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Newton Ferrers rompe la idea clásica del Reino Unido: es cálido, soleado y con áreas verdes abundantes. Esta pequeña villa, en el condado de Devon –a trescientos kilómetros al suroeste de Londres–, tiene algo que el resto de Inglaterra no. Aunque toda la isla de Gran Bretaña está bañada por el mismo océano, las aguas de Newton Ferrers son especiales: todos los días se retira la marea, y deja un espacio seco, donde es difícil creer que hasta hace poco hubo una ría ahí.

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Cuando viajo a un destino nuevo, lo armo en mi mente, como un rompecabezas. Pero con Newton Ferrers es imposible hacerlo: ¿cómo construir un lugar que cambia su paisaje tan drásticamente durante el día, todos los días? El ir y venir de la ría es aprovechado por los pobladores quienes han adaptado su forma de vida: cada familia tiene más de un bote para trasladarse en este brazo de mar y entre vecinos han construido –de forma artesanal– pequeños pasos peatonales que juntan sus orillas. Las casas están construidas a los dos lados de la ría, casi al nivel del agua y luego más arriba, a lo largo y alto de las montañas verdes que rodean este cuerpo de agua.

Lucila

Los humanos no podemos vivir sin agua, algunas ciudades, tampoco. En Venecia, las ambulancias, los correos y el transporte de la policía se movilizan sobre agua. Amsterdam aprovecha sus canales para difundir su cultura y paisajes. Guayaquil creció y se formó al perímetro del Estero Salado y sus ríos. En Newton Ferrers, sus pobladores la usan siempre: tienen botes, kayaks, veleros, jet skis o simplemente caminan junto a ella. En este pueblo, el agua no solo crea un paisaje de postal sino que es parte de la cotidianeidad de su gente.

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En primavera, a las cuatro de la tarde, las aguas desaparecen, y los pasos peatonales emergen creando un nuevo momento. Son caminos de cemento que la mitad del día están escondidos al fondo de la ría y la otra mitad son los senderos para cruzar el otro lado sin enlodarse los pies. El fondo de este brazo de mar se convierte en una estrecha calle y forma nuevos caminos para llegar a otros rincones del pueblo. Lo que se navegó hace poco, ahora se camina. Los botes encallados le dan un aspecto de tragedia al paisaje. Por un instante es fácil imaginar que se han quedado ahí sin poder moverse nunca más.

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A la ría y las casas de tejas grises en medio del intenso verde de Newton Ferrers, la decoran altas montañas que rodean este pueblo de calles empinadas. Para caminar, hay pasajes angostos con gradas que separan las casas y conectan las calles. Hay senderos peatonales en medio de coloridos jardines de las casas de ciudadanos particularmente amables. Newton Ferrers no es un destino popular entre turistas pero los pobladores se aseguran de que la estadía para los extraños sea agradable: entablan conversaciones casuales o responden las típicas preguntas de un visitante perdido, siempre con sonrisas. Es como si el pueblo se esforzara en diferenciarse del resto de su país.

Prueba 1

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Nunca completé el rompecabezas mental de Newton Ferrers. Las piezas en mi recuerdo fueron y siguen siendo intercambiables porque no existe un paisaje que predomine. Aún no decido si el pueblo aprovecha el agua o el agua aprovecha para descansar –un par de horas, todos los días– en Newton Ferrers.

 

Bajada

Todos los días la ría de este pueblo inglés se retira y transforma el paisaje

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