Profundidad

Loja cultural: ¿qué falta por hacer?

A la ciudad sureña del Ecuador se la conoce por su arte y cultura. Loja ha sido cuna de artistas, escritores y músicos; y, desde hace tres años, es sede del Festival de Artes Vivas. Si la cultura está tan arraigada en los lojanos, ¿cuán alta es la vara con la que se medirá la nueva gestión municipal en cultura?
  • La gestión cultural municipal lojana tiene nuevas cabezas, ¿hacia dónde va?

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Dice el lugar común que Loja es la capital cultural del Ecuador. Hay un dicho local que dice que “en casa de lojano, nunca faltará la guitarra o el cantante”. La ciudad sureña tiene un poco más de 269 mil habitantes y, desde 2016, es la sede del Festival de Artes Vivas, un evento que congrega a cientos de artistas nacionales e internacionales durante once días. Benjamín Carrión, lojano y creador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, quería convertir al Ecuador (y a Loja) en una potencia cultural. Para Reynaldo Soto, fundador de la escuela de danza Reyso Dance, comunicador y bailarín profesional y maestro de generaciones de bailarines lojanos, dice que, desde la década de los 80, “Loja ha experimentado un crecimiento vertiginoso en el desarrollo cultural”. Pero, más allá de la anécdota y el rótulo, ¿qué le falta a Loja en materia cultural?

El nuevo alcalde de Loja, Jorge Bailón, ya tiene varios retos que enfrentar en su tercera gestión municipal. En lo cultural, el principal es apoyar a los gestores y facilitar la práctica de la cultura desde la vida barrial hasta los grandes festivales. Además, el desafío incluye la preservación de los espacios de cultura. Si lo logra, Loja no solo mantendrá el estatus de ciudad cultural, sino que la acercará más a ser sostenible.

En su plan de gobierno, el ahora alcalde prevé una inversión de 4,2 millones de dólares para el proyecto ‘Loja Cultural’. En cuatro años, el Municipio deberá invertir cerca de un millón de dólares anualmente para cumplir con las promesas de campaña. Este presupuesto es similar a lo invertido por la anterior administración. Según la última cédula presupuestaria del cabildo lojano, de enero a noviembre de 2018, se utilizaron cerca de 1,7 millones en espectáculos culturales, festivales, bienales, fortalecimiento a agrupaciones artísticas, intervenciones a espacios culturales, entre otros.

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Uno de los ofrecimientos de Jorge Bailón fue devolver la administración del teatro Bolívar a la Universidad Nacional de Loja (UNL). En mayo de 2016, durante la alcaldía de José Bolívar Castillo, la policía municipal forzó las cerraduras del teatro y reclamó el inmueble justificando que el Ministerio de Educación, en 2014, lo había donado al Municipio lojano.

El teatro Bolívar regresará a ser administrado por la Universidad Nacional de Loja.

La decisión generó protestas. Mayo de 2016 fue un mes convulso alrededor de la Casona Universitaria —como también se lo llama al Teatro Bolívar. Algunos estudiantes de la Universidad Nacional de Loja marcharon pidiendo que se devuelva la administración universitaria. Al llegar a la Casona, la protesta se volvió violenta. Varios estudiantes rompieron, a patadas y con palos, las puertas de ingreso al teatro, además hubo enfrentamientos con los oficiales municipales.

El teatro Bolívar —de estilo barroco— empezó a ser construido en 1920. Es parte de la herencia de Bernardo Valdivieso, un filántropo lojano, que donó sus bienes a la ciudad, impulsando la educación. Además, fundó el colegio Bernardo Valdivieso, que acogió en sus aulas a Matilde Hidalgo, la primera médica ecuatoriana.

Apenas se terminó su construcción, en 1943, a través de un decreto, el teatro pasó a ser patrimonio de la Universidad Nacional de Loja. Sin embargo, durante su administración, la “infraestructura estuvo muy descuidada al punto de casi colapsar”, dice Soto, quien en ese momento dirigía los elencos de danza de la Universidad y que ensayaban diariamente en la Casona Universitaria.

Después de las disputas, se firmó un acuerdo entre el Municipio y la Universidad Nacional. El Teatro fue remodelado y, según el Municipio, la inversión requerida bordeaba los 3 millones y medio de dólares. Al final, la administración pasó a manos municipales. Ahora Bailón, prometió devolverlo a la Universidad.

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Santiago Carpio es actor y uno de los gestores culturales de Loja. Ha dirigido varios musicales y obras de teatro y dice que el Bolívar, una vez restaurado, se convirtió en epicentro de las artes escénicas. Cuando le pregunto qué opina sobre la devolución del teatro a la Universidad, dice que “la universidad está en un mejor momento”. Sin embargo, dice, “el teatro, en manos de quién esté funcionando, no debe perder la magia para lo que fue concebido y restaurado”. Para Soto, en cambio, es necesario que exista una garantía de que, si la Universidad recibe el teatro, tenga un “correcto uso y mantenimiento”.

Las conversaciones para devolver el teatro a la Universidad ya empezaron. Efraín Muñoz, director de educación, cultura y deporte del Municipio de Loja, dice que ya hubo una reunión entre Bailón, el nuevo alcalde, y el rector de la Universidad. Ya están preparando los trámites para el traspaso, pero Muñoz dice que la devolución tomará un tiempo porque se “deben hacer los trámites pertinentes, escrituras y reformas a las cédulas presupuestarias”.

