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O cómo una promesa exagerada toma forma

Barcelona no era puntero desde  2012, año en el que quedó campeón después de pasar catorce temporadas sin saber lo que era levantar una copa. A partir de ese momento, tuvieron que transcurrir veintiún meses –en los que no pudo pasar del cuarto lugar– para que el equipo más popular del país se ubique en la primera posición de la tabla del torneo local. En ese tiempo de sequía, Barcelona tuvo cuatro técnicos: Gustavo Costas, José Soler, Carlos Ischia y, el actual: Rubén Israel. Israel ha movido las fichas necesarias. Sus dirigidos son punteros y claros candidatos a jugar la final contra su histórico antagonista y actual campeón, Emelec. El técnico uruguayo cumplió con un propósito que para sus antecesores resultó imposible: entrar a la pelea.

Costas la tuvo fácil en 2012. Llegó a mediados de año para continuar la obra que Luis Zubeldía terminaba de esculpir. Lo demás ya se sabe: Narciso Mina goleador, Damián Díaz inspirado, Michael Arroyo recuperado, un 5-0 fulminante en el clásico, y campeón. Pero en el 2013, el equipo se desarmó a mitad de año. Perdió a la manija de su mediocampo, Díaz, al incisivo Arroyo, y al efectivo delantero Ariel Nahuelpán. Costas no supo llenar sus vacíos. Barcelona anduvo de media tabla para abajo todo el año, y su único logro fue clasificar a Copa Sudamericana como “Ecuador 4”, ya bajo el mando de Luis Soler. En 2014 llegó Carlos Ischia. El “pelado”, campeón con Deportivo Quito en 2011, venía de un Racing de Avellaneda al que había dejado último en la tabla de posiciones argentina. “El equipo no me respondía”, fue su explicación. En su regreso a Ecuador, Ischia vio a su equipo perder 2-0 con el recién ascendido Olmedo. Barcelona se había reforzado con Federico Laurito y Federico Nieto, goleadores del torneo anterior. El “pelado” tuvo la excusa de recibir a un equipo menos consolidado que el de Costas. Duró diecisiete fechas. Y entonces Israel entró en escena.

El uruguayo es el actual salvador. El ex técnico del Atlante mexicano es de esos que cuando debutan, ganan. En su primer partido, contra El Nacional y aún en la primera fase, los amarillos ganaban desde los tres minutos. Buena primera impresión, más que por el triunfo, por la proyección que mostró el equipo, con un debut determinante de Christian “el Chivo” Suárez. La pausa por el Mundial –lejos de significar una interrupción en el trabajo de Israel– encajó perfectamente en los planes de adaptación. Al regreso, el plantel estaba más compacto. Desde entonces, su juego es puro orden. No es vistoso, pero ataca mucho y es efectivo. Barcelona marca goles en el 67% de sus tiros al arco (la media del campeonato es 47%). Los resultados tardaron poco en llegar, pero la hinchada es impaciente.

13.08.2014 Mushuc Runa 2-0 Barcelona. Después de este partido, Israel dijo “en la derrota” que sería campeón

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Tras un empate en casa contra Universidad Católica y una derrota en su visita al Mushuc Runa, las críticas caían. Ese fue un momento clave. Israel no es un hombre de excusas. “Mi equipo va a terminar siendo campeón este año. Lo digo en la derrota. Doy la cara en este momento a la hinchada de Barcelona”, dijo después de perder contra el equipo ambateño. Con solo un punto a la mano, parecían palabras vacías. Hoy, es como una predicción exacta. En la segunda etapa, los toreros han ganado trece partidos de dieciocho, es decir, han hecho cuarenta y dos puntos de sesenta (un 70% de efectividad), y en el camino alcanzaron su mejor racha de victorias al hilo: siete, algo que el equipo solo había logrado en 1985, año en el que fue campeón.

01.10.2014 Manta 2-4 Barcelona. séptima victoria al hilo de Barcelona en la segunda etapa.

En esa racha de victorias, el Ídolo jugó también Copa Sudamericana. Barcelona empezó como se esperaba: con esa “mano técnica” materializada en el toque preciso en espacios reducidos, triangulaciones, pequeñas sociedades, marca firme y la efectividad de Ismael Blanco, acierto extranjero sugerido por Israel. Con toda su artillería, el equipo ecuatoriano goleó 3-0 a Alianza Lima en una actuación impecable en el Monumental de Guayaquil. En el partido de vuelta en Perú, aficionados aliancistas estaban esperando a la delegación de Barcelona fuera del aeropuerto para atacarlos verbal y físicamente. Una vez más vimos a Israel en acción cuando salió a “frentear” a los hinchas. “Vení, vení, vení, tirámela a mí, hijo de puta”, gritaba el entrenador mientras encaraba a los aficionados. Pese a recibir varios golpes e insultos, Israel nunca se achicó hasta que la seguridad dispersó el problema. A veces esos gestos, esa conducta salvaje, es necesaria para reafirmar un liderazgo que se había perdido en Barcelona. Israel se había ganado el respeto de todos. 

