Legalizar el matrimonio igualitario es el deber democrático de cualquier Estado, por respeto al simple principio de la igualdad de todos los ciudadanos y ciudadanas ante la ley. Sin importar su orientación sexual o identidad de género. No hacerlo es injusto y discriminador.

En el debate sobre el matrimonio igualitario, que es prioritariamente político, social y legal, suelen colarse con frecuencia argumentos de gente que está en contra y apela a la biología para asegurar que matrimonio es la unión del hombre con la mujer porque en la naturaleza solo existen hombre y mujer, y solo esta asociación es apta para procrear. Llegados a este punto no falta quien se aleje alegremente de lo científico para citar la Biblia y decir “Dios los creo varón y hembra”

¿Será?

Parece que no es tan así. Sobre todo, no desde el punto de vista científico.

La idea de definir matrimonio como la unión de un hombre y una mujer no funciona a menos que sepamos exactamente qué entender por el término hombre y qué entender por el término mujer. Sucede que en la actualidad no tenemos definiciones irrefutables para describir estos conceptos. Si la biología tiene todas las etiquetas y definiciones que se puedan desear y requerir… entonces, ¿es la anatomía la respuesta? Tú tienes pene y testículos, eres un chico. Tú tienes vagina, ovarios y útero, tú eres una chica. Pues no, sucede que la sexualidad es más complicada que eso.

Consideremos la historia de un chico que accidentalmente perdió su pene durante una operación siendo bebé. Los padres y médicos decidieron cambiarle el sexo mediante una cirugía, someterlo a una terapia de hormonas y criarlo como si fuera una niña. No fue sino hasta la pubertad cuando este niño biológico socialmente construido como niña supo la verdad sobre lo que le había ocurrido al nacer. Dejó las hormonas y reasumió su vida como el hombre que estaba genéticamente destinado a ser pero,… sin un pene. ¿Entonces? Entonces, carecer de un órgano sexual masculino no impide que seas un hombre (así como carecer de órganos sexuales femeninos no significa que no seas una mujer) y sin duda tampoco impide que te cases.

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Como vemos, no es únicamente cuestión de caracteres sexuales primarios: pene, vagina. Ya sé, me dirán ahora que la respuesta se encuentra en los cromosomas sexuales, estas dos cartas que determinan gran parte de nuestra identidad: X y Y. Si es XX la vestimos de rosa, si es XY lo vestimos de azul. ¿Verdad?

Pues tampoco.

Para empezar no todas las personas tenemos dos cromosomas sexuales. Algunos venimos al mundo con un cromosoma extra, o, por el contrario, a algunos nos falta uno. En la naturaleza encontramos personas que en lugar de ser XX o XY son XXY, XYY, XXX o solamente X. ¡Chanfle! ¿Qué hacemos con estas personas que no cumplen con este tranquilizador concepto de cromosomas XX mujer, cromosomas XY hombre?

Vayamos más lejos, ¿qué hacemos cuando existen personas cuyos cuerpos físicos desafían a las normas sociales? Antes de intentar una respuesta a estas nuevas preguntas, vamos a poner las cosas aún más complicadas: Ni siquiera es un asunto de cromosomas faltantes, cromosomas de más o combinaciones cromosomáticas atípicas. Tampoco el hecho de que una persona tenga cromosomas XX o XY garantiza que se vea con la apariencia de una mujer o de un hombre.

Una persona con cromosomas XY puede verse como una mujer debido a una condición llamada síndrome de insensibilidad a los andrógenos. En estos casos el cromosoma Y tiene el gen de la testosterona, pero los receptores de la testosterona no funcionan. Por lo tanto, a pesar de que existe el cromosoma Y, a pesar de que este produce testosterona, a pesar delos altos niveles de testosterona, debido a que los receptores de la testosterona no pueden actuar, el cuerpo no reacciona a la testosterona. Como consecuencia, no se produce un pene, no se engrosa la voz, no aparece vello en la cara y pecho; la persona se desarrolla siguiendo un patrón típicamente femenino y solo descubre que no es mujer, cuando en la pubertad ante la falta de menstruación, se realiza exámenes que indican que no tiene útero ni ovarios.

