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Entrevista con Mariana Andrade, nueva Secretaria de Cultura de Quito

Mariana Andrade es la nueva Secretaria de Cultura de Quito. Fue elegida por el nuevo alcalde de la capital, Mauricio Rodas, en una decisión que no ha dejado de sorprender a muchos actores culturales del país. Andrade empezó hace más de veinte años su gestión como productora de cine. “Estuve abriendo las primeras brechas”, dice en referencia a su participación en la producción de las primeras películas ecuatorianas contemporáneas, en los años ochenta “cuando no había cómo producir películas”. Trabajó en “La Tigra” y en “Entre Marx y Una Mujer Desnuda”. Hace trece años abrió la sala de cine independiente Ochoymedio, que se convirtió en un referente no sólo para el incipiente y aún casi amateur cine ecuatoriano, sino para toda la gestión cultural local. Ahora ha decidido desvincularse de su proyecto emblemático. No solo dejó de gerenciarlo, sino que vendió su participación accionaria. Dice que ya cumplió un ciclo en él, y que gracias a él está hoy donde está. Habló conmigo muy temprano en la mañana del jueves quince de mayo, su primer día de trabajo frente a una Secretaría que antes vio a Mariana Andrade desde el otro lado de la barda, desde donde hablan los críticos. Hoy ella está en medio del ruedo. 

Mariana, la Secretaría de Cultura debe ser enorme…

Sí, es enorme. Lo que pasa es que durante casi tres administraciones no la conocíamos porque no teníamos información de la gestión cultural que te hiciera entender cómo funciona el que exista una secretaría de Cultura en la ciudad. Entonces, sí, fue fuerte, porque además, ha sido una secretaría dedicada a organizar eventos. O sea, encuentras cero políticas y solo eventos. Es una cosa, claro, que a uno le entregan información y termina aceptando y veo cómo está el panorama para ver en qué me estoy metiendo y, claro, abres la puerta y te da una sensación como que te vas de boca.

Antes de entrar a hablar de las políticas públicas que tienes en mente, quería preguntarte por dónde llega la invitación del alcalde Rodas.

Verás, yo creo que es una suma de varios hechos que yo no las calificaría como casualidades. Ellos, esta nueva alcaldía, se tomó el trabajo de formar un comité estratégico que tenía gente que valoraba perfiles profesionales y esta Secretaría de Cultura estaba dentro de esa estrategia, entonces había que buscar a perfiles que respondan a lo que se requería. En Cultura tenían una idea más vinculada al entretenimiento, que tampoco es equivocado, sino que eso no es todo lo que hay que hacer. Yo nunca me imaginé el acercamiento. La primera vez que hablé sobre lo que él proponía para Cultura fue en una entrevista que me hizo El Telégrafo cuando hablé del Festival de Viña del Mar. Y entonces me invitan, no directamente, sino que por casualidad, ellos van al Consejo Nacional de Cine, casualmente se encuentran con una persona conocida muy querida, que conoce mi trabajo, que les recomienda que con quien tienen que hablar es conmigo, pero no es una recomendación del Consejo, es una recomendación casual. Ellos fueron a preguntar con quién podían hablar de cine y les dicen que hablen con la persona que sabe, que es Mariana. Asisto al primer evento con él, una reunión con gestores culturales, donde todo el mundo estaba pidiendo cosas: “deme, deme, deme”. Y yo estoy un poco agotado de esta relación clientelar, de lado y lado. Entonces en ese primer encuentro yo mismo siento que hace años, nosotros como gestores culturales tenemos que incidir mucho más que pedir. El pedir es algo que ha deformado un poco el sector de Cultura. Eso se notó claramente cuando yo pasé adelante y le dije que no le quería pedir nada, porque a la final los alcaldes son temporales, los que quedamos somos los gestores, y le prepuse construcción de políticas y sistemas. Mi objetivo principal es dejar una ordenanza cultural para la ciudad. Imagínate qué lindo es que la ciudad tenga una propia ordenanza en las que se reúnan los derechos, los incentivos, las formas de ver al sector independiente, al sector de la producción artística, la creación. Eso, si logro hacer eso, yo me sentiré absolutamente bien. Y claro, luego de ese encuentro, como siempre el Ochoymedio ha tenido una opinión muy crítica, hicimos una crónica donde se le cuestionaba al alcalde entrante porque llegó muy tarde. Parece que estaba con una agenda apretada. Una crónica que habrás leído, entre humor e ironía, pero con el estilo propio nuestro. Yo me reí mucho con eso. Pero luego después de que analizaron los perfiles, como te decía, parece ser que el perfil era el de una persona a la que le importe la cultura. Yo creo que no soy una cuota política ni de lejos, porque yo no hago política partidista hace años. No me interesa además. Pero si hago una política ciudadana. Y vengo demandando al Ministerio, a nosotros mismos –soy muy crítica con el mismo sector–. Me llama entonces el comité estratégico y ellos sabían que yo estaba liderando la conformación de la red de salas independientes, que es un proyecto que lo tengo hace años, y me dicen “bueno, Mariana ¿te interesaría?” Yo era la más sorprendida. Me pareció inteligente que digan “metamos aquí a una persona que le interesa lo que hace”. Además, una mirada que pueda darles luz a sus propuestas.

