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Desde que fue electo como Presidente por primera vez en Noviembre del 2006, a Rafael Correa le ha ido bien con los números. Él y su movimiento Alianza País han ganado con abrumadoras mayorías casi todas las elecciones en las que han participado (fue reelecto en las primeras vueltas de 2009 y 2013 con 52% y 57% del voto popular), y los niveles de aprobación de su gobierno, reportados por varias encuestadoras a lo largo de estos años, han fluctuado entre el 50% y el 70% de la población. Estos números son inusitados, no solo en el Ecuador, sino en toda América Latina: un fenómeno reservado a regímenes basados en figuras carismáticas, como Velasco Ibarra o Perón. Últimamente, sin embargo, ese apoyo parecería deteriorarse: la caída del precio del petróleo ha desembocado en una serie de eventos y ajustes que han afectado el normal funcionamiento del régimen –acostumbrado a una catarata de petrodólares– y ha afectado a los ciudadanos en donde más les duele: en sus bolsillos. Las voces críticas cada vez son más –y hablan más claro–, desnudando al gobierno de Correa en sus puntos más débiles. Las manifestaciones de marzo y las que se anuncian para mayo, las batallas perdidas en redes sociales, y una serie de tropiezos inesperados no hacen sino alimentar la sensación generalizada de que el apoyo al correísmo empieza a flaquear. 

¿Se puede medir de alguna manera este deterioro en el apoyo a Correa? Es posible que sí. Este artículo es un breve análisis –basado en datos de encuestas– de cómo el apoyo a Correa ha cambiado desde la elección de noviembre de 2006 hasta febrero del 2014.  Retomo desde otra perspectiva una pregunta que ya me había hecho antes: ¿quién vota por Rafael Correa?, pero examino además cómo ha ido cambiando a lo largo del tiempo el voto correísta. Centro mi análisis en dos relaciones: la relación entre el nivel de educación del votante y su apoyo a Rafael Correa, y la relación entre ideología del votante y su apoyo a Correa. 

Un par de puntualizaciones metodológicas

***(Si a Ud., amable lector, no le interesan los detalles técnicos de los procedimientos estadísticos realizados, sin ningún problema puede saltarse ésta sección e ir directamente a Voto por nivel de Educación)***

La primera limitación del análisis que realizo aquí es que se basa en datos de encuesta. Como es de conocimiento general, los datos de encuesta no brindan resultados 100% exactos. Esto se debe a que las muestras seleccionadas para encuestar no siempre son representativas de la población general, y, además, a que las respuestas de los encuestados contienen un número de sesgos –ya sea porque al contestar, las personas no recuerdan lo que hicieron o simplemente porque prefieren no decir la verdad. A favor del análisis de datos de encuesta puedo decir que el efecto de estos sesgos disminuye a medida que la muestra sea mayor, siempre y cuando esté bien diseñada (siguiendo reglas estadísticas estrictas). Todos los datos que utilizo provienen de las encuestas AmericasBarometer, producidas por el Latin American Public Opinion Project de la Universidad de Vanderbilt –probablemente las encuestas con mejor reputación en lo que tiene que ver con actitudes políticas en Latinoamérica. En resumen, si bien el análisis de datos de encuesta no brinda números exactos sobre el comportamiento político de las sociedades, sí brinda aproximaciones válidas e informativas.

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La segunda limitación que enfrento al realizar este análisis es que la última encuesta a la cual tengo acceso fue realizada en Febrero del 2014. En ciencias sociales es difícil extrapolar resultados en el tiempo, pero varios factores parecen indicar que es a partir de entonces cuanto más se ha visto erosionado el apoyo a Correa. Es altamente probable que si se midiese la intención de voto de los ecuatorianos hoy día, los niveles de apoyo a Correa serían más bajos que en Febrero del 2014. Las elecciones seccionales de ese año ya fueron un primer síntoma.  Después, una serie de ajustes que han afectado a la economía de buena parte de la población –sumada a las meteduras de pata y mañoserías que no son ninguna novedad por parte del gobierno– parecerían haber afectado seriamente la popularidad del gobierno de Correa en el último año.

