Paula Ávila entró al Colegio Particular Terranova, prestigioso colegio de Quito, en segundo año de bachillerato, pero su mamá Ana Espinosa dice que le “hubiese gustado que entre antes”. Hoy, dos años después, Paula estudia Comunicación en Dijon, ciudad vitivinícola al este de Francia. Su madre reconoce que la educación terranovense ayudó a su hija a fortalecer sus talentos innatos y su dominio del francés e inglés, pero, por sobre todo, potenció su autonomía.

Esa autonomía creció como crecen los árboles en el campus del colegio Terranova en el cálido valle de Cumbayá, en Quito. Desde el primer día de clases, en el Terranova los profesores refuerzan las cualidades y habilidades que los niños y adolescentes precisan para abrir la gran puerta del mundo contemporáneo.  

Antes de pasar esa puerta, los estudiantes del Terranova, descubren el mundo basados en tres de los cuatro programas de la Organización del Bachillerato Internacional. La organización se creó en 1968 en Ginebra, Suiza, con el Programa de Diploma para permitir a jóvenes de los últimos años de colegio tener un título reconocido internacionalmente y que puedan estudiar en cualquier universidad del mundo. Luego amplió sus programas para la primaria y para la orientación profesional.  

 colegio en Quito 

Fotografía Cortesía del Colegio Terranova

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Gustavo Ramos, rector del Terranova, dice que su institución tiene el programa de escuela primaria (PEP) que está dirigido para los estudiantes de inicial hasta sexto de básica, que son los niños desde los 3 a los 11 años. Luego cursan el PAI (programa de años intermedios) desde séptimo de básica hasta primero de bachillerato, estudiantes de 12 a los 15 años. Enseguida, los alumnos de segundo y tercer año de bachillerato entran al Programa de Diploma. Estos tres programas ayudan a tener no solo la visión cosmopolita necesaria en un planeta globalizado, sino un certificado internacionalmente aceptado.  

Ramos explica que el Diploma del BI es “básicamente un curso preuniversitario”, porque los estudiantes escogen las asignaturas que quieren aprender entre 256 combinaciones posibles. En Ecuador, más de 200 instituciones educativas están certificadas para impartir sólo el Programa del Diploma de Bachillerato Internacional, pero el Colegio Terranova es uno de los pocos del país que ofrece los tres programas del Bachillerato Internacional. Más allá de adquirir conocimiento, los estudiantes del Terranova desarrollan el pensamiento crítico, la curiosidad, y la capacidad de resolver problemas, conocidas como habilidades blandas. “En la última década se han vuelto muy importantes en la educación de niños y adolescentes”, dice Ramos. Tenerlas permite contar con mejores relaciones sociales, aprender a trabajar en equipo y a alcanzar las metas propuestas. Paula Ávila, por ejemplo, eligió sus asignaturas del programa del Diploma BI pensando en su meta de estudiar comunicación en el extranjero. María Mercedes Bastidas, coordinadora del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE), dice que sus estudiantes investigan porque ese es un eje transversal de los tres programas del Bachillerato Internacional. “Siempre van a ser personas informadas con una base científica”, dice Bastidas. Esta forma de aprender fomenta una mentalidad abierta y convierte a los jóvenes en buenos comunicadores: es común que los alumnos del Terranova conversen con adultos dando buenos argumentos.  

Esas habilidades blandas desarrollan una vocación hacia la indagación: la búsqueda del por qué. José Hidalgo, coordinador de Secundaria, dice que ellos no esperan que un adulto o profesor les dé respuestas de algo porque están entrenados para buscar información. Los estudiantes del Terranova van a las clases —virtuales desde que comenzó la emergencia sanitaria por el covid-19 para investigar, crear y producir. Hidalgo dice que el profesor cumple el rol de guía en esa indagación. El trabajo más importante lo hacen los estudiantes en un espacio que, más que una escuela o colegio, es una comunidad que acoge.  

