato, porque eso es lo que él quiso hacer conmigo, quiso asesinarme, me golpeó con un objeto contundente, con una piedra, lo hizo por la espalda, lo hizo con fuerza, y a corta distancia sobre la cabeza, señores, en la cabeza nos pueden matar, yo no sé, gracias a dios estoy presente aquí para contarlo la repercusión de aquella acción pudo haber sido fatal, pude haberme quedado ahí, y pude haber formado tristemente un número más de las estadísticas frías que se están levantando de todos los sectores y no puede ser así.

Soy ciudadano común y corriente, no quiero ningún tratamiento adicional pero solamente les pido que consideren que también soy periodista, yo no estaba en contra ni a favor del gobierno, no formaba parte de las manifestaciones que se realizaban en contra del gobierno, no formaba parte de ninguna organización política partidista. Estaba presente ahí en el cumplimiento de mi trabajo y en el cumplimiento de mi trabajo he sido objeto de una agresión no de manera fortuita, no he sido agredido de manera por casualidad, porque alguien lanzó una piedra y me cayó a mí, porque alguien lanzó un palo y me cayó a mí, no, fue direccionada esa agresión y creo lamentablemente que si el estado no logra identificar a estos grupos que están mimetizados entre la población ecuatoriana, el Ecuador va a correr un grave peligro de una suerte de violentización de la sociedad, con la incrustación de grupos violentos que responden a grupos partidistas políticos que van a actuar cuando ellos sean convocados para defender las tesis de quienes les contratan y amedrentar a los periodistas y a los medios de comunicación”.

Yo sí puedo asegurar que eso ocurrió a vista y paciencia de cientos y decenas de ciudadanos de todo origen y condición, filiación, agremiación que miraron impávidos lo que pasaba y que muchos impedían la agresión pero muchos más alentaban esa agresión que no terminó lamentablemente con esta cobarde acción por la espalda y que ahora yo tengo que informarlo también que es motivo de una acusación particular en materia penal mía, personal, y también del medio de comunicación al cual yo trabajo, Teleamazonas, en contra de esta persona identificada, no necesariamente detenida, debería estar detenida según mi criterio, porque fue sumamente claro el objetivo de la acción posterior de este ciudadano de parte de personas que lo detuvieron en ese instante, luego de la agresión de la que fui objeto.

Y lo estoy acusando por tentativa de asesinato, porque eso es lo que él quiso hacer conmigo, quiso asesinarme, me golpeó con un objeto contundente, con una piedra, lo hizo por la espalda, lo hizo con fuerza, y a corta distancia sobre la cabeza, señores, en la cabeza nos pueden matar, yo no sé, gracias a dios estoy presente aquí para contarlo la repercusión de aquella acción pudo haber sido fatal, pude haberme quedado ahí, y pude haber formado tristemente un número más de las estadísticas frías que se están levantando de todos los sectores y no puede ser así.

Sargento Amparo Segovia 

¿Qué pasó?

La sargento Amparo Segovia estaba el 10 de octubre de 2019, en la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) del cantón Pujilí, provincia de Cotopaxi, cuando ingresaron cerca de 2000 indígenas al UPC y la retuvieron junto a otros policías; un militar y un civil. Durante la retención que duró cinco días, fue golpeada, amenazada y sufrió abuso sexual.

Testimonio

“Me encontraba trabajando en el UPC del cantón Pujilí, el día 10 de octubre a eso de las 17 horas, nos encontrábamos con el señor jefe de operaciones del distrito danzante, el señor mayor Wilfrido Salguero, instantes en el cual nos sorprendieron una turba de manifestantes, alrededor de unos 2000 de etnia indígena, los cuales ingresaron al UPC procediendo a sacarnos del UPC por las paredes tanto de la parte posterior como del frente del UPC,  a mí me sacaron por la parte posterior con una compañera más y el señor mayor Merizalde.

Al momento que nos sacaron por las paredes, nos agredieron con palos, con piedras incluso nos manosearon, y nos llevaron por la parte posterior del UPC hasta llegar a la plaza Sucre, en donde nos llevaban como trofeos manifestando que nos iban a matar que nos iban a quemar, indicando con palabras soeces que afectaban a nuestra integridad, no respetaron el hecho de ser mujeres, a los dos compañeras que nos encontrábamos, nos agredieron con palos, nos iban golpeando al momentos que ingresamos a la plaza pudimos observar que se encontraba el señor mayor Wilfrido Salguero y otros compañeros más inclusive habían otras personas que estaban de civiles, que ahora sé que eran tres militares y un civil.

