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La semana pasada se publicó en esta página un texto de defensa posmoderna de Mashi Rafael –como el presidente Correa se hace llamar en redes sociales–, en el que se hacía un análisis de la hostilidad que mantienen una buena parte de los medios de comunicación privados hacia Rafael Correa. Dice el autor del texto, José Miguel Cabrera, que se ha creado un monstruo, y tiene razón, pero se equivoca cuando piensa que es una creación exclusiva de los medios de comunicación privados. El monstruo se creó a sí mismo.

La animadversión entre Correa y los medios privados, no se basa exclusivamente en la posición opositora que estos promueven, sino que es alimentada por el Presidente por dos motivos fundamentales: en primer lugar, él conoce de sobra la influencia que los medios de comunicación privados pueden tener en el pueblo, y, por otro, ante la ausencia de un líder opositor claro, necesita tener un enemigo al cual enfrentarse, especialmente en períodos no electorales.

Es preciso señalar que la hostilidad de los medios privados hacia Correa no siempre existió. Basta recordar el apoyo expreso que recibió en la campaña del año 2006 de parte de uno de los medios más influyentes del Ecuador, Ecuavisa. Recuerdo una entrevista que le hizo Carlos Vera en 2006 al entonces presidente electo en la que se dedicaron elogios mutuos. Era un Correa prudente y conciliador y un Carlos Vera satisfecho de que haya sido él el inquilino de Carondelet, y no Álvaro Noboa. La cordialidad entre Vera y Correa duró muy poco, y hoy son enemigos acérrimos. El resultado fue que el entrevistador ya no está en Ecuavisa y, por lo tanto, su radio de influencia en la opinión pública se ha disminuido considerablemente.

Las primeras encuestas en las elecciones de 2006 le daban al entonces desconocido Rafael Correa un 5% de intención de voto, pero una buena campaña electoral –con un discurso innovador y agresivo–, y el apoyo decidido de ciertos medios de comunicación privados lo llevaron a disputar la segunda vuelta con Álvaro Noboa. Este último se encargó de hacer el resto para que Rafael Correa gane la Presidencia de la República. Correa era consciente de que sin el apoyo de los medios habría sido muy difícil, por no decir imposible, que hubiera accedido a la disputa con Noboa. Una vez en Carondelet, Correa quiere evitar que otras personas se pudiesen beneficiar –como él– del apoyo de los medios de comunicación privados, en detrimento suyo.

Es cierto que muchos medios privados actúan como agentes opositores del régimen. Eso es algo perfectamente válido en un Estado democrático, el problema es que esos medios, en su mayoría, tratan de aparentar imparcialidad. El enfoque que se le da a las noticias y los artículos de opinión que se publican suelen ser muy similares: criticar al Gobierno y dejar en un segundo plano los aciertos –a mi criterio son pocos pero los hay–. La misma observación se puede realizar a los medios de comunicación públicos, solo que a la inversa. Cabe decir, eso sí, que la Ley Orgánica de Comunicación y el Código de la Democracia dificultan en gran medida que los medios de comunicación puedan adoptar una posición respecto de ciertos temas, a riesgo de ser severamente sancionados.

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En la defensa posmoderna de MashiRafael se cuestiona las entrevistas que se realizaron en dos programas de medios de comunicación privados: Contacto Directo en Ecuavisa y Los Desayunos en Teleamazonas. Dice el autor de la “defensa posmoderna” que los conductores de ambos espacios –Alfredo Pinargote y María Josefa Coronel– son menos o más incisivos al preguntar en función del actor político que tienen en frente. Las críticas son válidas, sin embargo Cabrera olvida mencionar dos aspectos importantes: la prohibición de Correa a sus ministros para que otorgaran entrevistas en medios de comunicación privados –prohibición que fue levantada por necesidades propias del Gobierno – lo que hizo que durante un tiempo los medios privados solo puedan tener una versión de los hechos, y que en los medios de comunicación públicos las entrevistas eran tan o más vergonzosas, como se podía apreciar cuando Carlos Ochoa –hoy Superintendente de Comunicación e Información– era director de informativos de GamaTV. Esta entrevista es solo una de las tantas pruebas de ello.

Lo grave del asunto es que, si bien existen críticas desproporcionadas al primer mandatario, Mashi Rafael ha perdido el control. En un principio, consiguió que los personajes más incómodos que trabajaban en medios de comunicación privados fuesen sacados, como fue el caso de Vera y de Jorge Ortiz, pero a partir del juicio contra El Universo, se observa una persecución que pone en riesgo la libertad de expresión en el país. Nadie en su sano juicio puede pensar que el acoso sufrido por la persona detrás de la cuenta @CrudoEcuador en Tuiter era justificable. Su único “delito” fue hacer un meme de la foto en la que aparece Rafael Correa de compras en un centro comercial de lujo en Amsterdam. La condena para medios o críticos que exageran sus argumentos, o insisten en falacias para descalificar por calificar es perder su credibilidad. La cruzada que Mashi Rafael lanzó contra ellos no solo no era necesaria, sino perjudicial para el país.

Por si lo anterior no fuera demencial, ahora se pretende perseguir a Xavier Bonilla – conocido como Bonil– por una caricatura que, en lo personal no me resultó graciosa, pero que, en ningún caso, fue discriminatoria contra el asambleísta Agustín Delgado. En ella, Bonil se burlaba de Delgado por su incapacidad de leer un discurso en la Asamblea. Estoy convencido que Bonil habría hecho la misma caricatura si el asambleísta incapaz de leer fuese blanco. El expediente iniciado contra Bonilla ha sido remitido a la Fiscalía para que investigue un presunto delito de odio. Incluso, según la cuenta de tuiter @Gladys_ec, Hermes Campoverde, Intendente de Información, dijo en una entrevista en Radio Forever “no vamos a permitir el doble sentido ni la burla, el humor es algo serio”; es decir nos quieren quitar incluso la posibilidad de reírnos. Esa es la dimensión del absurdo al que Mashi Rafael está llegando en su guerra contra los medios de comunicación (a la que ha sumado a las cuentas opositoras en redes sociales).

Es verdad que el actual Gobierno ha construido carreteras, escuelas y unos cuantos hospitales –aunque no parecen funcionar muy bien– y que ha mejorado de forma considerable los servicios en el sector público. Estos aciertos suelen estar en un segundo plano en los medios de comunicación privados. Sin embargo, es más cierto aún que el Presidente se ha vuelto intolerable a las críticas y sufre de una hipersensibilidad crónica, tal como apuntó John Oliver en el programa en el que  lo satirizó.

Los medios de comunicación tienen la obligación y el deber de criticar a los Gobiernos, para que tomen los correctivos necesarios en beneficio de la ciudadanía. Es algo que el Presidente está lejos de comprender. Para él, quien critica es un enemigo, y es puesto bajo la lupa del Gobierno. Los enlaces sabatinos de Correa parecen un circo romano, en el que se condena o se absuelve a los ciudadanos en función de lo que decida Mashi Rafael. Es verdad, algo de responsabilidad tienen los medios del presidente hipersensible y reacio a las críticas que tenemos, pero hay que decirlo con claridad: él es el principal responsable del intolerante en que se ha convertido.

 

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Una respuesta a la defensa posmoderna de MashiRafael