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Me has dicho un par de cosas muy interesantes, quiero hablar de ellas. La primera es que los gestores tienen que incidir más que pedir, ¿cómo será posible hacer realidad esa premisa en las relaciones Municipio, gestores y públicos?

Primero, creo que hay que hacer revisiones casa adentro en los gestores culturales para que no se entienda que lo que únicamente necesitamos son dineros y fondos. Primerito. Eso es equivocado. Porque entonces lo que estamos haciendo es arreglar modos de vida –que por supuesto es válido– pero no estamos contemplando nada más que recibir un dinero para algo puntual. Eso nos ha hecho mucho daño, porque yo hablo de derechos culturales. Por ejemplo, ¿qué pasa con nuestra forma de trabajo que tiene el gestor? ¿Por qué no miramos hacia dependencias como el Ministerio de Relaciones Laborales donde exijamos que exista, así como las empleadas domésticas, ahora hasta las amas de casa van a tener un reconocimiento por su trabajo, y nosotros los gestores culturales no lo tenemos. Nos preguntamos, pero luego la urgencia es lo que nos hace dialogar, pues, desde esa misma urgencia, y eso nos hace pedir plata. Solo por darte una idea. Hay cosas que revisar, como los modelos de contratación a los que somos sometidos ¿Qué incentivos podemos tener para producción artística? ¿Qué pasa con los espacios independientes, que necesitan fondos de fomento para mantener sus salas? A mí me gusta mucho esta cuestión del barrio, pero hace mucho tiempo que no estamos en una dinámica barrial que no sea la popular, que sí vive en la minga y en el barrio, más bien la gente de cultura, o un sector, también pertenece a una clase media que demanda otras cosas. Esa reflexión es necesaria, ¿por qué seguimos mirando solo al Ministerio de Cultura? ¿Por qué no vamos al Ministerio de Industrias? ¿Por qué no pedimos ser parte de la economía solidaria que tiene para los artesanos una gama de beneficios y apoyos para su trabajo? Entonces, los gestores hemos estado pensando todo el tiempo “Cultura, danos plata”. Yo no quiero eso. He empezado a hablar de esto desde hace tiempo ¿Qué pasa con el Banco de Fomento? ¿Por qué no salen desde ahí, o desde Industrias, fondos que nos reconozcan como parte de esa cadena que son las famosas “industrias culturales”? ¿Qué pasa con el Ministerio de Relaciones Laborales para reconocer el trabajo cultural como definido, con sus especificaciones? Estas reflexiones mías llevan a pedirle a los gestores que pasemos del pedido de la dádiva. Yo lo que quiero en esta gestión, por eso me animé a aceptar –que es la primera vez que estoy en una gestión pública–, es dejar cosas que perduren en el tiempo. Los alcaldes van a irse, pero nosotros quedamos siempre. Desde ahí quiero construir una ordenanza cultural que sirve como modelo de gestión para otras alcaldías, como Manta, Cuenca, Guayaquil, yo le dije esto a Mauricio Rodas, y él me apoyó. Porque a veces la Cultura es más fácil trabajarla desde lo local, porque estás más cerca y en contacto con el sector. Desde el gobierno central es más difícil, porque el macro nacional es más grande, en cambio nosotros desde la administración municipal es posible estar mucho más cerca de conseguir cosas y beneficios.