¿Entonces? ¿Esta persona es un hombre? Pues tampoco. Su cerebro también ha sido expuesto a un entorno hormonal típicamente femenino. Estas personas son lo que se conoce como intersexuales.

Por otro lado, una persona puede tener cromosomas XX y sin embargo parecer un hombre debido a la hiperplasia suprarrenal congénita. En estos casos las hormonas en saturación durante el desarrollo masculinizan el cuerpo sin que exista un cromosoma Y. En un caso extremo, un niño puede crecer y madurar, convertirse en adulto, tener un pene completamente funcional (y vida sexual), solo para descubrir más tarde –por problemas médicos causados por una menstruación interna) que también tiene útero y ovarios. Y también tiene un cerebro que ha estado sometido a la influencia de un entorno hormonal típicamente masculino. Este es otro caso que se inscribe dentro del concepto de intersexualidad.

Existe también una condición llamada gen cruzado, una mujer con cromosomas XX puede tener un gen del cromosoma Y que produce testosterona debido a que durante la meiosis en la formación del esperma los cromosomas X y Y estuvieron tan cerca que los genes se intercambiaron.

La intersexualidad adopta diferentes tipos y no se puede decir que una persona intersexual esté a medio camino en forma equidistante del territorio de ser hombre y del territorio de ser mujer. A menudo estas personas están en ambos territorios, el masculino y el femenino simultáneamente.

No sabemos aún por qué sucede esto. Pero sucede.

Lo triste, lo penoso es que con frecuencia las personas intersexuales que se someten a cirugías “normalizadoras” no lo hacen para gozar de mayor salud, pues ya son personas perfectamente saludables, si no para calzar con lo que la sociedad entiende por ser hombre o ser mujer. Porque sus cuerpos, su mera existencia, constituye una amenaza para esta simplista categorización.

En estos casos de intersexualidad, ¿puede hacerse un examen para determinar quién es hombre y quien es mujer? No, no se puede. No existe ese examen. Hoy en día la comunidad médica sabe que la noción del sexo es tan complicada que no se agota en los conceptos de hombre/mujer. Hoy tenemos que admitir que la naturaleza no traza una línea tajante entre hombres y mujeres. O entre hombres y personas intersexuales, o entre mujeres y personas intersexuales. Somos nosotros, la sociedad, quienes hemos trazado esta línea. Mientras más avanza la ciencia, más evidente se hace que estas clasificaciones se han hecho muchas veces en forma arbitraria, pues no siempre existen categorías anatómicas estables que correspondan directamente a categorías identitarias estables. Les recomiendo que vean la charla que sobre este tema da la Dra. Alice Dreger ¿Es la anatomía un destino? http://www.ted.com/talks/alice_dreger_is_anatomy_destiny.html Fuente de donde he sacado la mayor cantidad de información para este texto. También dense una vuelta por el delicioso Blog de Beatrice the Biologist a quien básicamente he traducido para confeccionar mis dichos. http://www.beatricebiologist.com/2012/02/biology-doesnt-support-gay-marriage.html

Como dice Beatrice en su blog, el sexo no es el sistema binario que pensamos que es, y no podemos ir por allí haciendo reglas sobre lo que las personas pueden o no pueden hacer dependiendo de la anatomía de aquello que se encuentra entre sus piernas. Por lo tanto, a más de que la prohibición del matrimonio igualitario es inconstitucional, innecesaria, injustificable y francamente mezquina, también es terriblemete anticientífica.

Una democracia basada en la anatomía del ser humano corre el riesgo de desmoronarse. Debemos llevar la democracia y los derechos del ser humano más allá de la anatomía, debemos avanzar al ritmo de la ciencia y de esta manera, al menos intentar ser contemporáneos de nosotros mismos.