Cuando uno ve el mapa de Global Fishing, Galápagos aparece cercada por una pared de puntos blancos: son miles de barcos pesqueros al pie de la segunda reserva marina más grande del mundo. Algunos, los más codiciosos, entran a la reserva, donde la pesca industrial está prohibida, sacan lo que quieren y se van. Su presencia llevó al vicepresidente del Ecuador, Otto Sonnenholzner, a hacer un anuncio grandilocuente. A finales de abril de 2019 desde el Puerto de Aguas Profundas de Posorja, Sonnenholzner dijo que el gobierno ecuatoriano impulsará “un proceso internacional” para pedir la ampliación de la reserva marina de Galápagos y ponerla “a consideración del mundo”. Pero los expertos dicen que ampliar la  reserva, en las actuales circunstancias de cuidado y patrullaje, no servirá de nada.

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Las reservas marinas, dice Wildlife Trusts- una organización dedicada a defender la naturaleza, son áreas destinadas a proteger los hábitats, la alimentación, la cría y la vida de las especies que viven en el mar. En ellas, “se restringen ciertas actividades dañinas”, según el reporte Reservas Marinas Totalmente Protegidas del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). Al igual que los bosques protegidos, son ecosistemas frágiles, donde existen varias especies de animales, muchas veces únicos en el mundo. 

Cuando una reserva marina realmente funciona, hay un aumento de los individuos de cada especie marina, sobre todo de aquellas que podrían estar en peligro. Pero cuando no, disminuye la fauna marina, en el peor de los casos. Por ejemplo, el 90% del arrecife de coral del archipiélago de Chagos —en las costas africanas del océano Índico— estaba muerto en 1998. Después de la creación de una reserva marina en 2010, logró recuperarse. Salvar a los arrecifes de coral era vital porque generan oxígeno, pueden disminuir la fuerza de los oleajes, y son la mejor protección “contra el fuerte efecto de las tormentas tropicales y huracanes”, según la Revista de Ciencias de la Universidad Autónoma de México. Además, son lugares clave para crianza, alimentación y reproducción de las especies. Los arrecifes han sobrevivido a la era del hielo, la destrucción de los dinosaurios, pero no a la destrucción de los seres humanos. La solución está ahí: reservas marinas reales, más allá de las declaratorias en papel. 

La de Galápagos tiene una extensión de 133 mil kilómetros cuadrados —unas 36 veces el tamaño de Quito, la ciudad más grande del Ecuador. Fue creada recién en 1998,  aunque el cuidado de las islas empezó en 1974 con el Plan de Manejo Terrestre. El plan era crear una franja de dos millas náuticas (un poco más de 3.704 kilómetros) alrededor de cada isla. 

La delimitación buscaba crear una especie de cerco protector de las Galápagos. Un cuarto de siglo después, la Ley Orgánica de Régimen Especial para la Conservación y Desarrollo Sustentable de Galápagos (Loreg) amplió el área marina protegida y creó, formalmente, la reserva marina de Galápagos. Judith Denkinger, profesora especialista en mamíferos marinos de la Universidad San Francisco de Quito, la describe como “un sitio focal en afloramientos, biodiversidad y mucha productividad”. Ampliarla sería una excelente noticia. Pero solo si hay la plata y recursos necesarios para cuidarla. 

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El Ecuador no los tiene: la reserva marina de Galápagos es la segunda más grande del mundo después de la de la Antártida, pero una de las peores vigiladas. Galápagos tiene 2.900 especies marinas, de las que el 18% son endémicas —que solo existen en un lugar en el mundo— según la UNESCO. Pero su porcentaje de especies en peligro de desaparecer no se ha disminuido. El tiburón ballena, el tiburón martillo liso y el tiburón peregrino, por ejemplo, siguen en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés). Para Judith Denkinger, la reserva no cumple su propósito: “porque si es una reserva marina, los recursos marinos tienen que mejorar”. Según Denkinger, especies como el bacalao, el pepino y las langostas están en peligro por la sobrepesca. 

La captura de varias de estas especies se debe, en parte, a la movilidad de los animales en la reserva. Xavier Romero, consultor en patología acuática, dice que cuando se piensa en los límites de la reserva marina no se considera que existen ciertos animales que se alimentan fuera de ellos. “Hay un estudio reciente sobre lobos peleteros en la isla Fernandina que se alimentan fuera de la reserva” donde están expuestos a todo anzuelo. Ampliar la reserva hacia esas zonas serviría si hay fondos, personal y equipo para cuidarla; si no, será solo trazar una línea imaginaria, que no hará nada real por la conservación de las especies. 