¿Cómo se puede vencer esta idea clientelar del Estado con la cultura y pasar a una concepción de que las industrias culturales se tengan por autosustentables? Durante mucho tiempo se ha tenido a la Cultura por no rentable, entonces el Estado lejos de tenerla como una industria la ha tenido como una subvención.

Es culpa de nosotros, los gestores, también. No nos pueden considerar una industria porque no tienen información. Ni nosotros los gestores sabemos cuánto cuesta nuestro trabajo. Hay que hacer mapeos, catastros, estadísticas. Tenemos que tener datos, números que te digan cuánto cuesta un trabajo en esta área, qué produce, directa e indirectamente, desde los que trabajan dentro hasta la señora que vende caramelos afuera de tu sala, y que es parte también de tu proyecto, porque le generas un espacio que a esa persona le resulta interesante. El problema es que desde la cultura no hay datos. Nosotros como gestores le tenemos miedo a la palabra “industria” y a la palabra “lucro”. Hay que cambiar ese paradigma, nuestro lucro no es necesariamente económico únicamente, ojalá algún día lo sea, pero por qué tener miedo de hablar de estas cosas. Yo sí quiero devolver la dignidad al trabajador cultural, desde sí mismo, que levantemos la cabeza. Yo no quiero un sector como el que está ahora súper pauperizado, es triste pero es real. No tenemos seguro social, no hay estos datos para que otros sectores de la economía nos regresen a ver. Lo primero es informarnos de esto. La economía naranja es un concepto que se aplica ya en el mundo, y no es otra cosa que esa economía mundial enorme basada en las ideas, la creatividad, el talento. Entonces si no cambiamos desde ahí, si no entendemos desde ahí, sí hay problemas. Hay, como te digo, un cambio de mirada necesario. Eso no es fácil. Es parte de un proceso largo. Una ordenanza podría contemplar estas cosas. Hay que hacer un estudio, no quiero ser demagoga, sé perfectamente que las ordenanzas están por debajo de las leyes, y sobre éstas la Constitución. Pero también sé que es posible crear estos espacios, estos territorios donde ya ciertos derechos sean concebidos para la gestión cultural. Todito esto que estoy hablando yo le dije a Mauricio Rodas y me dijo “dale, tienes todo mi apoyo”. Entonces, imagínate, me abren la puerta de la ciudad, me da vértigo, casi me voy de boca, pero luego me doy cuenta de que si me dejan trabajar y tengo un apoyo abierto, no control, porque a veces te dicen que del uno lado es más fácil trabajar, que te estás vendiendo ¡mentira! En realidad, si me dejan trabajar, si soy libre, entonces podré hacer lo que tengo que hacer.

Mariana, eres una gestora hace más de veinte años. Hoy dejas ese rol para asumir una posición del bando contrario, en la burocracia cultural, ¿te va a resultar difícil desdoblarte y lograr la transición a esta nueva función?

