En el Ecuador, millones de niñas y adolescentes han tenido que dejar la escuela para estar a salvo del coronavirus. La cuarentena ha hecho que sus actividades diarias como salir a jugar, estar con sus amigas o ver a sus familiares se vean restringidas para evitar el contagio. Intentando protegerse de ese peligro, pero hay otro del que no pueden estar a salvo: el maltrato dentro de sus casas. 

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Un espacio aparentemente seguro como el hogar se ha convertido en una constante amenaza para ellas. Las medidas de aislamiento ha condenado a muchas a convivir todos los días con sus agresores, exponiéndolas a grave violencia psicológica, física e incluso sexual. 

Pero la violencia no es un fenómeno nacido en la cuarentena. La psicóloga Graciela Ramírez explica que las niñas y adolescentes que viven o están expuestas a maltratos en sus hogares, ya arrastraban estos riesgos antes del confinamiento. “Lo que ha provocado el encierro es que se inicien o se continúen” dice Ramírez. Eso no es todo, lo peor es que en el aislamiento estas agresiones se agravan, dice la experta, con “el desconocimiento del resto de familiares o de lo social”.

Lo paradójico es que los casos reportados de violencia contra niñas y adolescentes han disminuido durante la cuarentena. Pero no es una buena noticia: no quiere decir que haya menos violencia sino que muchas víctimas no pueden denunciar porque están bajo la vigilancia de sus maltratadores. “Hay un montón de llamadas no atendidas y algo importantísimo en este tipo de cifras es que siempre hay una subcifra”, dice Ramírez. Con el foco de la atención en los casos de covid-19, los llamados de auxilio de niñas y adolescentes “entran a la fila con las otras emergencias”, dice Ramírez. Solo después de la cuarenta veremos en su real dimensión el tamaño del monstruo de la violencia que ha sucedido en estas semanas de aislamiento.

Pero aún así, aún en épocas de encierro, podemos ayudar a las niñas y adolescentes para que no sufran violencia en sus hogares.

Muchas niñas no pueden denunciar el maltrato. ¡Hagámoslo por ellas!

La distancia social se ha convertido en una gran muralla que impide a niñas y adolescentes huir de la violencia. Muchas veces sus profesores, amigos o familiares cercanos pueden ayudarlas a escapar. Martha Zambrano, coordinadora de derechos sexuales y reproductivos y protección de Plan Internacional —oenegé que promueve la igualdad para las niñas en 75 países—, explica que antes de la cuarentena un niño o niña que sufría violencia física o psicológica “por lo menos tenía un escape que era ir a la escuela y pasar unas horas o el tiempo que su mamá, papá o quien sea que lo agreda estaba trabajando y estaban separados de ellos”. Ahora, dice Zambrano, es seguro que esta violencia incremente. Lo que es peor: el confinamiento ha hecho que los mecanismos de denuncia para niñas y adolescentes se vuelvan muy lejanos. 

Denunciar casos de violencia no es fácil y cuando se trata de niñas y adolescentes es mucho más complejo. Muchas no saben qué hacer, ni a dónde ir para denunciar a sus agresores. A veces su única salida es la ayuda de otras personas que las saquen de sus hogares. Bibiana Aído, representante de ONU Mujeres en Ecuador, explica que “niñas y adolescentes son mucho más vulnerables a sufrir violencia de género, a sufrir violencia sexual y además a callarla”. Si a esto se suma que las redes de apoyo están un poco más lejos por el confinamiento, denunciar puede complicarse. Por eso, vecinos, amigos y familiares pueden aprender a identificar ciertas señales de alerta y dar la voz de alarma.

¿Deja de contestar por varios días? 

Hay varios indicios con los que podemos darnos cuenta si una niña o adolescente está siendo víctima de violencia. Durante la cuarentena “es muy difícil detectarlo a menos que sea cuestión golpes porque están aislados físicamente”, dice Bibiana Aído, y eso imposibilita una denuncia. La única salida para ellas es que todos las ayudemos y estemos pendientes de ellas.

Si sospechamos que una prima, sobrina o amiga es víctima de maltrato o vive en un entorno familiar violento debemos estar vigilantes a comportamientos extraños. Por ejemplo, si perdemos contacto de manera repentina, deja de contestar el celular por varios días o la escuchamos nerviosa al hablar por teléfono. 

También podemos detectarlo a través de sus redes sociales. Es posible encontrar comentarios o publicaciones que sean señales de peligro. En cualquier caso, si sabemos que corren peligro, debemos denunciar o acudir a organizaciones de mujeres. Es probable que su agresor les impida estar en contacto con personas cercanas. Incluso puede estar amenazándolas para que no digan nada. 

