La vida de los otros

“Las niñas están invisibilizadas desde su nacimiento”

Rossana Viteri, directora de Plan Internacional en el Ecuador, cuenta sobre su lucha para que en el país se atienda a este grupo que es doblemente vulnerable por edad y género.
  • Rossana Viteri, directora de Plan Internacional en el Ecuador

    Rossana Viteri es la directora de Plan Internacional en Ecuador, la organización que lucha por los derechos de las niñas en el mundo.


UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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Cuando Plan Internacional planeaba la campaña Por ser Niña, a su directora en Ecuador, Rossana Viteri, las organizaciones que trabajan por la niñez, las que trabajan por las mujeres, y quienes se enteraban de su lucha le preguntaban cuál era el problema con las niñas. Le enseñaban indicadores que no mostraban ninguna discriminación: más niñas van al colegio, a la escuela, a la universidad. Su rendimiento es mejor. Entonces, le insistían: ¿cuál es el problema de discriminación contra las niñas? Enfocarse en ellas, le decían, ¿no era discriminar a los niños? Viteri y su equipo supieron entonces que debían mostrar que la situación de las niñas va mucho más allá de esos indicadores. Plan Internacional es una organización no gubernamental que está en 51 países. Gracias a su trabajo, las ONU declaró en 2012 al 11 de octubre como el día internacional de la Niña. En el Ecuador, Plan Internacional trabaja desde hace 50 años. En ese tiempo ha detectado discriminaciones contra la niñas que no se registran, pero que suceden a diario, y que podrían parecer sutiles, pero tienen implicaciones profundas, como, por ejemplo, cuando una niña camina de su casa a su escuela y se siente insegura.

¿Cómo respondes cuando te preguntan por qué luchar por las niñas?

Primero porque entre niñas y mujeres somos más de la mitad de la población de cualquier país; 50.4% de la población mundial. Segundo porque la prevención de la violencia tiene que iniciar en estadios muy tempranos, de otra manera estaremos siempre atendiendo casos y lo que debemos hacer es prevenirlos, así realmente salvaremos a las niñas. Una vez que ha ocurrido un abuso sexual, por ejemplo, las consecuencias son gravísimas, las huellas —por mucho que hagas— son imborrables. Y tercero porque las niñas, según las diferentes investigaciones que Plan ha hecho desde hace diez años en todo el mundo, revelan que la constante es que sufren más discriminación que los niños y que su situación de vulnerabilidad es mayor.

Son más vulnerables a la violencia, al incesto, a quedarse fuera del sistema educativo, a tener menos oportunidades, a ser discriminadas por su condición de niñas. Por otro lado están invisibilizadas lo que las convierte en población de mayor riesgo ya que ni siquiera están en las políticas públicas.

¿El Código de la Niñez no las protege?

El Código de la Niñez data del 2003. Es anterior a la Constitución de Montecristi de 2008. Con la Constitución un montón de leyes tuvieron que ser actualizadas y eso no ocurrió con este Código. Peor aún, se elaboraron y aprobaron otras leyes, se crearon los consejos de igualdad que debilitaron el Código de la Niñez, en particular debilitaron el sistema de atención integral de niñas.

¿Qué significa esto en la práctica?

Son dos concepciones diferentes: el sistema de protección de la niñez se amparaba en una visión de protección integral a niños, niñas y adolescentes. Era una protección específica, entre 0 y 18 años como manda la Convención y también el artículo 341 de la Constitución del Ecuador. Este dice que debe haber un sistema de protección especializado para niños y niñas. El asunto es que en la práctica juegan otros intereses y una visión de no especificidad que tiene que ver con eficiencia. Con la idea de que si en el mismo consejo atiendo a niños, jóvenes y adultos mayores, entonces alcanzan los recursos y se es más eficiente como Estado. El otro argumento para quitar esta especificidad es que como el Ecuador ha avanzado mucho en la garantía de derechos, ya no es tan necesario especializarse en niños. Cuando se aprobaron los consejos de igualdad —de género, intergeneracional, de los pueblos, migración, discapacidad— el que antes era solo de niñez se convirtió en niñez, juventud y adultos mayores, y cambió toda la institucionalidad que existía.

¿Cómo esto afectó a las niñas y niños directamente?

Por ejemplo, antes en un municipio existía un Consejo de protección integral de derechos de la niñez y una junta. El consejo dictaba la política pública para la niñez y la junta tomaba medidas administrativas y lo que ya tenía que ver con la justicia ordinaria, por ejemplo un caso de abuso sexual, era derivado a la justicia. Pero este consejo de derechos de la niñez se convirtió en el consejo de derechos (en general). Si antes no podían con todos los casos de infancia, imagínate si van a poder con los de infancia, juventud y adultos mayores, peor si no existe incremento de recursos. Al contrario, se sabe que los municipios han venido perdiendo fondos por la situación económica complicada del país.

