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Apenas leí lo que pasaba en el Ecuador con los migrantes cubanos deportados busqué dos lecturas del académico Jacques Ramírez que dieran un poco de contexto al abuso. Ya lo había leído y citado en un texto sobre la doble moral para tratar a extranjeros en el Ecuador: de una categoría es el canciller Long, de otra Manuela Picq y de otra, muy por debajo de las anteriores, las decenas de cubanos que han sido deportados el 9 y 11 de julio de 2016. Cuando consulté los textos de Ramírez La política migratoria en el Estado Ecuatoriano y Con o sin pasaporte estaban en los archivos del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN); ahora los links no funcionan pero Con o sin pasaporte está aún en la red. Quería rescatar estos artículos porque Ramírez ha estudiado el tema de la migración a fondo, y la lectura de sus obras nos permite entender por qué la deportación de los cubanos es algo realmente injusto e inconstitucional. Y porque me ha llamado profundamente la atención que Ramírez —alguna vez Subsecretario de Asuntos Consulares y Migratorios del Ecuador— se contradiga, de una manera simplona, en un tuit indigno de su conocimiento del tema migratorio.

 

Por la ventana entra quien no tiene las puertas abiertas. Y quien no tiene las puertas abiertas, no es un amigo. Por eso el tuit es muy desafortunado. Quiero pensar que Ramírez, que es un académico serio, ha sobresimplificado el asunto para que entre en un muy mal tuit. Además, he visto que ha cuestionado de forma abierta la actuación del Ministerio del Interior. Pero de académicos como él necesitamos pronunciamientos más contundentes.

La visa —digamos, la llave de la puerta de la casa— es un contrasentido en el país que consagró la ciudadanía universal  como principio constitucional. En La política migratoria en el Estado Ecuatoriano, Ramírez defendía el concepto, negando que se tratase de la negación de los Estados y la responsabilidad de sus gobierno. Por el contrario, citaba a su colega Patricia Zamudio: “Proponer la ciudadanía universal significa demandar que se reconozca en la mesa del debate intra e inter-nacional que la razón de ser de las estructuras sociales, políticas, económicas, etc., trátese del nivel territorial que sea, es el ser humano”. Hoy, los seres humanos que han entrado por la ventana al Ecuador, están recibiendo un muy mal trato por parte de varios agentes del gobierno nacional, empezando por una visa que viola la idea de una verdadera integración regional. Es ir en contra de lo que proponían hace años, lo que Ramírez explica de esta manera: “ propiciar la libre circulación de las personas, empezando en la región mediante la instauración de una ciudadanía latinoamericana y caribeña para fortalecer la integración”. Sin embargo, la compleja situación migratoria cubana ha hecho que el Ecuador se convierta en un país de tránsito al que su aliado regional le pide que intervenga aun cuando eso signifique impedir una ciudadanía latinoamericana y caribeña.

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En Con o sin pasaporte, en el capítulo Los coyotes de la ruta del Pacífico, Ramírez escribe con Francesca Lagomarsino sobre los países de tránsito —esos que los migrantes indocumentados utilizan como parte de su ruta para llegar a sus destinos. Las políticas de Estados Unidos y la Unión Europea para impedir el ingreso de migrantes a sus territorios, explican los académicos, crearon esos países de tránsito y, paradójicamente, les endilgaron la responsabilidad de esas migraciones: “los países de tránsito son acusados de ser co-responsables de los flujos migratorios de pasaje y EE.UU. y la UE ejercen fuertes presiones políticas para imponer su colaboración para el control de las fronteras”. Eso que escribe Ramírez y Lagomarsino es muy preciso. Ahora, intentemos un cambio: En lugar de “EE.UU. y la UE” escribamos Cuba: “los países de tránsito son acusados de ser co-responsables de los flujos migratorios de pasaje y Cuba ejerce fuertes presiones políticas para imponer su colaboración para el control de las fronteras.” Solo que el control de Cuba es inverso: quiere impedir la salida de sus habitantes y, obviamente, la decisión no nace de la fuerza política que ejerce la isla caribeña, sino de la simpatía entre los gobiernos de ambos países.

Está claro que el Estado cubano no logra detener la salida de sus migrantes. Todo lo que dicen Ramírez y  Lagomarsino es un calco de lo que sucede ahora en el Ecuador. Está claro que hay un pedido del Estado cubano, que quiere detener el creciente flujo de cubanos que abandonan la isla, preocupados de que la normalización de las relaciones con Estados Unidos signifique el fin de la política de pies secos, pies mojados (por la cual, desde 1966, si un cubano pone un pie territorio estadounidense tiene derecho a quedarse, pero si es interceptado en el mar, tratando de llegar a la costa gringa es regresado a la isla). El New York Times escribió un largo editorial en enero de 2015 pidiendo la derogatoria de ese privilegio. Ese miedo ha acelerado un proceso que se inició un par de años antes, cuando el gobierno cubano flexibilizó las condiciones de viaje al exterior para sus ciudadanos: en 2014 se fueron más de 22 mil cubanos de Cuba hacia la Florida, un número que no se veía desde 1994. Muchos de ellos usaban el Ecuador como país de tránsito, para hablar con las palabras precisas de Ramírez y  Lagomarsino.

