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Cuando Mauricio Rodas fue elegido alcalde de Quito, muchos esperábamos que el Doctor con especialización en Políticas Públicas iniciara una nueva época en la gestión del distrito metropolitano. No lo ha hecho. Rodas —ex colaborador de un think tank en lugar de tratar a la alcaldía solo como un trampolín a la Presidencia, podría encabezar una administración guiada por políticas públicas sensatas basadas en tendencias urbanísticas. Quito, al igual que decenas de ciudades en el mundo, tiene un gran problema: el tráfico vehicular. Un alcalde con el perfil de Rodas podría estudiar casos exitosos y fracasos que otras ciudades han empleado para solucionar la congestión. Solo así podrá crear un Quito sostenible y resiliente, una ciudad que aproveche su crecimiento y no que sea víctima de él. Pero sus ideas apuntan a otro lado: con su campaña para promover la solución Guayasamín, ha demostrado que optó por el populismo y favoreció intereses electorales sobre buenas políticas públicas. Rodas busca ser el Pana Alcalde: quiere complacer a todos en vez de resolver problemas importantes y así ha desperdiciado una gran oportunidad.

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Casi todos los días camino a mi trabajo y la ruta me obliga a cruzar la avenida Seis de Diciembre, una vía en la que funcionan dos modelos de transporte: uno funcional y otro fallido. Un modelo es la Ecovía. A menos que la policía de tránsito permita que autos privados entren en su carril, estos buses rojos circulan sin ningún obstáculo hacia su destino. Es más, se podría duplicar el número de buses de la Ecovía sin aumentar los tiempos de llegada de los pasajeros a sus destinos. La Ecovía funciona de manera excepcional: transporta 120.000 pasajeros al día de una manera rápida y eficiente. Aunque la entrega del servicio podría mejorar, el modelo es funcional para una ciudad grande.

El otro modelo de transporte son los autos privados. Con el crecimiento del parque automotor del 10% al año, cada vez más autos compiten en un espacio limitado. En el cruce de la Seis de Diciembre y Whymper, los autos y buses azules invaden la intersección obstaculizando el paso de los autos que esperan llegar al Diego de Almagro. Gracias a la falta de respeto a los semáforos el ambiente se llena de pitos de los choferes que comienzan su día con una gran tasa de injusticia por no poder aprovechar de su turno de pasar. El humo negro de los buses intoxica los pulmones, la bulla de los pitos estresa. El modelo del auto privado no funciona: como muchas ciudades ya han descubierto, no es un modelo adecuado para una ciudad grande.

A pesar de estos dos modelos, con su solución Guayasamín, el alcalde Mauricio Rodas prefiere invertir 100 millones de dólares en el modelo roto, fallido. Y su error no ha sido solo anunciar el plan sino haberlo hecho sin haber permitido debate público, sin haber creado un espacio para opinar. Hoy su administración justifica aplastar el Parque Argentina. Quizás con esta misma lógica otro alcalde luego propondrá aplastar el parque Carolina. Quito se ha obsesionado con una solución: las vías, y se ha fijado en los síntomas en vez de lograr entender la enfermedad de la congestión.

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A pesar de ser experto en políticas públicas, el Alcalde ignora las buenas prácticas de ciudades líderes en sostenibilidad y sus lecciones de urbanismo: San Francisco y Seúl están quitando sus pasos elevados. El Alcalde no las toma en cuenta y en las vísperas de Hábitat —una conferencia mundial sobre urbanismo que será en la capital— él nos promete que su nueva megaobra será una solución. Pero si una vía fuese una solución, ¿por qué tenemos que hacer más y más vías? 

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Seoul antes de quitar su paso elevado. Foto Gracias a The Preservation Institute.

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El mismo espacio después de quitar el paso desnivel. ¿en cuál ciudad quisieras vivir tú? Foto Gracias a HotelDePhil

 
La lógica del alcalde no tiene lógica. Si hoy tan solo el 30% de los quiteños viajan en auto privado, ¿qué haremos en menos de 10 años cuando el parque automotriz represente el 60% de la población? ¿Resistirá la solución Guayasamín el crecimiento orgánico del parque automotor o quedará obsoleto como las otras obras que iban a ser soluciones pero que ahora son problemas? Cuando los autos salgan de la Solución Guayasamín hacia las calles Diego de Almagro y Shyris, ¿encontrarán el camino libre a su destino? ¿Está quitando un cuello de botella, o simplemente moviendo el cuello de botella de los túneles un poquito más adelante?

