La vida de los otros

Los espejos que distorsionan

Los roles de las mujeres en las películas, en la publicidad y la televisión hacen que niñas y adolescentes crezcan con una idea distorsionada de su futuro.
  • las mujeres en el cine aún responden a estereotipos

    El reporte 'Cambiemos el guión' concluye que los medios, como la televisión, siguen siendo una gran influencia, para bien o para mal, para las niñas. Ilustración de Paula de la Cruz.

Un hombre blanco con chaqueta de cuero negra maneja una moto a exceso de velocidad. Una mujer blanca con una blusa escotada corre escapando de una persecución. Un grupo de soldados hombres dispara a sus enemigos desde un tanque de guerra. Las escenas son de tres películas de diferente género cinematográfico, pero comparten una misma categoría: fueron las más taquilleras del 2018. En las tres, el protagonista es un hombre fuerte y dominante —un líder. Las películas fueron dirigidas por un hombre. 

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El género de los personajes, sus roles, el tiempo de cada uno en pantalla y sus diálogos son algunos de los datos que analizó el reporte Cambiemos el guión (Rewrite her story en inglés). El informe fue lanzado el 1 de octubre de 2019 por la organización que promueve los derechos de las niñas y niños en el mundo, Plan Internacional, y financiado por el instituto Geena Davis para el género en los medios. El documento analizó los 56 filmes de mayor recaudación del 2018 en 19 países. Encontró que cerca de siete de cada diez personajes son hombres, y que ellos hablan el doble que las mujeres. 

El estudio también reveló que ninguna de estas películas fue dirigida por una mujer, y que solo uno de cada cuatro filmes tenía al menos una productora. Más allá de los números, el reporte demuestra que el cine, el entretenimiento televisivo y los medios siguen repitiendo estereotipos: el hombre lidera, la mujer se limita al trabajo doméstico, a ser madre u objeto sexual.

Las películas más populares del 2018 tienen un mensaje claro: el liderazgo es, principalmente, masculino. Cuando hay mujeres líderes son vistas como dedicadas y más agradables que sus pares hombres, pero también son más propensas a ser mostradas con poca ropa o totalmente desnudas, dice el reporte. 

Para los adultos, estos personajes están tan interiorizados que resultan hasta indiferentes. Sin embargo, para las niñas, niños y adolescentes —quienes aprenden y se educan con todo lo que consumen en la casa, escuela, calle y en los medios— estas imágenes son clave para su formación, sus aspiraciones y sus sueños. 

Si en un programa de televisión ven que una mujer es dueña de una compañía y tiene subordinados hombres, es muy probable que esa niña entienda que es posible que ella, en la vida real, se convierta en una jefa. Pero si es que una niña ve repetidamente que en las películas las mujeres casi no hablan y su rol es solo ser la esposa, es probable que crea que ese será ser su único lugar en la vida adulta. “Uno necesita que una persona nos dé un ejemplo y nos diga ‘tú puedes hacerlo’. Alguien que nos anime”, dijo una adolescente de 15 años de República Dominicana que fue consultada durante la investigación. “Puedo ver que ella encarna el poder combinando su vida social y profesional, y, en el futuro, no quiero quedarme en casa y cuidar a los niños, sino hacer las dos cosas”, dijo otra joven de Senegal sobre una estrella de televisión que le parece inspiradora. Ambas son parte de las cerca de diez mil niñas y jóvenes que fueron entrevistadas para la investigación para conocer cuánto y cómo influyen los programas de televisión, el cine y los medios en ellas. 

El cruce de datos —entre el análisis cuantitativo de las películas y las percepciones de las niñas y adolescentes— sirvió para entender cuánto y cómo estas representaciones las afectan. Por ejemplo, solo el 5% de los personajes femeninos representados en posiciones de liderazgo en las películas se muestran como víctimas de acoso sexual. Pero el 93% de las niñas y jóvenes encuestadas cree que las mujeres en todas las áreas de liderazgo experimentan acoso sexual o contacto físico no deseado. Sobre esta contradicción, el reporte plantea una pregunta: “¿Están las películas ignorando un problema importante del que las mujeres jóvenes son demasiado conscientes?” Los medios son espejos de la realidad, pero podrían estar proyectando una imagen distorsionada del rol social de las mujeres. 

