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La casa era espaciosa y guardaba recuerdos. Los hermanos que en ella habitaban tenían rutinas que hacían llevadera la vida. Hasta que un día, según cuenta el narrador, “escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación”. La parte del fondo de la casa fue tomada. “Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos”. Poco a poco los hermanos “empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar. Todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos”. El ruido ajeno se escuchó en otra parte de la casa, la cocina o el baño. “Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras”. Los hermanos se quedaron en el zaguán. Poco a poco se fueron tomando la casa, hasta que, con lo puesto, a las once de la noche, mientras la hermana lloraba, se fueron. “Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”. Casa tomada, el cuento de Julio Cortázar, escrito en 1951, ha sido interpretado de muchas maneras. Una de ellas, quizá la más invocada, es asimilar a un país tomado por la dictadura. La casa representa un lugar seguro, propio. Puede ser un país, un barrio, una organización. Los hermanos son sus dueños. Cada lugar tiene un sentido y una funcionalidad. Cuando la casa se toma, como sucede en el cuento de Cortázar, se produce dolor y se rompe la paz. Al final, como presagia el narrador, cuando los dueños no están, a algún pobre diablo se le ocurre robar. De la casa que quiero hablar es la Universidad Andina. Hay espacios que ya se han tomado y quieren ir por otros.

Primer espacio tomado: el Parlamento Andino. Este órgano, creado mediante el Acuerdo de Cartagena (en su artículo 43), no tiene facultades para tomar resoluciones y solo puede hacer recomendaciones. Designa a los miembros del Consejo Superior de la Universidad Andina, órgano supremo, y aprueba reglamentos. Nada más. Sin embargo, más allá de sus atribuciones, el Parlamento Andino tomó dos resoluciones que afectaron a la institucionalidad de la Universidad: desconoció al rector y destituyó (sin causal y sin que se haya cumplido el tiempo) al rector electo. Más aún: se considera ahora el órgano superior de la Andina, el Gran Hermano. Inaudito. Es como si la Asamblea Nacional, por designar a un miembro de la Corte Constitucional o por aprobar leyes, se considerase el superior jerárquico y jefe de cada institución que crea o nomina. Absurdo. Pues el Parlamento Andino eso cree. El Parlamento Andino se metió en la casa a la fuerza. 

Segundo espacio tomado: el Consejo Superior. Este sí es el máximo órgano superior de la Andina, que está conformado por rectores de las universidades andinas, representante de profesores y representantes académicos del Parlamento Andino. Pero cuando designó a César Montaño como rector en el Ecuador, aclamado por mayoría contra el candidato de gobierno, el Parlamento Andino le desconoció y el Consejo de Educación Superior del Ecuador (CES) le acolitó (un órgano internacional haciendo control de leyes nacionales, nunca en mi vida, salvo en el caso de la Andina, había visto). El Consejo Superior reafirmó la elección de Montaño. Entonces el Parlamento Andino se tomó el Consejo. Puso miembros afines a él y al gobierno del Ecuador. De paso, el artífice de todas las arbitrariedades en contra de la Andina, al que hace control de leyes desde un órgano internacional, al que pide al presidente Correa que intervenga en la universidad, Luis Fernando Duque, fue nombrado presidente del Consejo Superior. Con un Presidente así, a quien nadie puede ver en la Andina y que no puede entrar a los otros cuartos de la casa, quiere el gobierno que vayamos a un nuevo proceso de elección de rector.     

 

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Tercer espacio que intenta ser tomado: el rectorado. Intentaron tomarse poniendo un candidato militante del gobierno, Raúl Vallejo. No pudieron. Desconocieron a Montaño y le impidieron hacer los trámites propios de un rector, como no reconocer su firma en el SRI ni en el CES, lo que significa no permitir hacer trámites financieros ni reconocer los títulos otorgados por la Universidad. Montaño encargó el rectorado a Jaime Breilh y tampoco pudieron. Ahora quieren sacar a Breilh.

