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Presidente Correa, usted anunció que para calmar el remezón político en el país, ha retirado temporalmente sus proyectos de ley de herencias y plusvalía. Dijo, en un tono de voz conciliador, hasta paternal, con el rostro casi entumecido, que la visita del Papa precisa de “paz, regocijo y reflexión”. Parecía desubicado, tal vez era el jet lag del viaje desde Europa. 

Como lo hace desde el 2006, jugó con la memoria manteniendo vivos a “los muertos políticos”: Bucaram, Mahuad, Lucio. Era una fórmula efectiva en los inicios de su gobierno, una época en la que decía lo que otros no se habían atrevido y logró articular en su discurso ese sentimiento nefasto de dolor ante el Feriado Bancario, por ejemplo. Ahora el escenario es diferente, su propio Gobierno también tiene su pasado y usted sigue hablando de los mismos ‘dinosaurios’. “¡Cuánta prepotencia también hay de ciertos empresarios! Jamás olvidar, después de la tragedia de 1999, al país no lo salvaron los ricos, sino los migrantes con las remesas””, dijo en su mensaje al país del lunes 15 de junio de 2015. ¿Y ahora, Comandante en Jefe, quién? Usted tuvo 72 mil millones de dólares —desde 2007— de ingresos petroleros. A pesar de eso, diseñó figuras legales para hacer público el dinero privado, como el Fondo de Cesantía del Magisterio.

“… No tenemos nada que ocultar, nada de qué arrepentirnos…” ¿Está seguro, Presidente? Han sido ocho años de sorpresas con usted: Pativideos, elaboración clandestina de armas en un cuarto de la Federación Deportiva del Guayas, contratos de Fabricio, fotos con Toral Zalamea, Balerio Estacio como su candidato, su primo Pedro que no regresa del matrimonio al que se fue a Miami, el asesinato del general Gabela, la estatización del fondo de cesantía del Magisterio, los Dhruv, la guerra en redes sociales, el juez Paredes y el fallo redactado presuntamente por su abogado Gutemberg Vera en contra de diario El Universo, prisión para Marcelo Rivera (ex director de la FEUE Nacional), las salvaguardias, las incautaciones de TC Televisión y Gama, su parcería con Lasso y otro banquero, sus asambleístas, sus propuestas de enmiendas constitucionales. 

La memoria de un pueblo no es tan frágil. Es desalentador que el Jefe de Estado diga que no se arrepiente de nada. Es desesperanzador que parezca totalmente sincero cuando lo dice. 

Al día siguiente de pedir paz, usted lanzó en Twitter un audio en que Nebot pide que el 25 de junio –en Guayaquil– salgan a las calles de la forma más humilde, no en autos de lujo como en Quito. Nebot dijo que esa no era su voz, pero aunque lo fuera: atacar el lujo fue la estrategia comunicacional más pesada que encontraron para descalificar a los quiteños que salieron a recibir al Presidente en Tababela. Los asesores gubernamentales pecaron de incautos.

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En el tuit, usted escribe: “¿Quién es el que engaña? ¡Cómo juegan con nuestra gente!”. Pero el audio tiene años circulando en internet. ¿Solo ellos engañan, Presidente?

Volvió a alzar a Nebot. Al que usted siempre invita a lanzarse a la presidencia para sepultarlo en las urnas, lo ha convertido en el político opositor más influyente en todo el país, una vez más. ¿Error o conveniencia? ¿Suerte o tripa? Usted no es ningún tonto, Presidente. Quienes lo cuestionan no tienen un abanderado político. Es mejor despotricar contra Nebot que crearle espacio a un político joven y sin pasado en quien confiar —como usted lo fue en 2006— para que se convierta en su sucesor. Los que no volverán a votar por la Revolución Ciudadana no tienen líder. Y eso es lapidario.

Según usted y sus acólitos, quienes nos engañan y llevan a las calles son los ricos, los aniñados, los pelucones la oposición y los medios de comunicación privados. Para ustedes, todos ellos son conspiradores. Esa es la arquitectura comunicacional para defender la revolución que se ha resquebrajado: el mismo discurso desde 2006. No se reinventan, no se arrepienten, no enmiendan, se mantienen y sobreviven… en demagogia.

Bajada

La memoria de un pueblo no es tan frágil