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¿Alguna vez ha pensado cómo la estructura de una ciudad determina su economía y el comportamiento de sus ciudadanos? Con estructura me refiero a las características geográficas, climáticas, culturales, y en particular a una que suele pasar desapercibida: la densidad, que no es otra cosa que el número de personas por kilómetro cuadrado. Aunque puede parecer poco importante, tiene grandes impactos.  Por ejemplo, Atlanta y Barcelona tienen poblaciones similares (alrededor de cuatro millones y medio de personas, incluyendo toda el área metropolitana). Sin embargo, Atlanta consume cinco veces más energía. Barcelona es una ciudad densa y compacta, donde los habitantes optan por caminar, andar en bici o usar transporte público, mientras que Atlanta es más extensa, y la mayoría se moviliza en auto privado: esto genera mayor contaminación, menos interacción entre los ciudadanos o la proliferación de centros comerciales en lugar de comercios en la calle. Pero en el Ecuador, ¿cómo están de densas las ciudades y qué implicaciones tiene en la vida cotidiana de su gente?

Esta es la densidad poblacional de algunas de las principales ciudades y sus niveles de pobreza medido por las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), basados en el censo de 2010:

Fuente: INEC

No es una coincidencia que Cuenca sea la ciudad más densa del Ecuador, con menores niveles de pobreza, donde más se camina, una de las más seguras y con mejor calidad de vida. Otras ciudades con alto nivel de densidad son Ambato, Riobamba y en menor medida Salinas, en Santa Elena. Por el contrario, las ciudades más grandes de la costa suelen tener niveles de densidad más bajos y niveles de pobreza más altos que las de la Sierra. Estas diferencias de densidad pueden estar relacionadas con la influencia del diseño colonial y anterior al automóvil de las urbes serranas así como las limitaciones impuestas por su geografía, que condicionan su expansión.

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El economista y profesor de Harvard, Edward Glaeser, define a las ciudades como el resultado de la búsqueda de reducir costos de transporte: los seres humanos nos agrupamos en ciudades para intercambiar bienes, servicios e ideas con el menor costo posible. Un buen ejemplo de esto es un mercado, donde los compradores van porque saben que hay muchas opciones una al lado de otra. También van los vendedores porque saben que estarán ahí esos compradores. Las ciudades actúan de manera similar: juntan a personas con diversos intereses y catalizan la interacción entre ellas. De hecho, Jane Jacobs (probablemente la voz más respetada en materia de urbanismo) consideraba que una de las claves del éxito económico de una ciudad está en la capacidad de mezclar una gran diversidad de usos y usuarios en sus espacios públicos.

Si miramos las dos ciudades más grandes del Ecuador, vemos que Quito es cinco veces más densa que Guayaquil. Su índice de Necesidades Básicas Insatisfechas es casi la mitad del guayaquileño. Si incluimos las parroquias peri-urbanas de Quito —Pomasqui, Carcelén, Nayon o Cumbaya— vemos una reducción de la densidad, aunque sigue siendo casi cuatro veces la del puerto principal. Y es que solo hace falta echar un vistazo a las nuevas construcciones en ambas ciudades para ver lo diferentes que son: en Quito se construyen edificios, cuando en Guayaquil se prefieren las urbanizaciones cerradas en las afueras. También es interesante ver cómo aun las zonas peri-urbanas de Quito son más densas que las de Guayaquil: en 2010, Cumbaya tenía una densidad cercana a las mil quinientas personas por kilómetros cuadrado, mientras Samborondón, apenas pasaba de doscientas veinte.

¿Qué implicaciones tiene esta diferencia entra las dos ciudades?

La primera es que el ciudadano en Guayaquil debe recorrer mayores distancias y le toma más tiempo ir a trabajar, estudiar o hacer cualquier otra cosa, sus costos de transporte son más elevados, afectando uno de los pilares de una ciudad a los que se refiere Glaeser. Significa también que es una urbe en la que caminar o andar en bicicleta es más difícil, con obvias excepciones (como el centro de Guayaquil). Cuanta menos gente camina, es más difícil para los comercios en las calles tener éxito y competir con centros comerciales que son diseñados pensando en el auto y no en el peatón. La baja densidad hace también más difícil crear barrios integrados y compactos, que conjuguen viviendas, lugares de trabajo y ocio. Este tipo de barrios suelen ser además más seguros, lo cual en parte podría ayudar a explicar por qué la tasa de asesinatos y homicidios en Guayaquil es más alta que en Quito: 8.5 por cada cien mil habitantes en 2015, mientras que en la capital es de 4.7 por cada cien mil.

La densidad permite la existencia de economías de aglomeración, lo que se traduce en beneficios como: conseguir clientes para un negocio que acaba de empezar, encontrar proveedores que te permitan articular una cadena productiva, la rápida difusión de nuevas ideas y tecnologías, el encuentro de personas con gustos o aficiones similares, o —saliendo un poco de lo económico— hasta encontrar una pareja sentimental, todo esto es más fácil que ocurra en una ciudad que en una zona rural. Evidentemente no todo en las ciudades es beneficioso. La aglomeración también genera des-economías: el tráfico, la contaminación, la delincuencia, son todos fenómenos más presentes en las urbes. Las ciudades funcionan bien cuando maximizan las primeras y minimizan las segundas.

Evidentemente la densidad no lo explica todo, hay ciudades poco densas que son económicamente exitosas. La densidad por sí sola no garantiza que se den economías de aglomeración, pues aspectos institucionales, económicos y culturales tienen un rol importante. Sin embargo la densidad nos ayuda a entender por qué ciertos comportamientos o actividades económicas se dan más en una ciudad u otra; también nos permite identificar problemas, como el excesivo crecimiento de la huella urbana que trae como consecuencia: mayores costos para dotar de infraestructura básica a los nuevos barrios que se crean o que estos, directamente, no cuenten con tales servicios.

No existe un número mágico de densidad que resuelva todos los problemas. Sin embargo, es una variable demasiado importante como para no tomarla en cuenta. Cuando los ciudadanos eligen vivir alejados de la ciudad, amurallados detrás de urbanización cerradas y sus autos, no solo se están perdiendo las oportunidades que las ciudades ofrecen, también están contribuyendo a que estas funcionen peor: las urbes se crearon para acercarnos. Dejémoslas hacerlo.

Bajada

No es una coincidencia que Cuenca sea la más densa del Ecuador y la menos pobre

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Foto de Julia Rubinic bajo licencia CC-BY 2.0. Con cambios