Teniendo en cuenta estas dos limitaciones, estimo modelos de regresión logística para examinar el apoyo a Correa, utilizando dos variables dependientes:

En los casos de las elecciones de 2006, 2009 y 2013, la variable dependiente utilizada fue la de recuerdo de voto en la elección pasada. La pregunta exacta que la encuesta incluía en su cuestionario fue: “¿Por quien votó para Presidente en las últimas elecciones presidenciales de __________?”.  Esta variable fue recodificada de la siguiente manera: “1 = Rafael Correa; 0 = todas las otras respuestas”.  Para la elección del 2006, se utilizó la base de datos de los AmericasBarometers 2008 (realizada en Febrero de 2008), para la elección de 2009 se utilizó la base de datos del 2010 (realizada en Febrero de 2010), y para la elección de 2013, se utilizó la base de datos del 2014 (realizada en Febrero de 2014).

Para la proyección de voto por Correa en la próxima elección de 2017, utilicé la variable dependiente de intención de voto.  La pregunta incluida en la encuesta decía “¿Si este domingo fueran las próximas elecciones presidenciales, por qué partido votaría usted?” y fue recodificada de la siguiente manera: “1= Votaría por el partido o candidato del actual presidente; 0 = todas las otras respuestas”.  La base de datos utilizada fue la de los AmericasBarometers 2014 (realizada en Febrero del 2014).

Aparte del nivel de educación y la ideología, que son las dos variables en cuyos efectos se concentra mi análisis, en todos los modelos de regresión se incluyeron como variables independientes las siguientes: género, edad, ámbito de residencia (urbano o rural), riqueza (medida en deciles), evaluación de la economía del país (retrospectiva) y evaluación de la economía personal (retrospectiva). Información más detallada sobre los resultados completos de los modelos de regresión pueden ser encontrados en este apéndice.

Voto por Correa por nivel de educación

La primera relación que examino es entre el nivel de apoyo al Presidente del Ecuador por nivel de educación, medida en años de educación formal. El gráfico expuesto presenta los porcentajes estimados de voto por Correa después de la estimación de los modelos de regresión logística.

Education

Como se puede ver, los resultados obtenidos para las elecciones del 2006 y 2009 son prácticamente idénticos.  Promedios de voto estables de aproximadamente 60% para todas las personas, sin importar sus años de educación. Tanto quienes no tenían ninguna educación formal, como quienes habían terminado estudios superiores muestran la misma proporción de voto por Correa.

En la elección del 2013 se empieza a notar un cambio interesante.  En términos generales, el promedio para toda la muestra sigue siendo de alrededor de 60%. Pero por primera vez se notan diferencias en cuanto a niveles de educación. Se ve que la gente con menos educación fue la que más respondió haber votado por Correa en el 2013: el porcentaje estimado para las personas con cero años de educación es de 66.4%, mientras que el de las personas con 18 o más años de educación es de 57.6%. Correa, en general, sigue obteniendo un fuerte respaldo a través de toda la población, pero las diferencias por niveles de educación se empiezan a notar levemente.  

La proyección para las elecciones del 2017 muestra dos hallazgos importantes. Primero, el apoyo a Correa (medido en este caso en intención de voto por él), en general, baja para toda la muestra.  Si en las elecciones de 2006, 2009 y 2013 el promedio de recuerdo de voto por Correa era de aproximadamente 60% en los tres casos, la intención de voto por él para el 2017 tiene un promedio de alrededor del 50% (para el total de la población). Por supuesto éste sigue siendo un número altísimo, pero el hecho de que este promedio global haya bajado cerca de diez puntos en un año da a notar el importante desgaste que el gobierno de Correa obtuvo entre la elección de Febrero del 2013 y Febrero del 2014, cuando la encuesta fue realizada. La campaña para las elecciones seccionales del 2014, en la que Alianza País y el mismo Correa cometieron varios errores, puede explicar algo de la disminución en los niveles de apoyo.

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El segundo hallazgo de la proyección para el 2017 es que el efecto negativo de la educación en el apoyo a Correa se ve fortalecido. La diferencia entre quienes no tienen ninguna educación formal y las personas que cuentan con 18 años de educación es de casi 20 puntos: la estimación para los primeros es del 59.2% de intención de voto por Correa, mientras para los segundos es del 41.2%.  La tendencia que se había notado por primera vez en la elección del 2013, donde se veía que Correa empezaba a perder apoyo de los sectores más educados del electorado, se ve claramente confirmada en la proyección de voto para el 2017.

