Para saber cuál es la estrategia del gobierno de Lenín Moreno sobre el escenario posterior a la consulta es útil leer al sociólogo Napoleón Saltos. En su texto Tres relatos sobre la transición, Saltos la explica como un movimiento táctico: “Deja a un lado las aspiraciones tanto de la oposición de la derecha tradicional, que anhelaba la reinstauración de un neoliberalismo abierto, como también de los actores sociales, que deseaban el paso a un modelo post-extractivista y la instauración de una democracia con participación”.

Según Saltos, la respuesta la dio ya Eduardo Mangas cuando dijo que la consulta era para cerrar una ‘transición’, “mientras desde afuera se buscaba que sea la apertura de un nuevo período”.

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Si se ha seguido de cerca la evolución de los estudios de opinión, se podría vaticinar que el Sí triunfará en todas las preguntas. Sin embargo, en el intermedio aún está conocer cuál será el peso que tuvo la intervención de Rafael Correa en la campaña por el No, los errores de la gestión del gobierno, como haber admitido que tomó 300 millones de dólares  de la cuenta para la reconstrucción de la provincia para darle liquidez al Estado, como lo dijo el ministro de la Torrea. La forma en que algunas preguntas estuvieron redactadas también generó dudas en la sociedad civil.

Por ejemplo, en la pregunta sobre la explotación del Yasuní fue tal la incertidumbre que el colectivo Yasunidos llegó a presentar ante la Corte Constitucional un amicus curiae —un documento realizado por terceros ajenos a un litigio, que ofrecen voluntariamente su opinión frente a algún punto de derecho u otro aspecto relacionada— que la última pregunta de la consulta popular incluya anexos que califiquen su enlace. La organización, además, pedía que se aclaren los términos de la pregunta. “Lo que estamos viendo  en  esta  pregunta  es  que, de cualquier manera, se vote Sí o No, la explotación petrolera en el Yasuní se mantendría”— dijo el dirigente del colectivo, Benito Bonilla— “Entonces, lo que queremos y lo que pedimos son dos cosas: Un estudio de cuántas hectáreas han sido afectadas por la explotación petrolera en los bloques 31 y 43, para poder saber si es que el número de 300 hectáreas que se plantea en la pregunta es real o no. Según nuestros cálculos, ya se superó con creces ese número”. El escepticismo fue un elemento muy presente en la sociedad civil en este convocatoria. ¿Dónde estuvieron los colectivos movilizados en pro de una u otra pregunta?

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La respuesta es que la desconfianza persiste con respecto al Gobierno actual. Quizá porque muchos activistas aún no acaban de ver con claridad la ruptura con la matriz de origen: el régimen anterior y su constante descrédito. Para los ambientalistas, está el recuerdo de lo que llamaron la persecución del expresidente Correa, que llegó a calificarlos como practicantes de ‘ecologismo infantil’. Esta falta de confianza choca con el optimismo de la Vicepresidenta de la República, María Alejandra Vicuña, que ha dicho que 40 organizaciones que apoyan al Sí, y que en todo el territorio nacional prácticamente no existe oposición a la consulta popular ni a sus contenidos.

En contraste a esta falta de movilización social hay organizaciones políticas que han emergido. Frente al vacío dejado por Alianza País —como resultado de su crisis interna—, se han posicionado como fuerzas políticas del Sí organizaciones como Democracia SÍ. Liderada por Gustavo Larrea, exministro de Gobierno de Rafael Correa, fundador de Alianza País y amigo cercano y personal del presidente Moreno, no parece circunstancial ni una mera coincidencia que su organización política tenga al Sí en el nombre. Fue, durante la campaña una de las fuerzas políticas más activas.

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La campaña por el No arrancó centrada en la figura de Rafael Correa y la facción de Alianza País que lo apoya. Sin embargo, están claras las debilidades de la misma en comparación a las épocas en que todo el aparato del Estado difundía la intervención del Presidente en las contiendas electorales. Este momento la presencia mediática del expresidente es mínima con relación al pasado en que gobernaba: casi parecería que mediáticamente hay un acuerdo tácito para bajar el perfil de su presencia en medios.

La discusión previa sobre los posibles nombres para la vicepresidencia y la elección de María Alejandra Vicuña por parte de la Asamblea, también fue un elemento de la campaña. Como era de esperarse, CREO manifestó su total rechazo a los nombres propuestos —además de Vicuña, Rosana Alvarado y María Fernanda Espinosa— por haber sido tres mujeres muy cercanas al gobierno de Correa. Sin embargo, cuatro asambleístas del partido de Guillermo Lasso votaron a favor de la actual Vicepresidenta.

respaldo consulta popular

Un evento de respaldo al presidente Moreno en diciembre de 2017 por el movimiento Somos Ecuador. Fotografía de la Asamblea Nacional bajo licencia CC BY-SA 2.0

