No hay que pedirle mucho a una película de Marvel. Esta es una afirmación que haría sentir orgulloso a Martin Scorsese, quien en 2019 dijo que no eran realmente películas, sino lo más cercano a un parque temático. Y vaya que le cayeron encima por eso.

El tema es que después de ver Thor: Love and Thunder, no hay mucho más que hacer que darle la razón a Scorsese. Por varios motivos:

Uno, el exagerado uso de chistes que terminan por diluir cualquier carácter o sentido dramático que estos filmes suelen tener. 

Otro, La gratuidad narrativa en varias secuencias, en las que suceden cosas que no tienen ningún sentido —dentro de lo que la misma película propone como realidad—, o que son explicadas muy a la ligera. 

Además, demasiadas canciones de Guns n’ Roses que quieren repetir el mismo efecto que se consiguió en Thor: Ragnarok (2017) con Inmigrant Song, de Led Zeppelin.

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Y, también, la poco precisa edición que hace que secuencias poco memorables tengan mucho tiempo en pantalla y otras, importantes, pasen con una rapidez injusta.

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¿Esto significa que Thor: Love and Thunder es una mala película? 

No. Significa que pese a tener al elenco central y al mismo director del anterior filme —Taika Waititi es uno de los grandes directores de hoy— algo siempre puede salir mal. Y en Thor: Love and Thunder, algo sale mal. 

En esta ocasión, Thor recupera su figura luego de subir de peso en Avengers: Endgame (2019) y abandona con rapidez a los Guardianes de la Galaxia, porque debe enfrentarse a un enemigo con una misión particular: Gorr, el carnicero de los dioses —interpretado por un Christian Bale que con lo poco que le dan hace maravillas—, que está empeñado en acabar con todos los dioses en el universo. 

Claro, y por si lo habíamos olvidado, Thor es un dios.

Por eso, debe encontrar el mecanismo de detener a esta amenaza, al mismo tiempo que —como parece ser la medida de las películas de Thor— debe encontrarse a sí mismo. 

En ese camino, se va a cruzar nuevamente con Jane Foster —Natalie Portman, que regresa luego de interpretar al personaje en Thor (2011) y Thor: The Dark World (2013). Esta vez, enferma de cáncer terminal, pero convertida en The Mighty Thor gracias a un reconstruido martillo de Thor, Mjolnir, que la trata de cuidar, de cierta manera.

Entonces, dos Thor, una Valquiria —es la tercera vez que Tessa Thompson interpreta a este personaje en la pantalla— y un Korg —Taika Waititi actúa y dirige— se unen para detener al que, en papeles, sería uno de los mejores villanos de Marvel en el cine. Pero en las películas no todo es palabras.

Un guión de cuestionamientos innecesarios

A diferencia de Thor: Ragnarok, esta vez Taika Waititi también se encarga del guión, que coescribió con Jennifer Kaityn Robinson. 

Ahí radica el primero de sus problemas. Thor: Love and Thunder tiende a banalizar lo que sucede con sus personajes, después de un arranque que explica por qué el villano hace lo que hace. Fuera de ello, todo se resume en la gratuidad de las acciones, decisiones y reacciones de quienes salen en pantalla.

Esto llega a su máximo nivel cuando, en un intento por armar un ejército para luchar contra Gorr —¿a alguien se le ocurrió que podrían recurrir a los otros superhéroes de la franquicia?— van a una reunión donde están todos los dioses, encabezados por un Zeus que interpreta Russell Crowe, con el peor acento del mundo y con una actuación que se centra en la comedia absurda e innecesaria.

Nada de lo que sucede en esta secuencia tiene sentido —incluyendo el trasero de Chris Hemsworth en primer plano. Se puede aceptar que el carácter de comedia sea lo que predomine e imprima el tono general de la historia. 

Sin embargo, entre esa secuencia y la que viene después, cuando Gorr hace que los superhéroes caigan en su trampa, es como si fueran dos películas distintas. El Waititi director es impreciso en la comedia que intenta en una parte. Pero, cuando se trata del villano, es impresionante: entrega uno de los mejores momentos del filme.

A esto hay que agregarle que la gran revelación de la película llega a desbaratar todo lo anterior que se ha ido armando. 

Es decir, al menos hasta Avengers: Endgame existía una búsqueda de coherencia narrativa en todos las películas, en pos de un sentido unitario. Eso era, en cierta medida, una de las fuerzas de lo que se conoce como el Universo Cinematográfica de Marvel. La aparición de héroes, villanos y piedras del infinito, dispuestos para llegar al enfrentamiento con Thanos, luego de una veintena de filmes. 

Un recorrido que se iba armando al andar

Ahora, parece que nada de eso importa. 

La mínima coherencia parece haberse perdido. Esta vez, de la mano de un ente que aparece en esta película y que, como espectadores, nos deja pensando en cosas en las que ya no deberíamos pensar más. 

Como, por ejemplo, ¿era posible resolver de manera más fácil los acontecimientos de Endgame, sin que sea necesario que Tony Stark muera? 

Esa es la pregunta más sencilla que se puede hacer ante lo que Thor: Love and Thunder propone. Que aparezca un ser que pueda tener la capacidad de cambiar tanto las cosas es una de esas decisiones narrativas que terminan por afectar lo que pasa en la película, como a todo lo que ha sucedido antes en este universo fílmico.

Es decir, ¿Thor tenía a su servicio una solución a todo lo que Thanos había hecho y no la usó antes? 

Eso, por donde se lo mire, no tiene sentido. Como muchas otras cosas en la película.

Pero, insisto, ¿eso significa que Thor: Love and Thunder sea un pésimo filme? Pues no necesariamente. 

Si es una película de bajo nivel (tomando en cuenta a todos los involucrados), tiene todavía buenos momentos e intenciones. Su tercer acto se eleva, a pesar de los baches que aparecen en el camino. 

Es en las actuaciones donde la película funciona, especialmente con Bale a la cabeza. Tanto Portman, como Hemsworth hacen lo que deben hacer en sus papeles. Quizás es el Thor original quien mejor sale parado de esta aventura, ya que deja de lado cierto carácter de figura cómica para abrazar la tragedia que siempre le viene bien.

Esto hay que reivindicar de una película que es un tropiezo: la posibilidad de reinventar a Thor, quien, a diferencia de los primeros Avengers, es el único que sigue teniendo aventuras en el cine. 

Resulta importante porque, con cuatro películas en solitario y cuatro aventuras con el resto de superhéroes, es de los personajes con más películas a su haber. Estas seguirán existiendo, porque Thor regresará, como dicen al final. ¿Qué significa eso? Eso sí, nadie lo sabe.

Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.

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