Los que no aparecen

Modesto Moreira

Relatos en primera persona de aquellos que aún buscan los cuerpos de sus seres queridos que murieron durante la emergencia del covid-19.

Modesto Moreira

Este es el testimonio de Lucía Moreira, hija de Modesto Feliciano Moreira Alvarado, fallecido el 28 de marzo de 2020 con síntomas de covid-19.

Modesto Moreira, fallecido el 30 de marzo de 2020 con covid-19.

Modesto Moreira, fallecido el 28 de marzo de 2020 con covid-19.

El jueves 26 de marzo mi papi empezó con fiebre muy alta. Decía que le dolía la cabeza y se le iba la respiración. En la madrugada, mi hermano me dijo que mi papi estaba hablando solo, como delirando. Ahí nos preocupamos mucho. No sabíamos qué hacer. Llamé al 911 pero nos dijeron que había un protocolo y que no podían venir. Se me ocurrió que lo llevemos al Hospital del Guasmo Sur, a donde lamento mucho haberlo llevado.

Los paramédicos ni siquiera me ayudaron a bajar a mi papá del carro, tuve que bajarlo sola y ponerlo en una silla de ruedas. Cuando entramos, había mucha gente esperando que las atendieran, pero al menos a mi papá le tomaron los signos vitales y le pusieron oxígeno. 

Habían pasado algunas horas desde que llegamos, y ya era la mañana del 27 de marzo, pero seguían sin atendernos. Mientras esperábamos, vi un médico y me le acerqué. Le conté los síntomas que tenía mi papá y le pedí que me ayudara. Me dijo súper fríamente ‘su papá se va a morir’, sin ni siquiera verlo y chequear qué tenía. Después de unas horas ya me ayudaron a ingresarlo formalmente y le tomaron la prueba de covid-19, pero nunca nos dieron los resultados. Se llevaron a mi papá. Me dijeron que no podía entrar con él y que mejor me fuera porque podía contagiarme.

Regresé el sábado y fui a la sala donde lo habían puesto pero no estaba ahí. Pregunté y me dijeron que estaba en cirugía, fui a cirugía pero tampoco estaba ahí. Nadie me daba razón. Seguí preguntando y un médico se me acercó y me dijo que mi papá estaba en cuidados intensivos y que no podía ir a verlo pero que iban a ayudarlo.

El domingo 29 me quedé en mi casa con mi hija. No fui al hospital porque sabía que no me iban a dejar entrar. Fui de nuevo el lunes. Me dijeron que no podían darme información. Así fueron todos los días hasta el 7 de abril.

Ese día encontré una doctora que supuestamente nos iba a dar información a todos los que teníamos familiares ingresados. Le di el nombre de mi papá y me dijo que no constaba internado en el hospital, que le habían dado el alta médica. Según los documentos que había llenado un doctor, mi papá había salido del hospital, pero no tenía sentido.

Le reclamé y le dije que era imposible que le dieran el alta a mi papá porque el sábado 28 cuando fui a verlo al hospital, un doctor me había dicho que estaba en estado crítico. La doctora me dijo que ya iban a investigar. Me pidió mis datos para llamarme, pero nunca lo hizo. El 12 de abril, cuando fui al hospital, como hacía todos los días, la doctora me dijo “con lo que hemos estado viendo y como su papá no está aquí, entonces creemos que su papá falleció el 28 de marzo”. Habían pasado muchísimos días y recién me decían que mi papá estaba muerto. La doctora no sabía ni siquiera dónde estaba el cuerpo.

Ahí empezó otra búsqueda. Pregunté en el hospital, pero me dijeron que los cuerpos que estaban ahí ya se los habían llevado. “Si no está en el cementerio de Pascuales, que es a donde se han llevado a enterrar muchos cuerpos, puede que esté en Criminalística”.

Una doctora que se llama Alexandra Suárez me dijo que en dos días me iban a llamar para que fuera a reconocer los cuerpos y ver si encontraba el de mi papá, pero nadie me llamó. Lo busqué en otros hospitales, fui a buscarlo a la morgue y hasta tuve una entrevista con un antropólogo.

Un día me dijeron que creían que habían encontrado a mi papá. Cuando fui a ver el cuerpo, no era él. Me dijeron que iban a seguir buscando, pero hasta hoy, que ya han pasado tres meses, aún no sabemos nada de mi papá.

Ni siquiera sabemos si mi papá murió o no el 28 de marzo. Lo suponemos porque es lo que me dijo una de las doctoras, pero creo que ni ella estaba segura. En el hospital nos dijeron que el sistema estaba colapsado y creen que el doctor se confundió y en vez de poner que murió, puso que le habían dado de alta.

El problema es que por ese error, el Instituto Nacional de Estadística y Censos ni siquiera nos quiere dar el acta de defunción: legalmente él sigue vivo. Mis hermanos y yo estamos muy preocupados, pero nos hemos reunido con los grupos de otras personas que tampoco encuentran a sus familiares y esperamos que pronto se haga algo y podamos encontrar a mi papá.

Si buscas el cuerpo de un familiar fallecido en la emergencia del covid-19, súmalo a esta lista 


Este testimonio fue recogido y editado por Doménica Montaño.

GK
(Ecuador, 2011) Un cable a tierra en un mundo polarizado.