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Era un poco después del mediodía y yo estaba trabajando en mi computadora con el relajamiento anticipado de quien sabe que le esperan tres días de feriado. De repente me llegó un mensaje directo al Twitter. Juan Pablo Argüello me decía que la novia de una muy querida amiga había desaparecido hace casi una semana sin dejar rastro. Se sospechaba que la familia la había ingresado contra su voluntad en una clínica, pues hacía pocos meses ella les había contado que era lesbiana y desde ese momento su vida se había convertido en una pesadilla en su casa. Le di a Juan Pablo mi celular para que la novia de la chica desaparecida se pusiera inmediatamente en contacto conmigo. Poco después recibí otro mensaje de Argüello, decía que su amiga estaba aterrada. Había sido amenazada por la familia de su novia, sospechaba que su teléfono estaba intervenido. No podía comunicarse conmigo. No ahora.

Esto fue el jueves 23 de mayo y desde ese momento me quedé angustiada. Me obsesionaba el recuerdo de Paola, joven quiteña de 28 años, quien fue separada de su pequeña hija y estuvo encerrada dos años en una clínica para deshomosexualizarla. Durante 24 meses Paola fue víctima de golpes, torturas, sufrió incontables violaciones sexuales, padeció todo tipo de abusos. Quien había encerrado a Paola había sido su propia madre.

El día viernes 31 de mayo mis amigas Lía Burbano y Jessica Agila me contactaron con urgencia. Lía Burbano es Presidenta de la Organización Lésbica Mujer & Mujer y la novia de la chica desaparecida había tomado contacto con ella en busca de ayuda. Ese día supe sus nombres: Zulema Constante era la muchacha desaparecida, Cinthya Rodríguez su novia que la buscaba con desesperación.

Lía me contó que ella había solicitado la ayuda de nuestro común amigo Billy Navarrete del Comité Permanente de Derechos Humanos y que en principio este organismo llevaría la causa y pondría la denuncia. Sin embargo, el caso del Monte Sinaí los tenía copados y Billy le había sugerido que mejor, para no perder más tiempo, yo me encargara de la demanda y la patrocinara como abogada. Llamé a María José Fernández, delegada provincial de la Defensoría del Pueblo del Guayas para tratar este tema, nos dio cita para el miércoles en la mañana.

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El martes 4 de junio recibí otro mensaje en Twitter, era María Beatriz Paredes. Me dijo que era compañera de Zulema y que ella y sus amigos estaban súper preocupados por su desaparición de hacía ya tres semanas. María Beatriz había ido ese mismo martes con otra amiga a la casa de los padres de Zulema. Mientras timbraban en la casa había llegado Guillermo Constante, papá de Zulema. Ellas le contaron que eran compañeras de Zulema –quien está cursando el último año de Psicología Clínica en la Universidad Católica- y necesitaban saber de ella por un trabajo que estaban realizando. El padre de Zulema les comunicó que ella estaba en Costa Rica y que no regresaría ese semestre a clases. María Beatriz le advirtió que de ser así no podría graduarse a tiempo. Constante les dijo que eso a Zulema no le importaba. A María Beatriz esto le pareció muy raro pues Zulema era una alumna dedicada, responsable y estaba empeñada en graduarse en un año. Pensaba que los padres de Zulema eran responsables de su desaparición. Es más, los amigos de ella sabían que ellos la habían amenazado con encerrarla en una clínica para curarla de su lesbianismo. Zulema solía relatar sus problemas con su familia en su cuenta Twitter @chuleconstante

Le conté a María Beatriz que al día siguiente conocería a Cinthya Rodríguez y que me encararía del caso de Zulema, prometí mantenerla al tanto.

El miércoles 5 de junio a las 11:30 de la mañana en las Oficinas de la Defensoría del Pueblo conocí a Cinthya Rodríguez quien llegó acompañada de Lía Burbano. Cinthya es una muchachita delgada, mejillas rosadas, ojos inmensos oscuros, tristes; pelo larguísimo abundante, castaño claro, como el de las princesas de los cuentos que lee mi hija. Nos dijo que estaba decidida a luchar para encontrar a su novia, que ya no tenía más miedo, que Zulema era su vida y no pararía hasta rescatarla.

María José Fernández nos recibió en su despacho. Por más que yo estaba bastante informada del caso a través de Lía, escucharlo de la boca de Cinthya, a quien sus amigos llaman Titi, me oprimió el corazón. Titi nos relató las amenazas de los padres de Zulema y cómo debido a estas Zulema y ella fueron el día 30 de marzo a presentar una denuncia en la Fiscalía. Nos mostró los papeles. Contó como el día 17 de mayo Zulema había accedido a almorzar con su papá y su mamá. Titi no estaba de acuerdo, pero Zulema le dijo que sus padres estaban en son de paz, que querían limar asperezas. Tenía que ir. Titi le rogó que no fuera sola, pero Zulema confiaba que luego de ese almuerzo todo iría mejor. Su última conversación con ella había sido al medio día, antes de salir con sus padres que la fueron a ver al trabajo. Zulema nunca regresó. Titi dijo temer lo peor, pues sabía que en esos lugares maltrataban a los internos, incluso los violaban sexualmente. Al decir esto último su voz se quebró, su aparente fortaleza se convirtió en un naufragio de lágrimas y temblores. María José Fernández, en un gesto íntimo y maternal, salió de su escritorio para abrazarla y consolarla.

