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Lo que los periodistas preguntan pero parecen no querer saber

En estos días he peregrinado por varios medios de comunicación para asistir a entrevistas sobre el Matrimonio Igualitario. Me ha sorprendido la reincidencia de ciertas preguntas. Acá mis respuestas a esas interrogantes que los periodistas repiten y repiten y repiten, en una suerte de espiral eterna que no acaba nunca.

Pero, ¿está el Ecuador preparado para un matrimonio entre personas del mismo sexo? Esta es de largo la pregunta más frecuente que me hacen. Y yo respondo con un sí rotundo. Claro que estamos preparados como sociedad para que personas del mismo sexo obtengan reconocimiento jurídico.

Recordemos que en 2007 los sectores más retardatarios y conservadores del país también dijeron que la sociedad no estaba preparada para reconocer parejas homosexuales. Se dio amplia cobertura mediática a estos grupos que rechazaban el que la unión de hecho entre personas del mismo sexo estaría garantizada en la Constitución de Montecristi. Previo al referéndum ellos  hicieron intensa campaña por el NO. Hubo misa campal, sermones furibundos, panfletos repartidos en las homilías.

Hoy la Constitución vigente permite que las uniones de hecho de personas del mismo sexo sean declaradas ante notario y generen, por lo menos en teoría, los mismos derechos y obligaciones que tienen las familias constituidas mediante matrimonio. A pesar de que la unión de hecho no es lo mismo que el matrimonio y a pesar de que en nuestro país conseguir una notaría que te la haga es complicado –incluso oneroso, algunas notarías te cobran hasta tres veces más por hacer uniones de hecho de personas del mismo sexo- lo cierto es que hoy este trámite se conoce y se de da. Se da además en oficinas públicas, sin descalabro social.

Para lo que no estaba preparado el Ecuador era para que en 1906 Eloy Alfaro instaurara el laicismo en el país. Las reformas legales de la revolución liberal sí causaron descalabro e intenso malestar social, hasta enfrentamientos armados. Incluso luego de que existiera la ley de divorcio, la gente no se divorciaba por el qué dirán. Para lo que no estaba preparado el Ecuador fue para que en 1924 Matilde Hidalgo de Procel consiguiera el voto femenino. Ella actuó sola en una sociedad profundamente machista y patriarcal, mucho más que la de ahora, por esto sufrió el ostracismo de su comunidad. Solo por el hecho de estudiar secundaria, Matilde se quedó sin amigas y el cura de su parroquia la obligó a escuchar misa dos pasos fuera de la entrada de la iglesia. Eran otros tiempos. Cuando Matilde consiguió el voto femenino, el Ecuador se convirtió en el primer país de la región en establecerlo. Es decir, tampoco Latinoamérica estaba preparada para que una mujer votara cuando Matilde Hidalgo conquistó ese derecho en el Ecuador. No se acabó la familia ni la sociedad por que las mujeres votaran, tal como lo vaticinaban los apocalípticos sectores que estaban en contra…a pesar de que como sociedad, debemos admitirlo, no estábamos preparados para esto.

 

La Biblia dice “Dios los creó hombre y mujer”. ¿Puede irse contra la ley de Dios? Esta pregunta me la hicieron la semana pasada 8 de cada 10 entrevistadores. A todos tuve que desayunarlos con la novedad de que ¡hace más de 100 años el Ecuador es un Estado laico!

Es decir, lo que diga la Biblia está muy bien para aquellas personas que la leen como un texto sagrado y de cumplimiento obligatorio en sus vidas debido a su fe.  Pero en un Estado laico, como lo es el Estado ecuatoriano, lo que diga la Biblia no tiene ninguna relevancia en su sistema legislativo o en sus políticas públicas. Como tampoco la tiene lo que diga el Corán, la Cábala, el Ramayán, el Libro del Mormón, el Tao Te King, el Tipitaka o los textos védicos. Y no se trata de minorías o mayorías religiosas o la típica “el 90% del pueblo ecuatoriano es creyente”. Se trata de que nuestra Constitución vigente establece en su artículo 3, numeral 4 que es deber primordial del Estado garantizar la ética laica como sustento del quehacer público y el ordenamiento jurídico. Algo que cae de su peso ya que el artículo 1 de la misma Constitución, cuando enumera taxativamente las características del Estado ecuatoriano, dice claramente que es laico.

Señores comunicadores, señoras periodistas, repitan después de mí: el Ecuador es un Estado laico. ¿Ya? Ya.

Pero además, cada vez que alguien utilice la Biblia y sus versículos para justificar la negativa de un derecho, debe saber que la Biblia dice cosas que hoy casi ninguna persona católica y/o cristiana cumple. Cosas que serían horrible cumplir.

Por ejemplo:

Prohibición de comer conejo, chancho, cangrejo, camarón, langosta, pulpo; Levítico 11, 5-12. “El conejo que rumia, pero que no tiene dividida la pezuña será impuro para vosotros. Lo mismo la liebre. El cerdo, que divide la pezuña y no rumia, es inmundo para vosotros. No comeréis su carne ni tocaréis su cadáver; será inmundo para vosotros. Estos son los que hay en el agua y que podréis comer. Vosotros comeréis los que tienen aletas y escamas bien vivan en el mar o en los ríos. Pero tendréis por inmundos a todos los seres vivos q, todo lo que pulula en el mar o en los ríos y que no tienen aletas o escamas. Vosotros los tendréis por inmundos, no comeréis de su carne y tendréis sus cadáveres por inmundos: tendréis por inmundo todo ser que vive en las aguas y no tiene aletas y escamas.”