La eliminación en la siguiente fase, contra Libertad (Paraguay), en vez de provocar críticas, dio un giro en los planes. Consciente de que sin la presión de la Copa Sudamericana se podía dirigir toda la concentración al campeonato local, el hincha reafirmó su apoyo. Israel fue el primero en reflexionar en declaraciones a Fox Sports: “Ahora hay que pensar en el campeonato nacional y tratar de levantar la cabeza. No hay que perder la mística”. Una mística que sufrió, pero que sigue viva: En un campeonato irregular, Barcelona perdió sus dos partidos con su rival directo, Independiente del Valle. Perdió la punta durante siete largas fechas, y llegó a estar cinco puntos debajo del primer lugar. Pero de alguna forma, las victorias en los dos clásicos del Astillero compensaron las derrotas contra el equipo de Sangolquí, desinflado en las últimas fechas. Un triunfo ante Liga de Loja, el 6 de diciembre de 2014, lo devolvió a la cima de la tabla. A dos partidos del final de la segunda etapa, Israel se acerca cada vez más a su promesa de ser campeón. Hoy se muestra un poco más discreto, dice que prefiere no hablar de la final hasta llegar. Lo cierto es que a estas alturas es irrelevante si alza la copa o no: Con un equipo que en la primera fase lucía limitado, el técnico uruguayo le demostró a todos que tenía razones para ofrecer un campeonato.

 

06.12.2014 Liga de Loja 0-1 Barcelona. Con este gol, el equipo torero volvió a la punta del campeonato.

El del técnico torero es un pasado ganador. Es ídolo en Paraguay por su seis títulos con Libertad. De 2011 a 2012, dirigió a la selección de El Salvador. Ganó seis partidos, empató uno y perdió otro en las eliminatorias a Brasil 2014. Pero tuvo que salir por problemas con la prensa de ese país. Más adelante dirigió nuevamente a Libertad y al Atlante de México, donde juega Narciso Mina. Todos sus equipos corren los noventa minutos. Israel se caracteriza por el trabajo físico y el análisis de sus rivales. Al interior del equipo, es uno de esos técnicos que se deshacen en gritos que empujan a sus jugadores para adelante, pero también es omnisciente. Michael Jackson Quiñónez, pieza clave en el equipo, alterna entre la titularidad y la entrada al cambio, porque es un jugador que corre mucho y se desgasta. Cuando el equipo sufrió la partida del lateral derecho Juan Carlos “la hormiga” Paredes, Israel le dio confianza a su remplazante, Pedro Pablo Velasco, quien ahora cumple con éxito la tarea de darle salida por las bandas. Su trabajo ha potenciado las posibilidades de este equipo que suele acabar sus primeros tiempos en empate. Siempre capaz de aplicar otra estrategia. Wendy Montiel, comentarista del programa radial Minuto Cero, lo dice así: “Siempre tiene un plan B, es capaz de cambiar del 4-4-2 al 4-5-1 en medio partido”. Israel sabe qué hacer con sus jugadores. Es un hombre de lecturas. El proceso que hacía falta.

Israel recuerda un poco a Néstor Retamar, el técnico de Atlas, un equipo de cuarta divisón de Argentina. Gracias a un programa de Fox Sports (Atlas, la otra pasión), conocimos a Retamar, uno de esos motivadores furiosos que encienden a gritos a los jugadores, que les dicen lo que necesitan escuchar con el tono exacto, a veces con unos decibeles de más. Pero el técnico amarillo es algo más que eso. Sabe con qué cuenta. Conoce sus limitaciones. Tomó los talentos que encontró y armó un planteamiento versátil en cancha. No le tembló la mano para sentar a extranjeros que no habían funcionado, ni dudó en pedir refuerzos que sabía que iban a servirle a su esquema (Ismael Blanco y Mario Martínez). “Mi equipo va a ser campeón” parecen las palabras de un vendedor de humo cuando faltan quince fechas. Pero los pocos que se atreven a prometer tanto no se equivocan. El último técnico de Barcelona que dijo algo así fue Luis Zubeldía. “Para mí, lo más fácil es quedarme y ser campeón con este equipo”. Eran palabras de despedida, pero el equipo que dejó fue el que se ganó la estrella catorce. El actual técnico de Barcelona promete porque tiene argumentos.