En total nos encontrábamos 12 personas, en el centro de la plaza Sucre.En esos instantes procedieron a despojarnos de nuestras prendas y nos procedieron a manosearnos,indicando que nos querían violar a las mujeres, a mí y a mi otra compañera nos empezaron a topar los senos y las partes íntimas, indicando que nos querían violar, y nos querían matar. Instantes también con fajas de su propiedad, nos amarraron las manos nos vendaron los ojos, nos llevaron por la plaza, igual manera pateándonos, pegándonos con palos, con piedras, nos subieron a un camión en el cual no sabíamos a dónde nos iban a llevar, en el camión igual nos agredieron, a mí me botaron , me patearon, yo tengo dañado mi hombro izquierdo, tengo un daño estoy con descanso medico de 15 días.

Al momento que nos iban llevando en el camión yo me encontraba vendada los ojos, me amarraron con una soga y me laceraron las córneas, al momento tengo que utilizar lentes; ya me estoy haciendo revisar en el hospital. De igual manera el instante que llegamos allá nos seguían agrediendo, nos seguían manoseando, igual seguían insistiendo que nos querían hacer daño. Luego de eso, nos grabaron y nos pidieron los nombres que estábamos haciendo, qué para qué estamos trabajando para el gobierno, que nos unamos al paro, y que está muriendo la gente indígena acá en Quito y que de igual manera nos van a hacer lo mismo que están haciendo en Quito.

Nos llevaron a una habitación, donde pasamos cinco días retenidos, pasamos las dos mujeres con los ocho policías, tres militares y un civil. El momento que nos encontrábamos ahí en los días, en las noches llegaban a querernos secuestrar de otras comunidades. El maltrato psicológico fue todos los días, indicando que nos iban a matar, que nos iban a quemar, que nos querían llevar a ajusticiarnos, en vista de que seguían muriendo la gente acá en Quito. De igual manera lanzaban insultos al señor presidente, a las autoridades, a los jefes de alto rango para ellos ajusticiarles, y que nos unamos al paro”. 

Cabo María José Baque 

 

¿Qué pasó?

El 12 de octubre de 2019, 54 policías fueron emboscados por cientos de manifestantes que les obligaron a caminar hasta el estadio de Calderón, en las afueras de Quito. Allí los golpearon, los amenazaron y los retuvieron durante varias horas. Baque recibió golpes, insultos y fue abusada sexualmente. 

Testimonio

“ Fuimos agredidos con piedras, con palos, palabras soeces, gritandonos asesinos, que nos iban a matar, que nos iba a quemar, que no merecíamos vivir. En el momento que ingresamos al estadio de Calderón, yo fui la única mujer que se encontraba secuestrada con los 53 demás compañeros. Al momento de despojarme de mis prendas policiales fui manoseada. Con pretexto de seguir buscando si tenía el celular, seguían tocando mi cuerpo, no respetaron mi condición como mujer. Yo, de la desesperación, como se encontraban los manifestantes golpeando a mis demás compañeros, se me ocurrió decir que estaba embarazada, a ver si se calmaban las agresiones a mis compañeros pero no. No fui escuchada, siguieron maltratándonos psicológicamente, agrediéndonos con palos, con piedras, ingresando a un camerino, nuevamente de despojarnos y desvestirnos de nuestro uniforme, nuevamente fui manoseada por otro grupo de personas, ahí nos encontramos varios minutos, los cuales al momento que comenzaron a sacarnos en grupos de cinco en cinco, nos comenzamos a dar cuenta que en la parte de afuera estaban haciendo una fila india, en donde manifestaban: mátemosle al comandante.

Solicitaban quince personas para hacer el cambio, supuestamente de quince personas fallecidas. En todo momento nos gritaban asesinos, palabras soeces hacia mi persona, y el resto de compañeros, asimismo llegando a la iglesia ingresé, toda golpeada donde la gente que trabaja con el párroco fue que me cambió de ropa, ya que vieron que estaba totalmente golpeada. Las mujeres indígenas manifestaban que me saquen para seguirme agrediendo. Alrededor de las siete de la noche llegaron a rescatarnos. Esto ha marcado mi vida en lo personal y en lo profesional.”. 

Julio Toroche 

¿Qué pasó?

El 11 de octubre de 2019, Julio Toroche era voluntario para coordinar brigadas médicas. Mientras ayudaba a un niño que estaba desmayado en el sector de El Arbolito, recibió un impacto de bomba lacrimógena y perdió su ojo.  

