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@emvegan

La respuesta de una vegana abolicionista al Epicuro franco-guayaco

 

El veintidós de agosto pasado, Bernard Fougères –presentador de televisión y crítico de cocina francés residente en Guayaquil– escribió en su columna de opinión semanal de Diario El Universo un texto llamado “La Mala Conciencia”.

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En él, Fougères reduce a una cuestión de mero gusto el consumo de productos animales. No sin astucia, Fougères cuenta que Hitler era vegeteriano mientras que el papa Juan Pablo II y el Dalai Lama, carnívoros. Parecería que Fougères pretende dejar claro que lo que comemos no nos define como personas.

Pero tal vez sí nos defina. La ignorancia que proyecta el carismático Bernard en su artículo no es aislada. Es una idea aceptada sin cuestionamientos por la gran mayoría de consumidores. La propuesta de Bernard »esos son tus gustos, acá los míos y todos felices» es un círculo vicioso que nos hundiría en un debate exento de sentido que dejaría un muy mal sabor, tan malo y doloroso como el de los tendones, vísceras y secreciones de origen animal no humano que Fougères alaba.

La discusión está en otra parte.

No cuestionar los hábitos de consumo resulta insostenible, sencillamente porque la principal víctima de la ecuación es intencionalmente ignorada. Para el violador, la violación es rica como para el pedófilo lo es la pedofilia ¿Significa esto que el simple hecho de que les resulte placentero sea justificable?  En ambos casos, el rechazo moral e incluso el tratamiento legal del tema es diferente porque la víctima de los ejemplos es humana ¿¿Si el resto de animales sufren como nosotros a nivel psíquico como físico, no es suficiente razón para no procurarles dolor o quitarles la vida?

No se necesitan productos de origen animal para vivir a plenitud, ya lo afirmaron claramente las asociaciones de nutricionistas y dietetistas de EEUU y Canadá en el 2003 “las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas, incluidas las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, nutricionalmente adecuadas, y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades”. Además, afirma la declaración, que se puede encontrar acá, que las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluido el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para los atletas. Bernard parece no haberse enterado de esto.

Es que, muy aparte de su tenaz desconocimiento respecto a la gastronomía exenta de productos de origen animal, la cuestión medular sobre el editorial de Bernard es el dilema ético.

La gran pregunta es por qué sobreponer determinadas preferencias y gustos sobre otros seres sintientes, a pesar de que esto, incluso, tiene consecuencias negativas en muchos aspectos, entre ellos, la salud humana. El consumo de productos de origen animal está directamente relacionado con problemas cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial, cáncer de mama y próstata, asma, artritis, enfermedades del aparato digestivo, problemas neurológicos, entre otros. Sugiero consultar a nutricionistas como Brenda Davis, doctores como Neal Barnard del Physicians Committee for Responsible Medicine y Michael Greger de Nutrition Facts.

Puedo dar fe de que es posible ser vegano y estar en óptimo estado de salud teniendo así la energía y motivación suficientes para degustar deliciosos platillos. Desde el 2007, pongo en práctica esta filosofía de vida si así queremos denominarla. En otros casos, para activistas como Leonardo Anselmi, el veganismo es una posición política pues le decimos al mundo como quisiéramos que fuera.

He tenido la fortuna, a diferencia de Fougères, de degustar diversidad de platos 100% veganos en distintos lugares del mundo e incluso en Ecuador donde nuestra riqueza de productos de origen vegetal facilita la veganización de muchos de nuestros platos típicos.

La gastronomía vegana puede ser asiática, europea Occidental, árabe, norteamericana, latinoamericana, crudivegana o de alimentación viva, exenta de gluten. Puede imitar casi a la perfección y a veces a la perfección la textura de las carnes con ingredientes vegetales como trigo o soya. Es capaz también de imitar los quesos a base de todo tipo de nueces, almendras, tapioca, entre otros. Esta infinita creatividad se aplica tanto para platos de sal como dulces y sus distintas variaciones. En todos los casos, el paladar, la salud y la consciencia quedan satisfechos.

Los chefs veganos ganan concursos por doquier. Un reciente ejemplo de entre los cuantiosos que existen es Stéphanie Audet. De entre una veintena de participantes en el exigente concurso de gastronomía organizado por el Spa Balnéa en Bromont, Canadá ganó con una propuesta crudivegana, de alimentación viva y sin gluten! Su plato de flores de calabacines rellenos de ricotta de macadamia y flor de ajo haría que hasta Bernard caiga rendido.

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Geovanni Anselmo. Sin título. 1968

Emmeline Manzur