Creo que ese es el vértigo. Yo conozco mi trabajo y vengo desde un sector en el que yo he hecho y he creado sistemas a mi medida, por decirlo de alguna manera. Sí va a ser difícil, porque ya no va a ser culpa de los burócratas funcionarios porque siempre creemos que es culpa de ellos. El problema es la gestión pública como tal, como está organizada. Espero no perder la alegría, y cuando la esté perdiendo me daré cuenta, porque yo quiero hacer las cosas a mi manera, sin agendas ocultas, ni cálculos políticos, pero sé que estoy entrando a un Municipio que tiene quince años, o sea tres administraciones, de concebir de la misma manera a esa secretaría de Cultura, además, completamente bicéfala y desarticulada en todos sus espacios. Solamente la Fundación Museos de la Ciudad, que logra tener un gran apoyo del alcalde Barrera y logran hacer desde esa fundación cosas que dejaron a la ciudad con infraestructura inicial, al menos ya disponible para empezar a trabajar. Pero sí me preocupa, porque estoy mayorcita ya para andar creyendo en cucos, ni tampoco en elefantes volando para soñar con imposibles.  Yo lo que creo es que sé hacer mi trabajo. Lo conozco. Desde mi sitio he enfrentado al Estado todo el tiempo, desde las épocas del Banco Central, en Guayaquil, mi relación con el Ministerio de Cultura. Y con el Municipio nunca he tenido relación porque el alcalde Barrera fue el primer alcalde que en trece años nos recibió. También hay algo que me animó a aceptar el cargo: construir la continuidad de políticas. Es tenaz para nosotros, siempre que los políticos se van, nadie se plantea continuar las cosas que el anterior pudo haber hecho bien o dejado. Hay que tomar eso, decir está bien hecho y seguir. La infraestructura cultural de Quito, como te digo, es enorme.

¿Qué se ha hecho bien?

Son aciertos todos estos espacios que luego se fueron construyendo con muy buenas intenciones e instalaciones, como estos centros de desarrollo comunitario (por cierto, no me gusta el nombre). Se instalaron en cuarenta y dos barrios de Quito esos espacios que deberían brindar un servicio cultural, educativo, social ¡Son lindos! Hay un centro de desarrollo comunitario que tiene proyección 3D, y que tiene como doscientas butacas ¡unas instalaciones de primera! Esa infraestructura está ahí, yo voy a seguirle dando continuidad, pero yo no quiero elefantes blancos, paredes y equipos. Porque hacer una formación de públicos, por ejemplo para el cine, no es cuestión de aplastar play y pasar una película. Hay que capacitar a la gente que lo va a manejar, que sean gestores culturales que conozcan su trabajo.

¿No tienes miedo que te digan que vienes de un contexto de gestión muy puntual, de un sector específico?

¿El cine?

Claro, tu trabajo ha sido en cine.

¡No creas! Yo he hecho danza, teatro, he organizado festivales, liderado investigaciones, publicado el periódico del Ochoymedio por diez años. Creo que tengo formación de todas las áreas. Pero es cierto lo que dices, aunque no diría que tengo miedo: yo voy a hacer muy clara en el caso del cine, lo que me interesa es la circulación en esos espacios.

¿Cómo piensas lidiar con potenciales alegaciones de conflicto de interés entre tu gestión y la gestión del Ochoymedio?

Ya renuncié.

¿Te vas a desvincular del Ochoymedio mientras estés en el Municipio?

Tengo que. Porque es verdad lo que dices y hay que ser cuidadosos con eso. A mí me gusta la transparencia, total. Estoy totalmente desvinculada, a nivel accionario y gerencial.

¿Vendiste tu participación el Ochoymedio por este cargo?

