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Olvidemos el paso de Gerardo Martino por el FC Barcelona —equipo difícil para cualquiera—, el Tata es un hombre de buen fútbol. Lo tuvo cuando jugó y dirigió a Newells Old Boys. Lo que sucedió en el Sausalito de Viña del Mar fue que Argentina hizo lo que sabe: dominó, mereció ganar. Y aunque le falta contundencia (ha marcado los mismos goles que Bolivia), Argentina empieza a entender su figura: mantener la pelota en el campo rival y producir muchas ocasiones de peligro.

En el primer tiempo, la albiceleste fue radiante. Presionó tanto que los colombianos no pudieron salir de su lado de la cancha. Es sencillo: un equipo con hambre como la Argentina de Martino sale a cazar al rival desde el primer segundo. El cambio de Teófilo Gutiérrez por Edwin Cardona a los 23 minutos fue testimonial: Pékerman —padre de grandes figuras argentinas, incluyendo a Messi— no había planteado un equipo capaz de hacer frente a la calidad, entusiasmo y grandeza del enemigo.

Es por esto que los primeros cuarenta y cinco minutos se resumen en decenas de oportunidades gauchas, contra cero colombianas. Lionel Messi fue un imán de faltas: solo en el primer tiempo, sufrió nueve. Y aunque muchos dirán que esta —nuevamente— no es la Copa de Messi, el petiso muestra que ama su divisa y no le importa ser el principal objetivo del rival. Sergio ‘Kun’ Agüero y Javier Pastore juegan para el equipo. El del PSG se sacrifica en una posición que no es la suya —de medio en contención— solo por estar en el once, y aun así es esencial. El ex Independiente de Avellaneda es de los más potentes y efectivos que ha parido la República Argentina y la madre América.

De Colombia no se puede decir mucho. Los paisas prometieron demasiado y demostraron muy poco. Su eliminación estaba anunciada. Aquel libreto de “hacer un gran papel en la Copa América como en el Mundial” solo lo llevó a Chile el portero del Arsenal inglés, David Ospina, que se merece un monumento: ahogó seis gritos de gol imparables de Argentina. Messi se agarró la cabeza, Otamendi se dio contra el piso, Di María movió su cabeza en negación; pero la esperanza cafetera duro 94 minutos, gracias al último hombre de su selección: Ospina.

Es cierto que los cafeteros llegaron mermados a este certamen, pero sus figuras (James Rodríguez, Radamel Falcao, Jackson Martínez, Carlos Bacca, Juan Guillermo Cuadrado, entre otros) estuvieron allí. Colombia se derrumbó por pura presión: la urgencia de estacionar el nombre en alto, pero sobre todo la que le aplicó Argentina. En el partido de cuartos, James no apareció jamás. Cuando Falcao calentaba para ingresar, parecía ser la esperanza de esta selección que había perdido aquella ambición que protagonizó en Brasil 2014, y cuando entró, solo fue protagonista de una falta que cometió. El objetivo se confundió, Colombia perdió las ganas y Pékerman, lo sabía. El técnico argentino no lució molesto, ni impaciente, sabía que los once futbolistas rivales esperan alzar la Copa, mientras que sus dirigidos carecen de ese deseo, como si no creyeran en sí mismos.

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En el segundo tiempo, Argentina quería, pero las piernas ya pesaban. Los regates no eran los correctos y siempre había alguien —como Murillo en el minuto 87 para sacar la pelota de la raya— que impidiera el gol. Colombia fue pura resistencia, y logró llevar la eliminatoria a penales, como si esperara que todo se resolviera en un duelo entre arqueros: Ospina, de 1.83 metros, que se había lucido en todo el partido, versus el ‘Chiquito’ Romero, de 1.92, que solo había asomado en una jugada. Pero en las manos de los arqueros no estuvo el destino de nadie: no importa cuántos ni quienes digan que los penales son una lotería, la suerte no puede ser culpable de los disparos que sacaron los colombianos Muriel y Murillo.

Y al final, apareció Tevez. Argentinos y colombianos tuvieron que fallar cuatro penales seguidos para que el Apache tuviera su revancha. El banqueado delantero, que ha dejado millones de reales, euros y dólares en su carrera para volver a su Boca Juniors querido —pocos quedan como él—, tocó la gloria clasificando a su equipo a semifinal en la última ejecución de un partido en el que poco había hecho. El mismo que había fallado el penal que dejó a Argentina afuera de su Copa América, en 2011 contra Uruguay, volvió a convertirse en héroe. Gracias a Tevez, ese código de Hammurabi que es el karma puede llamarse justicia. Argentina regaló fútbol y Colombia no pudo igualarlo; lo amortiguó por momentos, pero nunca estuvo a la par.

Bajada

Tevez se redime en un partido en que David Ospina lo hizo todo, menos ganar.

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