@josemarialeonc

El 22 de junio de 2011, GkillCity salió al aire por primera vez. Eso lo celebramos y recordamos el sábado pasado, veintitrés, en la fiesta que organizamos para nuestros colaboradores. Fue una fiesta increíble, con una vibra maravillosa, que coronamos viendo el vídeo que el talentoso Ernesto Yitux preparó con la colaboración de muchísimos de quienes participan en la página.

La fiesta fue un reflejo de lo que GkillCity es. Definitamente, se farrea como se vive. Y el sábado se farreó entre amigos, con intensidad y con una pasión que desbordaba la casa del buen Gary (a quien agradezco infinitamente). Gente increíble. Una amalgama de individualidades única e indispensables, cada uno siendo mientras estaba entre los otros. Hubo un momento durante el concierto de Los Corrientes –nuestros álter egos musicales– en que tuvieron que pedirnos que no rockeemos tanto porque la casa trepidaba.

La fiesta fue una victoria. Un fiel reflejo de lo que ha sido este año.

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Hemos querido trasladar esa celebración a la página, que es el espacio donde se proyectan cada una de las individualidades que construyen GkillCity. Como editor general, que es a lo que aquí juego, estoy convencido que la mejor manera de celebrarnos es reconociendo nuestros errores pública y sinceramente.

No hacerlo es un acto de soberbia y necedad manifiesta, que trasluciría una idealización muy propia de los ecuatorianos: aquí todo está bonito y por eso nada debe cambiar. Es entonces cuando nada cambia. Por eso tenía razón Samuel Beckett cuando decía que los pesimistas son los verdaderos optimistas, porque saben que el mundo está mal y hay que hacer algo para cambiarlo. Los optimistas, por el contrario, tienen una perversa convicción de que las cosas algún día van a cambiar (y por eso no se quejan jamás).

En ese sentido, GkillCity es una página pesimista.

Además, es una página inconforme. Una inconformidad que ha sido abordada desde muchos espacios, a través de diferentes lentes y con diferentes propuestas. Una inconformidad que empieza casa adentro con cosas que queremos cambiar y mejorar. Cosas que discutimos lunes a lunes, en las reuniones de planificación y que hoy comparto con ustedes.

Lo hago, además, porque hay cierta gente que califica a GkillCity como un éxito, una victoria. Entonces recuerdo a Nietzche “hay que proclamar que nada es tan  peligroso como una victoria (…) aparentemente es más fácil lograr la victoria que asumirla de manera que no resulte de ella una grave derrota”.

A GkillCity hay que asumirlo de tal manera que no deje nunca de cuestionar, empezando por cuestionarse a sí misma, que es lo que mantiene vivo este proyecto.

Apunto en este breve inventario de errores lo que confieso, con el corazón contrito, han sido nuestros errores recurrentes este año.

La impuntualidad. Tenemos un año tratando de reunirnos puntualmente a las siete y treinta de la noche los lunes. Por diferentes motivos, las reuniones jamás empiezan a la hora establecida. Enumerar esos motivos sería pretender justificar esa impuntualidad. Además, muchos de nosotros hemos incumplido los parámetros de fechas límites de entrega de colaboraciones. Eso nos pone en apuros que debemos solventar a trancas y a barrancas y, sobre todo, gracias a la mano que nos suele dar siempre alguien. Por ejemplo, sin el concurso de Héctor Galarza, el famoso señor H, que más de una vez se ha levantado a las dos de la mañana a reparar una computadora que se nos dañó en media edición de una entrevista.