Sí. Quiero hacer las cosas bien.  Y sé que ese puede ser un punto complejo, pero evidentemente reconozco, y eso ya no me corresponde decir a mí, la importancia de un espacio como Ochoymedio, porque Ochoymedio va a seguir viviendo. El Ochoymedio dejó de pertenecerme a mí hace años, en el sentido de que le pertenece al cine, a los festivales, a la ciudad. Es la ciudad la que tiene que prever su existencia. La ciudad tiene que adoptar políticas que se dirijan a ese tipo de espacios, pero yo, claro, en mi accionar no tengo nada que puedan decir que hice algo equivocado. Y quiero seguir manteniendo esa transparencia en todo lo que hago. Entonces sí, hay un nivel de confianza en la gente que queda a cargo del Ochoymedio. El Ochoymedio ya cumplió una etapa conmigo. Fueron trece años que le estuve dando todo lo que tenía, y mira dónde me ha puesto el Ochoymedio.

¿Cuáles son las medidas más urgentes en la Secretaría de Cultura?

Reorganizarla totalmente. Es una secretaría que estaba desarticulada con las Fundaciones Municipales de Museos y Teatros. Hay que organizarla en función del plan de cultura que tengo en mente, porque hay demasiado cruce de funciones.

¿Cuántas fundaciones hay? Este tema de la bicefalia ha sido un tema recurrente entre los gestores culturales quiteños.

Fundamentalmente son dos. Teatros y Museos. Pero luego están los centros culturales, el Itchimbía, el Metropolitano, que son centros culturales enormes. El Benjamín Carrión. Cada uno trabaja por su lado, no existe una rectoría que organice el trabajo en conjunto.

¿Por qué se ha dado este divorcio entre la secretaría y las fundaciones?

Porque el secretario anterior tenía un único interés: las fiestas de Quito y los eventos de tarima. Eso tengo que decirlo. Tenía su presupuesto mayoritario en las fiestas de Quito, en el mega evento.

Entonces era más una Secretaría de Eventos.

Exactamente. Entonces ahora yo planteo construir una unidad de eventos, que haga las fiestas, porque eso es importante para la ciudad. Todos queremos, pero eso no puede ser la función única de la Secretaría de Cultura.

Y hablando de las fiestas, ha habido quejas de que desde que se eliminaron las corridas las fiestas de Quito no son lo mismo. Más allá de la discusión sobre las corridas, creo que ha habido un cambio real en la dinámica de las fiestas, ¿tienes alguna idea de cómo recuperar lo que tradicionalmente eran las fiestas?

Sí, claro. Verás, la ciudad en las fiestas también quiere un concierto grande, tipo Calle13 y eso. Pero son dos o tres puntos polarizados en el norte y en el sur, que aglutinan mucha gente. Y esos han sido los indicadores de la gestión, o sea, siempre insistían en proyectos de este tipo por la cantidad de beneficiarios a los que llega el proyecto. Equivocado. Equivocado porque las fiestas eran también las fiestas de la orquesta en la esquina de tu casa. Eso se ha perdido. Tengo interés de que los centros de desarrollo sean entregados a grupos de teatro, danza, de distintas áreas y ellos organicen las fiestas a partir de ese lugar. Entonces, es ir también al gran mega concierto en Quitumbe, o el Parque Bicentenario. Pero las fiestas grandes tienen que organizarlas los empresarios. El Municipio tiene que facilitarle la vida. Pero desde mi gestión me interesa más las cosas que tienen indicadores culturales de otro tipo, que no es solamente el mega concierto.

Dijiste que querías reorganizar la Secretaría, ¿después de eso qué vendrá?

Bueno, la reorganización va a tomar tiempo. Eso no es fácil. Eso es un proceso que tomará por lo menos un año. En este año hay mantener lo que está programado, más o menos. Mantenerlo pero regularizarlo, pero concentrarnos en el 2015. Que ese va a ser nuestra gestión. A mí me parece que paralelo a la reorganización, es importante que se vea que hay una rectoría de la Secretaría en todos los espacios. Que sigan políticas claras. Me interesa mucho con la creación de la red de salas independientes. Quito no es igual sin los teatros pequeños. Ahí se gestado y ejecutado el hecho cultural. Y me interesa un montón crear estos corredores culturales, con los independientes, las salas pequeñas, los centros de desarrollo. Tener un Quito de corredores culturales. Queremos hacer una comisión fílmica de Quito. Levantar información estadísticas de hábitos de consumo cultural. Teniendo esa información es más fácil aplicar y desarrollar políticas. No consultorías que se quedan metidas en los cajones. Soy una mujer súper práctica. Si hago algo, me tiene que significar para algo.