La oposición llamada ‘correísta’ también rechazó la terna con duros epítetos. El gobierno se mueve entre esos extremos: el rechazo absoluto desde la derecha de CREO y la convergencia en ese rechazo, aunque por diferentes motivos, con la izquierda afín a lo que queda de la Revolución Ciudadana. Para algunos analistas que han sido firmes en su oposición a la Revolución Ciudadana, como José Hernández del portal 4 Pelagatos, se ha acuñado la frase, no lejana de una dosis de dramatismo: “Moreno se definió: es el correísmo sin Correa”. En su texto, Hernández dice:

“La terna revela la estrategia de Moreno: circunscribirse a Alianza País porque esa es su matriz política. Su deseo no es cambiar el modelo sino deshacerse de Correa que quiso convertirlo en su títere porque se creyó el dueño del proceso, del movimiento y del país. La terna decepciona a un electorado que no es el suyo y que lo apoya porque también tiene interés en deshacerse del tirano-autoritario. Esa terna es, además, la última bomba puesta por el oficialismo bajo los pies de Correa: destruye la tesis de que Moreno es un traidor. El mensaje no solo dice eso a los militantes: indica que si le llegara a pasar algo, la Vicepresidenta que será elegida este sábado asegurará la continuidad del proceso. Dicho de otra manera, Moreno se deshace de Correa (porque quiso acapararlo todo para él) y de Glas (por ser un corrupto insalvable). La poda que hará será selectiva y quien le asegure lealtad tendrá su aprobación”.

Las consecuencias de estas convergencias sumadas a cierta ilusión de la derecha con Lenín Moreno, pero con dosis duras de críticas a su programa gubernamental, dejan abiertas las expectativas sobre el resultado del 4 de febrero y sus perspectivas a futuro.  

Sobre todo en la pregunta 3, sobre la reorganización del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. En caso de que ganase el Sí se entregaría un poder diferenciado al Presidente de la República. Él tendría, por mandato popular, la posibilidad de enviar las ternas de quienes vayan a integrar el Consejo de Participación de transición, para que la Asamblea los posicione. Por otro lado, las personas que lo integren, la forma en que el Ejecutivo acoja los nombres sugeridos desde la sociedad civil para su integración, los mecanismos de veeduría y control ciudadano de los procesos que lidere el Consejo, marcarían el nivel de fortalecimiento y democratización del proceso.

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La Consulta nos deja una institucionalidad de control constitucional golpeada. La ausencia de un pronunciamiento de la Corte Constitucional sobre la constitucionalidad de las preguntas de la consulta, en otras palabras, el silencio que mantuvieron y la respuesta gubernamental de convocarla directamente por decreto ejecutivo enviado al Consejo Nacional Electoral, dejan mal parado al ya golpeado Estado Constitucional de Derechos y de Justicia, que ya desde el Gobierno anterior venía siendo duramente criticado por su alineación al Ejecutivo.

foro nacional de mujeres respalda el no

Militantes del Foro Nacional de Mujeres dan su respaldo al NO en la Consulta. Fotografía de la agencia ANDES bajo licencia CC BY-SA 2.0

La oposición siempre sostuvo que bajo el gobierno de Correa no había Estado de Derecho. Ahora el propio expresidente dice lo mismo del de su sucesor: “Se acabó el estado de derecho y hay un estado de hecho. Hay una consulta que es un golpe de Estado blando que le da al presidente, la pregunta dos de la consulta, cuatro de las cinco funciones del Estado”.

Aparece como necesaria una reconstrucción de la institucionalidad en el Ecuador, pero aún no está claro si el camino escogido será el adecuado en un país tan sensible a las mayorías coyunturales en el manejo del aparato del Estado. Dicho de otra forma: la Corte Constitucional no ha tenido un rol de contrapoder real frente al poder político del Ejecutivo, ni antes, ni ahora.

El diseño constitucional en Montecristi no ha tenido aún la posibilidad de ponerse en práctica con una Corte Constitucional realmente independiente. Eso es también una muestra más de la debilidad institucional ecuatoriana: sigue sin poder encontrar caminos institucionales de procesamiento de conflictos. En definitiva, cada cierto tiempo tiene que forzar la institucionalidad en pos de cumplir objetivos ‘loables’ del poder político de turno.

La forma en que se organice el Consejo de Transición, y cómo se transparente el proceso de evaluación institucional que tendrá a su cargo y la forma en cómo se estructure la participación ciudadana en el mismo, marcará el sentido real de lo que los ecuatorianos voten en las urnas en febrero —si es que el sí gana en la pregunta tres.

Otro hecho que marcó la campaña fue la desafiliación de 28 asambleístas de Alianza País, de Rafael Correa y otras personalidades de Alianza País, como consecuencia de que el Tribunal Contencioso Electoral terminó por desconocer a la directiva correísta de la organización. La consecuencia directa de esa decisión será también una reorganización de las presidencias de las comisiones en la Asamblea Nacional. La consulta desde ya empieza a tener efectos políticos concretos en el esquema de gobernabilidad de las relaciones Ejecutivo – Legislativo.

La transición que el Ejecutivo ha planificado pos ‘Revolución Ciudadana’ aún tiene muchas aristas que no están claras: la incertidumbre de su definición es aún una constante.