La falta del plan B. El ejemplo que acabo de usar me permite reconocer otra culpa: no tenemos un plan B. Para nada. No sé si sea parte del concepto de “impermanencia” que Isabela Ponce ha desarrollado en su artículo de esta edición. A pesar de que GkillCity es una página liberal y laica, cada ejercicio es un acto de fe. Durante cincuenta y tres semanas me he hecho la misma pregunta: ¿quién querrá seguir escribiendo en GkillCity? Aunque ahora los números se planifican con mucha anticipación y hoy hemos arrancado con la suma de tres más a la edición semanal, siempre pienso que llegará el día en que no tengamos qué publicar. Supongo que ese día está aún muy lejos, porque hasta ahora el proceso ha sido el contrario: cada día se suman nuevas plumas anclas, nuevos gráficos con una vocación y entusiasmo que me asombra: sólo en la última semana sumamos a Rocío Carpio, a Mónica Ojeda y a Roberto Carmigniani a este sacrificio que se hace “por el privilegio de ser uno mismo”.

Los retrasos. En más de una ocasión la página ha salido tarde. A veces han sido imponderables personales, grupales, catástrofes posmodernistas (que a Claro se le cayó la antena en ni sé qué cerro y no hay señal) pero todas tienen que ver con esa ausencia de plan B. Si se quema la computadora, no hay una de repuestos, entonces, sale tarde la revista. Que al editor gráfico no le funciona el modem portátil y está en medio de la selva tratando de enviar la información para un ensayo gráfico y entonces, retraso. Las últimas seis ó siete ediciones hemos salido muy puntualmente, a las seis de la mañana, como el pan del desayuno, así que este es un error que hemos ido corrigiendo con el pasar de las ediciones.

La dimensión del proyecto. El error no radica en la dimensión de GkillCity per se, sino en el no asirla correctamente. Cuando iniciamos GkillCity supimos que se iba a generar un espacio distinto, donde los ciudadanos de a pie podían poner su voz de protesta, de propuesta, en los más diversos ámbitos, desde la la literatura, pasando por el cine, hasta la militancia y la política. Lo que no sabíamos era la recepción que tendríamos y los debates que, a partir de lo que se dice en la página (por ejemplo el artículo del Niño Reynaldo -La Mala Educación) se generarían. El no darnos cuenta de cuán hondo había calado el proyecto en Guayaquil, especialmente, para bien y para mal, para despertar la más incondicional de las empatías y el más visceral de los odios, nos dejaba en la posición frágil de que lo que podría ser una derrota terminase convirtiéndose en una derrota aún más grave.

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La estructura de la página. GkillCity ha crecido sí y la estructura actual de la página le queda chica. Necesitamos rediseñarla, darle un nuevo orden, crear un buscador por ediciones (que esperamos lanzar en el transcurso de la semana); en definitiva, volverla más amigable. Además, debemos lograr que sea compatible con los dispositivos móviles como teléfonos y tablets.

La falta de un financiamiento. Para todo eso, necesitamos dinero. Dinero que no tenemos y sin el cual hemos desarrollado el proyecto porque, de verdad, somos “chiros pero no giles”. Sin embargo, para sustentarlo en el tiempo y algún día lograr “La Muerte de GkillCity” tenemos que encontrar la forma de juntar unos chimbilines. Ya estamos trabajando en esto y esperamos concretar las primeras herramientas para fondear la página que nos permita ampliar la oferta, llegar a un público más amplio y, además, poder pagar el hosting cada año (si les contásemos lo que nos cuesta juntar unas monedas para esas cosas, se reirían mucho, resulta que ni los hermanos Álvarez ni Diego Arcos han pasado el chequecito).

La falta de colaboradores de otras ciudades. Hemos logrado desarrollar una base amplia de colaboradores (fijos y ocasionales) de Quito y Guayaquil, principalmente. Tenemos, además, un buen contingente off-shore. Pero nos faltan colaboradores desde otras ciudades del Ecuador: Cuenca, Manta, Ambato, Machala, Loja, Lago Agrio. Es un error que tiene que ver mucho con el tiempo que nos falta, pero sin duda es una asignatura pendiente. Es más, sirva este mea culpa para invitar a que la gente de esas otras ciudades a escribir en GkillCity.