En el tema del pragmatismo, ¿cómo vas a lidiar tú mismo con la burocracia? Entiendo que desde este año las fundaciones han tenido que someterse a procesos de compras públicas y eso en cultura a veces puede significar retrasos o pérdidas importantes. ¿Cómo agilitar eso e igual cumplir con los estándares de control estatales?

No puedes evadir el control. Yo no pretendo.

No digo evadirlo, pero cómo dinamizarlo.

Sería interesante saber si en la contratación pública existe un régimen especial para la cuestión artística. Creo que existe, pero no se aplica. Tendré que investigar y ver cómo manejo eso. Tengo que tener paciencia, de lado y lado. Porque yo por muchos años fui víctima de todas esta situación que no está bien, porque además a los funcionarios municipales quiero conocerlos primero porque son gente que tienen años ahí. Y no quiero crear un conflicto inicial, sino incorporarlos.

Entiendo que Chía Patiño va a seguir dirigiendo el Teatro, pero Ana Rodríguez renunció a la dirección de Museos ¿A quién van a nombrar ahí? ¿Tienes alguien ya pensado o escogido?

Mira, Chía está confirmada ya por el alcalde antes de mi nombramiento. Ella ha hecho un gran trabajo, pero los gestores locales de artes escénicas tienen que tener un puente de comunicación directa con ella que hay que crearlo. A eso me voy a dedicar yo.

En la Fundación Teatros de la Ciudad hay un directorio que la ratifica y la nombra, del que también soy parte yo. En el trabajo del Sucre hay que definir políticas más claras sobre la participación nacional, que es la demanda de los actores escénicos y que yo sí quiero escucharles. O sea, me parece que es un teatro que tendría que acercarse más a la gestión local, que sí lo hace, pero tiene que verse más. Establecer el puente y el diálogo. Ayer me encontré con una manifestación afuera del Teatro Sucre en la que estaban justamente, claro, la gente enseguida se pone en el plano de la destitución, pero yo les invité más bien al diálogo. Ese es un cargo ratificado por el alcalde antes de que yo llegue. Sin embargo, considero que hay una excelente programación en el Sucre, que también se ha democratizado el acceso al público, pero insisto, hay que sentarse en la mesa de diálogo con los artistas escénicos, para ver qué quieren de ese teatro.

¿Ya tienen un reemplazo para Ana Rodríguez?

Aún no la tengo. Ana se queda hasta el 31, yo la invité a quedarse. La reconozco como una gran artista y gestora. Nos respetamos mucho, pero ella tiene otros planes en su vida. Entonces tendremos que buscar un perfil, pero no quiero hablar de puestos, ni dar nombres, quiero ir a conocer qué han hecho. Yo no creo que se hayan reunido con el anterior secretario los directores de los espacios, a la final me equivoco, pero creo eso. A mí no me gusta repartir puestos, primero tengo que ver el perfil del lugar para ver qué persona se elige.

Te escuché hablar de danza, cine, teatro, pero no te he escuchado hablar de literatura.

Ese es un punto clave, lo que pasa es que tengo que informarme. No me gusta hablar por hablar. Pero la creación de un fondo editorial es clave. Ese es otro sector totalmente desarticulado, que en particular no ha tenido una política. Tengo que entenderlo.

En internet circula una petición al alcalde Rodas para que no cierre un proyecto de arte y cultura barrial. Según la carta, más de medio millón de personas han participado ¿Estás al tanto?

