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La muerte le debe mucho a Terry Pratchett. Ella es el personaje más popular de las cuarenta y un novelas de Discworld, la saga de fantasía y humor de este escritor británico en la que el mundo, plano y redondo, está sostenido por cuatro elefantes sobre el lomo de una gran tortuga que viaja por el espacio. En esta serie que ha vendido más de ochenta millones de libros, los magos –otros personajes en este universo– pueden ver a la muerte, tienen conversaciones con ella, y saben cuándo llegará. Nada de eso les sirve para evitarla.  Pratchett –que en sus textos tejió conceptos tan disímiles entre sí como el humor y la teología– tampoco evitó su cita con ella. Durante sus últimos años se dedicó a explorar el Alzheimer, la enfermedad que lo apagó de forma paulatina. También se convirtió en un activista de la eutanasia, pero él partió de  manera natural: la muerte llegó mientras dormía junto a su gato el jueves pasado. Ya la esperaba desde hace rato.

En el 2007, Pratchett acudió a un desayuno en la Casa Blanca con los Bush. Mientras se alistaba, no logró abotonarse la camisa con facilidad. Sumado a las complicaciones que ya tenía para utilizar la computadora le hizo pensar que algo no estaba bien. Fue diagnosticado con Atrofia Cortical Posterior, un extraño tipo de Alzheimer que, además de restarle capacidad para realizar movimientos, le afectaba la memoria a corto plazo y le impedía reconocer personas y cosas. “El Alzheimer se arrepentirá de haberse cruzado conmigo”, dijo Pratchett e hizo pública su enfermedad. Donó un millón de dólares para investigaciones. Personas que viven con Alzheimer de todas partes del mundo le escribieron miles de cartas. Así empezó a enfrentarse también a la muerte de otros.

El mismo hombre que había forjado en piedra la espada con la que fue investido de caballero de Inglaterra, ahora necesitaba un asistente para terminar sus dos últimos libros. El Alzheimer aniquiló sus capacidades motoras, pero aún no estaba listo para morir y halló la manera de seguir escribiendo.

Las aproximaciones a su enfermedad y su muerte abarcan dos trabajos documentales con la BBC. El primero se emitió en el 2009 y es una serie de dos partes llamada Terry Pratchett: Living with Alzheimer’s. Está también Choosing to die. En este último, el escritor visita y entrevista a dos enfermos terminales que buscan el suicidio asistido por medio de la ONG suiza Dignitas. Sus vidas, sus familias y sus circunstancias son el reflejo de lo que él podía haber atravesado si esa hubiese sido también su decisión. Sin embargo, la eutanasia estaba lejos de ser una opción para él por la naturaleza de su enfermedad que al final afectó sus facultades mentales. Pratchett acompañó a uno de sus entrevistados hasta su muerte programada. Es el momento más conmovedor del documental. Allí vemos al escritor que hoy ya no está en el mundo mirando a la muerte a la cara. Le afecta, lo golpea y nos golpea también.

En su libro Reaper Man, el undécimo de la saga Discworld, Pratchett mata a la muerte, o al menos la desaparece. Su universo pierde el orden, porque un sitio con vidas eternas no puede ser más que caótico. El día de su deceso, Rob Wilkins -su asistente-  escribió una serie de tweets, jugando con la mitología de la saga y su estilo literario.

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Twitt

Lejos de Discworld, en este mundo, fue la muerte quién ganó.

Fin.

Bajada

Un repaso breve por la vida de Terry Pratchett

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