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La Secretaria de Cultura del Municipio de Quito dialoga sobre sus 210 días de gestión y sus planes para el próximo año

A pocos días de las Fiestas de Quito, el ambiente en la SECU, como se autodenomina la Secretaría de Cultura del Municipio de la ciudad, es agitado. Mariana Andrade, quien preside esta entidad, luce ocupadísima: firma un documento tras otro, acude a entrevistas con la prensa, recibe constante llamadas a su celular personal, entran y salen solicitudes, consultas, más papeles, más firmas. Por eso ha pedido que coloquen una silla afuera de su oficina para bloquear la puerta de entrada.

Son doscientos diez días de gestión (al 26 de noviembre de 2014). En ese tiempo se ha organizado el Verano de las Artes de Quito (VAQ), se han asignado los Fondos SECU de fomento a proyectos culturales, se creó un portafolio de festivales. Pero también ha habido críticas, sobre todo en las Fiestas de Quito, en las que se invierte casi tres millones de dólares para cerca de trecientos eventos. Aclara que el concierto de Sting no lo organizó la SECU, sino la Secretaría de Desarrollo Productivo del Municipio. Además, responde a algunas de las polémicas que se han generado en estos días: Quitofest, campeonato de coches de madera, el LIT Festival. Dice que el debate no se debe quedar en eventos sino elevarse hacia la creación de un sistema de Cultura. Entre sus planes para el próximo año está fortalecer la Biblioteca Municipal.

 

¿Estos días deben ser muy ocupados?

Así son las fiestas, gestionar una ciudad es brutal.

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José María León, editor general de GkillCity.com, conversó contigo en tu primer día de trabajo. Hablabas de muchos planes para cambiar la manera de pensar la cultura desde el Municipio. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Son doscientos diez días, yo prefiero irlos tomando por días. En esta administración, de cinco años, serán 1.825 días que cumplir. ¿Qué logras hacer en doscientos diez días? Primero, es importante el reconocimiento, el diagnóstico, la información que en estos días me ha ayudado a entender qué es una Secretaría de Cultura, para pasar del evento a la implementación de políticas. Yo provengo del sector independiente, eso es conocido por todos, y tenía una información clara desde el otro lado. Pero cuando das el paso y tomas la decisión, te das cuenta de cómo son las cosas, qué es lo que funciona, qué es lo que hay que cambiar, qué debería ser revisado, sin perder tu norte. Porque es fácil que el futuro se te oscurezca. Gestionar una ciudad es navegar en aguas profundas que nunca habías conocido. O sea, antes estabas nadando en la playita, por encima, disfrutando, pero en esa navegación vas pasando por varios momentos: fuertes, de torbellinos, que sales a flote, que te vas caminando. Pero ese es el proceso, y es apasionante.

En tus primeros días hablabas de una ordenanza municipal. ¿Cómo va ese plan?

En estos siete meses hemos trabajado en el rediseño de esta Secretaría. Queremos darle institucionalidad a la Cultura, que es un proceso que toma tiempo. La ordenanza es uno de los objetivos primordiales del próximo año, pero primero debemos saber y conocer y plantearnos un rediseño. Eso sí lo hemos trabajado, está en construcción y cuando veo esto me ilusiono mucho, porque el futuro es lindo, el futuro es hermoso pero tenemos que terminar el 2014. Es un año de transición.

También decías que no gestionarás a la ciudad desde eventos de tarima.

En estos siete meses hemos hecho una campaña muy fuerte de decir que una Secretaría de Cultura no es una proveedora de servicios. No te puedes imaginar los pedidos de tarimas, de pantallas LED, de discomóviles, de refrigerios. Ha sido impresionante, porque para eso estaba antes la Secretaría. Pero los eventos tienen que ser la celebración de nuestras políticas.

En agosto se hicieron eventos, como el VAQ (Verano de las Artes Quito), que fue algo parecido al ‘Agosto mes de las Artes’, que se hacía hace muchos años, cuando yo era niña, y que desapareció. ¿Qué políticas, por ejemplo, se celebrarían con este evento?