Diseñamos la estrategia con el Ab. Marcos Pacheco quien está encargado de los casos de clínicas de deshomosexualización en la Defensoría del Pueblo. También estuvo en la reunión el Ab. Álvaro Ramírez Durini. Se acordó que primero presentaríamos la denuncia en la Fiscalía y que la Defensoría le daría seguimiento a este caso. Pero al presentar la denuncia nos dijeron que en el relato de los hechos de la desaparición de Zulema no había ningún delito y  la rechazaron sin admitir razones. María José Fernández tuvo que llamar al Ab. Paul Ponce, Fiscal Distrital, para que esta demanda sea ingresada a trámite.

Una vez presentada la demanda le pedí a Titi Rodríguez que escribiera un tuit diciendo que Zulema Constante estaba desaparecida desde el 17 de mayo y que quien tuviera noticias suyas la informara. Le pregunté si tenía una foto de Zulema, Titi mi contestó que tenía miles en su celular. Pusimos una foto de Zulema mirando de frente, francamente y sonriendo, con su pelo largo y negro cayéndole a un lado de la cara. En el instante en que fue publicado el tuit, llamé a Erika Vélez para empezar la campaña de difusión de esta noticia en las redes sociales. Ella dio en primer RT. Erika llamó a la asambleísta Rosana Alvarado. Yo llamé a Gina Godoy, también asambleísta. Las dos inmediatamente nos dieron su apoyo y arrancamos una intensa campaña en el Twitter. Minutos después, tanto Erika como yo, recibimos un mensaje de Billy Constante Mera, hermano de Zulema, que nos decía que su hermana estaba perfectamente, que no había desaparecido y que no difundamos noticias falsas. Pero nosotras la seguimos. Silvio Ramírez, el mejor amigo de Zulema, se dedicó a mandar tuits como ametralladora, Erika les daba RT y ese día miércoles a las 20:00 el nombre de #Zulema fue tendencia nacional en Twitter.

Mientras tanto, en Twitter, Billy Constante, Guillermo Robalino y Karen Avilés  reclamaban que se estaba jugando con la noticias de personas desaparecidas. Billy Constante incluso se comunicó vía Twitter con la Policía Nacional y con la misma Gobernadora del Guayas Viviana Bonilla para desmentir la desaparición de Zulema. Yo por mi parte llamé a Antonio García Reyes, de la Secretaría de Transparencia para que pusiera a Viviana Bonilla en conocimiento del caso.

Pero, ¿qué estaba pasando? ¿Sería posible que la familia y ciertos allegados de Zulema negaran su desaparición en esta forma? Billy Constante aseguraba en Twitter que al día siguiente su hermana estaría en su casa almorzando con Viviana Bonilla y que allí se demostraría que todo era una mentira de quienes querían dañar a su familia.

Titi Rodríguez al percibir mi desconcierto me hizo escuchar la grabación de un intercambio telefónico entre Zulema y su mamá Alexandra Mera que fue captado por las chicas el día 30 de marzo y que usaron como prueba para denunciar amenazas en la Fiscalía. Cuando escuché la conversación no me quedaron más dudas, la familia de Zulema en efecto haría cualquier cosa para curarla de lo que suponía era una enfermedad, su lesbianismo. Alexandra Mera le decía a su hija “yo no parí una lesbiana, parí una señorita a la que le gustan los hombres” o “no me desafíes, Zulema, yo soy tu madre y estoy actuando como Dios” también “Dios creó hombre y mujer”.

Esa anoche me quedé hasta muy tarde diseñando junto a Verónica Potes una estrategia encaminada a encontrar a Zulema. Teníamos muchísima confianza en que el escándalo generado en Twitter haría que la familia de Zulema se  diera cuenta que no podía tener desaparecida a Zulema por más tiempo; pero se nos hacía cuesta arriba a Verónica y a mí determinar cuál sería el siguiente paso.

Mientras, las noticias llovían, pero algunas eran contradictorias y otras insólitas. Una persona dijo que había visto como habían agarrado a Zulema a la salida de su trabajo entre algunas personas y la habían metido a un carro a la fuerza. Una señora cercana a la familia Constante, quien no quiso identificarse, nos informó que Zulema estaba en una clínica de provincias. Un amigo de Billy Constante admitió haber escuchado del propio Billy que su hermana estaba recluida en una clínica por lesbiana. Alguien dijo que Zulema había salido del país. También nos llegó el dato de que estaba en su casa sedada.