Testimonio

“Al momento de socorrer a un auxilio,  los escuderos (manifestantes que portaban “escudos” para protegerse) que realizaban las protestas estaban en la calle 12 de octubre y Tarqui, nos pudieron indicar que tenían un menor desmayado. Entonces, la represión era tan fuerte, ya no había gente dentro de estas calles, la gente estaba en el espacio verde de El Arbolito. Procedimos con cuatro chicos a rescatar al menor que lo tenían los escuderos pasando la calle de enfrente, cuando nosotros nos pudimos acerca con la bandera de paz, comenzamos a escuchar las detonaciones, eran directamente a los escudos, a las paredes, a las lanfor que habían ahí. Nosotros pudimos retirarle y evacuarle al herido, que el médico le indicó que estaba en estado  de inconsciencia y que tenía dos costillas fracturadas por el impacto de la bomba que le llegó en el abdomen.

Al momento de extraer al herido, los dos chicos levantan al herido, mi compañero empieza a salir con la bandera de paz, con la bandera de unidad médica. Como había mucho humo mucho gas, procedimos a bajarnos al área de la calle y empiezan a correr y yo al momento que regreso a escuchar la detonación, solamente vi una luz y me impactó el proyectil en el ojo izquierdo, en mi rostro.

Me agacho a ver, no perdí el conocimiento y era la bomba lacrimógena que empezaba a salir humo, entonces con la bufanda me tapé la herida, procedí a avanzar, a cruzar hasta el parque el Arbolito, ya me cogieron los protestantes, me querían amarcar, les dije si puedo caminar, pero mi ojo ya estaba totalmente inflamado y ya tenía parte de la ceja  abierta y que sangraba mucho.Mis compañeros regresaron, me atendieron a mí,me procedieron a ingresar al área de críticos en la casa blanca y en ese momento ya me pudieron valorar que tenía perdida totalmente de la ceja y perdida del ojo, que ellos no podían suturar, me hicieron un taponamiento para que no sangre, me trasladaron en una camioneta a la unidad médica del  IESS. Fui ahí intervenido, me hicieron dos cirugías, tengo el pómulo maxilo facial que tengo que hacerme otra operación, retiraron la cavidad ocular de mi ojo, le limpiaron totalmente porque ya no pudieron recuperar, reconstruir nada, por tema de salud, porque podía caerme alguna inflamación o inconarse y me afectaba a mi otro ojo”.

Jhajaira Urresta 

¿Qué pasó? 

Jhajaira Urresta participaba en un cacelorazo autoconvocado la noche del 12 de octubre de 2019 en el barrio de La Tola. Recibió un impacto de bomba lacrimógena que resultó en la pérdida de su ojo.

Testimonio 

“Nosotros nos dimos cita a las 8:30 de la noche. A las 9:20 pasó lo que ahora comprendo es un contigente. Por videos me entero, hace dos días, que pasaron primero dos patrulleros y una moto, lo que yo vi fue, primero un camión militar de color verde, pequeño a comparación al camión policial que pasó tras de él, de color negro, con elementos del GOM (Grupo de Operaciones Militares). Cuando se detuvo el camión de color negro en el puente peatonal, saltaron algunos de los elementos del GOM disparando bombas lacrimógenas.

La primera fue para ahuyentar a la gente, las otras ya fueron a quemarropa, incluso destrozaron algunos vidrios de las viviendas y local. Yo me quedé entre una bomba en la parte de atrás y tres policías en la parte de adelante. Uno de ellos estaba agrediendo a una señora que tenía cargada una niña, al parecer de unos dos o tres años. Debido a esta situación yo boté la olla, boté mi cuchara, alcé mis brazos y lo que grité que solamente me den a la niña y que esta situación pasará. Si mal no recuerdo era el tercer o cuarto oficial voluntario que estaba ocupando el camión de la parte de atrás del camión era el tercero o cuarto que saltó hacia el muro de contención.

Se paró ahí me quedó viendo y cuando apuntó me dio tiempo a girar un poco hacia mi derecha, evitando que la bomba lacrimógena que ahora, ya hicimos la medición de la distancia, es a dos metros cuarenta. Cuando yo giro hacia mi derecha la bomba se impregna en mi ojo, desprendiéndoloy sacando los músculos internos de la cuenca del mismo, no comprendo por qué no caí al pavimento. Simplemente me quedé sin aliento, sin audición, obviamente sin vista, lo único que hice fue sostenerme el ojo porque el chorro de sangre era contundente.