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Analizar y criticar qué lugar ocupan las mujeres en los medios de comunicación no es un tema nuevo. En 1978, la socióloga Gaye Tuchman escribió que era preocupante la repetición de imágenes donde la mujer aparecía subordinada en la sociedad porque estas figuras influyen en la formación de los deseos, necesidades y expectativas de las niñas. 

Dos décadas después, durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1995, 189 Estados miembros de las Naciones Unidas reconocieron el papel de los medios de comunicación en el cambio de los estereotipos de género que influyen en cómo pensamos y actuamos. 

Este tema —mujeres y los medios— se convirtió en una de las 12 áreas críticas de la Plataforma de Acción de Beijing —el documento que se creó durante la conferencia. Entre los acuerdos de hace un cuarto de siglo estaban:  aumentar el número de mujeres en los medios, donde se las debería presentar como líderes y modelos a seguir, y repensar los roles de las mujeres en la sociedad —lo que implicaba una reorganización de instituciones como los medios de comunicación. 

Las intenciones eran buenas. Son buenas. Pero en la realidad esos esfuerzos no han sido suficientes. Como dice el informe Cambiemos el guión, “los problemas de cómo las mujeres y las niñas están representadas en los medios, cómo se representa el liderazgo y quién toma las decisiones en las compañías de medios en todas las plataformas ha cambiado poco desde que la Plataforma de Beijing hizo un llamamiento a la acción en 1995”.

La manera de entender este cambio casi nulo en las representaciones de las mujeres es escuchando a las niñas y adolescentes como Noelia Rivas. Ella es ecuatoriana, tiene 17 años,  pertenece al movimiento Por ser Niña —una iniciativa de Plan Internacional para fortalecer el liderazgo de niñas y adolescentes en el país— y dice que siente que la mayoría de medios de comunicación no la representan. “Están acostumbrados a compartir una imagen de una mujer débil, una mujer que espera a un hombre para ser feliz”. La percepción de Noelia Rivas tiene una cifra concreta en el reporte Cambiemos el guión: el 42% de los hombres, en comparación con el 27% de los personajes femeninos, son mostrados en las pantallas como líderes.

Los esfuerzos para enfrentar esta desigualdad en los medios continúan desde varios frentes —organizaciones sociales, fundaciones, sociedad civil. En 2011, ONU Mujeres publicó el informe Ojos que no ven: Cobertura mediática y género en las elecciones latinoamericanas que recopiló datos de cinco países y demostró que las mujeres reciben atención menor y sesgada durante las campañas electorales. 

Sobre el tema concreto de mujeres en cargos políticos, el reporte Cambiemos el guión encontró que los medios se centran más en “sus rasgos de personalidad, vidas personales, vestimenta y apariencia” y que “las candidatas también reciben más cobertura cuestionando sus aptitudes que los hombres candidatos y se las presenta como ‘menos auténticas’ que sus competidores masculinos”. Es como si por ser mujeres están obligadas a un escrutinio doble: no solo por su capacidad sino también su aspecto físico.  

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Aunque Ecuador no fue uno de los 19 países considerados en el estudio Cambiemos el guión, varias de las conclusiones podría aplicarse también a los programas de entretenimiento en la televisión ecuatoriana, y los medios. 

El crítico de televisión Enrique Rojas dice que la en la producción de programas de ficción, como las telenovelas y series, especialmente las comedias, “la mujer, como recurso del humor, siempre está condicionada por la objetivación sexual y su posición frente al poder en contraposición el hombre”. Sobre los programas de farándula dice que generalmente se dibuja un perfil bastante ligero de la mujer. “Está empoderada desde la opinión pero más ligada al “chisme” y el entretenimiento.” A pesar del movimiento global  del #MeToo, Rojas dice que no ha visto en la escena local “algún cambio profundo o una nueva construcción de imaginarios y referentes de la mujer”. 

