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Cada plato se prepara al momento. Si vas con mucha hambre, logras adivinar exactamente cuándo saldrá el tuyo tan solo por olfato. Asegúrate de pedir una porción de chifles y una cerveza para esperar mientras cantas El Puma o Rafael, fijos en el parlante del local.

Hablar de picanterías en Guayaquil podría resumirse a chuchaqui, ají y manteles floreados sobre los que te sirven el encebollado, sin embargo, desde el momento en que te sientas en La Culata y percibes el olor de lo que se cocina, sabes que será distinto (a excepción del ají. No se puede dejar de mencionar su ají).

El lugar tiene fama. Solía ser un bar donde Freddy Girón, su propietario, recibía a gente de la escena cultural local (piensa en ese personal de Barricaña y el desaparecido Gran Cacao). El bar evolucionó a restaurante desde la regeneración de la zona y es visitado por cualquier cristiano que se encuentre buscando fiesta de mariscos, pues se sabe que en este sitio ofrecen las mejores.

La sazón que te hace volver y probar todo lo que está en la carta, es de Miriam Herrera, a quien no hace falta conocer para entender por qué Freddy le pidió matrimonio. La palabra clave es Manabí.

Cada plato se prepara al momento. Si vas con mucha hambre, logras adivinar exactamente cuándo saldrá el tuyo tan solo por olfato. Asegúrate de pedir una porción de chifles y una cerveza para esperar mientras cantas El Puma o Rafael, fijos en el parlante del local.

Para empezar, pide un encurtido de pescado, que no tiene nada que envidiarle al ceviche peruano. Es perfecto en acidez y te lo sirven con aguacate. Si estás de humor para más cítricos acompáñalo con una limonada, pero olvídate del jugo de limón exprimido al apuro, esta es la verdadera limonada licuada con cáscara. Cuando entres en confianza, pide que te le agreguen par hielos y la hagan frozen.

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Si eres de los que cree que el arroz con concha no tiene ninguna ciencia, podrías tener razón, porque el de estilo manaba tiene mucho de divino y definitivamente no has sido bendecido aún. Prepárate para alabarlo tan pronto como lo señales en el menú y empiecen a prepararlo desde cero. Parte del secreto parece ser un ligero toque de mantequilla, pero es mejor mantener el misterio.

La bandera de mariscos es digna de jurarse, y las conchas asadas, de volverse símbolo patrio. Si tu alma es noble quizá quieras compartirlas, pero si no, siempre hay camarones apanados para pedir como piqueo grupal.

Los precios varían entre $1.75 y $18.00. Dos limonadas, un encurtido, arroz con concha y camarones apanados por $20.75 parece un sueño.

Atienden de lunes a jueves de 17:00 a 00:00 y viernes y sábados de 17:00 a 02:00. Queda exactamente en Córdova y Mendiburo. Sabrás que llegaste porque verás una fila de plantas en la vereda, aunque probablemente notes caras de felicidad y ambiente de fiesta.