Pero, para las autoridades ecuatorianas —devotas del optimismo o la negación, según se quiera ver—  la reserva está bien conservada. “Tenemos absolutamente controlado todo lo que sucede en la Reserva Marina de Galápagos”, dice Jorge Carrión, director del Parque Nacional Galápagos, el ente estatal encargado de administrar, manejar y cuidar el Parque Nacional y la Reserva Marina de Galápagos

La idea se repite, y hasta parece cíclica. El exdiretor del Parque, Walter Bustos, dice que la reserva marina y Galápagos «está mucho mejor en el estado de conservación”. Según Bustos, “adentro está protegido, pero afuera está repleto de embarcaciones pesqueras”.  Para el exministro de Ambiente, Tarsicio Granizo, el control dentro de la reserva marina es un “ejemplo de América Latina y el mundo”. La brecha entre lo que los funcionarios y exfuncionarios dicen permanece en constante contradicción con lo que expertos independientes y científicos afirman. 

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No habrá peces en los mares del mundo para el 2048 si la pesca a gran escala continúa con la voracidad actual. Los océanos podrían convertirse en enormes desiertos de agua. Las reservas marinas son una especie de seguro contra esa predicción nefasta. Oswaldo Rosero, especialista en control y vigilancia de dominio marítimo, dice que uno de los objetivos de las reservas es evitar que exista un desequilibrio entre “lo que estoy sacando de la pesca y lo que estoy produciendo” en la reserva. Cuando existe un desequilibrio, aumentar el tamaño de la reserva marina es una buena medida. Como debería suceder en el caso Galápagos —siempre y cuando hayan las posibilidades económicas y técnicas para poder monitorear un espacio tan extenso. 

Hay reservas marinas totalmente protegidas, como la de las Islas de los Caballeros Pobres en Nueva Zelanda, donde está vedada la pesca y otros usos humanos extractivos o dañinos por completo. En otras, como la de Galápagos, se permite solo la pesca a pequeña escala. Como por ejemplo, la zona de uso múltiple y la subzona de conservación y uso extractivo y no extractivo

Aunque suene inconveniente decirlo, la pesca artesanal también es un problema en Galápagos. La falta de educación y el poco control han hecho que atente contra la conservación de la Reserva Marina. Judith Denkinger, que ha vivido por mucho tiempo en Galápagos dice que, por ejemplo, hay una sobrepesca con el bacalao que se lleva al continente, ”aunque se pesque solo por galapagueños”. 

La flota artesanal palangrera del Ecuador continental y la flota artesanal galapagueña son un constante peligro. La primera está compuesta por más de 45 mil embarcaciones autorizadas para desembarcar tiburones, siempre y cuando se los etiquete como ‘pesca incidental’. Tan “incidental” que por año se capturan 250 mil tiburones. 

Lo mismo pasa con la flota artesanal. En 2016, un nuevo programa piloto de pesca experimental con palangre dentro de la reserva marina dio los mismos resultados: grandes cantidades de tiburones capturados. 

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En Galápagos está prohibida la pesca industrial —en teoría. En la práctica, varias embarcaciones se dedican a ella en los límites de la reserva. En algunos casos, a veces pescan dentro de la reserva. El 13 de agosto de 2017, el barco chino Yuan Yu Leng 999 fue detenido dentro de la reserva. Llevaba 300 toneladas de especies de tiburón como martillo, sedoso, zorro, ojón y mako, varias de ellas en peligro de extinción. Los dueños del barco se defendieron diciendo que el barco iba de paso, que la pesca no era de Galápagos. 

El escándalo fue internacional. Según National Geographic, el barco fue encontrado de casualidad: alguien olvidó apagar el posicionador satelital que todos los barcos tienen y que muchos apagan para adentrarse en aguas prohibidas. Cuando el sistema de los barcos está prendido y alguno entra a la reserva marina, una alarma de la sala de control de mando inmediatamente brinda “un llamado o un mensaje en el momento en el que un barco ha pasado la línea de la reserva marina de Galápagos”, dice Jorge Carrión. Pero, la pregunta es cómo los detectan los barcos cuyo posicionamiento satelital está apagado. Carrión dice que si bien es más difícil ubicarlos, “nosotros tenemos todo un sistema predictivo independiente” que les permitiría saber de dónde vienen las embarcaciones y también los antecedentes de las embarcaciones. 

Las autoridades —optimistas, negacionistas, ¿qué diferencia hay?— dicen que es muy difícil burlar la vigilancia. Confían que a través de sistemas de vigilancia con sistemas radiales y satelitales ningún barco puede atravesar la reserva. El sistema permite seguir detectando la ubicación y la actividad que están haciendo embarcaciones de pesca. Las embarcaciones deberían mantenerlo siempre encendido. Mantenerlo desactivado es ilegal e incluso podría provocar choques entre barcos. Pero, es posible que embarcaciones de pesca ilegal desactiven este sistema para adentrarse a la reserva marina sin ser detectados. Más allá del asunto de xenofobia, el peligro no solo son las embarcaciones chinas sino las nacionales, las peruanas y todos los barcos que se acercan todos los días a los límites de la reserva y apagan sus sistemas de posicionamiento. 