Era la una de la mañana del jueves 6 de junio y yo seguía al teléfono con Verónica cuando me entró una llamada de Titi, me dijo llorando que Zulema la acababa de llamar desde un celular desconocido, estaba en un taxi regresando de la clínica donde la habían encerrado ¡en el Tena! La sangre se me heló en las venas, algo no me hacía sentido. Temí que fuera una trampa.

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Zulema le había explicado a Titi que la habían soltado para que regresara a acallar el escándalo, la mismísima Viviana Bonilla había llamado a su papá y ella tenía que explicarle que había estado todo este tiempo en un retiro espiritual. Fue la primera vez que su familia tomó contacto con ella durante su encierro. Luis Hipólito Plaza, el Director de la clínica en la que estaba la subió a un taxi en mitad de la noche y la mandó para Guayaquil. Titi estaba desesperada pues la intención de Zulema era ir a la casa de sus padres, conversar con ellos e intentar negociar su libertad a cambio de desmentir el hecho de su desaparición. Zulema le había dicho a Titi “Yo te amo, quiero que sepas que nunca, ni un solo minuto en estas tres semanas, he dejado de pensar en ti. Ponte a rezar, ruégale a Dios que me permita convencer a mi familia y tú y yo podamos volver a estar juntas para siempre”.

Era la 1:30 de la mañana cuando llamé a Zulema. Me contestó con una voz tan serena que me sorprendió. Le expliqué que era muy peligroso ir a casa de sus padres. Mucho mejor sería llevarla inmediatamente a un lugar seguro para darle protección y dar la noticia de su liberación. Una vez hecho esto sería difícil que su familia intentara recluirla nuevamente. Zulema estuvo completamente de acuerdo, pero me contó que no confiaba en el chofer. Él se estaba portando muy amable con ella, le había prestado su celular, pero ella no sabía hasta qué punto estaba involucrado en esto. Además él había recibido órdenes expresas de llevarla a la casa de sus padres.

Verónica Potes obtuvo a través de Zulema toda la información sobre la clínica en la que había estado, nombre, dirección. También todos los datos sobre el carro en el que venía, su placa, modelo, color y la ruta con la que la llevaría a Guayaquil. Con estos datos establecimos aproximadamente la hora de su llegada. Verónica llamó a amigos suyos en el Ministerio del Interior, les comunicó el caso y pidió apoyo policial para que protegieran a Zulema en Guayaquil.

Pero el chofer seguía siendo un problema. A Titi se le ocurrió llamar a Lía Burbano para que ella le diera el encuentro a Zulema en Boliche. Zulema se bajaría en un lugar acordado, con la excusa de ir al baño, se cambiaría al carro de Lía y regresaría con ella.

Estuvimos monitoreando toda la noche el regreso de Zulema, contactando a las autoridades correspondientes para asegurar protección para las chicas, Así mismo, Verónica le dio los datos sobre la clínica al Ministro José Serrano para que sin pérdida de tiempo ordenara un operativo. Otras nueve chicas habían estado recluidas junto con Zulema, ella no sabía exactamente los motivos, pero sabía y le constaba que todas estaban contra su voluntad y que recibían el mismo trato abusivo que ella.

A las 7:30 de la mañana perdimos todo contacto con Zulema, el celular que tenía se quedó sin batería. Titi entró en pánico, mil temores irracionales y no tan irracionales le quebraron la esperanza. Solo quedaba rogar para que Lía y Zulema se encontraran a ciegas en el sitio acordado. Yo estaba bastante segura de que Zulema encontraría a Lía, toda la noche esta muchacha me había dado muestras de serenidad, inteligencia, decisión y de una sangre fría propia de Mata Hari. A las 8:30 Lía se comunicó con nosotras, ¡ya tenía a Zulema en su carro! Venían para Guayaquil.

Lo siento, me es imposible describir el reencuentro de Zulema y Titi esa mañana a las nueve pasadas cuando Lía la trajo sana y salva a la casa. Solo diré que pocas escenas me han conmovido tanto en mi vida.

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El resto de lo que pasó en esta historia está en los diarios. Los detalles del encierro de Zulema constan en la rueda de prensa que dimos esa mañana en la Defensoría del Pueblo y en la versión de los hechos que Zulema dio esa tarde durante más de tres horas en la Fiscalía.

El objetivo ahora es trabajar conjuntamente con las autoridades del Gobierno para cerrar estos centros de tortura que prometen a sus usuarios y familiares algo que es imposible: cambiar la orientación sexual de una persona.

Es imperativo también que los operadores de justicia entiendan que están obligados a tramitar estas demandas y no rechazarlas cuando se dan cuenta que son los padres quienes han encerrado a sus hijos por su orientación sexual.

También queremos que la sociedad se libere de este cruel prejuicio que asimila la homosexualidad a una enfermedad, desviación, depravación. Tenemos que educarnos y entender que la homofobia destruye, humilla, enferma y mata. Nadie merece pasar por lo que pasó Zulema. Nunca más.