La violencia contra niñas y adolescentes va desde psicológica hasta física y sexual. Graciela Ramírez dice el 100% de los casos que se reportan son de violencia psicológica.“Y la violencia psicológica viene con violencia física en algunos casos y en algunos casos con violencia sexual”, explica. Que la violencia psicológica sea la más común la ha vuelto la más naturalizada. “Al ser la más normalizada, es la más peligrosa, y de alguna manera autoriza las otras formas de violencia”, dice Ramírez. Pueden ser bromas sobre el cuerpo, amenazas de muerte o amenazas a familiares. 

Si escuchas gritos, llantos ¡denuncia! 

Ayudar a las niñas y adolescentes a salir de entornos violentos es responsabilidad de todos, incluso si no tenemos una relación directa con ellas. Tal vez creamos que no podemos intervenir porque no somos cercanos. Pero no es cierto: la violencia no es privada. 

Si detectamos casos de violencia, es obligación de todas las personas denunciar. Martha Zambrano de Plan Internacional dice que “ante cualquier sospecha debe ser denunciada, debe ser alertada a la autoridad y no esperar que se lleguen a casos extremos donde los niños y las niñas muchas veces pierden la vida”. La pregunta es cómo podemos detectar y prevenir la violencia contra niñas y adolescentes, pues es muy fácil. 

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De seguro en nuestro vecindario, conjunto o departamento hay niñas y adolescentes. Es probable que algunas estén atravesando situaciones de maltrato físico o psicológico por parte de sus cuidadores. Hay llamadas de alerta que nos pueden indicar posibles casos de maltrato: gritos, llantos o sonidos extraños. 

Si escuchamos alguna de estas es probable que la vida de una mujer, niña o adolescente corra peligro. Y nuestro deber es avisar a la Policía. Podemos llamar a los números oficiales como el 1800-DELITO y el 911. Es cierto que estos números se encuentran colapsados por la emergencia sanitaria y resulta difícil poder tener una respuesta. Sin embargo, a niveles cantonales existen los consejos de protección de derechos y las tenencias políticas que pueden ayudar. También hay organizaciones que defienden y promueven los derechos de las mujeres, como Surkuna y Cepam, a las que se puede acudir para pedir auxilio o asesoría. 

Profesores, ¡atentos!

Los maestros juegan un rol importante en la identificación de casos de violencia. Es cierto que estamos en cuarentena y no pueden ver físicamente a sus alumnas. Pero a través de las clases en línea y videollamadas podrían detectar señales clave. Por ejemplo, deben estar alertas si alguna de las alumnas evita prender la cámara, se lo escucha nervioso o tiene cambios repentinos de humor. 

Si esto pasa es posible que esté sufriendo violencia en casa. Una buena opción es “que los docentes hagan preguntas antes de iniciar la clase, vean con atención, y por lo tanto obligan a los niños aprender las cámaras y verlos”, dice Sybel Martínez, vicepresidenta del Consejo de Protección de Derechos de Quito

Los profesores pueden tener una lista para ir marcando qué actitudes notan día a día en sus estudiantes. Para que esto funcione bien, hay que hacer preguntas muy sencillas a los niños como ¿cómo te has sentido hoy?, ¿dormiste bien?, ¿has comido?. “Mejor todavía si pueden hacer llamadas individuales estilo tutoría y decir quiero conversar contigo, conversamos un ratito, cómo estás, e ir notando si hay alguna situación” de posible violencia, dice Martínez. 

Otra opción muy efectiva es el dibujo. Martínez recomienda a los profesores pedirles a los niños hacer un dibujo para poder notar lo que está sucediendo. “Tal vez los niños no tendrán la forma que esperamos de ocultarnos las cosas, pero hay maneras y una de ellas es el dibujo”, explica. 

Preguntas clave para poder ayudar a las víctimas de violencia

Si ya sabemos que hay casos de violencia contra niñas o adolescentes podemos hacerles preguntas clave que nos permitan brindarles una ayuda rápida y eficaz. 

Una de ellas podría ser a través de códigos que sirven como pistas para saber lo que les está pasando. Por ejemplo, podemos tener una señal que nos indique que necesitan que vayamos a verlas, llamemos a la Policía o que están en peligro. Cuando las llamemos, evitemos hacerles preguntas que puedan alertar al abusador. Podríamos hacer preguntas sencillas pero decidoras, que no necesiten mayor explicación. Como ¿te encuentras bien? ¿necesitas que llame al 911?, ¿Corres peligro? o ¿Necesitas que vaya a verte?

Los esfuerzos de los gobiernos se han concentrado principalmente en atender la emergencia sanitaria y han dejado en segundo plano a grupos vulnerables como mujeres, niñas y adolescentes. Un informe reciente de Amnistía Internacional, Women´s Link e de International Planned Parenthood Federation insta a las autoridades a que aseguren el funcionamiento de las casas de acogida y la disposición de instalaciones adicionales para mujeres y niñas que necesiten estar fuera de sus hogares durante la cuarentena. Además, es indispensable garantizar la continuidad de los servicios relativos a líneas y rutas de atención y denuncia para mujeres y niñas víctimas de violencias. Detenerla y prevenirla es una responsabilidad global.


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