Entonces todo esto ha causado que en vez de tener una institucionalidad que proteja de mejor manera a las niñas y niños desde la Constitución, eso se ha ido debilitando. Ahora, por ejemplo, estamos en la labor de incidir para que incluyan a las niñas en la preparación de la Ley Orgánica para la erradicación de la violencia de género contra las mujeres.

¿Qué han propuesto?

Actualmente las niñas están en dos artículos, en el sujeto y en el objeto de la ley y nunca más. Entonces les estamos pidiendo que las incluyan de verdad, y hemos elaborado para ello una sección completa sobre las niñas y las adolescentes. ¿Crees que tenemos algún nivel de receptividad para esto? Ni en las organizaciones feministas ni en el Estado, “porque esa ley es de las mujeres, punto”.

¿Cómo es que las niñas son excluyentes en una ley para erradicar la violencia en contra de las mujeres?

Desde una organización experta en niñas, la única explicación que podemos darte es que las niñas están permanentemente invisibilizadas desde el nacimiento. Otra vez por estos patrones de comportamiento, por esta cultura que las pone en el escalón social menor y que así sigue el resto de la vida. Es que no hay otra explicación. Hablas con las organizaciones de infancia y te dicen “es niños y niñas, aquí no hacemos diferencia” ustedes trabajando con las niñas están discriminando a los niños.

¿Cómo respondes a eso, a que se está discriminando a los niños?

Les decimos que no estamos discriminando, estamos trabajando en nuevas masculinidades, los niños tienen que ser nuestros grandes aliados de la igualdad de género. Si se trabaja desde pequeños, van a llegar a la etapa adulta como papás o como pareja completamente diferentes: no van a tener que probar que son hombres y machos cada segundo de su vida.

Sobre la propuesta de incluirlas a las niñas en la ley, ¿qué han hecho y falta por hacer?

Desarrollamos una sección que tiene seis capítulos, uno sobre garantías de derechos, cuáles son esos derechos, otro sobre la prevención del embarazo, otro sobre medidas especiales de protección, otro sobre trabajo infantil doméstico que es donde empieza toda la discriminación, como cuando se dice “las niñas sí hacen trabajado doméstico, los niños se pueden ir a jugar”.

Entonces, con esta sección hemos llevado adelante una serie de iniciativas para incidir en la Asamblea. Ya comparecimos ante la comisión ocasional y la presentamos. Algunas asambleístas han reaccionado muy bien, el presidente de la Asamblea se comprometió a incluir la sección. Lo hicimos también a nivel de Presidencia, Vicepresidencia de la República, y lo hablamos con la primera dama, Rocío González. La Vicepresidencia le dijo a las niñas “nos vamos a jugar el todo por el todo para que las niñas sean incluidas en esa ley”. Hemos enviado cartas con la sección y los argumentos a los asambleístas que trabajan en niñez y adolescencia, al bloque de derechos de la mujer. A todos. Desde nivel local, nuestros gerentes locales están acercándose a los asambleístas para darles a conocer y desde el territorio convencerlos para que vengan a la capital cuando les toque votar con una visión un poquito diferente. Pero también hemos estado haciendo acercamientos a las organizaciones de infancia y de mujeres.

Todo eso es bueno, ¿no?

Sí, pero en general este proceso ha sido muy difícil. Entonces ahora solo digo “quiero ver para creer”.

¿Por qué ha sido muy difícil?

Porque las niñas no están en ningún lugar, no son un sujeto de derecho. Para que te tomen en cuenta es difícil: fíjate como han sido los movimientos de mujeres y feministas. Si tú hablas con mujeres sobre cómo estaban hace cincuenta años, te dirán que no existían pero ahora existen y están en la agenda pública. Se han convertido, gracias a tantos esfuerzos, en sujetos de derechos. Pero ahí todavía no están las niñas. Las niñas están en este concepto de pequeñitas, frágiles, dulces, sumisas, a las que hay que proteger desde una visión de protección de alguien que es débil, de un objeto de protección.

¿Cómo cambiar ese chip?

El discurso nuestro está orientado a que se asuma que las niñas pueden y por eso hemos hecho estas tomas de poder en la Presidencia, Vicepresidencia, Ministerios, para visibilizar que las niñas son agentes de cambio. Si bien mostramos el problema, también mostramos que las niñas tienen un potencial enorme que el país está desperdiciando por estos estereotipos de género. Y que las niñas cuando les das una oportunidad, lo mismo que ha ocurrido con mujeres en el mundo, la revierten a sus hermanos, familia y comunidad. Ese es el cambio que necesita el Ecuador pero no es solamente un cambio de leyes sino de patrones culturales, de comportamientos hacia las niñas y hacia los niños también.

§

En 2016, Plan Internacional lanzó el proyecto Cartas de Niñas que recogió mil cartas de niñas en 16 provincias del Ecuador. Escribieron qué les pasa, cómo es su vida. Si habría que señalar un patrón en las cartas, dice Viteri, sería la mezcla entre miedo y violencia que sufren en todos lados. Violencia en casa con sus más cercanos, en la escuela con los profesores, y con los pares. Viteri califica a los testimonios como grotescos porque evidencian lo que sufren en su día a día: violencia en el trayecto entre la casa y la escuela, violencia porque si se quedan embarazadas les van a botar de la casa, miedo a que les saquen de la escuela por la pobreza.

