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Querida Pame, 

Hace aproximadamente diez años tuve el gusto de ser tu compañero de aula en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Digo el gusto porque siempre me pareciste una chica agradable y soñadora, como casi todos los jóvenes que llegamos a una escuela de Derecho pretendiendo cambiar al mundo y creyendo que podemos hacerlo. En un momento dado perdimos el contacto, nunca supe más de ti hasta el crecimiento exponencial del contacto humano por redes sociales, en las mismas te veía alabando constantemente gestiones del  gobierno de Rafael Correa, que en un inicio —debo ser sincero— yo también aplaudí y defendí.

Nueve años han pasado. Nueve años de gobernabilidad absoluta, concentración de poderes, Asamblea Constituyente y reformas constitucionales. El poder durante este tiempo ha sido más concentrado que la riqueza, sumergiendo al país en una encrucijada jurídica, que tú y un grupo de seguidores del Presidente pretenden hacer eterna. 

En las fotos que compartías en redes sociales siempre estabas vivaz y alegre acompañada de Ministros, asambleístas de Gobierno y hasta del propio Presidente. Eres parte integrante de esferas gubernamentales desde hace varios años, y eso puede haber influido en tu juicio con respecto a la correcta aplicación, interpretación y ejercicio de las normas jurídicas.

En tu labor en la Asamblea Nacional te observé —de lejos— apoyar el proceso de reforma constitucional ilegal e ilegítimo. Un proceso que fue hecho irrespetando a la Constitución y su resultado atenta contra la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, base de la teoría y ejercicio de los derechos humanos. La errónea interpretación de la Corte Constitucional permitió que un grupo de asambleístas reformen la Constitución a su antojo. Se limitó la posibilidad soberana del pueblo de llamar a Consulta Popular al eliminar del artículo 104 de la Constitución la frase: “sobre cualquier asunto”. Después de eso, toda solicitud de Consulta Popular planteada por los ciudadanos es materia de análisis de la Corte Constitucional que determinará su viabilidad. ¿No te parece esto una limitante al derecho a elegir? Casi todos estos atentados constitucionales se aprobaron, excepto uno que el Presidente —por estrategia política— dejó de lado: la reelección indefinida inmediata, aunque posible a partir de 2021. 

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Si algo aprendí sobre Democracia en nuestra querida Facultad es que requiere alternancia: la permanencia en el poder caduca al Estado y lo hiere de muerte. Ahora, después de haber participado en la mutilación de nuestra Constitución, pretendes ungirte como la salvadora del país proponiendo una nueva ilegalidad y un eterno Rafael. Hace días publiqué en Facebook un comentario defendiéndote de quienes usaban las redes para realizar ataques cobardes a tu honor y vida personal. Tu respuesta fue una invitación a la confrontación: me relacionaste con líderes de oposición con los que no comparto ningún pensamiento. Nunca olvidaré esta frase en ese post: 

“Soy una correísta convencida. Y creo firmemente que Rafael debería ser candidato. Jamás, aunque me crucifiquen por ello, dejaré de creer que es el mejor presidente de la historia del Ecuador”. 

Aquella frase retumbó en mi cabeza durante varios días: me recordaste a viejos líderes caudillos cómo León Febres Cordero, después de Taura, o Abdalá Bucaram en sus arengas de campaña. Aquellos que prometían morir por la Patria con tal de ganarse unos votos. Lo tuyo es más triste aun: tú mueres por un líder —tu fanatismo no te deja ver más allá. La formación que tuviste como abogada ha quedado diluida en un mar de exacerbadas promesas al caudillo. A Rafael.

¿Cuál es ahora, querida Pamela, la disquisición jurídica que te permitirá seguir pisoteando la Constitución? Ahora invocas al pueblo para reelegir a Rafael pero prescindieron de él cuando necesitaban únicamente de la componenda política para aprobar las reformas constitucionales. Caes en la demagogia del politiquero: el pueblo sirve únicamente en época de elecciones —dijiste, ahora sí, “que sea el pueblo el que decida”—, y como la campaña está ya en marcha quieres tener a Correa en la papeleta porque, tal vez, temes que con otro candidato tu partido no ganará. 

No soy un político, ni pretendo serlo. Creo en la reflexión, el respeto a los derechos, y en el correcto ejercicio de la institucionalidad jurídica del Estado. La política dejémosla a los candidatos que, legalmente, pueden acudir a las urnas. Te pido, Pamela, dejes esta contienda inútil, sabes bien que el artículo 117 de la Constitución impide realizar reformas legales un año antes de las elecciones, cuestión que pretendes pasar por alto. El Derecho es una ciencia y como tal tiene un método y un mecanismo, no permitas que la ambición política te vende los ojos. Tú sabes que el proceder del colectivo que diriges está fuera de la norma constitucional. 

Me despido, no sin antes decirte que espero algún día saludarte y tomar esto como una anécdota. Espero que ese día estemos del mismo lado —ni Correísmo ni oposición—, sino el respeto a la institucionalidad jurídica del Estado ecuatoriano.

Bajada

Carta abierta a Pamela Aguirre