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¿Por qué una banda elige ser un ícono del marketing en lugar de ídolo del rock?

En septiembre de 2014, aprovechando el lanzamiento de los últimos aparatos de Apple, la banda irlandesa U2 lanzó Songs of Innocence. Su nuevo disco se descargó automáticamente en todos los dispositivos de la marca de la manzanita. Algunos se sintieron ultrajados al haber recibido la producción sin pedirla, otros agradecieron el regalito. Tanta fue la polémica del disco gratuito, que Apple tuvo que poner a disposición de los usuarios un link para eliminarlo de las bibliotecas de aquellos que lo consideraban indeseable. Fue una estrategia de marketing fenomenal que corroboró dos cosas: la transformación irremediable de la forma de distribuir música, y la ratificación de que a U2 le gustan más los negocios que la música.

U2 no optó por una edición especial doble con DVD, un vinilo con canciones olvidadas, permitir escucharlo de forma anticipada via streaming ni tampoco organizó un concierto sorpresa gratuito a orillas del Támesis. Prefirió un truco de marketing nuevo, que al parecer, logró su cometido: Hacer que el planeta hable de ellos de nuevo, en un mundo en donde la era de los grandes intérpretes icónicos y bandas al estilo de David Bowie o Pink Floyd se acabó.

Debemos olvidarnos de las bandas de estadio. Aquellas que al estilo Rolling Stones o Queen llenaban el Maracaná y Wembley, con un Jagger o un Mercury como dioses del Olimpo que embelesaban a los afortunados mortales con sus cantos. U2 fue una de estas bandas. De seguro, no pocos jóvenes nacidos en los noventa se preguntaron de quién fue el regalito en sus teléfonos. U2 se adaptó al siglo XXI: en lugar de entregar hitos musicales, produce hitos del marketing.

La célebre gira Zoo TV que arrancó a fines de 1992, brindó uno de los espectáculos musicales más exitosos de aquella época. Gracias a ella, U2 se ganó con justicia el apelativo de la mejor banda de rock del mundo. Tenía ya a su haber dos de los discos más importantes de la historia de la música popular: The Joshua Tree (1987) y Achtung Baby! (1991). Este último es, quizá, uno de los mejores de la historia.

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Pero lo inevitable empezó a ocurrir: Es evidente que Achtung Baby!, siendo el disco que es, drenó la creatividad de la banda. La poca que les quedaba, se fue gastando en Zooropa (1993), para desaparecer completamente en una que otra canción de All The Things You Can Leave Behind (2000).

Es necesario admitir que U2 se ganó el derecho a hacer lo que le venga en gana luego de haberle dado a la humanidad tremendos álbumes. Sin embargo, todo tiene su límite. Con esperanzas, escuchaba cada LP nuevo de la banda, mintiéndome a mí mismo, diciéndome que “es solo una fase, ya se les pasará, están jodiendo, quedaron cansados luego de hacer Achtung”, y así, hasta que uno se da cuenta de que la vieja mula ya no es lo que era.

Más que en hacer música, U2 es ahora una banda interesada en hacer dinero y relaciones públicas (sino googleen Bono + causes y verán). Al conocer el anuncio de un nuevo álbum de los irlandeses, debo confesar que guardé un poquito de esperanza al saber que su productor sería el Rey Midas de la producción musical: Danger Mouse, un tipo extraordinario que hace maravillas, y que colabora con bandas como The Black Keys, Norah Jones, y Gorillaz.

Pero no. Ni siquiera semejante talento logró sacar a la banda de ese sonido cansino, aburrido y anticuado del cual han sido incapaces de cambiar desde el 2000. Eso sí: regalar su disco –un gestito que le costó cien millones de dólares a Apple– fue una movida maestra que los puso de nuevo en el mapa, dándose a conocer a toda una nueva generación que probablemente no tenía ni idea de su existencia. Esta jugada del marketing marcará de seguro un hito en las formas de distribuir música, y hará que la gente se vuelque a escucharlos, aunque sea por curiosidad. Dudo que con su nueva producción, tan desconectada de la actual, logren enganchar a algún nuevo fan, salvo que éste pertenezca al mundo del marketing.

Farewell, U2. Les quedaré agradecido por siempre por Achtung Baby y The Joshua Tree