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Trato de explicarle a mi esposa, fanática de la serie Friends, que sentiría si anunciaran un capítulo de reencuentro de esta comedia noventera, con el cual podría saber qué pasó con la tortuosa relación de Rachel y Ross, si funcionó el matrimonio disfuncional entre Chandler y Mónica, si triunfó Joey en su la carrera actoral y que fue de la vida alternativa de Phoebe. A mi hija de 13 años, mi padawan durante su infancia, pero un poco alejada por el Lado Oscuro de la preadolescencia, se lo explico con su serie favorita How I Meet Your Mother?”, que terminó hace poco. Lo entiende mejor que su madre, por eso va a ser otra de las mujeres más importantes de mi vida: las que me acompañaron a ver una película de Star Wars. Mi mamá, mi nana, mi hermana, mi primer amor, mi esposa y, ahora, mi sobrina y ella.

Pero ese sentimiento tendría que ser multiplicado por 11.895. Son los días que han pasado desde el 25 de mayo de 1983 —fecha del estreno del Episodio VI, El Retorno del Jedi— hasta el estreno del Episodio VII, El Despertar de la Fuerza, hoy 18 de diciembre de 2015, y luego elevado al cubo (por esas tres décadas en las que no supimos a ciencia cierta cuál fue el camino que tomó el último Jedi, Luke Skywalker, cuáles fueron los frutos del amor de Han Solo y Leia Organa, hermana melliza de Luke y, de familia, intensa en la Fuerza, quiénes son los herederos Sith del Lado Oscuro luego de la muerte de Anakin Skywalker aka Darth Vader, padre de Luke y Leia, y del malvado Emperador, antes conocido como el senador Sheev Palpatine). Y solo así podrían igualar lo que estamos sintiendo los Waries

La primera trilogía de la saga de Star Wars nos cambió la vida. Su historia y personajes nos enseñaron la elección entre el bien y el mal de una forma más clara de cómo lo podían explicar nuestros propios padres. Fueron como amigos de la infancia con quienes estuvimos juntos por años —hasta pensamos que se quedarían para siempre— pero que, más o menos sin previo aviso, se fueron. Quedaron los recuerdos, las fotos, los videos, los juguetes, pero nunca más supimos qué fue de sus vidas… ¡Hasta ahora!, la emoción en el aire se puede cortar con sables de luz.

Y no es que no hayamos leído o visto mucho material de la Saga. Hay todo un “Universo Expandido”: libros, cómics y hasta fan films basados en historias fuera del Canon de la trilogía original y su precuela. En él se cuentan, por ejemplo, historias de los Caballeros Jedis y sus contrapartes Sith, que habitaron y pelearon en la Antigua República, cinco mil años antes de la Batalla de Yavin, aquella en la que explota la primera Estrella de la Muerte en la primera película, el Episodio IV Una Nueva Esperanza, y que es el punto de inflexión que se utiliza para dividir la historia de Star Wars. En ese Universo Expandido se puede ver como Luke, luego del Episodio VI, funda una Nueva Orden Jedi, se casó con una Jedi llamada Mara Jade y tuvo un hijo al que le puso Ben, en honor a su primer maestro Obi-Wan Kenobi (por cómo era llamado en su exilio en el desértico planeta Tatooine). Leia tuvo tres hijos con Han Solo: Jaina, Jacen —quien cayó al Lado Oscuro para convertirse en Darth Caedus—, y Anakin, el cual tomó el nombre de su abuelo materno antes de convertirse en Vader. En fin, para eso está la Wookipedia, en inglés, o en la Star Wars Wikia, en español.

Casi media vida después, la nueva película parece que va a escribir una nueva historia oficial. Esos entrañables amigos de la infancia van a regresar. Por fin, vamos a saber qué es lo que han estado haciendo en estos treinta años. Muchos fans nos preguntamos si se tomarán algunos elementos de ese Universo paralelo que ha ido expandiéndose durante treinta años. Tenemos muchísimas más preguntas que han sido o serán respondidas con esta nueva odisea, ya sea en los tráileres o en el film: se ve que Chewbacca siguió junto a Han —en esa versión galáctica de Toro y el Llanero Solitario—, pero ¿dónde aparecerán los recordados robots C-3PO y R2-D2 (quien ha dejado claro que no conoce a ningún “Arturito”)? Son los únicos personajes en aparecer, como ellos mismos, en las 6 entregas anteriores de la Saga. 

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Y si hablamos de turismo interestelar, ¿qué mundos volveremos a visitar y cuales nuevos nos presentarán? Se ve en los avances que estaremos comiendo arena en las dunas de Tatooine, donde todo empezó y volvió a empezar: ahí los Jedis encontraron a Anakin Darth Vader Skywalker de niño. Hasta Tatooine se llevaron a un Luke Skywalker recién nacido, para esconderlo de su padre y del Emperador, luego de que su madre Padme muriera dándolo a luz a él y a su hermana Leía. En ese arenoso planeta vimos al joven Luke mirando a la lontananza: los dos soles del atardecer, como atisbando las aventuras que estaban por venir.

¿Volveremos a viajar a la estepa helada de Hoth, donde los Rebeldes fueron atacados por los enormes Caminantes Imperiales en el Episodio V, El Imperio Contraataca? ¿O aterrizaremos y nos hundiremos otra vez en las pantanosas aguas de Dagobah, donde se escondió el gran maestro Yoda para huir de la Orden 66 que obligaba a los Clones, luego Stormtroopers, a matar a los Jedis y donde entrenó a Luke en los caminos de la Fuerza? 

No sabemos si volveremos a toparnos con los Ewoks, esas pequeñas criaturas peludas creadas para atraer, en su momento, a más público infantil, en la boscosa luna de Endor. También nos preguntamos si nos adentraremos otra vez en la ciudad-planeta de Coruscant, por siglos el centro de la República y, por un tiempo, del Imperio. Esperamos que esta vez no haya el abuso del “sin fondo verde” y la animación computarizada que trató de cubrir pobres diálogos y malos personajes en los Episodios I, II y III. ¿Conoceremos nuevos mundos, como Corellia, el planeta natal de Han Solo, Datooine, que alojó una de las principales Academias Jedi o Korriban, cuna de la raza Sith que alberga cuerpos y espíritus de sus principales Jedis Oscuros? A Alderaan, donde fue criada Leia por Bail Organa, su Presidente y Virrrey, no esperamos verlo: fue reventado por la primera Estrella de la Muerte.

Faltan pocas horas para saber cuáles de estas interrogantes serán contestadas. Seguramente muchas otras quedarán sin respuesta. Pero la principal y la que creo que nos alegra- preocupa-apena a los verdaderos fanáticos de la Guerra de las Galaxias, como se conoció en esta parte del planeta, es la presencia de ese Lado Oscuro del mundo cinematográfico: el espíritu Disney. Ojalá haya aprendido de los errores de las precuelas, y logre contentarnos a los recalcitrantes, ya que seguramente buscará nuevos adeptos. No solo tiene casi lista esta nueva trilogía, sino que se avizora una galaxia infinita de nuevas películas: alegra pensar en un futuro donde la Fuerza se mantenga más viva que nunca, pero preocupa pensar en “muchos, muchos años” en el futuro donde la calidad no sea tan importante como llenar salas de matinée con cualquier cosa que tenga el sello Star Wars. Y apena pensar que, probablemente, la emoción, contenida por treinta años, que hoy sentimos los Waries no se repetirá jamás.

Bajada

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