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Con su Solución Guayasamín el alcalde Mauricio Rodas no sólo demuestra su falta de visión en movilidad: demuestra una anti-visión. Como explicó en GkillCity el reconocido urbanista John Dunn, la concesión a una empresa china durante treinta años generará más problemas que los que resolverá. Por un lado, los mismos estudios de la empresa china demuestran que el paso elevado (que costará 113 millones de dólares) se congestionará en apenas cinco años debido al crecimiento orgánico del parque automotor. Si aquel dato no fuera suficiente para generar dudas sobre la inversión, el contrato también dice que el Municipio no puede construir nuevos mecanismos de transporte entre Quito y Cumbayá en las siguientes tres décadas sin tener que compensar a la empresa china. Aquí encontramos la anti-visión del alcalde: no solamente propone una obra con un mérito dudoso, sino que arrebata a sus sucesores la oportunidad de implementar nuevas estrategias de movilidad. La Solución Guayasamín es una anti-solución: no nos va a evitar el congestionamiento vehicular, solo lo va a aplazar unos años. 

Ante las cada vez más preguntas y dudas sobre su megaobra, el Municipio ha decidido desviar la atención, pero como los residentes de Cumbayá, se encuentra estancado. El Alcalde descalifica las críticas echándole a la culpa a la anterior administración, ignorando las voces de urbanistas expertos que cuestionan la obra y el contrato.

Tuit de Mauricio Rodas sobre administración en obras del municipio

Indignado que la ciudadanía pida fiscalización de una obra cuya aprobación fue poco transparente, Santiago Zeas, el secretario de comunicación municipal, desafió a sus críticos con un tuit lleno de bravuconería pero vacío de sustancia.

Tuit de documentos del estudio solución vial Guayasamín

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El objetivo del tuit era demostrar que hay estudios previos a la construcción del paso elevado, pero  el contenido de aquellas cajas, incluyendo el hecho de si realmente contienen estudios, fue duramente cuestionado por 4Pelagatos.com

Ciertos opositores a la anti-solución de Rodas —incluida la vicealcaldesa Daniela Chacón— han sido atacados por cuentas anónimas en Twitter —troles. Se dedican a defender las decisiones del Municipio e intentan callar a sus opositores con ataques personales.

Tuit de comentario en contra de Daniela Chacón de QuitoTuit de comentario en contra de Daniela Chacón de Quito

Estas cuentas fueron creadas en el mismo mes, atacan a las mismas personas, y muchas son —inexplicablemente— seguidas por el Patronato San José, la fundación municipal que dirige la esposa del Alcalde. 

Qué elección la de la administración municipal de Quito: en lugar de abrir un nuevo capítulo en la historia política ecuatoriana en la que la sensatez de políticas públicas supera las divisiones partidarias, prefiere construir sin planificar, amarrar el futuro vial de la ciudad a una empresa china, y ataca con burlas y descalificaciones a quienes exigen fiscalización. Es una historia que ya hemos leído en los últimos diez años. 

Si no podemos esperar una visión de movilidad del Alcalde, ¿qué visión podríamos esperar? Parte del problema comienza con la idea que nos hace falta una solución cuando necesitamos soluciones, en plural. Cuando una ciudad funciona bien, su diseño no empuja a todos los ciudadanos hacia un mismo modo de transporte, como ahora pasa con el auto privado. Una ciudad con una visión multimodular de transporte toma en cuenta distintos sistemas interconectados e integrados y prioriza a los más eficientes. Por ejemplo, para los moradores de Cumbayá se podría imaginar un sistema en que van caminando, o en bici o en auto privado hasta diferentes park and ride (estacionar y volar), en que existe la opción de subir en teleférico o, si la cola es larga, tomar un bus de la Ecovía. Mientras las personas que van en auto privado se quedarían estancados en el peaje durante 40 o 60 minutos, la Ecovía, andando con una cantidad cómoda de pasajeros,  llegaría al Parque Carolina en quince minutos. De ahí el usuario podría tomar una Bici-Q eléctrica a su oficina, o subirse en el metro, y llegar a su destino. 

Mientras más crece Quito más necesario es tener políticas públicas sensatas de movilidad. Para lograr implementar aquellas políticas públicas, nos hacen falta debate y líderes políticos con una visión de largo plazo, que pueden estudiar lo que funciona en otros lugares e imaginar una ciudad gestionada de una forma muy distinta a la ciudad que hoy tenemos: su infraestructura está cada vez más cerca a colapsar. Quito nunca volverá a ser la aldea que era en los años ochenta: por ende, incrementar la infraestructura existente no es suficiente cuando necesitamos un plan que transforma la movilidad, permitiendo el crecimiento orgánico de la ciudad sin obligar a los ciudadanos sacrificar su calidad de vida. 

Para llegar a una visión de transporte así no sólo es necesario pensar en los vehículos, sino en las distintas maneras en que los ciudadanos interactuamos con la ciudad. Tener edificios de uso mixto (residencial y comercial) y zonas de usos heterogéneos nos dejará vivir más cerca de nuestro lugares de trabajo. Permitir e incentivar la creación de edificios cada vez más altos nos permite hacer mejor uso del recurso más limitado que tenemos, el suelo. Quitar la obligatoriedad de crear subsuelos de parqueaderos reduce el costo y los precios de construcción. Reducir la contaminación, crear más parques, mejorar la peatonalidad y aumentar la iluminación de la ciudad hace más factible y atractivo vivir más en la ciudad y menos en el auto. 

Llevar a cabo esta visión no es un proyecto de cuatro años: de hecho, tendríamos que tener una visión de dos décadas, al menos. El proceso tendría que ser lo suficiente inclusivo para que alcalde tras alcalde se compromete a continuarlo, haciendo ajustes cuando sea necesario. En el contexto político ecuatoriano parece una postura radical, pero si deseamos reemplazar una solución con una visión habría que ser así de revolucionario. 

El primer paso para la implementar una visión de movilidad sería pausar la construcción de la Solución Guayasamín: la anti-visión del alcalde actual no debería quitarnos a los demás el derecho de soñar en nuevas conexiones entre Quito y sus alrededores. La segunda fase, y tal vez la más importante, sería que Mauricio Rodas y su equipo opten por el liderazgo que merecemos los quiteños y no el liderazgo al que estamos acostumbrados. Si queremos cambiar la ciudad, tenemos que ser el cambio que deseamos ver. No solamente para nosotros, pero también para nuestros hijos y los futuros quiteños que vivirán con las consecuencias de las decisiones que hoy tomamos. 

Bajada

¿Quiere el alcalde de Quito quitarnos el derecho a imaginar una mejor ciudad solo porque a él no se le ocurrió?

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Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0