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Fotografía de TechCrunch, bajo licencia creative commons BY-NC-SA 2.0. Sin cambios. 

René Ramírez se ha pasado unos días entre innovadores, inversionistas y soñadores. La semana pasada en California se realizó el evento más grande de emprendimiento tecnológico en el mundo, TechCrunch Disrupt. Startups de todas las esquinas del mundo llegan a Pier 70, en San Francisco, para aprender, competir, y firmar acuerdos con inversionistas para impulsar su crecimiento. Según los datos oficiales de TechCrunch —el blog de tecnología que organiza el evento— las 543 empresas que han participado en Startup Battlefield han recaudado casi seis mil millones de dólares en financiamiento en 5 años. Cerca del 10% de esas empresas han logrado venderse o lanzar a la venta sus acciones en bolsas de valores públicas. TechCrunch Disrupt es la cuna de muchos emprendimientos tecnológicos que cambiarán al mundo. Mientras Ramírez —nuestro Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación— se maravillaba con la concentración de mentes brillantes dispuestas a transformar el planeta, tal vez se dio cuenta de que ese evento no podría existir en el Ecuador. 

Las leyes que permiten tanta innovación en los Estados Unidos no existen en nuestro país. De hecho —comparado con sus pares americanos—, el emprendedor ecuatoriano tiene desventajas legales que  limitan su capacidad de recibir capital y distribuir la propiedad de su compañía. Entre Tech TechCrunch Disrupt y las condiciones para emprendedores en el Ecuador hay una gran diferencia: los emprendedores americanos pueden recibir capital a cambio de participación en sus empresas con mucha más flexibilidad. En el Ecuador, no. Para ponerle más sencillo, en los Estados Unidos se puede conseguir inversionistas que actúan como “amigos con derechos”. Y, de entrada,  se determinan las reglas de cómo se puede poner a fin esa relación. Esas reglas garantizan claridad y flexibilidad para el emprendedor y para el inversionista. En Ecuador, en cambio, adquirir un inversionista significa un matrimonio que solo podrá ser disuelto mediante un divorcio sucio y doloroso para los niños. En este país, aceptar un inversionista genera riesgos e incertidumbre que desembocan en desincentivos para recibir capital de un tercero. Entonces, los ecuatorianos crecerán más lentamente. Perdemos competitividad a nivel regional. 

En los Estados Unidos se puede crear un “acuerdo entre accionistas,” o Shareholders Agreement. Eso es —básicamente— ilegal en Ecuador, ya que no se puede restringir la libre transmisibilidad de acciones. Dentro de un ShareHolders Agreement los accionistas se ponen de acuerdo en cómo van a actuar en supuestos hipotéticos. Uno de los acuerdos potenciales se llama drag along. Significa que si el accionista mayoritario vende sus acciones, el minoritario se ve obligado a vender también. También existe el concepto inverso: tag along. Con el concepto tag along (acompañar), los inversionistas minoritarios tienen el derecho de también vender sus acciones cuando el mayoritario decida vender. El Right of First Refusal (Derecho al Primer Rechazo) da al accionista A la opción de comprar las acciones de accionista B en caso de que el accionista B decida vender, o el accionista A tiene derecho a vetar la venta de acciones por parte de B: en otras palabras, el inversionista A tiene cierto grado de control sobre lo que pasa con la participación de los otros accionistas. Gracias a la existencia de convertible notes (bonos convertibles), un inversionista puede dar un préstamo al emprendedor, y ese crédito puede convertirse en acciones de la empresa con un precio predeterminado. Una empresa puede tener dos clases de acciones que separan el hecho de ser dueño del patrimonio de ser el tomador de decisiones. En Google, por ejemplo, casi todos los empleados tienen acciones en la empresa, pero los cofundadores tienen otra clase de acciones que les permiten mantener control de la empresa. La ventaja de este sistema es que los socios principales pueden distribuir más participación entre los empleados sin correr el riesgo de perder el control del negocio. Finalmente, el Shareholders agreement también establece las maneras en que una sociedad puede disolverse. De esa forma, un conflicto que surja entre los accionistas ya tiene un camino de solución. 

Si René Ramírez preguntó a los emprendedores cómo logran financiar sus operaciones, se habría dado cuenta que todas esas opciones de recibir inversión y distribuir acciones crea flexibilidad para la formación de nuevas alianzas. Diferentes inversionistas tienen diferentes prioridades, motivaciones, y niveles de comodidad. Lo mismo sucede con los emprendedores. Por dar más maneras de formar relaciones económicas, se pueden dar más relaciones económicas. La ley ecuatoriana no contempla ni acuerdos de accionistas, ni derechos como drag along, tag along, ni mecanismos de inversión como bonos convertibles. Por más que el gobierno correista haya intentado modernizar al país, ha faltado modernizar las reglas de juego. Las consecuencias para los emprendedores son tangibles. 

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Sí, hay alternativas para los emprendedores ecuatorianos que buscan inversión, pero no son ideales. Pueden crear entidades en el exterior que se vuelven dueñas de sus activos nacionales, y así gozar de las leyes del territorio matriz. Otros deciden formar fideicomisos complejos que les dan más libertad al determinar las reglas para los accionistas. Aunque existan estas opciones, no son las mejores: en muchos casos requieren de trámites caros que el emprendedor promedio no puede costear. 

Tal vez René Ramírez goce tanto del evento tanto que querrá replicarlo en Ecuador, con el fin de impulsar el ecosistema de emprendimiento tecnológico. La diferencia es que el evento no da a luz al ecosistema, sino el ecosistema da a luz al evento, y el ecosistema se da gracias a la condiciones que facilitan su existencia. Si queremos volvernos un país que promociona el emprendimiento tecnológico, tenemos que crear las condiciones para que ese emprendimiento se dé. Por más que sea escéptico de los beneficios del capitalismo, hasta René Ramírez debe reconocer que las empresas como Google han creado un beneficio enorme para los más pobres al democratizar acceso al conocimiento. Ojalá que el Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación regrese con ideas del potencial que existe —no cuando un gobierno— sino cuando un gobierno deja crear. 

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Razones por las que es imposible que el mayor evento de emprendimiento tecnológico del mundo exista en el Ecuador