Ana Espinosa, la mamá de Paula Ávila, dice que desde que su hija entró, sintió que ya era parte de la comunidad. “Paula hizo grandes amistades en los dos años que estuvo en el colegio”, dice su madre, repitiendo que ella “hubiese querido dar antes este paso”. Además, dice que en el Terranova su hija pudo hacer otras actividades relacionadas con el idioma y la cultura francesa, participar en eventos y motivar a otros estudiantes. “Como madre puedo decir que siento mucho agradecimiento por ver a mi hija feliz con lo que ella es”, dice. Esa participación constante llevó al colegio a organizarse durante la pandemia del covid-19 para entregar insumos de protección contra el virus en el barrio San Juan Alto de Cumbayá, donde queda el colegio. El barrio recibió en marzo de 2021, mascarillas y frascos de desinfectante biodegradable de parte de la comunidad del Terranova, cuyos cinco patios y en cancha sintética de fútbol, el barrio puede utilizar.  

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Los estudiantes del Terranova vuelan por el mundo. El intercambio extranjero es una actividad que los convierte en personas independientes. Mathilde Duquesnel, orientadora vocacional, dice que los intercambios son esenciales para tomar decisiones en el futuro. De acuerdo a un artículo de la Revista de la Asociación de Psicología de España, un intercambio ayuda a la inclusión de todas las personas sin importar su religión o de las ciudades o países que provengan. El intercambio hace que las personas aprendan a vivir juntas. Luego de este tipo de viajes se logra una mentalidad cosmopolita, se tiene más información sobre problemas de otras culturas y países, y se entiende que el planeta es un rompecabezas.  

colegio Terranova

Cortesía del Colegio Terranova.

Los estudiantes de los últimos cursos del Terranova, al menos durante tres semanas, están en familias o con adultos que no son sus padres, en países como Francia, Canadá, República Checa y Estados Unidos. “En estas tres semanas los estudiantes crecen muchísimo”, dice Mathilde Duquesnel. En esos viajes conocen a estudiantes de Bachillerato Internacional de todo el mundo. “El resultado es increíble”, dice. Los jóvenes se vuelven más autónomos, algo que se nota cuando no son tan dependientes de sus padres para tomar decisiones.  

“Suelen ser más cumplidos con sus tareas”, dice Duquesnel porque “mientras están en el intercambio deben seguir cumpliendo con actividades escolares”. Regresan más seguros, por ejemplo, hablan el inglés o francés sin titubeos. Pero, sobre todo, vuelven con el campo de visión personal mucho más amplio, menos centrado en lo vernáculo y con la conciencia de que ellos, especialmente ellos, habitarán un planeta de una civilización global.  

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 Quien estudia en el Terranova, se forma para hacer un mundo mejor para sí mismo y los demás. María Mercedes Bastidas dice que trabajan para que sus estudiantes se conviertan en adultos funcionales: empáticos o que apoyen a otros. En el Programa de Diploma del Bachillerato Internacional los estudiantes participan en el CAS (Creatividad, Acción y Servicio), actividades en las ponen en práctica lo que aprenden en las aulas. En los proyectos CAS, los estudiantes se vuelven más solidarios con las personas de su colegio y las de afuera. Crean iniciativas de ayuda a los demás y pueden tomar decisiones.  

 colegio en Quito 

Fotografía Cortesía de la Unidad Educativa Terranova

Las ideas también pueden ser espontáneas. José Hidalgo cuenta que una estudiante comenzó a rescatar perros de la calle, los cuida y luego invita a la gente a adoptarlos como mascotas. Otra estudiante realiza campañas de donaciones para un orfanato.  

En 2018, un estudiante creó un cargador solar para la batería de los celulares. Con la guía de sus profesores creó el aparato, que es ecoamigable. Otro estudiante creó una estación meteorológica que hoy está en el laboratorio de Ciencias del colegio, otro creó un aparato de levitación acústica, que permite que los objetos floten por medio de ondas sonoras. En el año escolar 2021, un estudiante está desarrollando un proyecto de alimentación para deportistas basado en fuentes vegetales.  

Todos son motivados a seguir su curiosidad, de una manera integral, acuciosa y con la exigencia que contempla el programa BI en todas sus fases. Gracias a ese trabajo integral, a ese despertar de las ideas, las soluciones y los conocimientos que reciben, el calor de la comunidad, la guía de sus docentes les da la seguridad para que evolucionen a ser adultos empáticos y muy independientes. “Paula logró acoplarse perfectamente en Francia”, dice su mamá. Fue en el Terranova donde adquirió los saberes, fortaleció las habilidades y ganó la seguridad para volar ligera en el mundo globalizado.