Voto por Correa por ideología

En sus principios como político activo, y como candidato presidencial, Correa se erigió claramente como un candidato de izquierda. Numerosas organizaciones y partidos políticos de esta tendencia respaldaron su candidatura y lo llevaron al poder en el 2006. Esto, sin embargo, ha ido cambiando de forma visible a medida que ha transcurrido el tiempo y que los círculos más derechistas del correísmo han ido ganando poder dentro del gobierno.  Varias de las figuras y organizaciones de izquierda que lo apoyaron en un principio han abandonado el régimen poco a poco, hasta que su presencia ha desaparecido casi por completo.  ¿Se ve lo mismo cuando se analiza la relación entre ideología de los votantes y voto por Correa? ¿Votan por él los izquierdistas o los derechistas? ¿Ha cambiado esto a través de los años?

Antes de analizar la relación entre ideología de los ciudadanos y voto por Correa, es ilustrativo ver cómo nos situamos los ecuatorianos en la escala ideológica que va de la “izquierda” a la “derecha”.  Es cierto que varios analistas argumentan que a éstas alturas de la historia tal tipo de escala ha dejado de tener sentido casi por completo, al ser una escala carente de contenido en muchos contextos. Sin embargo, hay todavía importantes corrientes teóricas que defienden que la escala todavía funciona para muchas personas como un “shortcut” político: un atajo que facilita la toma de decisiones políticas (sobretodo electorales).  Normalmente, suele haber cierta congruencia entre el posicionamiento ideológico de una persona y su comportamiento electoral: alguien que se considera de izquierdas, por ejemplo, tenderá a votar por un partido que considere de izquierdas. Lo mismo para el resto de posiciones ideológicas.

El gráfico presentado aquí abajo muestra cómo ha ido cambiando el posicionamiento ideológico de los ecuatorianos en la escala de la izquierda a la derecha, desde el 2008 al 2014.  La pregunta utilizada en las encuestas para medir este posicionamiento fue: “En esta hoja hay una escala de 1 a 10 que va de izquierda a derecha, donde 1 significa izquierda y el 10 significa derecha. Hoy en día mucha gente, cuando conversa de tendencias políticas, habla de gente que simpatiza más con la izquierda y de gente que simpatiza más con la derecha. Según el sentido que tengan para usted los términos «izquierda» y «derecha» cuando piensa sobre su punto de vista político, ¿dónde se colocaría usted en esta escala?” 

Ideology 4yrs

A inicios del 2008, un año después de que Rafael Correa asumió por primera vez la presidencia de la república, se ve un posicionamiento ideológico bastante balanceado entre ambos extremos. Si bien hay un grupo importante (de cerca del 10%) que se ubica en la extrema izquierda, la gran mayoría de gente se ubica en las categorías intermedias de la escala: el “5” y el “6”.  En las dos encuestas posteriores, la del 2010 y la del 2012, se ve una distribución similar, salvo la diferencia de que en estos años la categoría “5” se convierte claramente en la categoría con la que más gente se identifica.  En este punto me parece relevante un comentario personal sobre lo que considero un diseño no óptimo de la escala utilizada en la pregunta: al fijar los puntos extremos en “1” = izquierda y “10” = derecha, automáticamente se impide que los encuestados puedan elegir un punto que se encuentre en el centro exacto de la escala (ya que el centro estaría en 5.5, y esa categoría no existe entre las posibles respuestas). Una escala óptima en este tipo de preguntas sería una de 11 puntos, donde por ejemplo “0” signifique “extrema izquierda” y “10” signifique “extrema derecha”; dejando así claramente el punto intermedio en la categoría “5”. Ahora, si bien el “5” no es el centro aritmético de la escala utilizada por los AmericasBarometers, no es arriesgado intuir que los ecuatorianos tendemos más a situarnos en el centro de la escala ideológica, y que cuando contestamos “5” a una pregunta como ésta, estamos expresando que no nos sentimos ni de izquierdas ni de derechas.  

En la encuesta hecha en el 2014 sí se nota un leve desplazamiento del posicionamiento ideológico hacia la izquierda.  Si bien la categoría “5” sigue siendo la más popular entre los encuestados, casi un 45% de la muestra se sitúa en la parte izquierda de la escala (categorías “1” – “4”): el porcentaje más alto –por mucho– en comparación a los otros años.  Por otro lado, también se ve un incremento en la cantidad de gente que se ubica en la extrema derecha: de un promedio de 7% en las encuestas pasadas, pasa a un 9.4% en el 2014. Este tipo de fenómeno –un desplazamiento general hacia la izquierda al mismo tiempo que un incremento de la gente que se ubica en la extrema derecha– es un síntoma de polarización política. Por supuesto, no hace falta revisar datos de posicionamiento ideológico para darse cuenta de los procesos de polarización operando en el Ecuador hoy en día, pero siempre es interesante corroborar nuestras sensaciones del día a día con datos algo más concretos.

