Profundidad

Mauricio Rodas vuelve a empezar por el techo

El alcalde de Quito firmó acuerdos internacionales para promover y transformar el transporte público. Lo hizo en dos cumbres de altísimo nivel, en París y Bonn. Las citas le sirvieron para presentarse como el líder de una ciudad de avanzada en movilidad, tomarse fotos y dar discursos rimbombantes. Pero la realidad en la ciudad es que nadie sabe cómo cumplirá aquello que ha firmado.
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    El alcalde Mauricio Rodas en enero de 2017 cuando defendía a un colaborador acusado de irregularidades en la construcción del Metro de Quito y la constructora brasileña Odebrecht. Fotografía de la agencia de noticias ANDES/Micaela Ayala V bajo licencia CC BY-SA 2.0


UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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Una vez más el alcalde Mauricio Rodas empieza sus proyectos e iniciativas al revés. En Quito Cables, se colocaron letreros antes de tener estudios, en el proyecto vial Guayasamín se firmó el contrato e inauguró un tramo vial sin antes ser aprobado por el Concejo. Hace poco, en la Cumbre de Alcaldes en París y en la COP23 en Bonn, firmó los acuerdos internacionales más importantes para el futuro del transporte público en la ciudad sin saber cuánto van a costar, cómo se harán, ni quién los pagará.

El primer compromiso que ha suscrito Rodas es que hasta el 2025 se incremente la flota de buses eléctricos en el sistema municipal y buses convencionales. También se comprometió a que en todos los contratos entre el municipio y los transportistas se exigirá buses eléctricos.

En Quito,  alrededor del 60% de la flota de buses de toda la capital es de empresas privadas. Es importante que estén incluidas en cualquier plan de movilidad de la ciudad: no sólo se trata de comprar buses eléctricos municipales, sino para todos. Ello implica negociar con los transportistas para que compren esos buses porque no todos podrán asumir los costos. Además se deben organizar las rutas, no todas podrán ser de buses eléctricos, en definitiva: se requiere de mucha planificación.

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Más allá de las buenas intenciones y lo positivo que es para la ciudad esta noticia, ¿tiene Mauricio Rodas idea de lo que firmó? ¿Sabe lo que tiene que hacer ahora para que esto sea una realidad?

En Quito existen más de 3100 buses entre articulados y convencionales. Si hasta el 2025 se reemplaza toda la flota se requeriría invertir más de 1400 millones de dólares (más de dos veces el presupuesto total anual de la ciudad) Además, para que estas unidades funcionen necesitan talleres, mano de obra especializada, stock de repuestos y estaciones de carga (electrolineras) que alguien debe pagar.

A manera de ejemplo, instalar una electrolinera puede costar entre 20 mil y 60 mil dólares, si tomamos en cuenta que en la ciudad de Quito hay 150 gasolineras, alguien deberá invertir entre 3 y 6 millones adicionales —y seguimos contando. Todo esto implica que estamos frente a una inversión similar a la que se está realizando en el metro de Quito: sin estudios, consensos o una planificación adecuada —la misma historia de siempre con Mauricio Rodas.

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Cumplir lo que acaba de firmar parece que será muy difícil, cuando al Alcalde le ha costado más de 6 meses enfrentar el reto de incrementar en 5 centavos el pasaje del transporte urbano y consensuarlo entre la ciudadanía y los transportistas. Y suena aún más difícil porque el plan para la reorganización de rutas y frecuencias del transporte público operado por privados (que incluye un proceso de incorporación y prueba de transporte eléctrico y que su implementación debería empezar inmediatamente) cuesta 150 millones de dólares, y en la propuesta presupuestaria para 2018, Rodas propone asignar únicamente un millón y medio de dólares. Apenas el uno por ciento.

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Acuerdos como los suscritos en París y Bonn requieren ser trabajados y en parte financiados por los transportistas pues serán ellos los principales obligados a adoptar varios de estos compromisos. Cerca de seis de cada diez buses en la ciudad es manejado por privados. Para que empiecen a transformar su flota, necesitan recursos y asegurarse de que los buses eléctricos podrán operar adecuadamente en algunas de las rutas de la ciudad con mayores pendientes. Esta decisión implica una transformación en la gestión del servicio de transporte público y por tanto la toma de decisiones que den inicio a esa transformación. Sin embargo, durante su gestión el alcalde Rodas no ha dado muestras de tener la voluntad política para ello. Primero, el subsidio de casi 50 millones que les fue entregado a los transportistas no fue efectivamente utilizado para lograr un cambio real en la calidad del servicio o la renovación de las flotas.