Lo primero que hicimos fue reactivar a la ciudad desde el arte y la cultura. Con el VAQ se hizo una programación que se conceptualizó desde varios ejes, que devolvieron a Quito el verano de las artes, que mucha gente tenía en su memoria. Son eventos, pero a la par vas construyendo política pública. Entonces en el verano, el objetivo fue crear la mayor ventana de circulación de productos culturales. Se activaron dos políticas que son claves para esta secretaría: reconocer a los espacios independientes de interés público; y abrir los talleres, ante la ausencia de galerías, establecer rutas, evidenciar y visibilizar esta forma de trabajo, las microeconomías alrededor del arte y los artesanos. También hicimos el Festival de Música del Folclor, con una mirada contemporánea. Organizamos el encuentro de parroquias de Gualea, que nos dio una cantidad de información cultural, porque las parroquias son poseedoras de saberes, de conocimiento, de intercambio, de formas de vivir. Al estar en territorio puro estás directamente en contacto. Tú vas al restaurante, a la esquina, y te topas con toda la gente. También estuvimos en el mes de los afrodescendientes, donde identificamos a los afros como patrimonio cultural del Distrito. En estos meses además pusimos en práctica el Fondo SECU, luego el portafolio de festivales. En estos doscientos diez días me siento absolutamente satisfecha porque creo que la cultura tiene que ser manejada de manera responsable. Tenemos que construir un sistema de gobierno cultural que hace que los eventos sean parte de la celebración de tus políticas.

Y en las Fiestas de Quito, ¿cuáles son esas políticas?

La Secretaría de Cultura invitó a la Dirección de Participación Ciudadana –que es parte de la Secretaría de Territorio– para que los administradores zonales y sus jefes de cultura siguieran lineamientos de la Secretaría de Cultura. Entonces les propusimos un ejercicio que no se había hecho antes. Les preguntamos qué es la ciudad para ellos, cuáles son sus reflexiones. Eso que antes era: “bueno ¿cuánto hay de presupuesto?, pidamos quinientos discomóviles”, ya no es. Se les dio ejes de reflexión: tradición, memoria, intercambio, saberes, celebrar la ciudad. La programación fue construida con ellos, con los barrios en conjunto. La franja más importante de programación es lo que llamamos “las ciudades de la ciudad”.

La gestión cultural privada es distinta a la gestión pública. Hay artistas y gestores que se quejan de que los procesos de contratación pública son una traba, dicen que la cultura tiene una lógica distinta que no congenia con esos procesos.

Primero, yo ya dejé de ser gestora, yo ya soy gobernadora de la Cultura, que es diferente. Eso me pone en una posición que me ha costado asumir, pero es parte de mi proceso. El problema es que se evalúa una gestión porque las contrataciones son lentas.  A ver señores, un ratito, existe una Ley Orgánica de Contratación Pública y lo que tenemos que hacer es trabajar en conjunto. Y no solamente la Secretaría de Cultura. Tiene que involucrarse el Ministerio de Cultura, el Sistema de Rentas Internas, el Ministerio de Relaciones Laborales. El problema que se da es que el sector cultural tiene que madurar en ese proceso. Pero si tú quieres trabajar para el Estado, tienes que cumplir: tener tus impuestos al día, tus papeles, tu RUC, tu RUP, tu patente. Esas son las reglas del juego. Si empezamos a medir la gestión porque se demora tal o cual trámite es equivocado. Cultura es más que la contratación pública. ¿Por qué no me preguntan qué va a pasar con la Biblioteca Municipal? Otra cosa es la oferta cultural que tiene una institución como el Municipio, y que tiene que hacer políticas de acceso, de democratización, de difusión, de fomento. Eso va más allá que solo hablar de la contratación pública para el sector de cultura.

¿Y la liberación del Fondo SECU –que este año fue de 170.000 dólares– de fomento a la cultura también siguen ese largo proceso de contratación pública?

Así lo es, y tiene que respetarse. Me encantaría acelerar, pero tiene que cumplirse, son fondos públicos. Si tu aplicas para estos fondos, tienes que estar consciente de que hay una cantidad de requisitos y procedimientos. Lo que sí podemos hacer es empezar a hablar de una cultura institucional. Los cambios en los fondos SECU fueron que se entregó el cien por ciento como anticipo. También se cambió el tema de las garantías, que siempre han sido una pesadilla. El resultado ha sido positivo. Sí, ha habido demoras, pero eso no es lo que evalúa a una gestión.

¿Y cómo te han recibido los adeptos a la anterior administración? ¿Hay resistencia a los cambios?

A mí me entristece la ciudad. Son siete meses, son doscientos diez días, tienes el derecho a ser propositivo, pero también tienes el derecho a equivocarte. Es necesario establecer la construcción de una ciudadanía creativa, que construye. Es complejo recibir herencias en la vida, recibimos algo que no conocíamos pero en doscientos diez días vamos caminando despacio, enfrentando retos diarios, por hora, por minuto. Cada minuto para nosotros es un reto. Además ¿sabes por qué estoy tan contenta? Porque nunca he estado tanto en la boca de todo el mundo, es genial.  

Seguramente tienes muchos nuevos amigos en Facebook.

No te puedes imaginar, en la cola hay miles. Pero solamente acepto en mis redes sociales a la gente que conozco.

¿Y Twitter? Veo que ya lo cerraste.