Para sacar a Breilh el gobierno ha hecho algunas cositas. La primera ha sido poner plazo: según una resolución del CES un rector encargado no puede estar más de tres meses. Dos problemas con esa resolución: El primero no es legal, ni constitucional, ni estatutaria. Es una resolución de un órgano que no puede dar normas internas a la Andina, no solo por ser internacional sino simplemente porque toda universidad en el país tiene autonomía. El segundo problema, más grave y que le quita toda autoridad moral al CES porque mide con dos varas distintas a las universidades, es que quieren aplicar un criterio que no han aplicado en el caso del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN): Guillaume Long estuvo encargado del rectorado del IAEN desde el 3 de abril de 2014 hasta el 25 de junio de 2015 (CATORCE MESES); Ana María Minteguiaga, esposa de René Ramírez, fue encargada del rectorado desde el 25 de junio de 2015 hasta el 25 de enero de 2016 (SIETE MESES). ¿Por qué una resolución con dedicatoria? Para tomarse otro cuarto de la Andina. 

La segunda jugada del gobierno a través del CES es que han declarado que estamos en acefalía. El sustento es una resolución del CES . La resolución, cuando se trata de derechos colectivos, como la autonomía universitaria, no puede restringir y limitar derechos. Lo están haciendo. Además, una resolución si tiene valor jurídico, nunca está por sobre una norma internacional, como los estatutos de la universidad o como la misma Constitución que establece la autonomía responsable. 

 

La tercera jugada es que ya vienen las presiones desde otros órganos estatales, como el Servicio de Rentas Internas (SRI), que ha notificado a la Andina que remita el nombre del representante legal, como si ya no lo hubiésemos registrado y no lo tuviéramos. Es decir, el gobierno quiere —como lo hizo con Montaño— ahogar a Breilh.

 

La cuarta jugarreta ha sido pedir al Consejo Superior, ya tomado por Duque y por el gobierno, que nombre rector para convocar a unas elecciones en las que sabemos no habrá garantías. Este discurso de Ramírez de que respetamos la autonomía y que decidan a nivel interno es un cuento de ficción. 

Cuarto espacio tomado: el reglamento de designación de rector. Tan pronto el Parlamento Andino y el gobierno se tomaron el Consejo, aprobaron, sin quórum y sin las formalidades jurídicas, un reglamento por el que la consulta no es vinculante y el Consejo puede nombrar incluso a personas que no se candidatizaron para ser rector. El mismo Ramírez lo ha dicho, palabra por palabra, en una entrevista en Gamavisión, el 1 de febrero de 2016, en el minuto 03:48, que “la consulta que se hace en la Andina es no vinculante, es orientadora, el Consejo Superior puede inclusive nombrar a otra persona por fuera de las personas que estuvieron en la consulta”. ¿Quiénes están en la posible consulta y podrían no ser designados por el Consejo del señor Duque? Tenemos ya nombres: Agustín Grijalva y Jaime Breilh. ¿Quién puede ser esa persona por fuera de la consulta? No sé, pero seguro será alguien afín, incondicional al gobierno. ¿Quién puede aceptar un reglamento así y una consulta así con un mínimo de dignidad?

Los espacios que se intentarán tomar: las direcciones, las jefaturas, la biblioteca, la guardianía… la dignidad. Pero, a diferencia de los hermanos en el cuento de Cortázar, muchos, la gran mayoría de quienes trabajamos en la universidad no vamos a salir de la casa tan fácilmente, nos quedaremos y estamos resistiendo, no vaya a ser que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa mientras está ocupada. Resistimos de la mejor forma que podemos hacer: abrimos programas, recibimos estudiantes de todo el país, damos clases, cumplimos calendarios académicos, seguimos estudiando, leyendo, pensando y escribiendo, opinamos, somos universidad que sirve al Ecuador y a la región andina. 

La Andina no está encaprichada ni quiere incumplir las leyes nacionales. Simplemente no quiere que se tomen la casa. Para ello pide algo que parece muy difícil de aceptar por parte del gobierno y el Parlamento Andino: que se respete la voluntad de la comunidad académica y que quien designe al rector sea alguien imparcial. ¿Mucho pedir imparcialidad, reglas democráticas, decentes y de un juego limpio?

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La resistencia de la Universidad Andina