Además de la vigilancia satelital, el Parque Nacional Galápagos tiene de 12 equipos para vigilar 145 mil kilómetros cuadrados de reserva marina. Tres lanchas oceánicas, siete lanchas rápidas, una avioneta y una base flotante, que está en mantenimiento. Jorge Carrión dice que “siempre hay una lancha por día que está haciendo los patrullajes en los sitios de vista o en los bordes de la reserva marina de Galápagos, pero también tenemos el apoyo de la avioneta y de las embarcaciones oceánicas” en casos especiales, que requieren una planificación mucho más cautelosa. 

Suena bien, pero hay una brecha entre lo que dice Carrión y lo que varios expertos afirman. En Galápagos, “no hay patrullaje”, dice Xavier Romero. Para él, ese es el problema de “muchas reservas que son declaradas pero no tienen sistema de vigilancia que debe ir acompañado o el plan de manejo que termina en acción”. Según Judith Denkinger, las patrullas se dedican a controlar el turismo más que a la pesca.  Pero para Jorge Carrión, la vigilancia va por partida doble, “mientras hacemos los controles de la actividad turística, las embarcaciones recorren los diferentes sitios de visita a lo largo y ancho del archipiélago y a su vez también están haciendo control de cualquier actividad ilícita que podría estarse desarrollando en Galápagos”. La pregunta es si, en un espacio marino tan grande, se puede custodiar a dos monstruos o si vigilar por partida doble termina en no vigilar ni el turismo ni la pesca ilegal.

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Ampliar una reserva marina puede tardar años. Pasó en el Perú, donde desde 2014 hasta la actualidad se está discutiendo la creación de la Reserva Nacional Mar Tropical de Grau. La voluntad política, el apoyo de los ciudadanos y la necesidad de cuidar los recursos marinos son algunos de los factores que intervienen. Sandra Bessudo, directora de la Fundación Malpelo y Otros Ecosistemas Marinos en Colombia, dice que para crear o ampliar un área protegida hay condicionamientos técnicos ambientales que se deben considerar. A medida que se va ampliando, dice, “hay que ir pensando en aumentar el control y la vigilancia”. Bessudo explica que una de las medidas para mejorar el control de las áreas marinas protegidas son las nuevas tecnologías. Tecnologías, que requieren de recursos, una de las principales limitantes a las que se enfrenta Galápagos y su reserva marina. 

Los escasos recursos, la poca voluntad política convierte a Galápagos en un trofeo fácil de presumir, pero difícil de cuidar. Para Jorge Carrión, la capacidad técnica para controlar la reserva marina es uno de los puntos que se debe considerar. Carrión dice que están iniciando los análisis científicos y técnicos que se requieren para una posible ampliación. “No queremos simplemente ampliar por ampliar esta decisión tiene que responder a parámetros técnicos y científicos que nos digan cuál es el verdadero tamaño que requiere la Reserva Marina de Galápagos para poder proteger adecuadamente los recursos y la biodiversidad”. Si no se logra vigilar la actual reserva de Galápagos, es casi utópico pensar que podremos hacer frente a una más grande. El reto se vuelve mucho más difícil.

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Después de 21 años de creada la reserva marina, seguimos sin entender las islas y la importancia de su zona marina. Sin ella, los ecosistemas de Galápagos no podrían sobrevivir, según la fundación Charles Darwin.Muchas especies nativas y endémicas dependen en su totalidad del mar y de los procesos evolutivos y ecológicos que ocurren en la tierra, pero que tienen relación directa con el mar”, explica la Fundación Charles Darwin en su página web. 

La actual reserva marina de Galápagos no se está protegiendo adecuadamente. Desde el Puerto de Aguas Profundas, el vicepresidente, Otto Sonnenholzner, anunció la posible ampliación de la reserva marina de Galápagos y lo dijo como si fuera algo sencillo. Solo cuestión de emitir un decreto y ampliar. Pero no es así. Sin el dinero suficiente para invertir en el cuidado, reservas marinas como la de Galápagos pueden convertirse sencillamente en reservas de papel: lugares donde sobran las buenas intenciones, pero falta la vigilancia y el monitoreo.

Y, aunque suene obvio, entre las especies están los seres humanos. Para Walter Bustos, la conservación de la reserva marina también tiene una importancia económica. “Los espacios oceánicos degradados generan pobreza, son espacios vacíos donde ya no hay peces, no hay pesca, no hay esta facilidad que se genera para obtención de recursos naturales, marinos”. Ya pasó en Somalia, cuyo mar fue depredado por decenas de flotas internacionales. Sin nada que pescar, sus pescadores tuvieron que buscar nuevos oficios: desde mediados de los 2000 se dedican a secuestrar barcos y exigir rescates por ellos. Una reserva marina, bien delimitada y bien cuidada, salva no solo a las especies endémicas, sino a las personas de estas medidas desesperadas. Su importancia excede a las buenas intenciones y las propuestas rimbombantes de los políticos de turno.