Porque prefiero mi salud mental. No soy muy tuitera y qué bueno que las redes sociales no lleguen al territorio completo de la ciudad. Prefiero no perder mi norte. A veces las redes te obnubilan, quiero tener en mi muro de Facebook únicamente a gente que conozco, no me interesa la popularidad de tener un millón de seguidores.

Pero Twitter también lo usan los personajes públicos para informar.

La capacidad de diálogo, de gestión y de generación de conocimientos yo no la quiero establecer en las redes sociales, sino en el territorio, en la realidad. No quiero generar política alrededor de las redes sociales. ¡No! A mí, que me pregunten, como tú, frontalmente, porque la vida es de personas.

Hace unos días apareció un tuit que insinuaba que saldrías de la SECU.

Aquí estoy, vivita, trabajando. Absolutamente empoderada de ser Secretaria de Cultura, con toda la convicción de mi equipo. Es más, les voy a dedicar ‘No nos moverán’, de Joan Baez. Diles que les dedico esta canción. Aquí estoy trabajando los siete días de la semana, porque la Cultura no puede volver a caer en manos irresponsables, tengo el apoyo del Alcalde.

Al inicio de tu gestión abriste tu blog ‘El informal de la SECU’. ¿No es muy informal para una institución pública?

No, ese es mi estilo. Yo veo a la comunicación de tres maneras: la institucional, política y creativa. La mía es la comunicación creativa y ese blog es mi blog personal, yo voy a seguir hablando a mí manera, porque ese es mi espacio. No he tenido mucho tiempo, pero lo seguiré manteniendo. Si quieres información política tienes que ir a la secretaría de comunicación; si quieres información institucional tienes que hablar aquí con el equipo de comunicación; y si quieres hablar conmigo haces esto, vienes.

Pasando a otro tema, hace un momento mencionaste el Portafolio de Festivales. ¿Cómo harás para que no se cruce con el Sistema Nacional de Festivales, del Ministerio de Cultura?

No creo que se cruce, nuestro portafolio incluye aquellos festivales que se ejecutan en el Distrito Metropolitano de Quito (DMQ) porque esa es mi competencia. Lo que hicimos fue evaluar las iniciativas en territorio. Eso no quita que estos mismos apliquen al Sistema Nacional de Festivales. Yo no voy a poner condiciones –como se solía– que si recibes de acá, que si me pones mi logotipo, que el mío es más importante. ¡Por Dios! La Cultura no es una suma de logotipos.

¿Cómo se construye el sistema de cultura?

Tenemos que construir un sistema de gobierno cultural, eso significa que todos los que trabajamos en Cultura tenemos que aliarnos. Llámese Ministerio de Cultura, llámese Consejo Provincial, administraciones zonales con sus jefes de cultura. Pero Quito tiene que ser un referente, un modelo de gestión cultural. Mira, por ejemplo, las transformaciones que han vivido ciudades como Medellín que –a pesar de la violencia– se ha convertido en capital cultural. Otro ejemplo es la transformación que tuvo Bilbao por el impulso –desde sus gobiernos locales– al museo Guggenheim. La gente quiere ir a Montreal por sus festivales. Eso es Quito, eso es lo que también tiene que construir una Secretaría de Cultura y eso lo haces a través de una alianza permanente entre cultura y territorio. La política de Cultura no está en las redes, allá qué “se estesen”, porque no voy a caer en ese juego, si quieren información que vengan a hablar conmigo personalmente.

El concierto de Sting, dentro del festival Quitonía, ha generado polémica (se dijo que costaría la entrada, luego que sería gratis, las entradas ya están agotadas…)

Ese evento no lo organizó la Secretaría de Cultura, porque tiene otros objetivos que son promover el turismo y la economía. Se lo hizo a través de la Secretaría de Desarrollo Productivo. Pero claro, somos una sola administración que tenemos que actuar en concordancia y tenemos que apoyarnos. Las entradas de Sting ya están agotadas. Ni yo tengo la mía. Pero algo está pasando, antes los artistas grandes iban de Bogotá, a Lima, a Río y a Buenos Aires. Pero ahora Quito está dentro de una de las giras mundiales de este tipo de artistas.

Otra de las críticas al concierto de Sting, que tiene una inversión de dos millones, según el Alcalde, es que esos fondos beneficiarán a la empresa privada.

Eso pregúntales a los que han organizado. Yo te hablo de lo que yo organicé (283 eventos en toda la ciudad, conciertos, ferias, coches de madera, campeonatos, teatro, cine, talleres abiertos, etc).

Pero los conciertos que se hacían en estas épocas, ¿no los organizaba la Secretaría de Cultura de la anterior administración?

Eso pregúntale a la administración anterior. Lo mío no es el pasado, lo mío es el futuro y yo prefiero que esas preguntas se las hagan directamente a quién lo organizó.

