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Quienes éramos jóvenes en la década de los noventa recordamos el diálogo entre los personajes de  Charles (Hugh Grant) y Carrie (Andie MacDowell) en Cuatro bodas y un funeral (1994), en el que la protagonista enumera a sus parejas sexuales. La cuenta llega a treinta y tres. Ni mucho ni poco. “Jamás debería tratarse de uno solo hombre”, sentencia Carrie. Al igual que el sorprendido pretendiente, a más de un espectador recatado la cifra también le parece escandalosa,  e, inevitablemente, debió preguntarse: ¿cuántos amantes tiene la mujer promedio?

De entre las que fueron iniciadas solamente por el  cónyuge en el lecho nupcial y aquellas que llevan anotados los nombres de sus romances en una libreta para irlos recordando -una conocida de la universidad pintaba también las banderas de sus países y  puntuaba su desempeño con estrellas amarillas– hay una brecha considerable, pero más aún, existe la construcción de una historia que se cuenta utilizando el sexo como una herramienta para conocer el mundo por medio de experiencias tan gratificantes como desastrosas. De esto trata justamente la última película de Lars Von Trier, Nynf()maniac (2013) –estrenada en el Festival de Cannes del 2013–, cuya llegada al Ecuador probablemente no ocurrirá jamás.

Viaje a lo profundo del útero.

Lars Von Trier es iconoclasta, subversivo y busca incomodar. Sus historias blasfemas y truculentas –pero con una narrativa que sorprende con sus impiadosos giros de tuerca– están pensadas con la impecable construcción de un hábil ingeniero de misiles, de cañones, de instrumentos diseñados para no dejar un solo cuerpo en pie. Hay quienes argumentan que sus últimos productos como Anticristo (2009) y Melancolía (2011) se sienten pretenciosos, a más de repetir demasiado la fórmula de cohesión de fragmentos narrativos temáticos que siempre lo ha singularizado, pero Nynf()maniac no puede ser vista sin que su honestidad con respeto a la vulnerabilidad y el poder que da el sexo a las mujeres, consterne y cuestione.

Armada a base de dos volúmenes de aproximadamente hora y media de duración, la primera parte de Nynf()maniac trata de la madurez y adultez sexual de Joe (Charlotte Gainsbourg), y toma como punto culminante su encuentro con quien cree es su amor verdadero, Jerome (Shia LaBeouf). Para una mujer que ha empleado su sexo como un puente de conocimiento más bien antropológico, el dar con el amor del displicente Jerome la caotiza e ilumina. Esto significa hacerse cargo de todos los pre-conceptos acerca del erotismo y el romance que para las mujeres viene junto con el establecerse con una pareja. En esta primera parte del film, Lars Von Trier relata una  historia de amor desde la voz de una mujer para la que –citando a Ariadna Gil en el corto El columpio– es muy duro ser romántica y ninfómana a la vez.

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Pero la ingenuidad dura poco. La segunda parte de  de Nynf()maniac es un camino tortuoso a lo profundo del útero de Joe: su maternidad, la pérdida de su orgasmo esencial y todo lo que está dispuesta a hacer para asumirse a sí misma como una mujer a quien solamente el sexo puede  darle todo lo que necesita, algo en lo que ni siquiera una familia puede completarla.

Sí molesta el tono de moralina final de Lars Von Trier. Un tufillo que ha venido hediendo a lo largo de toda la película y que se metaforiza en el golpeado cuerpo de Joe, una mujer harta de follar sin rumbo que deja de desear y se convierte en un fardo doloroso, desesperada por volver de su historia una lección de la que otros deben aprender, donde no hay ninguna posibilidad de piedad o redención.

Sinfonía polifónica de un solo amante.

En uno de los bloques narrativos de la película, Joe sintetiza para su nuevo amigo, Seligman, su vida erótica a partir de la definición tradicional de lo que es una ninfómana, una mujer a quien todos los hombres no le bastan para sentirse llena. Ella afirma que completa o no, todos los hombres pueden resumirse solamente tres tipos: los que complacen, lo que someten y a los que una ama. Y así esta polifonía de falos, pieles y jadeos, suenan como un solo hombre completo que resume la vida erótica de cualquier mujer hasta que llega al hartazgo y decide no abrir nunca más las piernas para nadie. Si todos los hombres son entonces el mismo hombre, ¿para qué seguir follando?

La historia de O, Emmanuelle, Las edades de Lulú, Cincuenta sombras de Grey –que se estrenó este 13 de Febrero– y otras, son otros relatos en que una mujer realiza un recorrido de formación sexual, pero la diferencia está en que las protagonistas de los filmes citados han sido seducidas y llevadas por una segura mano masculina (usualmente viciosa y perversa). Ya en medio del paroxismo orgiástico, ellas se relajan y gozan, pero hay que tener presente que este aprendizaje ha sido trazado en nuestra cultura, usualmente, por los hombres.  Joe –suicida e inmolada en su propia ley de goce–, no necesita un padre, un amante, un amigo, un hijo que le indique dónde está el camino de su cuerpo: ella sabe extraviarse  muy bien sola.

 

 

Bajada

El relato de una mujer que sabe perderse sola