La autosuficiencia. En GkillCity tenemos una mala costumbre: a veces no nos sabemos pedir ayuda. Debe ser por el compromiso que se tiene con el proyecto, pero, intentamos abarcar más de lo que podemos apretar y entonces la liamos, cuando la solución sería alzar el teléfono (o redactar un mail) y decir: Hola, soy José María y estoy en el Puyo y no puedo revisar los artículos porque no creo que regrese a tiempo a Quito. Por ejemplo, hubo un tiempo en que solo dos personas subían la página. Se estaban matando y ni siquiera tuvieron la delicadeza de quejarse para que el resto se dé cuenta. Ahora es un trabajo en equipo, con tareas específicas y órdenes que imparte, por lo general, la maravillosa, disciplinada y tajante Nadya.

El exceso de confianza. A veces somos demasiado confiados: ¿hacemos una revista? Sí, hagámosla ¿quincenal o semanal? No, semanal ¿Subimos a doce artículos? Sí, ya es hora. Y así nos hemos embarcado en muchos proyectos, enfrentando muchos desafíos. Podría decir que lo hemos hecho con el feliz abandono que es propio de los irreflexivos. Eso ha significado pérdidas muy duras, momentos incómodos, dolores y reproches. Sin embargo, también ha sido el punto de partida de una aventura que nos ha llenado de satisfacciones. Sin esa confianza este proyecto no se lanzaba, sin duda. Pero esa misma confianza ha hecho que se nos pasen un par de errores terribles, como el haber publicado un texto firmado por una persona que no era su autora, haber tenido varias amenazas de juicios por lo que en GkillCity se dice y muestra y el reproche (inclusive de personas muy cercanas a nosotros) por acoger las causas liberales que hemos defendido –y que seguiremos defendiendo–. El error, como queda claro, no radica en confiar en uno mismo, sino en no entender cuándo la confianza resulta excesiva (y, por ende, nociva).

Seguimiento de proyectos. En esa confianza que tenemos en GkillCity, hemos propuesto cinco iniciativas de libertades ciudadanas: contra la censura previa, por la despenalización de la injuria, la libertad religiosa, la propuesta de ordenanza para las pintadas en los espacios públicos y el articulado de derechos digitales. Los proyectos se lanzaron con mucha fuerza, tuvieron su momento de concreción y discusión social pero la realidad es que hemos fallado en hacerles un seguimiento debido, para mantener a los lectores informados de sus avances. Por ejemplo, no hemos llevado un recuento cronológico del caso de la censura previa, ni hemos informado si la iglesia contestó las solicitudes de renuncia a la pertenencia a la iglesia católica.

Quiero cerrar este artículo aquí, no porque no cometamos otros errores, sino porque no quiero ser tan extenso que resulte cansino. De más está decir que todas las semanas trabajamos en resolver estos errores, que las discusiones para ese fin los días lunes son intensas, apasionadas. No hay un solo integrante de la página con el que, por lo menos yo, no haya tenido una discusión subida de tono por diferencias de lo que se hace o se deja de hacer en la página. Justamente, el sábado mientras me abrazaba feliz con Nadya le decía (y nos reíamos juntos): ¡cómo nos hemos puteado esta semana!

Esa fiesta nos sirvió para liberar el estrés y el agotamiento, para darnos ese abrazo y felicitar a nuestros colaboradores que nos acompañaron. Fue un evento muy gkillcitino, de gente que conoce el compromiso de la acción.

En este nuevo año que GkillCity comienza a recorrer, esperamos enmendar estos errores, reconocer otros y, que sí, cometer tantos otros porque de eso mismo se trata estar vivo.

Y GkillCity, querida gente, está vivo; y en GkillCity lo mejor está aún por venir; y ese futuro mejor que está por venir no es otra cosa que lo que nuestros colaboradores, semana a semana, tienen que decir.

José María León Cabrera