Mike Bloomfield, aquel prodigioso guitarrista de blues judío nacido en Chicago –que saltó a la fama con la Paul Butterfield Blues Band y grabó discos seminales como Super Session con Al Kooper y Stephen Stills, además de ser el elegido por Bob Dylan para grabar sus primeros temas eléctricos– daba un concierto junto a Al Kooper en el invierno del sesenta y ocho, en el Fillmore East de Manhattan. En él, introdujo a Johnny Winter al púbico de la costa este de Estados Unidos, presentándolo como “the baddest motherfucker”. Y es que para Bloomfield, Winter era el mejor guitarrista de blues blanco que existió.  Muchas otras leyendas de la guitarra como Pete Townsend, Robby Krieger, Eddie Van Halen, Angus Young, Jimi Hendrix, Richie Blackmore, entre otros, también han pregonado y alabado su indiscutido talento.

Johnny Dawson Winter nació en Beaumont, en el Estado de Texas, cuna de íconos del blues como Blind Lemon Jefferson, T-Bone Walker, Lightnin’ Hopkins, Big Mama Thornton, Clarence “Gatemouth” Brown, Freddie King y Stevie Ray Vaughan. Su orientación musical comenzó a los cinco años con el clarinete y luego con el ukulele. Pero a los once, urgido por su padre y con el advenimiento del rock and roll, Johnny Winter se pasó a la guitarra para siempre. Little Richard, Chuck Berry, Elvis Presley y Ray Charles fueron parte de sus tempranas influencias, pero nada caló más hondo en  Winter que el blues.

Si bien es cierto que tal como los muchachos ingleses al otro lado del Atlántico, su primer contacto con el blues fue a través de la radio, con la que aprendió a tocar nota por nota algunos temas clásicos, a diferencia de Eric Clapton y compañía, Johnny aprendió también de primera mano. Vio en vivo a referentes del blues como Muddy Waters, B.B. King. A  los quince años ya tocaba junto a los músicos locales en Beaumont. En esa época también grabó su primer disco con una banda de colegio: “Johnny and the Jammers”.  Había mucha empatía entre este muchacho albino y los músicos negros que él reverenciaba. Se sentía identificado  porque su infancia estuvo cargada de problemas y peleas debido en gran parte al color de su piel.

Nadie ha tocado el slide guitar con esa mezcla de fidelidad a las raíces y total desenfreno que caracterizaba a Winter. A pesar de haber incursionado en el rock, él siempre sostuvo que “mientras pueda tocar blues, no me importa tocar rock  and roll. Me gusta el rock and roll, pero amo más al blues”. Por eso, sus aportaciones al rock, que siempre tuvieron una base de blues, son excepcionales. Basta con escuchar sus versiones de Johnny B. Goode o Highway 61 Revisited para hacernos una idea. Es debido, en gran parte, a él que el blues volvió a tomar relevancia entre los músicos de rock, que pasaban por una etapa experimental sónica, durante el auge de la psicodelia y las drogas. Sus ejercicios de guitarra forzaron a los guitarristas de la época a volver a prestar atención a su herencia musical, el blues, y a alimentarse de ella.

La revista Rolling Stone, publicó sobre su su primer LP como solista, “The Progressive Blues Experiment”: “uno de los ejercicios de  guitarra con más agallas y fluidez que jamás se hayan escuchado”.  Nunca me han llamado mucho la atención los guitarristas rápidos, pero a diferencia de otros velocistas de la guitarra, la agilidad de sus dedos  siempre iba envestida con un profundo sentimiento. A sus solos de guitarra no les sobraban ni una sola nota, como en esta  versión en vivo de “SoundThe Bell”.

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En ese concierto del sesenta y ocho en Fillmore East, además de cautivar a la audiencia, captó también la atención de los empresarios de Columbia Records. En pocos días firmaron un contrato con Winter y le dieron un anticipo de seiscientos mil dólares, lo cual fue en su momento el mayor bono  dado a un músico en la historia de la industria de la grabación.  Su primer disco como solista, llamado simplemente “Johnny Winter”, contó con la colaboración de íconos del Blues como Willie Dixon y William Horton, además de su hermano Edgar, también un destacado multi instrumentalista, que dejó temas como “Frankenstein” y “Free Ride” para la posteridad. Este primer álbum marca el lanzamiento oficial de Winter al estrellato, y es, tal vez, el mejor trabajo de toda su carrera.  Sus solos van desde lo abrasivo,  en temas como “I’m Yours And I’m Hers”,  hasta lo sublime, como su versión del tema de B.B. King, “Be CarefulWith A Fool”.

Para esta época los ejecutivos de Columbia tenían la esperanza de que Winter se convirtiera en una estrella del rock-blues mundial a la par de Jimi Hendrix, lo cual nunca sucedió, tal vez por su negativa de cambiar su estilo tan apegado al blues, por versiones más diluidas, o más afines con la sensibilidad pop, y así captar una audiencia más masiva. Sin embargo, en 1969 cuando su carrera estaba aún en auge se dio un hecho que en realidad  pocos conocen: Johnny Winter también tocó en el festival de  Woodstock, pero fue excluido de la película y set de tres LP originales por petición de quien fuera su manager en la época, que  no llegó a un acuerdo económico con los promotores del festival. Consieraba que el concierto de Woodstock carecía de relevancia y, por ende,no iba a ganar dinero.

A pesar de eso, ha sido reconocido como un artista incansable y prolífico. No llegó a convertirse en la estrella que Columbia anheló que fuera, pero fue un músico entre  músicos que grabó más de veinte álbumes y –salvo un periodo durante los ochentas y noventas, cuando tuvo que batallar contra su adicción a la heroína, las píldoras y alcohol– dio conciertos por cerca de cuarenta años, hasta su fallecimiento este 16 de julio del 2014, mientras estaba de gira en Suiza. Tenía  setenta años.

Otra de sus contribuciones al género que tanto amó fue producir y participar en la grabación de tres discos que marcaron el retorno por la puerta grande de Muddy Waters, el ícono del Delta y del Chicago Blues, a la escena musical. Esto le permitió a Waters ganar más dinero del que había hecho en toda su vida. Sus últimas grabaciones para Chess Records habían sido mediocres, y su carrera amenazaba con disiparse. Tenía mucha confianza en Johnny Winter, con quien había tocado y grabado antes, y a quien consideraba incluso como un hijo adoptivo. El acierto de Winter fue hacer que Muddy Waters hiciera lo impensable: que no tocara la guitarra. Así encontró la libertad de dedicarse a cantar y liderar una banda que combinaba experiencia y juventud. Gracias a eso compuso un puñado de nuevos temas y les dio un toque más  electrizante y crudo a temas insignes como “MannishBoy” y “I Can´t Be Satisfied” .

Con toda esta trayectoria, es imperdonable que Johnny Winter no haya sido electo para el Salón de la Fama del Rock and Roll, pero en todo caso tiene la distinción de ser, con sobra de merecimientos, el primer músico blanco en ser inducido en el Salón de la Fama del Blues, en 1988.

Antes de fallecer, Winter dejó un último legado: un disco titulado “Step Back”, que seguramente saldrá con toda pompa en septiembre de 2014. Es un homenaje a sus raíces, que cuenta con la colaboración de Eric Clapton, Joe Bonamassa, Ben Harper, Billy Gibbons, Joe Perry, entre otros.