Prohibido comer caldo de manguera, morcilla, yaguar locro, relleno de pavo (ojo que se viene la Navidad) y de paso, también está prohibido leer horóscopos y consultar adivinos (ojo que se viene año nuevo); Levítico 19,26. “No comeréis cosa alguna con su sangre, ni seréis adivinos o agoreros”.

Prohibición de vestir ropa confeccionada con más de una fibra textil, como el poliéster, por ejemplo. Levítico 19, 19. “Mis estatutos guardaréis (…) no te pondrás un vestido con mezcla de dos clases de material.”

Prohibición de cortarse el pelo o la barba; Levítico 19, 27. “No cortaréis en forma circular los extremos de vuestra cabellera, ni cortaréis los bordes de vuestra barba.”

Prohibición de trabajar el sábado;  Éxodo 20,9-10. “Trabajaréis seis días y en ellos haréis todas vuestras faenas. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios. Que nadie trabaje, ni tú ni tus hijos, ni tus hijas, ni tus esclavos, ni tus esclavas, ni tus animales, ni los forasteros que vivan en tu país.” Violar este mandato se castigaba con la muerte, Éxodo 31,14. “Guardaréis el sábado porque es sagrado para vosotros. El que lo profane morirá; el que trabaje ese día será borrado de en medio de su pueblo.”

Pero por otro lado, en la Biblia te permiten tener esclavos, algo que hoy en día es considerado bastante inmoral y atentatorio de los derechos humanos; Levítico 25,44-45. “Si quieres tener adquirir esclavos y esclavas, los tomarás de las naciones vecinas: de allí comprarás esclavos y esclavas. También podrán comprarlos entre los extranjeros que viven con vosotros. Esos pueden ser propiedad de ustedes.”

Y a los padres se les permite matar a los hijos desobedientes, a piedrazo limpio y mediante espectáculo público. Deuteronomio 21, 18-21. “Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado no les obedeciere, entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva y dirán a los ancianos de la ciudad: este nuestro hijo contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearán y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá y temerá.” 

Ya sé lo que dirán algunos, “es que esas cosas las dice la Biblia en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento todo es paz y amor.” Pues entonces recuerden que eso de “Dios los creo hombre y mujer” también está en el Antiguo Testamento, para más señas en el Génesis 1, 27 (una entrevistadora me leyó el versículo entero hace unos días, en vivo, en un canal de televisión). Y tampoco es cierto que en el Nuevo Testamento todo es paz y amor. El inefable Pablo de Tarso, misógino de peso, nos dice en la 1ª de Corintios 14, 34 “que las mujeres estén calladas en el templo, porque no les es permitido hablar. Que estén sometidas, como lo dice también la ley”, hoy esto, afortunadamente, a nadie se le ocurriría exigir, porque viola afrentosamente los derechos humanos de las mujeres.

¿Es usted lesbiana? ¡Ay! Más que morbosa, esta es una pregunta que denota la imposibilidad que tiene cierta gente de sentir empatía, de ponerse en el lugar de otro, de entender que ciertas luchas se hacen por la igualdad, por combatir las injusticias, más allá de si esas injusticias nos tocan personalmente o no.

Quienes en entrevistas me preguntan por mi orientación sexual lo hacen siempre “con mucho respeto”. Lo curioso es que sospecho que lo que les parece falta de respeto a estas personas es la insinuación de que yo sea en efecto lesbiana, como si esto fuera algo malo. No el que me están haciendo una pregunta cabronamente personal, íntima e irrelevante.

Hasta el día de hoy, a pesar de que adoro a las mujeres, jamás he tenido ninguna relación sexual afectiva o romántica con una mujer. A pesar de que mis congéneres me suelen caer mucho mejor que los hombres, sucede que esas mariposas en el estómago, esa pasión y ese interés sexual solo me lo han despertado gente del sexo opuesto. Eso sí, chicos pilas, sacudidos, con escasos vestigios de machismo y con gran sensibilidad femenina. Por eso mismo han sido muy pocos.

Pero el hecho es que, cuando alguien discrimina a un ser humano por su raza,  sexo, edad,  orientación sexual, condición social, capacidad económica o por cualquier otro motivo, me está discriminando a mí. Así lo siento. Y lucho con todas mis fuerzas contra este discrimen. Conozco gente que actúa exactamente igual que yo. Mi amiga Alegría Barrezueta trabaja 37 años en Fasinarm al servicio de personas con capacidades disminuidas, y ella no es una persona con capacidad disminuida. Pepita de Zevallos ha dedicado su vida a ayudar a niños y niñas que se encuentran enfermos, y no tienen recursos para curarse. Y Pepita no es una niña, es una adulta. Bianca Salame es una aguerrida activista por los derechos de los animales…pero ella es una persona, no un animal. Elizabeth Vásquez es la fundadora del Proyecto Transgénero, y tampoco es una mujer trans.

¿Por qué nos cuesta tanto entender que alguien luche por erradicar un discrimen únicamente porque considera que eso es lo correcto?