En los próximos meses, la larga espera de la vacuna contra el covid-19 parecería llegar a su final. Los contagios de la enfermedad causada por el coronavirus llegaron a 17.839.641 casos confirmados en todo un mundo que ha puesto sus mejores esperanzas en cinco de las más de 140 vacunas candidatas que están en desarrollo. Entre las más prometedoras están la de la Universidad de Oxford en alianza con la compañía biofarmacéutica Astrazeneca. Le siguen las posibles vacunas de Sinovac, Moderna y Pfizer. Pero que esté disponible en todo el planeta, tardará más. En el Ecuador, podríamos esperar hasta después de julio de 2021. 

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Las cinco candidatas de vacuna están en los ensayos de fase 3, la última etapa antes de su aprobación. Es también la más larga y crucial. Nikolaos Kyriakidis, docente investigador de inmunología de la Universidad de las Américas, explica que hasta ahora lo que sabemos es que ese quinteto ha llegado a ese punto tras pasar las dos primeras etapas de ensayos clínicos. Las tres fases buscan comprobar su seguridad y su inmunogenicidad (es decir, que puedan generar respuestas inmunológicas en los voluntarios que la recibieron). 

Hasta el momento, los resultados de la fase 1 y 2 son prometedores. Kyriakidis hace una analogía para comprender lo que buscamos en la vacuna contra el covid-19. Dice que para combatir al SARS-CoV-2 (que es el nombre del virus que produce la enfermedad) se necesitan balas. “Con la fase 2, ya sabemos que la vacuna produce ‘balas’ frente al coronavirus”, explica. Sin embargo, para este virus se necesita un armamento muy particular: “unos misiles porque el virus es un tanque, no un soldado cualquiera”, dice Kyriakidis.  “Lo que se busca ver en los ensayos de fase 3 es si realmente nosotros producimos balas simples o misiles”. Las próximas semanas serán determinantes para saberlo. 

Para la fase 3, se necesita reclutar a 30 mil personas que participarán en sus ensayos clínicos. A la mitad de los participantes se les administrará el prospecto de vacuna. A la otra, un suero que no contiene la vacuna. 

Después, se deberá esperar que un cierto número de personas se contagie. “Esperemos que las personas que se van a contagiar sean las que recibieron el suero fisiológico y no la vacuna. Y que las personas que recibieron la vacuna estén protegidos. Eso nos va a indicar qué eficacia tiene la vacuna”, explica Kyriakidis. “Mientras menos personas que recibieron la vacuna se contagien eso significa una eficiencia  más alta de la vacuna”, dice el científico. Pero ¿cuánto tiempo tomará esta última etapa? 

La respuesta no es sencilla. Son tiempos relativos y dependerá de cuál será la reacción de las personas vacunadas. Para Kyriakidis, la fase 3 tomará de unos tres a cuatro meses. “Pero tal vez podría ser un poco más”, matiza. La primera vacuna estaría lista para producción a finales de este año o inicios de 2021. 

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A pesar de que aún no hay vacuna contra el covid-19, varios países han decidido adelantar sus compras. Estados Unidos, por ejemplo, ha reservado más de 300 millones de dosis. La Unión Europea también ha llegado a un acuerdo con la farmacéutica francesa Sanofi para el suministro de 300 millones de dosis de una posible vacuna contra el coronavirus. Según el acuerdo, todos los países de la Unión Europea deberán recibir dosis apenas esté aprobada la vacuna. Además, el gobierno alemán llegó al extremo de invertir 300 millones de dólares en la farmacéutica germana CureVac y adquirir el 23% de su paquete accionario en un esfuerzo por acelerar el desarrollo de la vacuna y evitar que sea acaparada por potenciales compradores extranjeros. 

Kyriakidis reitera que no hay vacunas, sino posibles candidatos. “Vacuna significa el producto final ya aprobado por las diferentes agencias adecuadas y significa que ya nos produce inmunidad”, explica. Para eso, aún faltan meses. Sin embargo, muchos gobiernos y organismos internacionales han preferido adelantarse y reservar dosis, por si los exámenes terminan en resultados positivos. 

En el caso de Ecuador, sus esfuerzos por conseguir la vacuna se resumen en tibios acercamientos. El 21 de julio de 2020, el Ministerio de Salud Pública del Ecuador (MSP) manifestó en un comunicado su interés por formar parte de la iniciativa COVAX Facility, liderada por la Alianza Global para Vacunas e Inmunización (GAVI, por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). El objetivo de esta alianza es “el acceso equitativo global a una vacuna contra el Covid-19”, dice el comunicado del Ministerio de Salud. Pero el anuncio del Ministerio solo se ha quedado en papel. 

