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Cada domingo mientras se prepara la edición de Gkillcity.com, surge una reflexión. Ocurre entre la lectura de los textos y la organización de los temas. Es una idea breve que hasta hoy no me he detenido a analizar. Reviso los nueve artículos y de alguna manera siento que es un reflejo de quiénes somos y dónde estamos parados en ese instante. Hago un balance de los contenidos y casi siempre noto que hay un agradable equilibrio: por un lado los análisis de alguna tensión política y por el otro una historia que motiva a ir al teatro o leer un libro. Por un lado la miseria y por el otro la esperanza. Creo que eso somos, un poco de cada cosa.

Cada semana la edición intenta mostrarme que mientras hay temas de los que debería estar más informada hay otros que si no fuera por este espacio no me enteraría que ocurren.

Somos, en parte, lo que leemos. En Gkillcity somos un poco de todo y lo veo en esta edición, la 145. Es un dualismo que siempre va a estar. Un abogado explica por qué es una necedad de Estado despotricar en contra del sistema regional de derechos humanos y una productora comparte la emoción de planificar el gran festival de jazz de Quito. Mientras Ucrania se rompe de a poquito, un hombre vestido de mujer saca sonrisas a los neoyorquinos en el metro. Así, a través de los textos, la vida nos muestra todos los días cómo siempre hay grandes problemas pero también pequeños detalles que importan, trascienden, generan cambios.

Sé que hay quiénes solo leen los textos que saben que dejarán mal parados al presidente Correa. Otros, solo aquellos que analicen porqué el alcalde Nebot hace mal las cosas. Leer solamente de un tema es como envenenarse y no permitirse ver más allá de la caja. Al otro extremo, ignorar temas políticos «porque no queremos contagiarnos de la amargura» es cobarde. Me parece necesario mirarnos y replantearnos qué preferimos leer y porqué.

Nosotros, al final, elegimos qué queremos ser.

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