[dropcap]E[/dropcap]s posible que Guillermo Lasso nunca haya estado tan cerca ni tan lejos, al mismo tiempo, de la presidencia del Ecuador. El candidato de CREO, que lidera las encuestas de la oposición tiene una oportunidad única: bien posicionado después de cuatro años como figura pública política, Lasso lleva la ventaja de ser la elección natural si la población ecuatoriana opta por terminar una década de gobierno de Alianza País (AP). Si los rumores son correctos, su oponente será el exvicepresidente Lenin Moreno, un candidato con alto apoyo público pero últimamente manchado por la relevación de los recursos dedicados a su operación como enviado Especial para las personas con discapacidad en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra. De la misma forma que Mauricio Rodas ganó la alcaldía de Quito por ser la única alternativa disponible para los quiteños cansados del dominio político de AP, Lasso podría ganar simplemente por no ser verdeflex. Como dice Woody Allen: el 80% del éxito consiste en estar allí.

Su aceptación ha mejorado pero la estrategia de comunicación de Guillermo Lasso parece no haber evolucionado desde su primer intento de ganar la presidencia en 2013. Comunicar mal su oferta podría entregarle cuatro años más de poder al oficialismo. Lasso no encuentra los mensajes para llegar más allá de su base de clase media-alta politizada y polarizada. Desafortunadamente para él, esa base no es lo suficientemente representativa para ganar. Su estrategia de comunicación necesita una inyección de vida urgente: si no logra captar los votos de las personas beneficiadas de los años diez años de correísmo, perderá.

Hasta ahora la estrategia de Lasso ha sido ungirse como el Anticorrea: se ha adueñado del sentimiento negativo de quienes buscan un cambio urgente. Si el Presidente promociona una iniciativa para cambiar de cocinas de gas a cocinas de inducción, Lasso busca a la persona que tuvo una mala experiencia con la cocina de inducción. En lugar de generar una conversación sobre qué política de educación superior debe tener el país, Lasso ofrece cerrar la SENESCYT. Lasso se tomó un selfie en clase económica de un vuelo a Madrid para contradecir la justificación del presidente Correa de la compra de un nuevo aeronave presidencial.

En el caso de la cocina de inducción: el señor que vio subir su planilla de luz convence: como dueño de una cocina de inducción que se usa intensamente, no he visto nada parecido. Es una experiencia exagerada que no persuadirá al votante moderado. En el tema de la Senescyt, puede que Lasso tenga un plan de educación sensata, pero prefirió una declaración demagógica: se expuso a la crítica de que en una eventual administración suya regresaremos a padecer las estafas de “las universidades de garaje”. Con la foto en el avión, Lasso demuestra una falta de conciencia de sí mismo. En lugar de cumplir su propósito, la imagen se volvió un meme (#LassoEnLugares): la gente se burlaba de la idea que uno de los empresarios más ricos del país celebrase viajar en clase económica.  En los tres casos vemos una falta de enfoque, una falta de disciplina comunicativa, y una incapacidad de alinearse con los sentimientos más profundos del electorado.

La estrategia de buscar confrontación con el oficialismo también le genera un reto aún mayor: ¿cómo puede Lasso venderse como candidato a personas que se han visto beneficiado de los 10 años correistas? Según el Banco Mundial, una organización de ninguna manera alineada ideológicamente con el gobierno, la pobreza en Ecuador bajó 12.5% entre 2006 y 2014. Según las Naciones Unidas Ecuador lidera la disminución de desigualdad en la región. Millones de ecuatorianos salieron de la pobreza en la última década. La pregunta para Lasso es: ¿qué mensaje tiene para convencer a aquella población de votar por él? ¿Cómo llegará a la gente no tan politizada no polarizada?

Parte del problema del candidato conservador es que los intereses de su base no necesariamente reflejan las preocupaciones de los ecuatorianos. La mayoría de votantes no viven en el ciclo mediático difundido por los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales. Mientras la gente políticamente activada de clase media-alta de las ciudades principales puede enojarse con los elefantes blancos como Yachay o la Refinería del Pacífico, o frustrarse con el tamaño del Estado y la carga tributaria, o preocuparse por el deterioro de los derechos individuales, o escandalizarse por el uso de las cortes para perseguir los oponentes del régimen, las personas que viven fuera del ring mediático y las redes sociales tal vez no se enteran de esas noticias. O si se enteran tal vez no los ven como problemas suyos: los mensajes que te hacen ganar en Samborondón no son los mensajes que te hacen ganar en Durán.

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Muchas veces una candidatura se define con frases simples que sintetiza un sentimiento popular. Bill Clinton logró tumbar al primer Bush con un eslogan célebre: “It’s the economy, stupid.” Cuando Ronald Reagan logró vencer a Jimmy Carter su campaña entera se resumió con una pregunta ¿Estás mejor hoy que desde hace 4 años?. En aquella elección la respuesta era no: la economía estadounidense se encontraba en recesión y el país sufría con el terrible desenlace de la crisis de rehenes en Irán. Si Lasso preguntara hoy a los ecuatorianos si están mejor hoy que desde hace 10 años, la respuesta para la mayoría va a ser: Sí, a pesar de la contracción económica actual. Para ganar, Lasso debería encontrar la manera de formular una propuesta que prometa más prosperidad sin el lado negativo del correísmo que siente el ecuatoriano común. Entender la necesidad de evitar la confrontación y enfocarse en mensajes positivos fue la clave de la victoria de Mauricio Rodas, una lección que la oposición nacional, a pesar de pasar diez años vagando por el desierto político, rehúsa aprender. Irónicamente Guillermo Lasso podría aprender de las campañas de marketing del Banco Guayaquil, que insisten aún, a pesar de todo, que lo mejor está por venir.

Lasso todavía podría ganar a pesar de sí mismo. Si la oposición puede hacer mucho del escándalo de los gastos de Lenin Moreno, podría poner a Alianza País a la defensiva con un candidato debilitado. Si las pugnas internas de Alianza País se profundizan, el partido podría por primera vez faltar en presentar un frente unido. Alianza País todavía no prende su maquinaria electoral, pero si optan por enfocarse en mensajes sobre el retorno de los de siempre, puede que descubran que ese miedo tiene menor impacto con una población cada vez más joven que no se acuerda del feriado bancario. Ser banquero ya no es el trabajo satanizado que era antes.

Guillermo Lasso tiene condiciones favorables para ganar la presidencia: Lenin Moreno arrancaría su candidatura debilitado, el oficialismo podría estar dividido, y la economía muy probablemente seguiría en recesión. Si Lasso puede generar un deseo de cambio, podría ganar, pero mucho dependerá de qué tipo de cambio presente. Si insiste en que hay que cambiarlo todo, perderá a los millones beneficiados en los últimos diez años. Si presenta el cambio como una continuación de prosperidad sin un retiro drástico del Estado y con mejores condiciones para todo, puede que en 2017 hablemos del presidente Lasso, y no la tercera candidatura de Lasso. Hoy el gran obstáculo para Guillermo Lasso es Guillermo Lasso y su incapacidad de salir de la burbuja en que vive él, sus asesores y su base, y comunicar de una forma enfocada, desideologizada. Sobre todo, con mensajes impactantes para el votante promedio.