No todavía, pero es lo de Cultura Viva, ¿verdad?

Sí.

Yo conozco el programa, la iniciativa es buena; pero insisto, se construyeron, se hicieron cosas, y es válido que el programa se mantenga, pero como está, creo que no. Porque son como sesenta y cuatro personas contratadas en la Fundación Museos de la Ciudad para dar talleres, pero los lugares donde se ejecutan estos programas no tienen la cabeza correspondiente para que pueda ser el facilitador de su ejecución. A mí sí me interesa mantener el programa, es un buen programa. Va ser de las primeras cosas que revise, pero hay que acláralo bien cómo funciona porque esos espacios que ellos están demandando están dentro de las administraciones zonales y el territorio dentro de la secretaría de territorios, para que tengan una continuidad programática, deberían pasar a Cultura. Ahí tengo una acción muy concreta, porque si mañana tienes talleristas, gente muy linda que quiere ejecutar estos programas pero no tienen quién les abra la puerta de centro de desarrollo porque depende del administrador zonal, entonces ¿cómo?

Ya para ir cerrando, ¿cuál es el presupuesto de cultura?

Está en cerca de veintidós millones.

¿Crees que hay una sobrepoblación en el personal de cultura?

Creo que hay una mala distribución. El alcalde Rodas ha dicho públicamente que no quiere engrosar más la función pública. Me parece válido: luego te llenas de veinte mil funcionarios y para un trámite pasas por siete trámites y siete firmas. Hay que optimizar el personal que ya está, redefinirlo y reubicarlo pero déjame tener más información para tener más seguridad.

Para mucha gente no sólo en el campo cultural, sino en muchos aspectos, el alcalde Rodas siempre ha sido un enigma. Para muchos es un tipo sin ninguna sustancia, sin contenidos que hasta ahora ha sido solo un buen candidato. Tú que has hablado con él, ¿cuál es su idea de cultura?

Creo que él proviene de un sector al que, de alguna manera, le falta información. Me interesa de él ahora que está dispuesto a escucharme. Ya en su discurso de posesión, ya dijo y posicionó ideas mías. Eso es bueno, porque está creyendo en su secretaria de Cultura. Proviene de prácticas diferentes, vinculada al sector de la administración pública y política. La cultura siempre repensarse desde los candidatos y creo que él en su campaña era un tema que lo tenía pendiente, pero tal vez no era su prioridad; pero él, al llamarme a mí, me lo tomo muy en serio. Estas cosas yo me las tomo muy en serio, como me lo estoy tomando ahorita. Hablar con él me produjo confianza,  por eso acepté. Le pedí libertad de acción, me la dio, le pedí que los espacios culturales no sirvan de proselitismo político, me dijo que sí. Mientras eso se mantenga, estaré. Yo no puedo dejar de ser crítica, porque el rol de la cultura siempre será crítico. Si me deja trabajar, si puedo dejar proyectos como el de la ordenanza cultural, estaré muy feliz.

Y, ahora sí, dos más para cerrar, de verdad: ¿Empieza tu gestión con alguna oposición de entrada?

No. En el sector cultural creo que mucha gente me conoce. Mi mayor hoja de vida es mi trabajo. Creo que tengo un gran apoyo y una gran expectativa, que me da vértigo. Sé y conozco como funcionan otras cosas. Mi puesto es clave ahorita, porque si logramos diálogos y puentes de comunicación con el Ministerio de Cultura. Yo sí quiero.

¿No tienes miedo a la distancia que hay entre el gobierno central y la nueva administración municipal quiteña? ¿Van a poder trabajar juntos?

Yo lo voy a provocar. Voy a provocar que los temas que nos competen en común los conversemos. Yo soy fuerte de carácter, pero saben que lo que me interesa es el sector.

¿Te felicitó el Ministro de Cultura por la designación?

No.