Para Rodas resolver el problema de la congestión equivale jugar al gato y al ratón: dice que es simple, que necesitamos más obras viales para aguantar más autos. Pero las ciudades líderes hacen lo contrario: se dieron cuenta que es un juego costoso que no tiene fin porque los autos se reproducen a una velocidad que supera su capacidad de crear infraestructura. Estamos gastando millones en un juego cuando tenemos la (mejor) opción de no jugar. En Vancouver, la tercera ciudad con mejor calidad de vida en el mundo, no se han construido nuevas vías desde los años 60. ¿Sabrán sus administradores algo que no sabemos? 

En privado el Alcalde y sus asesores justifican la solución Guayasamín diciendo que el 80% de su inversión en transporte es en transporte público y sólo el 20% en soluciones viales. El problema con ese argumento es que el 20% hace más grande al problema que el 80% busca resolver. Es como si con una mano echaran agua al fuego, y con la otra, gasolina. Aunque Rodas menciona la inversión en el metro como parte de su compromiso con el transporte público, no servirá de nada si este no encaja dentro de un modelo de ciudad sostenible. Rodas habla de una ciudad multimodular pero hace dos años quitó las ciclovías y aún no propone alternativas. Cada día hay más testimonios en las redes sociales sobre confrontaciones entre ciclistas y choferes porque la administración municipal ha abandonado a los ciclistas. Un conductor de bicicleta contribuye a la solución de la congestión a pesar de que no tiene apoyo real dentro del municipio, más bien, bajo esta administración el ciclista arriesga su vida al intentar ayudar. 

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Seguimos a la espera del plan inteligente.

En sus discursos el alcalde habla de una ciudad multimodular y sostenible pero su plan de invertir 130 millones de dólares en infraestructura que se volverán obsoletos aumenta nuestra dependencia al modelo fallido. Mientras no invirtamos en una visión de ciudad sostenible, estamos gastando en tratar de complacer a personas que exigen cambio pero que no quieren cambiar. Aunque Rodas domina el discurso de la ciudad sostenible, sus acciones demuestran un compromiso fiel con el estatus quo. El Pana Alcalde no quiere ofender a los ciudadanos casados con el modelo roto pero al hacerlo está quitándole patrimonio a nuestros hijos, como los espacios verdes, para colocar estructuras de concreto y hierro que solo congestionan y se quitarán en algún momento. Tampoco quiere tratar tal vez el problema más grande del transporte público en Quito: el desorden de los buses. Para contradecir lo que ha dicho en el pasado, el alcalde sí se ahueva.

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Electoralmente hablando proponer una vía como la solución Guayasamín tiene sentido. En el corto plazo las víctimas del sistema de transporte roto, como los moradores de los valles que rodean el distrito metropolitano, verán una obra que propone aliviar la tensión vehícular, pero en el largo plazo los mismos estarán estancados en sus vehículos sobre el anterior Parque Argentina preguntándose por qué no se hace otro paso elevado para facilitar el tránsito. Cuando el alcalde Rodas dice que una vía representa una solución, sigue la lógica del Presidente cuando dice que más impuestos nos ayudarán a recuperar del terremoto.  Así como no hay forma de reconciliar las leyes de mecánica cuántica con la teoría de relatividad, parece imposible reconciliar la lógica de la política electoral con la de políticas públicas. 

Tal vez gracias a la solución Guayasamín el alcalde gane cuatro años más de mandato. Y si eso pasa tal vez sus habitantes perderemos cuatro años más de evitar esas decisiones difíciles pero necesarias que nos conviertan en una ciudad con un sistema de transporte que facilite y no obstaculice la calidad de vida de sus ciudadanos. Mientras tanto tenemos al Pana Alcalde: listo para complacer a todos pero lejos de encontrar soluciones que traten la enfermedad y no solo los síntomas. 

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Rodas complace al status quo y se aleja de la ciudad multimodular que alguna vez propuso

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Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC BY SA 2.0