Esa fuga constante es la que el régimen de los hermanos Castro quiere detener y por eso quieren que el Ecuador exija visa a los hermanos cubanos, una medida que viola el principio de la ciudadanía universal y una ciudadanía latinoamericana (algo de lo que Ramírez habla con mucha suficiencia también):  “Si observamos las relaciones entre los países involucrados es evidente que existe un intercambio diplomático entre los países de tránsito y las grandes potencias”. En el caso actual, es evidente que hay intercambio diplomático entre el país de tránsito, el Ecuador, y no una gran potencia pero sí el país que necesita achicar el flujo migratorio hacia Estados Unidos.” Todo está sucediendo con los cubanos ahora en el Ecuador (y, valga decirlo, con senegaleses, congoleños y haitianos). “Los grandes perdedores siguen siendo los migrantes que se encuentran con una frecuencia cada vez mayor en situaciones de grave riesgo en las cuales el respeto de los derechos humanos se vuelve un elemento absolutamente secundario.”, escriben Ramírez y Lagomarsino. Un doloroso texto de Milagros Aguirre cuenta lo que padecen estas personas que intentan llegar a Estados Unidos. Una de las mujeres que da su testimonio a Aguirre dice esto: “Salí de Cuba, estuve en Panamá, me llevaron por la selva, estuve en Colombia 22 días raptada por un grupo armado, luego pasé a Perú, en Perú nos pidieron 190 dólares por persona. En Ecuador nos dijeron que nos llevarían a Providencia y que de ahí seguiríamos a Colombia. Ahí nos pidieron también colaboración. Solamente mi hijo y yo hemos gastado como 18 mil dólares. En estas fronteras, hemos gastado 4 mil”. Otro cubano dijo “El trato que hemos tenido en el Ecuador ha sido de a perro. Nos han humillado, nos han tratado como basura. Solo queremos seguir nuestro camino. Pedimos a las autoridades que nos dejen seguir nuestro camino. No se ponen de acuerdo. No saben qué hacer con nosotros. Nos detuvieron en Nuevo Rocafuerte. Nos esposaron. Nos caminaron todo el pueblo esposados. Y luego nos trajeron en la canoa.” ¿Es este el país de la ciudadanía universal que diseñaron los asambleístas de Montecristi?

Los cubanos no van a dejar de intentar irse de su país. No hay medida estatal que los detenga. Como dice Aguirre, en el final de su texto: “Quienes salen de sus países, de Cuba o de El Congo o de Colombia, prefieren morir a regresar. Es como echar una moneda al aire: el juego del todo o nada”. Eso no va a cambiar, por más visas o restricciones que pongan los países de origen, los de tránsito o los de destino: los migrantes huyen de su tierra como un último y desesperado recurso. La nueva visa impuesta a los cubanos y las deportaciones que tienen lugar por estos días en Quito lo único que van a lograr es que cada vez más gente se entregue a los coyotes y chulqueros que trafican con personas. Ramírez y Lagomarsino lo explica en dos párrafos contundentes:

Un último aspecto que no debe ser subvalorado y que aparece muy claramente en la entrevista que aquí se presenta, se relaciona con el hecho de que al intensifcar los controles se ha desarrollado fuertemente una industria de la clandestinidad en la que coyoteros, chulqueros, guías, contrabandistas, e intermediarios de todo tipo se transforman en sujetos indispensables. Si tomamos el caso del pasaje a los Estados Unidos, para cualquier migrante centro o sudamericano, entrar ilegalmente a este país implica no solo afrontar un viaje muy peligroso y largo sino sobre todo, ponerse en manos de intermediarios que asumen un rol casi mítico. En algunas zonas de Ecuador, por ejemplo, existen capillas dedicadas al santo coyote, donde los coyoteros de la zona son venerados como santos porque son quienes ayudan y hacen posible la realización del sueño americano.

El aumento de los controles fronterizos ha vuelto cada vez más neccesaria la intervención de los coyoteros y sobre todo, ha contribuido a la creación de un sistema altamente estructurado que implica una serie de pasajes y una organización capilar que antes no existían.

La imposición de la visa a los cubanos lo único que está causando es que los coyoteros y contrabandistas aumenten su macabro negocio. La gente que salía antes por tierra hacia Centroamérica intentará ahora el mismo viaje por mar, ya no desde Ecuador necesariamente, pero desde otros puntos del continente. Se lanzarán al mar como se lanzan miles hacia la isla de italiana de Lampedusa, huyendo de la tragedia de Medio Oriente. Si seguimos aplicando la mismas políticas de restricción que los europeos, estaremos a las puertas de una crisis migratoria similar. En la que los únicos perjudicados serán los migrantes: morirán, regresarán a su país a ser acosados por haber intentado irse, y, seguro, volverán a intentarlo. Hasta morir o lograr su propósito.

El Estado ecuatoriano está actuando en contra de los mismos principios que consagró constitucionalmente en 2008. “Es paradójico que los países que se declaran en lucha contra los traficantes de seres humanos sean los primeros en fomentar el desarrollo de estas organizaciones a través de políticas evidentemente fallidas que no solo no alcanzan a bloquear los arribos de migrantes sino que vuelven extremadamente riesgoso el viaje y violan los derechos de los migrantes”, escriben Ramírez y Lagomarsino. Ese país paradójico, que de la boca para afuera se declara en la lucha contra los traficantes de seres humanos pero los fomenta aplicando visas y negando puentes humanitarios es el Ecuador de la Ciudadanía Universal.

Bajada

¿Por qué está actuando el Ecuador en contra de los principios que consagró en la Constitución de 2008?