Nora Fernández es economista y coordinadora del Observatorio de Políticas Sociales y Ambientales de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). También forma  parte de la Red Investigadoras en Ciencias Sociales. A lo largo de su carrera ha realizado investigaciones enfocadas en economía de las mujeres y temas sociales.

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¿Por qué la pobreza y la pobreza extrema aumentó entre las mujeres y niños desde 2018 y se agudizó con la pandemia del covid-19?

Hay evidencia que en las crisis, no solo en esta, hay tres factores fundamentales de porqué las mujeres son las más afectadas.

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La primera razón es que las mujeres realizamos la mayor parte del trabajo de cuidado y del trabajo no remunerado en el hogar. Esa carga de labores está muy relacionada con todos los niveles y quintiles de ingreso. Pero afecta en mayor proporción a las mujeres con menos recursos económicos. 

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El exceso de trabajo de cuidado no remunerado genera una especie de círculo vicioso porque, si eres más pobre tienes más carga de trabajo, entonces tienes menos posibilidades de dedicarte al trabajo remunerado o a otro tipo de actividades, incluida la educación. Por eso, muchas mujeres posponen varios meses o años sus estudios universitarios o, de plano, ya no regresan. 

Hay bastantes investigaciones a nivel global que demuestran que la pobreza de las mujeres es por causalidad, es decir, el trabajo no remunerado es una causa que genera condiciones de mayor pobreza de las mujeres y por ende produce precariedad laboral.

Esta precariedad, ¿cómo se traduce en el día a día?

Es importante recordar que si una mujer no puede acceder al mercado laboral, no tendrá acceso a la seguridad social, y cuando le pasa una calamidad está  absolutamente desprotegida. 

La sobrecarga de trabajo es una de las principales razones de la pobreza en mujeres. 

En el caso concreto de Ecuador, el trabajo no remunerado  en los hogares recae sobre las mujeres y en especial las más pobres.  

¿Cuál es el segundo factor?

El segundo factor y los otros de los que hablaré más adelante, están influenciados de manera directa por el primero. 

Como la mujer tiene responsabilidades de cuidado—tiene que ver, por ejemplo, que su familia tenga ropa limpia— cuando intenta insertarse en el mercado laboral y busca un trabajo, tienen a optar por empleos más flexibles. 

Esos trabajos normalmente se dan en el sector informal. Eso se evidenció mucho más con la pandemia de covid-19. 

En el  estudio Cuidados, Mercado Laboral y Crisis: los efectos sobre las mujeres en Ecuador  se observa que en 2020 los sectores más afectados fue el de los trabajadores informales. 

Ellos pertenecen a los sectores más golpeados por la crisis: el comercio, turismo y del trabajo remunerado del hogar. Como las mujeres buscan flexibilidad laboral, son las que están más insertadas en estos sectores y, como consecuencia, son las más afectadas. 

Como puedes observar, las mujeres siempre tienen que encaminar su trabajo reproductivo con el trabajo remunerado.  

¿Me podrías contar cuál es el tercer factor?

El tercero es la probabilidad de ser pobre La poca probabilidad de insertarse en el mercado de trabajo aumenta si eres mujer y además eres cabeza de hogar. 

Si vemos esta situación por área rural o urbana, en ambas, la mayoría de las mujeres son pobres, más del 50%  de mujeres son pobres. 

Si analizamos los dos factores, te das cuenta que hay una serie de factores que conviven y que, a su vez, provocan que las mujeres se incorporen menos al mercado laboral. 

¿Qué pasó con las mujeres durante la crisis sanitaria del covid-19?

Es interesante ver lo que pasa con las mujeres en las crisis en general y no solo en esta. 

Pero te voy a adelantar un dato que es muy interesante: las mujeres no actuaron igual en esta crisis y es un tema particular que ocurrió en la pandemia del covid-19.

Pero comencemos con la base. Cuando ocurren crisis económicas, una de las cosas más comunes es que las mujeres que estaban en la casa salgan a trabajar, como respuesta a la pérdida de empleo de los de los hombres. 

Normalmente las mujeres salen al mercado laboral y aumentan el mercado laboral informal.

Una de las características diferentes en la crisis del covid es que la participación de las mujeres en el mercado laboral, ya sea formal o informal, se redujo drásticamente. 

¿Qué varió para que esto suceda?

Esto está ligado con lo que pasó con el sector de los servicios de cuidados. 

Todos los servicios de este tipo, como escuelas y guarderías, cerraron. Dejaron de funcionar todos los servicios de cuidado de adultos mayores y personas con discapacidad que requieren atención y alguien tenía que cuidarlos.

Ahí tenemos el tema de los roles de género en la sociedad, que dice que es la mujer la que tiene que encargarse de ellos. 

Es importante aclarar que la reducción de la participación de la mujer en el mercado laboral en Ecuador comenzó dos años antes de la pandemia. Si vemos las cifras con atención, vamos a notar que esta última crisis solo lo profundizó.

Entre 2017 y 2019, la participación de las mujeres en el mercado laboral cayó. Eso tiene que ver con el hecho de que Ecuador ha tenido políticas de reducción de presupuesto público para lo que llamamos servicios e infraestructuras del cuidado. Hay menos recursos para las guarderías, hay menos recursos para atender adultos mayores, y menos recursos para las escuelas.

Por ende, si hay menos población a la cual llegan estos servicios de cuidado, eso termina afectando a alguien.

Antes, la mujer que podía dejar a su hijo en la guardería y trabajar ya no lo hace porque quizá ahora la guardería le dicen que no tiene espacio para recibirlo porque ya está llena. 

Eso provoca que esa mujer ya no trabaje 40 horas a la semana, sino que busque un trabajo mucho más flexible y que le permita combinar el cuidado con el trabajo. 

Normalmente estos trabajos son más precarios porque, como ya he dicho, están en el sector informal, que luego son los más afectados por la crisis. 

Entonces vemos que es una especie de bucle que te sigue generando pobreza. 

No solo continúa generando pobreza, sino que sigue avanzando y profundiza estas condiciones que las denominamos feminización de la pobreza.

¿Existe alguna otra razón?

También pasó que muchas mujeres que perdieron su empleo no volvieron a buscar trabajo porque alguien tiene que cuidar a los niños y a las personas vulnerables de la familia. 

Muchas mujeres que igual estaban en el desempleo o en trabajo informal redujeron sus horas de trabajo porque tienen que realizar actividades de cuidado y de trabajo no remunerado del hogar.

¿Qué pasa con las mujeres de la tercera edad?

Su situación es mucho más precaria porque nadie les va a dar trabajo y probablemente están abandonadas, por lo que las tasas de pobreza y sobre todo de pobreza extrema son más altas en las personas mayores y más en las adultas mayores y mujeres.

Liz Briceño Pazmiño
(Ecuador, 1989). Periodista. Ha cubierto temas de economía y consumo en la Unión Europea. Cubre temas de menores migrantes no acompañados y de desplazados en Ecuador.