Después de este breve vistazo a la evolución del posicionamiento ideológico en el Ecuador a lo largo del correísmo, paso a revisar la influencia de la ideología en el apoyo a Correa.  Como con el gráfico por años de educación, aquí presento los porcentajes estimados de voto por Correa después de la estimación de los modelos de regresión logística.

Ideology

El primer hallazgo relevante que el gráfico ilustra es que en la elección del 2006 había una clara e importante influencia de la ideología en el voto por Correa: aquellas personas que se identificaban más con la izquierda tendían a votar, en promedio, mucho más por Correa (71.9% fue el promedio para quienes contestaron “1”) que aquellas que se ubicaban a la derecha de la escala (48.7% fue el promedio para quienes contestaron “10”).  En las subsecuentes elecciones, este efecto se fue reduciendo, hasta desaparecer por completo (en términos estadísticos, solamente en la elección del 2006 tuvo la ideología un efecto estadísticamente significativo en el voto a Correa: ver el apéndice).

En el 2009 y el 2013, como se vio en el análisis por años de educación, el promedio general de apoyo para toda la muestra se mantiene alrededor del 60%, pero ya no se distinguen diferencias en niveles de voto entre izquierdistas y derechistas. Este hallazgo de no-relación entre ideología y apoyo a Correa se confirma en la proyección para la elección del 2017, con la única diferencia de que –como también ya habíamos visto antes– el promedio general de intención de voto por Correa para toda la muestra desciende cerca de 10 puntos hasta ubicarse aproximadamente en el 50%. 

A manera de conclusiones 

Son varios los hallazgos de los análisis presentados en este artículo. Primero, se ve que –sobre todo a partir de inicios del 2014– los sectores más educados de la sociedad ecuatoriana empiezan a desencantarse con el correísmo. Esto es algo que ya se empezaba a notar en el voto por Correa en la elección del 2013, pero que se ve confirmado con claridad en la proyección para la elección del 2017.

Segundo, se puede ver que Alianza País (¿o debería hablar de Rafael Correa?) pasó de ser un movimiento que recibía mayoritariamente el apoyo de las “izquierdas” a un movimiento “catch-all”: que recoge el apoyo transversal de todas las posiciones ideológicas en la sociedad. Ojo -esto no quiere decir que sea un partido de “centro”: más bien quiere decir que no tiene inconvenientes en moldear su discurso –su ideología– según el viento sople, o según le parezca al líder. El correísmo puede algunas veces presentarse como un gobierno de izquierda, pero al mismo tiempo, aplicar medidas consideradas más de derecha, si eso le sirve electoralmente o para mantener algún equilibrio entre las varias facciones que operan dentro del régimen.

Por último, se puede ver que es clara la tendencia decreciente de los últimos años en cuanto al apoyo a Correa se refiere.  No sería aventurado pronosticar que si hubo una disminución en el nivel de apoyo a Correa de cerca de 10 puntos entre Febrero del 2013 y Febrero del 2014, la tendencia se mantenga en la misma línea. Es más, datos de encuestas recientes lo confirman: los números de aprobación a la gestión del presidente han caído a los niveles más bajos desde el 2010.

Es aventurado ofrecer a estas alturas pronósticos para las elecciones del 2017. Por un lado, dadas las serias reformas aplicadas en los últimos meses, y el panorama incierto (por no decir oscuro) en cuanto al precio del petróleo, no es difícil intuir que el correísmo enfrentará en estos próximos dos años su período más difícil.  La escasez de liquidez –por sobre todos los otros factores– hace pensar que un creciente desgaste del apoyo a Rafael Correa es inevitable.  Por otro lado, hay que acordarse de que el correísmo siempre ha contado con inteligentes estrategas cuando se ha tratado de competencia electoral. No hay que descartar cualquier as bajo la manga que Alianza País pueda sacar, además de que –sea Correa su candidato presidencial en el 2017 o no– no hay duda de que pondrá en marcha su inmensa maquinaria propagandística para mantenerse en el poder.  Nos esperan dos años interesantes, donde el abanico de posibilidades para las próximas elecciones presidenciales, por primera vez en un buen tiempo, parece estar bastante abierto.

Bajada

Las presidenciales 2017 serán las elecciones más abiertas en una década

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