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La fórmula que popularizó Woody Allen, esa que decía que humor es tragedia más tiempo, a veces queda corta. El humor también descomprime, transgrede, revela. A veces es la única manera de señalar nuestras miserias y prejuicios, sobre todo aquellos de los que es imprescindible reírnos. En oportunidades, no hay tiempo que esperar, no basta que la tragedia se convierta en anécdota, es preciso dejarla al descubierto en su inmediatez. Cosas que pienso mientras en mis maratones de series descubro Derek, la nueva ficción de Ricky Gervais, y en la misma semana encuentro en la web los capítulos de Jorge, la serie argentina escrita por Malena Pichot.

Puede resultar caprichoso unirlas en una mirada, pero me descubro encontrando similitudes. Ambas son comedias nuevas y, aunque ninguna aspire a la masividad, que hayan estado en TV las ubica en esa amorfa bolsa de “contenidos populares”. Hacen humor con temas que incomodan, con cintura suficiente para no caer en la temible corrección política. Incluyen protagonistas a personajes que la televisión evita. Derek es un hombre de 50 años que actúa con la inocencia de un niño, con rasgos que algunos identificarían con el autismo. Jorge convive con un amigo en silla de ruedas, que le enseñará que no existe discapacidad, salvo la discapacidad emocional.

Jorge y Derek forman parte de minorías a las que las ficciones de televisión les debían algo. Porque el cine abordó el tema de las personas con discapacidades más de una vez, de maneras más o menos felices,  pero la televisión, que cuenta con la potencia de la popularidad –a veces como ventaja, otras como debilidad– no ha sabido incorporarlos. Y cuando lo hizo, fue con la torpeza de la inexperiencia. Con comedias que se burlaban del diferente, del distinto, del “otro”. O con dramas políticamente correctos que victimizaban a sus personajes –como aquella popular serie, Corki, la fuerza del cariño–. Ni hablar del formato de telenovela latinoamericana. Era un vuelco clásico del género era la ceguera o la discapacidad para caminar de alguno de sus protagonistas, que terminaban siempre recuperándose, porque de lo contrario veían el final feliz era inconcebible. 

En la era del reinado de las series, faltaban comedias arriesgadas, incorrectas. Que tomaran un tema incómodo y lo desarrollaran con un sentido del humor honesto. No “reírse de”, tampoco “reírse con”. Simplemente que incluyeran el tema, en el sentido más básico de la palabra “inclusión”. El maisntream televisivo dio algunos de esos pasos en Glee, la comedia musical en la que Artie, el guitarrista del grupo, estaba en silla de ruedas; o en House, en la que el carismático médico-detective se movía con dificultad porque su pierna derecha no respondía a su voluntad.

Ricky Gervais –músico, director, guionista, humorista y actor de cine y televisión- es célebre por elegir temas y enfoques incómodos, haciendo foco en verdaderos outsiders. Si en Extras eligió hacer una semblanza ácida de los actores “de relleno”, después, en Life’s too short mostró en formato de mockumentary la vida de Warwick Davies, un actor enano, interpretado por el mismo Davies como un arrogante personaje que no cree que su altura lo obliga a convertirse en un simpático bonachón.

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En Derek, Gervais se pone en el cuerpo un hombre que trabaja en un geriátrico, que está en sus cuarentas pero mira la vida con la inocencia de un niño, y que muchos creen que es autista, aunque al guion nunca le preocupe dar ningún tipo de diagnóstico sobre él. Basta saber que es diferente. Pero tan diferente como los “normales” que lo rodean: los ancianos que cuida, al borde de la senilidad; los familiares de esos viejitos, al borde de la avaricia; sus amigotes del geriátrico, con severos problemas de sociabilidad.

Gervais elige temas ásperos, impensables para una comedia, y si bien se permite largas escenas melodramáticas y que huelen a instrucción moral, hay un sentido del humor extraño, sensible, tierno y, a la vez, negro. En una escena gloriosa, Derek encuentra un pajarito herido en el jardín del geriátrico. Quiere salvarlo aunque todos le recomiendan que lo deje donde lo encontró. Y sin que nadie lo mire, llama a una ambulancia. Cuando los paramédicos llegan, quedan perplejos con su explicación. Sobre todo, porque el pajarito murió asfixiado en sus manos.

Gervais dijo en una entrevista, al presentar la serie –que se emitió por Channel 4 en Inglaterra y que cualquier internauta la encontrará en Netflix y otros sitios–, que se inspiró en un tema que conoce de cerca: La mitad de su familia trabaja en la asistencia. “Mi hermana trabaja con niños con dificultades de aprendizaje y mi cuñada en un hogar de contención para personas con Alzheimer”. Varios de sus sobrinos, dice, colaboran en asilos de ancianos “Siempre escribo de lo que conozco”. Sin embargo, la serie despertó controversias. Había quienes veían que el personaje de Derek una sátira cruel. Otros, creyeron que esa lectura corre por cuenta del espectador, y encontraron en Derek una mirada de humor humanizado.

Escrita por Malena Pichot y dirigida por Nicolás Goldbart. Jorge, se emitió en la televisión pública argentina, y se puede ver online en la página oficial de TDA. Jorge es un tipo de 33 años, antisocial, depresivo, quejoso. Su padre acaba de morir, su novia lo dejó y tiene un trabajo mal pagado en un call center que lo obliga a buscar un concubino para compartir los gastos de la casa. Así conoce a Ludovico, un hombre de su misma edad, que trabaja como diseñador gráfico, es inteligente, optimista, tiene suerte con las mujeres y está en una silla de ruedas.

La relación que crece entre ambos no hace más que develar los prejuicios de Jorge y también sus miedos: a compartir, a estar solo, a lo diferente. Se suman otros personajes: Loli, una chica epiléptica; Jota, un estudiante paraguayo; y un homeless que vive en el barrio. En boca de otros personajes quedará el señalamiento más explícito de la otredad, como en la madre de Jorge, quien encarna en sus estigmatizaciones el lado más extremo de la discriminación: acusa a los amigos de su hijo de “hippies”, “paralíticos” o “mugrientos”.

Aunque Jorge cree que en encarna el canon de “lo normal”, sus amigos le irán mostrando que el verdadero freak es él. Y si bien hay un didactismo intrínseco en esa idea, que por momentos es bastante ingenua, el humor filtra todas las situaciones. Como cuando Jorge se queja de que Ludovico es el que se acuesta con todas las chicas que conocen. “¿Qué querés que haga? Vos caminás, pero yo cojo”, le responde Ludovico. La recepción en Argentina de Jorge fue tibia, quién sabe si debido a un horario marginal en la grilla televisiva, a su tema, o a que muchos televidentes desconocen su existencia. Pero los ocho capítulos están disponibles para ver on line, en calidad HD.

Correrá por cuenta de los espectadores definir si esas miradas son abordajes válidos. Y si hacen reír. Vale la pena verlas.

Bajada

Pocas comedias de televisión se animan a tocar el tema de las personas con discapacidades. Aquí, dos que se arriesgan.