La urgencia de gestionar el acceso a la vacuna es vital. Ruth Jimbo Sotomayor, máster en Economía de la Salud e investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, dice que en este momento, en el que cada vez es más cercano el panorama de tener lista una vacuna, “el Ecuador tiene que, como todos los países lo están haciendo, buscar las mejores alternativas”. 

Unirse a la iniciativa COVAX es pertinente. Sin embargo, “se debería evaluar la posibilidad de tener una conversación directa con los fabricantes para evaluar la posibilidad de tener otros tipos de acceso”, dice Jimbo. Hasta ahora, el gobierno del Ecuador no ha informado de aproximaciones específicas con productos puntuales. 

Aún si se concretase una alianza con COVAX o se gestionase directamente con los fabricantes, no tendremos todas las dosis que el país necesite para estar 100% protegido. Jimbo dice que hay que tener claro que por más que los recursos y la ciencia estén enfocados en tener una vacuna disponible, “es bien difícil que se logre una cobertura total de inicio. Es decir, no va a ser tan posible que tengamos vacuna para todo el planeta”. 

Nikolaos Kyriakidis explica que es imposible tener una campaña de vacunación mundial sobre todo si se van a necesitar dos dosis, algo que aún no se sabe. “Si vamos a necesitar dos dosis de la vacuna para todo el mundo necesitaríamos más de 14 mil millones de dosis. Este es un número tremendo”, dice Kyriakidis. La información que tenemos sobre las posibles vacunas aún es incipiente. Sus efectos y resultados, solo los podremos saber una vez finalizada la fase 3. 

También es importante entender que no todas las vacunas previenen que nos enfermemos. Hay unas que sí lo evitan por completo, pero hay otras que simplemente producen respuestas que no dejan desarrollar síntomas graves. 

En el caso de la vacuna contra el coronavirus aún no sabemos si tendremos protección total o si solo prevendrá que desarrollemos daño orgánico, una neumonía o un síndrome respiratorio agudo grave, que son las manifestaciones más severas del covid-19. 

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Una vez que tengamos claro qué tipo de inmunidad nos dará la vacuna contra el virus que ha doblegado al mundo, se deberá iniciar la distribución. Ruth Jimbo dice que en ese momento habrá que determinar criterios para decidir qué países y grupos de riesgo son prioritarios para recibir la vacuna. 

Además, cuando la vacuna llegue a nuestro país habrá que analizar cuántos casos hay, su distribución geográfica y la respuesta del sistema de salud local. Los primeros en recibirla deberían ser, dice Jimbo, los grupos de riesgo: trabajadores de salud, embarazadas, niños, pacientes con enfermedades crónicas, pacientes con enfermedades catastróficas (como cáncer, secuela de quemaduras graves e inmunodepresoras).

Aunque ellos no serán los únicos en recibirla primero. También estarían incluidos trabajadores de servicios de transporte, profesores y personas que trabajan en actividades productivas que necesitan activarse. Pero esas serán decisiones de cada gobierno. Jimbo explica que esa es la razón por la que las grandes potencias del mundo están muy interesadas en conseguir la vacuna lo más pronto posible. Todos los países saben “que obteniendo una inmunidad a través de la vacuna pueden tener un retorno mucho más rápido, mucho más acelerado”, dice. 

Establecer tiempos exactos para que exista una campaña mundial de vacunación será imposible. Lo único que podemos hacer es predecir un lapso que podrá variar. No sabemos si las vacunas van a pasar este ensayo de fase 3 o si van a fallar. En el peor de los escenarios, dice Kyriakidis, “eso significaría esperar otra generación de vacunas, otras vacunas, otros candidatos de vacunas y eso implicaría más meses en espera”. Algo que el mundo no parece dispuesto a soportar.

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En el Ecuador, dice Kyriakidis, “para que la vacuna llegue al consultorio de la esquina pues deberíamos esperar a después del próximo verano”. Esos son los tiempos mínimos e ideales. Pero no va a suceder por generación espontánea: el actual gobierno (y el que lo reemplace en mayo de 2021) deberán hacer y demostrar decididos esfuerzos por gestionar una vacuna para el país.