El teatro Bolívar es uno de los íconos culturales de Loja. La nueva gestión municipal será observada por la devolución de la administración del inmueble a la Universidad Nacional de Loja. El principal reto será que se asegure que el teatro no volverá a las condiciones paupérrimas en las que se encontraba antes de su restauración: pilastras rotas, pisos despostillados y una estructura, como la describió Soto, “a punto de colapsar”.

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La reputación cultural de Loja proviene, también, de la cantidad de artistas que en ella nacieron. Ahí nació el pintor Eduardo Kingman, uno de los máximos referentes del expresionismo en el Ecuador, los músicos Salvador Bustamante Celi y Segundo Cueva Celi, compositores de pasillos, villancicos, tangos, entre otros. En Loja nació también el escritor Pablo Palacio, uno de los fundadores de la vanguardia en el Ecuador (su obra Un hombre muerto a puntapiés es uno de los libros esenciales de la literatura nacional). Patricio López, coordinador del componente de laboratorios urbanos del programa de Ciudades Intermedias Sostenibles de la Cooperación Técnica Alemana (GIZ) dice que “la marca genética de Loja es el arte y la cultura”.

El festival de Artes Vivas arrancó en 2016. ¿Habrá nuevas ediciones?

López cree que los espacios barriales y sus habitantes son primordiales cuando se trata de la cultura. López explica que, si bien el Municipio es el encargado de crear las políticas públicas, si no hay ciudadanía detrás para que las ejecute, “las políticas no funcionan”.

Para la Unesco, la cultura es un elemento central para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que la ONU planteó hasta 2030. Uno de ellos (el once) es lograr que “las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. La cultura es esencial para convertir a una ciudad en inclusiva.

Aunque en el plan de gobierno presentado en la campaña de Bailón no se contempla el trabajo con barrios, Muñoz dice que quieren “tener una cultura para todos”. Mientras conversamos, Muñoz se refiere a los ‘Jueves culturales’, un programa de la gestión anterior en la que, cada jueves, en la plaza de San Sebastián — la plaza de la independencia de Loja—, ofrecía un espectáculo principalmente de danza y música en vivo. Muñoz dice que el nuevo cabildo ha hecho un balance sobre la efectividad de esas jornadas: “En el último jueves cultural no fueron ni 100 personas y se desperdician recursos”, dice Muñoz, pero es enfático al decir que creen que este tipo de proyectos deben replantearse y “llegar a territorio”, que es como se conoce en el lenguaje tecnocrático a los barrios.

Muñoz dice que, desde junio de 2019, el Municipio trabajará conjuntamente con los barrios para tener esas noches culturales y darles “vida”. El Municipio prestaría sus recursos y las personas del barrio propondrían sus representantes para los eventos: “el vecino que canta, el niño que es orador o el grupo de baile”, dice Muñoz.

Pero tener noches culturales no basta. También los barrios —sobre todo los periféricos— deben ser incluidos en los grandes eventos locales. López dice que, a través del laboratorio que él coordina, ya se realizó un primer esfuerzo con el Municipio anterior para que los barrios alejados de Loja sean parte del Festival de Artes Vivas en 2018 como espacios para que se desarrollen algunos eventos del festival.

Los resultados de esa inclusión fueron buenos, según López. Además de que las personas de esos barrios disfrutaron de actos culturales, otros llegaron desde el centro de la ciudad a conocerlos, “o a mirar de otra forma”, dice López. Aquel primer esfuerzo probó que al involucrar a personas y grupos diferentes en los proyectos urbanos se fomenta la cohesión social, como lo explica la Unesco al referirse a las ciudades inclusivas a través de la cultura.

La gestión municipal deberá asegurar que la cultura incluya a todos los ciudadanos y que ese “trabajo en territorio” no quede solo como en buenas intenciones.

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Además de los retos en cuanto a protección del patrimonio e inclusión de todos los lojanos en el campo cultural, la administración de Bailón deberá encargarse de potenciar los proyectos que ya se efectúan. Por ejemplo, fortalecer el Circo Social, un programa destinado para jóvenes con problemas de dependencia de drogas que, a través del arte, los ayuda a mejorar su estilo de vida. Además, deberá atender a los elencos de danza y otros grupos artísticos creados por el Municipio y que, según el mismo Muñoz, “están desatendidos”.

A eso se debe sumar cumplir con los ofrecimientos de campaña, como crear una escuela para formar a cien gestores culturales, y establecer los convenios necesarios para “promover la generación de manifestaciones culturales e interculturales en todas sus formas”.

Para Soto, otro reto del cabildo en su gestión cultural es la gestión ante el Gobierno para que se exonere del pago de ciertos impuestos a la industrias, empresas e instituciones locales, nacionales e internacionales que auspicien eventos culturales en Loja.

Esto ayudaría a que la ciudad genere sus propios recursos a través de la cultura porque, como explica la Unesco, “las zonas urbanas con bienes culturales abundantes y un sector creativo pujante resultan más atractivas para las empresas”. El gestor Carpio dice que la nueva administración debe “superar las expectativas y no dejar morir” el Festival de Artes Vivas. Con él coincide Soto en que el mayor reto de la nueva gestión municipal será cumplir con el sueño de Benjamín Carrión y convertir a Loja en una potencia cultural.

Yalilé Loaiza
(Ecuador, 1994) Periodista. Es directora de investigación de La Foca. Fue docente universitaria. Estudió una maestría en Comunicación Digital en la Universidad de Los Hemisferios de Ecuador.