Cuando yo alcé mi brazo izquierdo y sostuve mi ojo ya lo sentí en la palma de mi mano. El uniformado seguía parado en el muro de contención, alzado la barbilla, esperando no sé qué, tal vez que caiga, realmente no entiendo porque él se quedó ahí parado con el arma en su brazo derecho. Lo único que hice fue girarme y buscarle a mi madre, porque yo estaba acompañada de ella, de mi hermana y dos primos. Cuando llegué a la esquina, que ustedes pueden ir a constatar hay una licorería, me apegué a ella y me vino el primer vómito de sangre, que ahora comprendo que fue por el golpe que recibí en el cerebro. Pensé que por el dolor que me daba toda la cara y sentía realmente que el cerebro se me anchaba, pensé que había perdido los dientes en el vómito, entonces me los revisé y no había perdido ninguna pieza dental.

Continué subiendo la calle Remigio Crespo Toral, más o menos a la mitad de la cuesta mi hermana me recibió por el lado afectado, ella me llevó donde mi madre y terminamos de subir las dos cuadras. Cuando yo llego al final de las dos cuadras hay unas escalinatas. Se encontraba ahí parqueada una camioneta doble cabina negra en donde se encontraba un señor que hasta ahora no sé el paradero de él ni su identidad, para agradecerle, porque si no era por él, yo no llegaba al Hospital Militar. Nos estábamos trasladando al Hospital Militar de la misma manera ustedes lo pueden constatar había un gran contingente policial que es el Coliseo Rumiñahui, mi madre salió por la ventana pidiendo auxilio, y pidiendo que por favor nos den paso para el hospital y la respuesta del uniformado de la Policía fue “estamos en toque de queda, no es mi problema”. Mi madre pidió misericordia para que me deje pasar y un militar se acercó a mi ventana, vio cómo estaba yo sangrando y le pidió que por favor me dejara pasar al hospital. Había una barricada justo frente con frente al parqueadero del hospital militar, donde hay una palmera, hasta ahí pudo llegar el auto.

Desde ahí a tuve que caminar porque el Hospital Militar estaba sitiado, cuando yo ingresé al hospital el Doctor Ruiz, oftalmólogo mayor del ejército, él me atendió los primeros auxilios, la intención del hospital fue salvar mi vida mas no mi ojo, porque ya estaba comprometida mi vida, realmente lo perdí. Duró ocho horas mi cirugía, el globo ocular fue rellenado con una especie de gas y una especie de gelatina artificial, yo no tengo pupila, yo no tengo iris, lo único que tengo es el nervio que permite el movimiento del globo ocular, por lo tanto la vista el 100% la tengo perdida, hasta el mes de diciembre tengo que esperar los chequeos médicos si no se origina algún tipo de infección, o algún tipo de ruptura interna porque en este caso, me deberían extirpar por completo el ojo.”

Himelda Rivera, mamá de Marco Humberto Otto

¿Qué pasó?

Marco Humberto Otto estaba el 7 de octubre en las manifestaciones del paro nacional en el sector de San Roque. Cayó del puente peatonal en circunstancias aún no esclarecidas. Fue trasladado al hospital Carlos Andrade Marín y murió al siguiente día. 

Testimonio

Yo me crié en un hogar pobre, y yo saqué sola a cinco hijos, saqué adelante, pero el Estado con la realidad me disculpan, le llevaron en una camioneta de plaza. Dios le pague, que Dios les ilumine porque siquiera gente le ayudaron, le llevaron en una camioneta, pero ya fue demasiado tarde, incluso. él estaba todavía consciente, pedía auxilio, un señor se acercó, le preguntó el nombre, le preguntó dónde vivía en un video, pide con la manito que lo ayuden, pero no lo ayudaron. 

Pero gracias a Dios, tuvo un seguro, esa gente caritativa le fue a dejar. 

Llamó la doctora y nos dijo que no pueden hacer nada,no pueden operar nada, que su cerebrito está muerto, le vi totalmente desfigurado y con tantas cosas y tenía los ojitos hinchados, la carita hinchada, los bracitos rotos. 

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Que ha estado corriendo se me da la idea que mi hijo no pudo correr, entonces, él, creo yo, que trató de refugiarse en esa malla pero fue impactadas y como él era de discapacidad, yo creo que su cuerpito no avanzó, como que no avanzó. Él no podía correr. Voy a luchar hasta el final, para que se limpie el nombre de mi hijo descanse en paz”. 

Aclaración: el audio de este testimonio, al igual que todos los que fueron utilizados en esta nota, fueron entregados por la Asamblea Nacional. El audio correspondiente a la mamá de Marco Otto es de un video de diario El Comercio transmitido durante la comparecencia pública.
Mayuri Castro
Periodista de GK. Cubre migración interna, educación y escribe ensayos breves y reflexivos sobre coyuntura nacional.