El 2 de Noviembre se celebra el Día de los Difuntos. Esta es una celebración muy ligada a las doctrinas de la Iglesia Católica, pero mezcla también tradiciones de los pueblos amerindios, convirtiéndose en una de las mayores expresiones de sincretismo de la región.

En esta fecha, la Iglesia Católica recuerda a las personas que han muerto —en especial a las que no pueden ir al cielo (el paraíso de los cristianos) porque todavía no han limpiado sus pecados. Desde el 2 de noviembre de 998, el monje San Odilón de Francia escogió esta fecha para recordar a los muertos. Su idea fue acogida por el Papa en el siglo XVI y poco a poco se extendió por el mundo entero.

En América Latina y Ecuador, las tradiciones combinan las tradiciones de las comunidades indígenas con la religión. Parte de la tradición es visitar a los muertos en los cementerios, pero esta fecha también se caracteriza por comer guaguas de pan y tomar colada morada, dos costumbres heredadas de las tradiciones de los pueblos y nacionalidades ancestrales.

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Un poco de historia de este día

El Día de los Difuntos (o Muertos) se celebra al día siguiente del Día de Todos los Santos, una festividad católica que se celebra el 1 de noviembre. En los primeros años del cristianismo, existía la tradición de celebrar el aniversario de la muerte de un mártir, recordándolo como el renacer del alma. Con el paso del tiempo, y el aumento de mártires, la iglesia escogió un día en común para recordarlos: el 1 de noviembre.

En cambio, el Día de los Difuntos es una fecha en la que las personas recuerdan a los seres queridos que perdieron. Incluso, las creencias de la Iglesia católica dicen que el 2 de Noviembre se puede pedir por las almas de aquellos familiares o amigos que no han alcanzado el cielo. Así pueden ayudarlos a encontrar la entrada al cielo cuando estén libres de pecado.

¿Cómo se celebra en Ecuador?

En el Día de los Difuntos muchas personas visitan a sus familiares en los cementerios. Los diferentes grupos indígenas del país, tienen tradiciones que existen de forma complementaria o independiente de las ceremonias católicas. “Tiene que ver,  básicamente, con el reconocimiento del lugar de los muertos en la familia y en la cultura”, explica Álvaro Alemán, historiador y profesor de la Universidad San Francisco de Quito.

En ciertas comunidades indígenas de la Sierra ecuatoriana, los familiares de los difuntos llevan alimentos para compartir los alimentos con sus seres queridos fallecidos, de forma simbólica. El Ministerio de Turismo dice que los cementerios más conocidos por esa tradición son el de Calderón, en Pichincha y  el de Otavalo y Cotacachi, en Imbabura.

La tradición más conocida es la colada morada y las guaguas de pan. La colada es una bebida hecha a base de maíz negro y otros 19 ingredientes que inlcuyen —pero no están limitados a—  mortiño, mora, piña, cáscara de piña, naranja, hoja de naranja, cáscara de naranja, pimienta dulce, canela, naranjilla, ishpingo, maicena, entre otros.

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La colada morada, dice Alemán, va más allá de ser solamente una bebida. Su proceso de preparación y consumo “se entienden como un compartir, un cooperar y un permanecer en unión y en comunidad”. Rina Pakari, una mujer kichwa de Otavalo, dice que hacer la colada es una tradición culinaria que se pasa de generación en generación. “Sabe al pasado, con ingredientes del presente”, dice. Añade que mientras preparan la colada morada en su comunidad se comparten historias, memorias y chismes que mantienen presentes a sus difuntos.

Otra parte importante de la tradición son las guaguas de pan. Como su nombre indica, son panes dulces en formas de niños pequeños —wawa (y su castellanización, guagua) significa niño. Las guaguas suelen ir decoradas con colores brillantes y rellenas de mermelada, manjar y otro tipo de dulces de frutas tradicionales de cada zona como guayaba o higo. Normalmente se comen con la colada morada.

Según el Ministerio de Turismo, las guaguas de pan se comenzaron a hacer en el siglo XIX. Los indígenas hacían figuras de masa para recordar a sus muertos, especialmente a los niños que fallecieron. De ahí viene su nombre, guagua significa niño en kichwa.

Cada provincia en Ecuador tiene una forma particular de celebrar el Día de los Difuntos.. En Ambato se hace una feria en la que se les regala juguetes artesanales a los niños y la celebración ha sido apodada “Navidad chiquita”. En Loja se acompaña la colada morada con “puerquitas de pan”, un pan dulce hecho con harina, manteca de chancho, mantequilla, azúcar y huevos y que, a diferencia de las guaguas, no va ni decorada ni rellena.

En Cañar, los familiares llevan al cementerio objetos valiosos del difunto. En Chimborazo, hay parroquias en las que después de visitar el cementerio las familias se reúnen para hacer juegos típicos. En las zonas rurales de Manabí llevan mariachis para las visitas al cementerio y cantan las canciones favoritas del difunto.

Otras celebraciones en el mundo

En México la celebración de difuntos es una de las más importantes del año.

La creencia popular dice que el 1 y 2 de noviembre los muertos regresan a visitar a sus familia y amigos. Su visita se celebra con sus comidas y bebidas favoritas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) dice que se hacen altares con papel picado de colores, velas, calaveras de azúcar y otros objetos que eran valiosos para el difunto.

Además, se hace el desfile de las “catrinas”, que representan a la santa muerte y se hacen ofrendas a los muertos en las casas de cada familia, es un festejo alegre, lleno de música y color.

En algunas comunidades indígenas del país, dice la ONU, las celebraciones se hacen en los cementerios. Ahí se decoran las tumbas y se hacen altares sobre las lápidas. Incluso, dice la Organización, en algunos casos se limpian los huesos de las personas que están ahí enterradas.

En España, en cambio, es una celebración modesta. Se visitan las tumbas y se comen dulces típicos como huesos de santos, una masa de mazapán rellena de yema de huevo. Además, se comen panellets, un dulce típico de las zonas de Cataluña y Aragón, que son una masa de almendra con piñones por encima.

En Bolivia, la celebración empieza desde el 1 de noviembre por la noche cuando se hacen ofrendas, que por lo general son las “masas dulces” y panes con formas de los difuntos, animales como palomas y llamas.

Se dejan en un altar de ofrendas de cada familia en la noche y se las recoge el 2 de noviembre al medio día, para ser repartidas en la comunidad.

María Emilia Analuisa
María Emilia Analuisa es pasante de GK