Hablando del presente. En estos días también se ha responsabilizado indirectamente al  Municipio porque el Quitofest se fue a Cuenca. ¿Qué pasó?

A mí me entristece mucho que el debate de una ciudad de cultura se quede entre los coches, las bastoneras y el Quitofest. Es triste. El Quitofest es una iniciativa privada, tienen toda la libertad de hacer de él lo que quieran, llevarlo donde quiera. Ellos se acercaron, en efecto, habían estado en contacto con el señor Alcalde, desde la transición mismo. Nunca se cortó el diálogo y están incluidos (en el programa de Fiestas de Quito). Pero, elevemos el debate, pasemos de esto. Esos temas pueden obnubilarte. Fue su decisión irse a Cuenca. Yo me enteré por la prensa que se iban. Es más, dije: “qué bueno”. Qué bueno que las ciudades compartan, además, porque ese festival no es del Municipio. Ellos aplicaron al Ministerio de Cultura, ganaron un fondo y tuvieron la invitación de otra municipalidad, qué bueno.

De todos modos, el Quitofest también es parte del programa oficial de Fiestas de Quito ¿Se lo incluyó en respuesta a la crítica?

Es que nunca estuvo en duda. No fue una respuesta. Yo no actúo por ninguna presión, creo que todos los festivales y todas las iniciativas culturales tienen que ser sometidas a un diálogo, a una evaluación en conjunto. Yo sí pretendo crear sistemas, crear gobernabilidad, y pretendo crear indicadores culturales que te den la información necesaria para establecer redes y sistemas. Yo no gobierno para cuatro amigos intelectuales que estén a favor o no, ni para un grupo de rock que esté a favor o no. Yo gobierno culturalmente para la ciudad. Si el próximo año volvemos a hablar del mismo problema no habremos crecido como ciudad.

Pasando a otro tema. La semana pasada fue el LIT Festival, también de la SECU. ¿Por qué no se realizó en otra fecha no tan cercana a la Feria del Libro? El LIT Festival tuvo invitados importantes, pero la Feria del Libro parece que tuvo mayor difusión

¿Y por qué no? Te devuelvo la pregunta. ¿Cuál es el problema que coincidan iniciativas de lectura en la ciudad? Yo con la Feria del Libro quiero tener una relación, quiero trabajar con ellos de cerca, quiero apoyar. Si coincidieron las fechas, coincidieron. Nosotros pusimos la fecha del LIT Festival, pero no de la Feria del Libro. Lo que queríamos con esto también es fortalecer al Centro Cultural Benjamín Carrión, que es una maravilla de proyecto.

Otra de las cosas que generó crítica fue que en el LIT Festival no participaron escritoras mujeres.

Yo te devuelvo la pregunta. ¿Y por qué tienen que? Por qué tenemos que cuestionar todo. De pronto el próximo año hacemos uno en el que haya solo mujeres. Hay montones de mujeres escritoras, pero la propuesta es esa. Por qué tenemos que cuestionar. Estamos empezando. Acuérdate de mis doscientos diez días.

Ahora hablemos del futuro. ¿Qué planes tienes para cuando hayan pasado las Fiestas de Quito?

Primero el rediseño institucional de esta Secretaría es clave. Eso te lleva a un trabajo fuerte de mejoramiento del talento humano. Tiene que haber investigadores, productores, tres grandes direcciones encargadas de distintos aspectos. Vamos a crear un sistema de la oferta cultural municipal, más redes y circuitos que involucren lo público y lo privado, trabajaremos en la ordenanza, seguiremos con lo del VAC. Entre los planes están: fortalecimiento de la gestión interna, fortalecimiento de la oferta cultural, reconocimiento de la cultura alrededor de toda la ciudad, fortalecimiento de las instancias municipales. En el proceso, un mejoramiento, día a día, mes a mes, año a año. Yo pienso en mínimo a veinte años, dejar sembrada una ciudad. Queremos democratizar los accesos, fomento a los festivales, establecimiento de reglamentos muy claros para la obtención de auspicios, sistemas de convocatorias más claras.

Mencionaste en esta conversación a la Biblioteca Municipal ¿Qué va a pasar con ella?

Verás, es que son varias cosas. Primero hay que entrar en un proceso de diagnóstico, de saber en qué estado está, para saber cómo la mejoramos, cómo la convertimos en un Centro Cultural activo, vivo, permanente. Pero, como te digo, por el momento es pasar estos siete meses, que es como entrar en una maratón de golpe. Queremos también cambiarnos de casa, uno de mis objetivos es abrir La Casa SECU, que tiene otro modelo de atención pública. A partir de ahí sentar las bases para empezar a hablar qué pasa con la biblioteca, pero tengo que primero saber qué pasa, tengo que empezar a estudiar, pero quiero que me den el tiempo.