¿Qué pudieron concluir con esta experiencia de las cartas?

Nuestra reflexión estaba orientada a responder qué generación estamos construyendo, si son niñas que están siendo educadas y criadas en ambientes de miedo y violencia. Cómo puedes apuntar a una sociedad armónica cuando estás poniendo todos los ingredientes para que no sea así. Cuando llega la violencia adulta como tema en un país, como ahora que se está elaborando una ley de violencia de género contra la mujer, hay que entender que esa violencia empieza desde que esas mujeres son muy chiquitas, en algunos casos desde el embarazo de las madres. En otro estudio cualitativo que realizamos sobre patrones de violencia hacia las niñas, de las niñas violentadas en sus hogares el 61% piensa que se lo merecía. Esto revela cómo la violencia está naturalizada en las prácticas de crianza en los hogares, y lógicamente conlleva a la desvalorización de la mitad de la población, que somos las mujeres. Son niñas que crecen con una bajísima autoestima. Entonces, ¿cómo se van a defender cuando sean jóvenes adultas cuando alguien las golpee? Seguramente no lo harán porque ya están acostumbradas a que sea así, la pelea se perdió mucho antes.

¿Qué rol juegan aquí las madres de estas niñas?

En este mismo  estudio de patrones culturales, las entrevistadas nos dieron un dato que me espeluzna: 82% de las mamás dijo que difícilmente sus hijas van a evitar ser víctimas de violencia sexual. Al publicar este estudio tuvimos que quitar los nombres de los testimonios porque los entrevistados se abrieron tanto que después podíamos estar en aprietos: las mujeres entrevistadas pasaban de la negación total, de decir “aquí en mi territorio ese problema no tenemos”, hasta contarte las historias más grotescas de violencia sexual. Y decir “bueno, esto es lo que nos pasa, y así somos y las mujeres desde la Biblia y la Conquista han sido golpeadas”. Otro comentario que me llamó la atención fue una mujer que dijo “nos educan y nos han educado con que el hombre es el que manda y al que jamás se le puede alzar la mano”. Entonces no es que son mujeres del campo frágiles o débiles físicamente, son mujeres fuertes. Sin embargo, el rato en que el marido las golpea, dicen “alzarle la mano está absolutamente prohibido porque es él quien manda”.

Si las chiquitas crecen con eso, ¿cómo se defienden de la violencia sexual o de cualquier tipo de violencia?

Quizás esto no cuente como que se están defendiendo, pero en las últimas semanas se han destapado varios casos de violencia sexual a niñas y niños en el país. ¿Qué crees que signifique esto?

Desde el análisis nuestro, ojalá todos estos casos de violencia sexual que se están destapando lleven al Ecuador a un punto de inflexión. ¿Cuándo has visto en Ecuador tantas denuncias de abuso sexual seguidas? Es momento de revisar las cosas que se han debilitado y revisar qué no se está haciendo desde nivel de lo normativo, como te comenté  del debilitamiento del Código de la Niñez. El Ecuador se quedó muy rezagado en actualizarse en comportamientos que van de la mano con una Constitución que es garantista de derechos. Ahí solamente no es el Estado quien tiene una responsabilidad, sino una sociedad civil que tiene corresponsabilidad con respecto a niñas y niños.

¿Cómo más se puede mostrar esta urgencia de pensar en las niñas y sus derechos?

A través del potencial de las niñas que es enorme y lo vemos. Ellas solo necesitan un empujoncito para que muestren esa capacidad que tienen. Cuando a las niñas con las que nosotros trabajamos, que son de los sectores más marginales del país, les preguntas qué quieres ser de grande, no hay una que te responda “quiero ser ama de casa”. Ellas quieren ser presidentas, asambleístas, doctoras, enfermeras, abogadas de los derechos de los niños, médicas para cuidar a su familia. Entonces, este potencial enorme demuestra que invertir en las niñas, en género, es invertir en el desarrollo del país. Ya están absolutamente probado, en una cantidad de estudios, que el costo de la prevención versus el costo de la violencia es 2, 3 4 veces menor. Las niñas son una apuesta segurísima que nadie la ha realizado y ya es tiempo que pongamos los ojos en las niñas porque es un grupo que se quedó rezagado. Ni con mis colegas de otras organizaciones de infancia he logrado una conexión mayor cuando hablamos solamente de niñas. Pero es necesario hablarlo y entenderlo.

Isabela Ponce
(Ecuador, 1988) Idealista y exageradamente curiosa. Periodista con ganas de construir un mundo mejor. Le encanta aprender y escribir sobre ambiente, derechos de las niñas, derechos de las mujeres y minorías. Editora y cofundadora de GK.