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En 1949, una multitud incendió el edificio de diario El Comercio —donde funcionaba Radio Quito—, al descubrir que la emisora había transmitido una noticia falsa. Una presentación musical en vivo fue interrumpida para anunciar que la ciudad estaba siendo invadida por extraterrestres. En realidad, el informativo era una adaptación radial, en formato de noticiario, de La guerra de los mundos de H.G. Wells, similar a la que Orson Wells hizo en Estados Unidos, y que provocó pánico en Nueva York y Nueva Jersey. En Un secreto en la caja, último filme de Javier Izquierdo, este episodio es recordado por dos amigos de juventud de Marcelo Chiriboga —escritor ecuatoriano y figura mitológica del boom literario de Latinoamérica— en una escena que podría ser interpretada como una demostración de conciencia de su propia ficcionalidad, como un guiño al género del cual son parte: el falso documental.

Uno de los precedentes más claros de este formato es justamente esa adaptación de Wells, pero fue Woody Allen quien lo puso al servicio de la comedia: primero con Take the money and run y luego con Zelig (la historia de un hombre que, debido a su inseguridad, cambia de apariencia para adaptarse a su entorno). This is Spinal Tap, filme en el que Rob Reiner retrata las ínfulas de las bandas de rock y su comportamiento vistoso y destructivo, demostró que el género era un vehículo perfecto para la sátira y la parodia (de hecho, fue Reiner quien lo bautizó como mockumentary, nombre con el cual hoy se lo conoce). Un secreto en la caja también entra en el terreno del humor satírico, pero lo conduce hacia la crítica de los síndromes políticos, además de los sociales y culturales, de un país entero. Esto hace que su referente más cercano sea Un tigre de papel (Luis Ospina), falso documental que recoge 40 años de historia colombiana a partir de la figura de un collagista ficticio, que el director convierte en símbolo del desencanto de una generación de artistas que militaron casi toda su vida en la izquierda.

En el caso de Un secreto en la caja, el hilo que permite desenmarañar la historia del Ecuador es la vida del escritor, también ficticio, Marcelo Chiriboga. La película se explora en 19 capítulos y un epílogo, estructura que recuerda —también por el humor absurdo de ciertas situaciones— a falsos documentales de Peter Greenaway como The Falls o Vertical Features Remake. Izquierdo configura un recuento de sucesos que marcaron al país y al personaje, como la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, los gobiernos de Velasco Ibarra y el festejo por la extracción del primer barril de petróleo en suelo ecuatoriano. 

El punto de arranque del filme es el conflicto entre Ecuador y Perú en 1941 que condujo a la firma del Protocolo de Río de Janeiro. Este contemplaba una delimitación que dejó a Ecuador con sus territorios reducidos sustancialmente, por lo que fue negado durante cerca de cinco décadas, de manera colectiva, por todo el país. La línea imaginaria, el primer libro de Chiriboga, sirve de metáfora de este síndrome de negación. Otras piezas de su bibliografía sirven para explorar, analizar y cuestionar las dictaduras latinoamericanas, el discurso oficial alrededor del arte ecuatoriano basado en el orgullo nacional y el mismo boom, entre más temáticas. 

Izquierdo reúne tomas de una entrevista al escritor conducida por Joaquín Soler y las intercala (en una edición dinámica y limpia) con fragmentos de entrevistas que el mismo director sostiene con el especialista que lo inició en su obra, con la hermana del autor, con su hija, con amigos de su juventud en Quito y Berlín y con un periodista mexicano que en los noventa viajó a Ecuador para hacer un documental sobre el escritor. Algunas de estas actuaciones, como la de Amaia Merino (hija del editor que publicó la obra de Chiriboga en España) son convincentes y naturales, pero otras caen en la teatralidad (el acento alemán que Randi Krarup pone a su personaje al hablar inglés se siente forzado, por ejemplo). Eso sí, el filme no busca ser un bestiario de estereotipos del ecuatoriano y logra que la mayoría de personajes sean verosímiles y bien caracterizados.

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Si, a través del uso de la figura de Chiriboga en sus obras, José Donoso y Carlos Fuentes dieron corporeidad a una ausencia (la de un escritor ecuatoriano en el boom), Izquierdo lo convierte en la encarnación de otra: la de una mente lúcida en un país en el que la realidad no corresponde a lo que se cuenta en los libros de historia, y que se aventura a describir el reflejo que nadie quiere ver. Pero lo hace sin abandonar la mitología creada por Donoso y Fuentes (y alimentada por autores como Diego Cornejo Menacho en Las segundas criaturas). De hecho, Izquierdo la infla con videos y fotos de archivo en blanco y negro y a  color (dependiendo de la época en la que están ambientados), así como con recortes de periódico, que otorgan nuevas facetas a la figura de Chiriboga (a veces, el fuerte tratamiento digital de las imágenes usadas para crear estos elementos se siente algo exagerado, aunque para algunos espectadores eso puede incrementar la comedia). Sin embargo, generar tanta información sobre la vida y obra del escritor no resulta en un retrato contundente del personaje, y —me atrevo a decir— esa no es la intención ni el objetivo de Izquierdo. Lo que se pinta a la largo del filme es la imagen de un país que ha construido su memoria histórica hilvanando, a conveniencia, hechos reales con retazos de ficción. Y la metáfora ulterior de esto son los intercambios que el universo de Un secreto en la caja hace con la realidad. Personajes ficticios cambian de puesto con sus creadores y los hechos se mezclan con el contenido de las obras literarias (que existen en el mundo real o solo en el filme), procreando una ucronía (no digo cuál porque sería spoiler) que es el punto más alto del filme.

Un secreto en la caja es una coproducción de Caleidoscopio Cine (Ecuador), Ostinato Cine (Ecuador) y La Futura (España) y se estrenará el 20 de marzo, vía streaming y sin costo, desde  www.unsecretoenlacaja.com.  
El 3 de abril, a las 16:30, será proyectada en la Cinemateca Nacional de Quito, como parte del festival LA CASA CINE FEST. Ese mismo mes estará en cartelera en Ochoymedio y se proyectará en el Chicago Latino Film Festival de Estados Unidos.
Bajada

La realidad es más clara cuando es vista con los ojos de un ser ficticio

fuente

De la página de Facebook de la fundación Marcelo Chiriboga