La vida de los otros

Los niños celebran, los adultos reflexionamos

En su día internacional, es importante recordar cómo a través de la historia los niños estuvieron fuera del radio de protección de la sociedad. Muchos, aún permanecen ahí. Por eso, mientras ellos ríen y juegan en su fecha, los adultos debemos pensar en cómo los cuidamos hoy.
  • día del niño

    Mientras los niños celebran en su día, los adultos deberían reflexionar sobre sus derechos. Fotografía de José María León.

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La humanidad no siempre consideró que debiera cuidar adecuadamente de sus hijos. En realidad, la conciencia de la necesidad de proteger y tratar bien a los niños es algo relativamente moderno. Durante siglos, fueron olvidados, desacreditados, no tenidos en cuenta y, por supuesto, maltratados. Por eso hoy, que se celebra el Día del Niño, en la mayoría de países del mundo, es importante saber que la fecha es sin duda un motivo de celebración para los niños. Para los adultos, sin embargo, debe servir como una jornada de reflexión sobre su bienestar, cuidado y protección.

Las relaciones de padres e hijos han ido configurándose y transformándose. Lloyd de Mause por ejemplo, en su investigación acerca de la historia de la infancia de 1974, relata  horrores, como muertes, castigos físicos y abusos sexuales a los cuales eran sometidos los niños.

Atarlos o fajarlos durante largos períodos para evitar que se convierta en un ‘engendro’ si lloraba demasiado, era una creencia muy arraigada en la Antigüedad. Amenazarlos con figuras monstruosas o utilizar distintos instrumentos ‘correctivos’ —los látigos, las varas de hierro, los bastones, los cintos o  las palas— también era común.

Incluso, abandonarlos a su suerte o asesinarlos eran prácticas absolutamente tolerables. La discriminación y la desigualdad se podían sentir y ver en el abandono de los hijos ‘deformes’ y de las hijas mujeres recién nacidas.

El maltrato en el medioevo era visto como un modo de crianza y una forma válida de disciplina. Jamás era considerado erróneo —peor aún reprochable, una percepción que no ha cambiado en muchos países, incluido el nuestro.

En el estudio Abuso infantil: denunciar o silenciar, de Carlos Rozanski, se menciona que en la Edad Moderna, los niños eran considerados impuros, se los purgaba pues eran identificados con sus excrementos. La purga, entonces, era una forma de purificarlos e impedir que la leche se mezclara con las heces.

Podían ser emparedados en muros o enterrados en puentes para reforzar estructuras de construcción. Se los arrojaba a ríos o acequias de manera habitual, se les suministraba opio o bebidas alcohólicas para que dejaran de llorar. ‘Los niños zurrados’ eran, igualmente, ofrecidos como mercancía si sobraban en la familia o abandonados en instituciones, en manos de nodrizas u otras personas. Tristemente, no hay mucha diferencia con lo que sucede hoy en muchos casos de negligencia emocional severa.

En esa misma época, en Europa, era una creencia popular que tener sexo con menores de edad curaba las enfermedades venéreas. En uno de estudios de 2010, la psicóloga clínica Sandra Baita, dice que burdamente, este mismo argumento ha sido utilizado, dos siglos más tarde, por pederastas acusados de abuso sexual infantil en el sureste asiático.

Carentes de respeto, afecto y ternura, los adultos de aquellas épocas sometían a los niños a todo tipo de violencia física, emocional o sexual. ¡Cómo hasta ahora!

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El paradigmático caso de Mary Ellen, en 1874,  una niña severamente maltratada que fue acogida por la sociedad protectora de animales, marcó de alguna manera el comienzo de la protección de los niños como una causa en sí misma. Hasta ese entonces no había leyes específicas para ello.

Recién durante la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, el mundo reparó en los efectos negativos que la violencia de los  conflictos bélicos tenía en los niños. Esto inspiró para que la Liga de Naciones (el antepasado institucional de las Naciones Unidas) comenzará a tomar en cuenta sus derechos.

En 1924, a través de la Declaración de Ginebra, se adoptó la Primera Declaración de los Derechos de los Niños. Un año más tarde, durante la Conferencia Mundial sobre el Bienestar de los Niños, se declaró, por primera vez, al 1 de junio, como el Día Internacional del Niño. Eso es lo que celebran los niños hoy, y eso es lo que los adultos debemos saber y sobre lo que debemos meditar.

Tres décadas después, la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó que se instituyera en todos los países un Día Universal del Niño y sugirió a los gobiernos estatales que celebraran dicho día, en la fecha que cada uno de ellos estimara conveniente. Por esos mismos años, en 1962, el pediatra estadounidense Henry Kempe presentó su estudio y descripción del síndrome del niño maltratado, mostrando el flagelo que significa el maltrato infantil.

El Día Universal del Niño para nosotros es el 1 de junio, la ONU lo celebra el 20 de noviembre, en conmemoración de la aprobación de la Declaración de los Derechos del Niño en 1959 y de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989. Pero más allá de fechas, la jornada nos invita a recordar que la historia de vulneración de sus derechos es antigua y moderna a la vez. Antigua si seguimos sus rastros históricos, pero moderna si la pensamos en términos de su protección integral y garantía de sus derechos. Hoy, para su fortuna, los niños son sujetos de derechos. Gozan de una protección especial y reforzada,  aunque aún existan profundas brechas entre la doctrina de protección integral y la realidad en que viven millones de niñas, niños y adolescentes.

Sybel Martínez Reinoso
Directora de Grupo Rescate Escolar, Vicepresidenta del Consejo de Protección de Derechos de Quito, Consejera del Consejo Consultivo de Niñez y la Adolescencia del DMQ, Consejera Defensorial Nacional de la Niñez y la Adolescencia.