Ahora, frente a la discusión del incremento de la tarifa de bus, el Alcalde no ha logrado los consensos necesarios entre las diferentes fuerzas políticas representadas en el Concejo Metropolitano, los transportistas y la ciudadanía. La decisión ha sido pospuesta por más de seis meses.

Una preocupación adicional es que el transporte eléctrico sigue en pruebas y presenta aún grandes retos en ciudades de altura como Quito. La duración de las baterías y las grandes pendientes son temas que deben resolverse a tiempo para que la adopción de transporte eléctrico no resulte un fracaso. Por ejemplo, en Bogotá en junio de este año se puso en marcha un bus eléctrico y en palabras de su alcalde, Enrique Peñalosa, este plan piloto servirá para obtener información valiosa de cómo funcionan estos buses para el proceso de renovación de unidades en la ciudad. ¿En Quito? Aún no existe información clara de cómo vamos a empezar. La negociación de la compra de una flota de buses para el corredor central norte es un buen primer paso; sin embargo, no es aún la muestra de una política pública sostenida, planificada y financiada.

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Otros de los compromisos suscritos fueron: generar las condiciones para que se incremente el uso de la bicicleta y caminata como modos de transporte, y priorizar el transporte público. ¿Qué quiere decir esto?

Por ejemplo que no se permita la invasión del carril exclusivo de transporte público por parte de vehículos particulares. O que se sancione a quienes invaden las veredas y ciclovías u obstruyan los pasos cebras. O que los agentes de tránsito no prioricen el flujo vehicular por sobre el de peatones. O que no sea jugarse la vida cruzar una calle por la falta de adecuada señalización. O que transitar por una vereda no sea como ir a las Olimpiadas a competir por el salto con obstáculos. O que se haya iniciado alguna campaña para que todos nos respetemos en las calles y la ciudad no sea una selva.

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¿Qué ha hecho Rodas durante su mandato para demostrar su compromiso con estos cambios? Para poder responder a esa pregunta, hay que tomar en cuenta un dato: hasta el 2018 la actual Alcaldía habrá invertido 245 millones de dólares en arreglar calles. Y en arreglar aceras habrá invertido menos del 1% de ese presupuesto.

Las cumbres de París y Bonn sirvieron de plataforma para que el alcalde Rodas dé declaraciones sobre lo ‘avanzada’ que estaría Quito en sostenibilidad. Dijo que está repotenciando el sistema de bicicleta pública y estableciendo zonas peatonalizadas. y que estas acciones combinadas nos convierten en líderes de la región en el cuidado del medio ambiente.

¡Líderes!

¿Cómo podemos ser líderes en este campo si después de casi 4 años de mandato, Rodas y su equipo no han podido licitar exitosamente la automatización y expansión del sistema de bicicleta pública?

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Tan pobre ha sido la gestión que el uso de las bicicletas públicas en el sistema BiciQuito se ha reducido seis veces. A pesar de haber adquirido 300 bicicletas eléctricas a un costo de 3 mil dólares cada una, solo el 52% de la flota total de bicicletas está operativa. Hay una brecha entre el compromiso, discurso internacional y lo que en la realidad sucede en Quito.

Rodas habló de los proyectos que Quito estaría implementando para luchar contra el cambio climático: el Metro y la primera línea de Quito Cables. De esta última, aún no sabemos si podrá ser construida por todas las falencias técnicas, financieras y sociales que padece. Si bien el transporte por cable no es contaminante y debe ser impulsado, su éxito depende de varios factores, entre ellos un liderazgo sólido para llevarlos adelante adecuadamente.

El pobre manejo del proyecto Quito Cables por parte de la Alcaldía de Quito, ha puesto en riesgo la viabilidad de este tipo de transporte en otras partes de la ciudad. Ya se oyen voces en otros barrios como la Argelia en contra de que se construyan cables en sus zonas. Pero dar declaraciones fuera de casa y quedar bien ante la comunidad internacional es muy fácil. Hacer las cosas bien, no tanto.

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Quito debe seguir firmando estos compromisos internacionales para mitigar la contaminación y mejorar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad. Pero estos acuerdos no pueden ser sólo para la foto y el posicionamiento internacional.

Estos acuerdos deben ser un parte de un compromiso certero y colectivo que nos aglutine con la idea de tener la mejor ciudad sin improvisar. Estos acuerdos deben venir de la mano de una planificación seria, honesta, y profesional, que nos diga cómo se cumplirán estas metas, el tiempo que tomará, los recursos que deben ser asignados y qué acuerdos se deben impulsar con el resto de actores ciudadanos.

Por ahora, quedan muchas preguntas sin respuesta, como cada vez que el alcalde Rodas emprende algún proyecto: como si quisiera empezar a construir una casa por el techo.

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