Yesenia tiene 18 años, es de la provincia de Santa Elena, Ecuador, y cree que los medios de comunicación no representan la diversidad de las niñas y jóvenes. “Tienes que tener un bonito cuerpo para entrar a la televisión”, opina Yesenia.

“Esos estereotipos generan imaginarios sociales”, dice Christian León, docente de la Universidad Andina especializado en medios y representaciones”. León dice que la relación que mucha gente tiene con las mujeres están mediadas “por esos imaginarios; entonces, se produce la violencia, la discriminación, la injusticia y la inequidad”. Si bien León cree que la influencia no es directa, dice que las niñas y niños que ven estas representaciones “refuerzan la forma en que se entienden a sí mismos y entienden a los demás”. En breve: se ven a sí mismos como los otros los ven.

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“Yo me siento representada como un objeto de publicidad porque muchas de las veces para promocionar un producto utilizan a la mujer”, dice Yadira Vargas, una joven de 17 años de la provincia andina de Cotopaxi. “En la ropa que utilizas, como un short, utilizan a la mujer, pero la mujer que sea de talla 90 60 90. Yo me pregunto por qué no pueden representar a una mujer gordita con el traje de baño que también es mujer y tiene derechos también a estar representada”, dice Vargas. 

La publicidad y las representaciones de género que Yadira Vargas critica en el Ecuador, fueron también analizada en el reporte. Se le pidió a niñas y jóvenes en cinco países —India, República Dominicana, Japón, Senegal y Sudán del Sur— que revisen la publicidad a la que están expuestas en su vida cotidiana y que respondan cuáles son los mensajes sobre los roles de las mujeres que hay en vallas, revistas y periódicos. 

Los resultados fueron bastante similares a los de los programas de televisión de entretenimiento, el cine, y los medios de comunicación en general: las mujeres como objetos. Entre las principales respuestas estuvieron que los cuerpos de las mujeres se utilizan para vender productos, que las chicas tienen que ser bonitas, que los hombres son más inteligentes que las mujeres, que el lugar de una mujer está en el hogar, y que el liderazgo es para hombres.

Más allá de los estereotipos que interpretan a las mujeres como personajes secundarios y domésticos, los anuncios también refuerzan las expectativas poco realistas de la belleza femenina: casi todas con pieles claras, delgadas y bonitas. Entre las respuestas de las niñas, dijeron que sienten la presión de ajustarse a esos cánones. “Yo veo que en los medios de comunicación nunca sale una indígena promocionando productos, siempre salen blancas o mestizas, que tienen buena cara y buen cuerpo”, dice Yadira Vargas, trigueña de pelo negro largo y brillante.

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Para bien o para mal, los medios de entretenimiento “tienen un impacto considerable” en las niñas y mujeres jóvenes que los ven. La frase es una de las conclusiones de Cambiemos el guión que acompaña a otros hallazgos, la gran mayoría desalentadores, que concluyen que las niñas y las adolescentes, como ciudadanas, no se ven en la pantalla como iguales a los niños y hombres. 

El estudio también propone soluciones para lograr más igualdad de género en los medios. Que las historias sobre liderazgo femenino se normalicen y visiblicen, que se evite la seualixación de las mujeres y niñas en la pantalla, que se apoye con recursos a mujeres cineastas, realizadoras de programas de televisión, y que se aborde el acoso y la discriminación en el lugar de trabajo. Al final todo debería encaminar a ajustar la proyección que hace el espejo mediático de las mujeres, niñas y adolescentes: elegir aquellas que puedan servir de ejemplo. Como dice el slogan del Instituto Geena Davis para el género en los medios, “si ella lo puede ver, lo puede ser” (if she can see it, she can be  it, en inglés).


Este reportaje es parte del proyecto Hablemos de Niñas que se hace gracias al apoyo de

GK
(Ecuador, 2011) Un cable a tierra en un mundo polarizado.