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El silencio del asambleísta y exministro Fernando Bustamante  fue una incógnita para muchos de quienes, gradualmente, nos hemos desencantado del correísmo. Después de la salida y subsecuente oposición de Pachakutik, Alberto Acosta, Gustavo Larrea y de Ruptura 25, su reputación liberal como académico y analista chocaba notablemente con la vociferante derechización de Alianza PAIS. ¿Qué hacía él todavía ahí? No solo parecía inclaudicable en su participación en el proyecto, sino que brillaba por su ausencia en la conversación nacional.Por ejemplo: Bustamante, el analista político, ya no era el invitado frecuente de Diego Oquendo. Después de nueve años, Fernando Bustamante cortó el compromiso “de todo su ser” con Alianza País. Ahora, como asambleísta independiente, Bustamante encarna la extrema transformación de la Revolución Ciudadana y representa a quienes no olvidamos la urgencia histórica que en el 2007 la auspició.

Bustamante deja una lección importante en tiempos de maniqueísmo crónico. En su reaparición en el programa de Diego Oquendo, explicó su reticencia como compromiso político. “Sigo manteniendo mi compromiso con los valores fundamentales de la Revolución Ciudadana. No esperen de mí una súbita cabriola”. Bustamante entiende los desafíos de la política, las implicaciones del roce con la realidad. En eso se diferencia de la izquierda purista, que proclama consistencia ideológica al mantenerse al margen del gobernar: una suerte de hermosos perdedores, libres de las contradicciones inevitables y los dilemas éticos que definen la gestión administrativa.  

Bustamante es un recordatorio de que no estábamos equivocados cuando apoyamos a Alianza País, sino que Alianza País se desvió del camino que inicialmente marcó. Describe la actitud y el atractivo que ha tenido el correísmo como “una política de la indignación” —un discurso no sólo de justicia social sino de justicia contra la partidocracia histórica que explosionó finalmente con el gutierrismo. Ese contexto histórico determinó la forma que tomó el discurso oficialista, su momentum y, de igual manera, su actual desgaste. En palabras del ahora asambleísta independiente: “Pasó la hora de la indignación. Es hora de la política de la reconciliación”.

Ya sabemos que el maniqueísmo de Correa se expresa en el berrinche. El de José Hernández, de 4pelagatos se expresa en la condescendencia. Explicando porqué su plataforma pública también a “ex-correístas” — Hernández hace una clara diferenciación entre ellos —los demócratas— y quienes en algún momento participaron en el gobierno. En ese juego entre puristas, con los índices apuntados desde cada bancada, todos a ritmo de la misma canción de “somos más”, el análisis de Bustamante es uno de criterios y no de motivaciones.

La política de la reconciliación a la que hace referencia Bustamante no tendrá cabida con una oposición tan empeñada en encontrar culpables y un oficialismo a la defensiva. De entre los gritos y el desdén de lado y lado, su análisis y trabajo rescatan la legitimidad de la indignación y rabia de muchos de quienes apoyaron —y apoyan aún— a PAIS. Así, en ese marco —y al no negarlo todo—  Bustamante reitera el desgaste del correísmo como un resultado de lo que en su momento fue su mayor impulso.

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El maniqueísmo es inevitable cuando criticamos los motivos de quienes piensan distinto en lugar de criticar sus argumentos. Para Correa, Bustamante —quien era su amigo— es un vanidoso. Para la oposición, publicar a quienes participaron en el gobierno es un acto misericordioso. Seguimos todos indignados. La  reconciliación dependerá de cuán listos estemos para escucharnos. Un primer paso: escuchar seriamente a Fernando Bustamante.

Bajada

¿Por qué hay que escuchar al (ahora) asambleísta independiente Bustamante?

fuente

Fotografía de Asamblea Nacional del Ecuador bajo licencia CC BY-SA 2.0. Sin cambios